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Beber sangre


por Constanza Michelson

Tendencias: beber sangre menstrual. Antes de reírme o asquearme -siendo precisa, después, porque ya me reí y me asqueé-, me debo al pensamiento. ¿De qué se trata esta neo brujería? Entiendo que por mucho tiempo la mujer y la bruja coincidían, se trataba de un lugar de resistencia, de observación de la naturaleza y la ensoñación en la soledad doméstica. Por mucho tiempo todo lo que no era de Dios era del diablo, dispositivo para frenar dicho terrorismo femenino. Así entonces es que la medicina fálica cooptó todo saber curandero, el mercado luego cooptó al saber médico.

¿Pero hoy de qué se trata? Es resistencia alguna esta fantasía del retorno a una naturaleza soñada, soñada porque la naturaleza naturaleza se nos escapa, está siempre para nosotros interpretada. Quizás a momentos sí es una subversión frente al despotismo de la ciencia, tan escrita en el lenguaje del hombre. Decidir el parto fue un acto de apropiación, pero con lo de la menstruación me pierdo. ¿Está acaso secuestrada la sangre mensual en algún saber desafortunado? En algunos lugares sí, en que las mujeres lo viven con vergüenza, y no acceden a todos esos dispositivos que permiten seguir con las actividades rutinarias. Hay gente dedicada a trabajar con esos temas, precisamente para que la menstruación no se viva como una condena. ¿Pero entonces qué beneficio trae está propuesta de sacerdotisa new age? No alcanzo a leer su fuerza política.

Quizás entonces se trate de una versión de la espiritualidad contemporánea. Alejándose de esa otra que implicaba la metáfora: beber la sangre de cristo era eso, una metáfora. Porque representar la cosa, para poder salir de ella, ha sido la fórmula de lo sagrado en sí. No profanar el cuerpo, era el mandato para garantizar que fuésemos algo más que un cúmulo de carne y huesos, era uno de los velos para proteger a eros de tánatos. De esa fórmula nos alejamos para caer en una idea del milagro, a lo menos, estéticamente repudiable: la dieta, la crema, el producto que prometa inmortalidad, con sacrifico también, el dolor del gimnasio y la cirugía. Pues acá damos un paso más, beber sangre no es metáfora ni milagro, es la ética de lo crudo. Sospechando de toda cocina civilizatoria. Lo crudo se ahorra el humor, la metáfora y la posibilidad de Eros. Hace poco escuché a alguien decir, medio en broma, medio en serio, que esperaba que no termináramos comiéndonos entre nosotros. Y quien sabe, si por ahí se transforma en un discurso sobre lo sustentable y natural...Estoy dando la lata, es sólo un poco de sangre. Quizás otra vez, como las brujas, hay muchas mujeres relegadas a la soledad. Prefiero reírme. A estas alturas el humor es de las pocas resistencias genuinas que quedan. (Eso sí, poca gracia me produce la intuición de que se va levantando una moral que promueve a la madre loca, esa de la cual a tantos les costó la vida intentar huir).

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