Barbarie-pensar con otros

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El sueño de Mengele


por Silvia Veloso

Barbarie-pensar con otros

El Ángel de la Muerte tenía especial fascinación por los gemelos. Cuentan que era frecuente verlo sobre el terraplén de la estación de su campo de exterminio esperando impaciente la llegada de los trenes. Con una mano golpeaba suavemente una elegante fusta contra su pierna, con la otra, revolvía un puñado de caramelos que tenía en el bolsillo.

El ganado humano llegaba con regularidad desde todos los rincones de la Europa ocupada al matadero de Silesia. De los vagones descendía una multitud aterrada y ya marcada por el beso de la muerte. Entonces, los ayudantes del doctor entraban en acción. Moviéndose a empujones por las plataformas atestadas buscaban a sus presas al grito de ‘¡zwillinge, zwillinge, (gemelos), por aquí!

Cuando había suerte, el jefe sonreía satisfecho, sacaba del bolsillo algunos caramelos y se los daba a los famélicos mellizos mientras se dirigían al barracón laboratorio. Para el Ángel de la Muerte, en la particular genética de los gemelos se escondían los secretos que le permitirían multiplicar la por entonces insuficiente tasa de nacimiento de perfectos niños arios que el Reich necesitaba. El fin de sus experimentos estaba claro, y no importaban los medios.

Unas semanas atrás, muchos de los principales diarios del mundo recogieron la noticia del extraordinario aumento de esperma norteamericano que está importando Brasil. Lo que sobre todo destacaban los titulares era la especifiquísima tipología exigida al donante, a saber: piel blanca, pelo rubio y ojos azules. Como curiosidad, las pecas eran también un detalle bienvenido. Será que para estos compradores, las pecas deben resultar un gracioso y travieso toque adicional que hará aún más adorable el rostro de sus futuros vástagos fertilizados in vitro.

La noticia, de alguna forma traía ciertos ecos de Los niños del Brasil’, adaptación cinematográfica de la ficción de Ira Levin. En la película, Josef Mengele, con el fin de replicar a Hitler y poner en marcha un nuevo Reich, clona a noventa y cuatro niños que en secreto distribuye por el planeta.

En la cruda realidad, el macabro Doctor Muerte vivió escondido en Brasil más de veinte años donde acabó muriendo ahogado a causa de un derrame cerebral mientras se bañaba tranquilamente en una playa del litoral paulista. Para meterle más carnaza a esta suerte de trama conspiranoica brasilera, a ese dato se le suma el hecho de que en el sur del país se encuentra la población con la mayor tasa mundial de nacimiento de gemelos. Circunstancia que, claro está, en muchas ocasiones se ha asociado con el paso de Mengele por esas latitudes.

Y, aunque diversas investigaciones han probado que la proliferación del gemelismo en la zona se debe a particularidades genéticas de sus habitantes y no a las prácticas del macabro higienizador racial nazi, ese triángulo Brasil-Ángel de la Muerte-experimentación genética, cada cierto tiempo vuelve a pulular por nuestro imaginario.

Pasado, presente, y ficción son herramientas útiles para especular sobre el futuro. Las técnicas de reproducción asistida nacieron con el propósito de ayudar a las personas o parejas infértiles a concebir. Pero se trata de una revolución que, sin entrar en el terreno siempre farragoso de la moral y las ideologías (ambas tan variopintas), es muy posible que vaya produciendo con el tiempo muchos cambios en la forma en la que hoy entendemos el sexo y la reproducción.

Esos pronósticos bailan entre lo fascinante y lo sobrecogedor. Lo inquietante, es que quienes vaticinan o vislumbran un futuro con actividad sexual decadente y concepción in vitro de seres diseñados minuciosamente por secuenciación genética, no son charlatanes de feria, si no profesionales muy sesudos que trabajan en Harvard, Oxford, el MIT o en la pujante China postcomunista.

