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Alejandra Villasmil - artishock.cl


por Catalina Mena

para diario La Segunda

"El arte chileno está dividido en guetos y grupitos".

Alejandra Villasmil_artshock.cl_Catalina Mena

Artishock.cl es la web más leída sobre arte chileno y latinoamericano, con un promedio de 60 mil visitas mensuales, que provienen de todo el mundo. Aunque tiene debates, entrevistas y artículos, lo más visitado es su sección de noticias, pues se actualiza permanentemente. Su fundadora y directora es la periodista venezolana Alejandra Villasmil (45), que llegó a Chile hace 10 años para darle al arte nacional una cobertura que nadie antes le había dado.


Alejandra se formó en Caracas y a los 25 años (en 1997) emigró a Nueva York, donde se especializó en artes visuales, vinculándose rápidamente con la prensa, los artistas y las instituciones culturales que estaban hiperactivos en esa época. En 2017 se trasladó a Chile siguiendo a quien entonces era su marido, el cineasta chileno Alejandro Fernández. Acá confiesa que no le fue nada fácil, a pesar de que venía cargada de conocimientos y de ese optimismo caribeño que la caracteriza. “En Chile hay cierto desdén por conocer al otro, o al extranjero, en mi caso. Me descolocó la importancia que tiene acá pertenecer a cierta familia, haber estudiado en tal colegio o tal universidad, llevar tal o cual apellido o conocer a tales personas claves. Yo estaba totalmente fuera de clasificación”, dice.


Desde esta posición outsider, logró trabajos temporales en distintas cosas, hizo prensa para galerías y siguió elaborando su propia obra. Pero su ambición era desarrollar un emprendimiento autónomo. Así nació Artishock, proyecto que postuló a Fondart en 2010 y ganó. En adelante, ha sostenido esta plataforma con una resistencia a toda prueba; algunos años gracias al Fondart y otros, sin recursos, asumiendo períodos de vacas muy flacas, en los que ha vivido al mínimo para dedicarse día y noche a ser la mujer orquesta de su web: escribir notas, subir noticias, entrevistar a agentes del arte, instalar debates, etc. Y, en paralelo, criar a los dos niños que tuvo con su ex marido.


Si la valoración cultural se tradujera en dinero Alejandra sería millonaria. Intelectuales y artistas que pueden estar en las antípodas culturales, no discrepan a la hora de declarar su unánime respeto por su proyecto y figura. De hecho, consiguió tener un fiel staff de colaboradores y un comité editorial compuesto por las figuras más sobresalientes de la crítica y curatoría internacional, como Andrea Giunta, Octavio Zaya y Chus Martínez.


En pocos años Alejandra se ha convertido en una experta en el arte chileno y latinoamericano, y es frecuente que la inviten de jurado a concursos de arte, a realizar curatorías, asistir a residencias en otros países, dar charlas, etc. Ahora mismo está curando una exhibición con dos talentosos artistas jóvenes chilenos –Catalina González y Carlos Rivera-- en la sala de arte de la CCU.


¿Qué temas obsesionan al arte contemporáneo chileno?

Yo me enfoco en el arte más crítico. Dentro de ese ámbito, veo que muchos artistas tematizan los conflictos políticos y asuntos de la memoria reciente, con la carga que sigue teniendo la dictadura. Por el otro lado, hay muchos que trabajan sobre la idea del territorio, quizás por el hecho de vivir en un país con una geografía tan diversa y tan aislado del resto del mundo. También, parte de la generación más joven está levantando obras que responden a debates contingentes más globales, como la crisis del medio ambiente y el feminismo. Por supuesto que también hay autores que se concentran en sus propios materiales, más autobiográficos, y otros que reflexionan sobre problemas formales y estéticos.


¿Y cómo encuentras el ambiente?

Honestamente, en Nueva York viví un ambiente de más camaradería. El arte chileno está dividido en guetos y grupitos. Y uno pertenece o no pertenece. Cada uno sospecha del otro. Lamentablemente eso atenta contra un desarrollo orgánico del sector del arte, que necesita la unión de todos sus agentes. Se pierde energía en rencillas a veces artificiales.


Es mejor no pertenecer.

Exacto. Ahora me doy cuenta de que convertí mi desventaja en ventaja. Porque mi mirada de extranjera no está contaminada, puedo relacionarme y trabajar con todos, ser menos prejuiciosa y más objetiva. Eso me ha favorecido.


Sí. Pero el tema del financiamiento de Artishock sigue siendo complicado, porque este año, por ejemplo, no ganaste el Fondart. El crítico Justo Mellado ha sido uno de los permanentes opositores a que el medio del arte chileno dependa demasiado de la ayuda del Estado para desarrollar proyectos ¿Cuál es tu conclusión personal?

De los siete años que lleva funcionando Artishock, hemos ganado el Fondart cuatro años, y perdido tres. Eso es una ruleta. Mi primera conclusión es que las cosas se hacen con ganas y persistencia y no sólo con plata. Uno tiene que trabajar obtenga o no la ayuda del Estado. La segunda, es que el Fondart ya no es un mecanismo para Artishock, un proyecto que maduró y le llegó la hora de dejar la casa de “papá Fondart” y ser sustentable. Es por eso que ahora estamos dedicados a buscar un financiamiento estable, por distintos canales, incluido el aporte filantrópico. Ahora estoy organizando también una subasta de arte a beneficio de Artishock y he recibido donaciones de obra de muchos artistas.


¿Por qué crees que en Chile la filantropía no ha prendido como sucede en otros lugares del mundo?

Acá falta mucha cultura en ese tema, se confunde filantropía con caridad. En general todavía se percibe el arte como un hobby de muchachos extraviados que no saben qué hacer con sus vidas. Se piensa que es más “serio” apoyar otras causas porque cumplen un rol social o de “bien común”. Se desconoce el rol del arte como motor del desarrollo social. Pero también los que trabajamos en cultura y en medios de comunicación tenemos la responsabilidad de comunicar la importancia social del arte, además de informar sobre los beneficios que obtiene quien dona, como la rebaja de impuestos que permite la Ley de Donaciones Culturales. Ojalá avancemos en esa dirección.


¿Hay crítica de arte en Chile?

Poca. En Chile el circuito de arte es muy pequeño, todos se conocen y es mejor quedar bien con todos.