Ya en 1998, John Harris, profesor de bioética del Cardiff Centre for Applied Ethics, Law and Society, Reino Unido, compiló en el libro ’El futuro de la reproducción humana: ética, elecciones y reglamentación’, ensayos de un grupo multidisciplinario de especialistas que reflexionaban sobre conflictos éticos, ley y nuevas técnicas de concepción. Más recientemente, otros como Henry T. Greely, director del Center for Law and the Biosciences y profesor asociado de genética en la Escuela de Medicina de Stanford entre otros desempeños académicos, ha publicado varios trabajos sobre las perturbadoras situaciones a las que pueden conducir las técnicas de diseño reproductivo. Consideraciones que abarcan desde el riesgo de endogamia, la aberración genética o la fabricación de humanos en serie.

Por tanto, o la ciencia se ha convertido en la nueva charlatanería o realmente nos esperan cuestiones y dilemas que nos harán repensar muchas cosas, y que generarán conflictos. Por eso la materia de la anécdota brasileña es interesante como pequeño botón de muestra de lo que puede estar por venir.

El estado de situación sobre la donación de esperma es complejo. Depende de aspectos legales, sociales y consideraciones éticas que varían mucho según en qué parte del planeta nos encontremos. Y, como todo lo que mueve las pulsiones humanas, tiene su impacto en la actividad económica.

Meterse a hablar de leyes no resulta para nada sexy, pero ayuda a clarificar por qué y cómo suceden las cosas.

En términos de legalidad, hoy cada país tiene un marco jurídico diferente. Los condicionamientos de la ley varían en cuanto a la cantidad de hijos que pueden resultar del esperma de un mismo donante o muestra y si la donación es susceptible o no de ser remunerada. Tampoco es homogéneo el tratamiento que se da a la identidad del proveedor de semen ni las condiciones de género y estado civil exigidas a los receptores de la donación. Esto último se refiere a cómo se posiciona la ley de un país en cuanto al reconocimiento de derechos tanto de personas individuales como de parejas de hecho u homosexuales.

Así, entre otros, Japón y Hong Kong sólo admiten como receptores a parejas heterosexuales legalmente casadas con problemas de fertilidad relacionados con la edad. Noruega lo restringe a parejas, cohabitantes o legalizadas. En otros países, como Estados Unidos, España y Dinamarca, personas y parejas de toda condición son sujetos de derecho.

La identidad y la reproducción son temas muy sensibles y la legislación va modificándose y adaptándose a las circunstancias. Casi siempre más lento de lo que debiera. Toda decisión normativa es de vital trascendencia, pues produce efectos de profundo alcance jurídico. Por ejemplo, el hecho de que la ley regule que la identidad del donante se mantenga o no en el anonimato, determina el que una persona nacida de esperma donado pueda o no acceder en el futuro a conocer esa parte de su identidad biológica si así lo desea.

Cuando se opta por el anonimato del donante, la ley restringe al descendiente su derecho a saber su origen. Si por el contrario la norma opta por la identificación, los nacidos fruto de donaciones podrían acogerse al marco jurídico que regule la descendencia y reclamar sus derechos asociados (manutención, herencia, etc). En ese caso, salvo que estuviéramos hablando de donantes con apellidos tipo Rockefeller, Gates o Slim, pocos bolsillos habría lo suficientemente anchos como para hacerse cargo de un pequeño ejército de descendientes.

Parece broma pero no, este tipo de situaciones ya han suscitado polémicas cuando algún país, como Alemania, atendiendo al derecho del individuo a conocer su origen, modificó las leyes sobre el anonimato de los donantes.

La limitación que la mayoría de los países establece sobre la cantidad de personas que pueden nacer de una misma muestra o de un mismo donante, tiene por objeto evitar los riesgos de endogamia que podrían darse en una sociedad en la que cada vez más personas son concebidas a través de estas técnicas compartiendo material genético.

Si hablamos de economía, según un estudio publicado en marzo de 2017 por la consultora norteamericana Grand View Research, el mercado global de bancos de esperma está en expansión y, para 2025, moverá 4,96 billones de dólares. Las razones de este crecimiento son también variadas.

Por una parte, la tasa de infertilidad crece a ritmo sostenido a medida que más países entran en vías de desarrollo. El stress, los nuevos hábitos de vida y la postergación reproductiva a edades más avanzadas son las principales causas. Estas están en estrecha relación con los problemas que generan el envejecimiento de la población y las tasas de natalidad decrecientes en los países más desarrollados.

Por otra, incide también en el crecimiento del mercado la desconexión de la reproducción con la idea de familia tradicional y la apertura jurídica, pues cada vez más países se abren a reconocer derechos tanto a solteros como a homosexuales.

China es una de las economías en las que más ha crecido la inversión en medicina reproductiva. Una vez liberada la política del único hijo y sometida como el resto a los estragos que sobre la fertilidad causa el ritmo de vida actual, el país ha visto incrementada masivamente su demanda de esperma. Se lee, aunque esto puede ser leyenda urbana circulando por los medios, que a los donantes chinos se les exige, además de los clásicos requisitos médicos, probarse como devotos socialistas y fieles seguidores del líder y del partido.

Las técnicas de reproducción avanzan. A pesar de ser aún costosas, el desarrollo médico y la implicación estatal favorece que más personas pueden acceder a este tipo de tratamiento. El primer bebé fecundado in vitro nació en el Reino Unido en 1977. Se calcula que, hasta la fecha, más de seis millones de personas fueron concebidas por este procedimiento y que la cifra, no hará más que aumentar en el futuro.

Sumandos pues los factores influyentes, sociales y apertura legal, ambientales y avances médicos, la auspiciosa proyección que arrojan los estudios sobre el crecimiento de los bancos de esperma, se ajusta muy naturalmente a la vieja ecuación de la oferta y la demanda.

En el caso del crecimiento exponencial de las importaciones brasileñas que saltó a los titulares, hay que considerar que, en el mercado en alza del esperma, el de ‘donante identificado’ es el que produce mejores lucros. Esto porque los compradores, ya sea de ropa, tomates, libros o esperma, cada vez exigen más referencias y garantías sobre la mercancía que compran.

En el caso del esperma, tales garantías se apoyan en estudios genéticos que identifican el semen de mejor calidad, aquel con menor riesgo de portar genes susceptibles de desarrollar enfermedades o taras indeseadas. Y los análisis, claro, tienen un costo que se refleja en el precio del producto.

Las compañías norteamericanas lideran el segmento del análisis y de los métodos de conservación. Además, que el país figure a la cabeza del negocio de los bancos, tiene mucho que ver con el hecho de que su legislación permite, en la mayoría de los estados, que las donaciones sean remuneradas. Pequeño sobresueldo que para muchos varones saludables, especialmente si son blancos, de pelo rubio y ojos azules, puede resultar un interesante complemento.

Hasta lo de la salud la cosa parece razonable. Si tuviéramos que recurrir, por la causa que sea, a un proceso de reproducción asistida que requiera el esperma de un donante, resulta lógico y normal que los futuros padres se preocupen por la salud de sus hijos. Es humano desear un hijo sano.

Sobre el caso brasileño, cuya población mayoritaria es mestiza y negra, los diarios informaban que los clientes que dispararon las importaciones del esperma norteamericano con triple requisito, pertenecen a la minoría blanca de mayor poder adquisitivo.

Brasil no permite remunerar al donante y esto influye en que haya pocos bancos. Además, parece que los brasileños no se fían mucho de los análisis por los que pasa el esperma local. Prefieren recurrir a los proveedores de Estados Unidos para asegurarse de que van a recibir lo que buscan. Y lo que buscan, más allá de la salud, son espermatozoides con características que también garanticen una condición que en el país hasta hoy es de privilegio.

Los bancos norteamericanos, además de los análisis, ponen a disposición del cliente perfiles psicológicos, hábitos de vida y parece ser que, en muchas ocasiones, hasta fotos del donante cuando era niño.

A las ancestrales consideraciones sobre el bebé sanito, se van sumando factores que se aproximan al terreno del diseño y que en algo comienzan a parecerse a aquel sueño genético de reproducción en serie del Ángel de la Muerte. El azar como que se nos va escurriendo de la vida.

Más adelante, ante la posibilidad de elegir, unos podrán colocar pequitas en el lugar exacto del rostro en el que resulten más graciosas. Otros quizá, soñarán con niños de ojos inmensos y redondos. No faltarán los que privilegien la súper inteligencia, el modelo atlético de corte Superman, el don de lenguas o el de gentes. Para los ambiciosos, todo junto.

Si alguien por ahí sabe si esto será positivo o negativo, quedaríamos muy agradecidos si se manifiesta y lo comparte.


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