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Álvaro Oyarzún: El pintor es un personaje trágico


por Catalina MENA

para diario LA SEGUNDA

Diamela Eltit_Catalina Mena_La Segunda

El autodidacta: así se titula la muestra que abre el 27 de octubre en el Museo de Artes Visuales (MAVI). En ella, Álvaro Oyarzún (57) despliega su actitud como un artista que ha resistido en la pintura, sin haber pasado por estudios académicos y siempre cuestionando el sistema del arte.



Un trozo de cuerpo de un animal incierto, una gigantesca excavación en medio de la ciudad, unos moluscos por ahí encontrados en un rincón, un sitio eriazo, la entrada a un autopista, un estacionamiento, el piso vacío de un edificio para oficinas, una carretera, la fachada de una casa, una playa plagada de veraneantes, la habitación de una residencial: las imágenes que pinta Álvaro Oyarzún se escapan a lo que podríamos considerar “digno” de pintar. Aunque están realizadas con mucho virtuosismo pictórico y tienen un fuerte poder de seducción, sus escenas no se parecen a las de la “gran pintura”, sino todo lo contrario. Además los formatos suelen ser pequeños, así como los talleres donde trabaja. “Prefiero la discreción de una pequeña pintura a la elocuencia obscena de la monumentalidad”, dice. Las suyas son situaciones insignificantes, menores, pero que de algún modo habitan en nuestro inconsciente, que forman parte de un imaginario chileno indefinible pero reconocible.


Así como la antipoesía es la carne cruda de la poesía –Oyarzún es admirador de Nicanor Parra—también sus “anti-pinturas” son la expresión más genuina, salvaje y cotidiana de la pintura.

A veces sus cuadros son un poco repulsivos; otras, son íntimos y tiernos; pero siempre son raros, sorprendentes e irónicos, como la vida misma. Y es que están atravesadas por un cuestionamiento sobre su propio modo de mirar y representar su entorno. De ahí el título de la exhibición que está pronto a montar en el MAVI: El autodidacta: La pintura como una contra imagen. “El proyecto del autodidacta es un relato de ficción que me he inventado para continuar creyendo en la pintura”, dice.


Lo que el artista problematiza es su contradictorio lugar como un pintor chileno, autodidacta y obsesivo, que no pasó por estudios universitarios, pero que desde hace 30 años que viene produciendo gran cantidad de obras, porque pinta 24/7. Ha exhibido en Chile y en Europa, ha resistido en la pintura, pero siempre se ha sentido incómodo con el sistema del arte. Por eso ha entrado y salido de galerías, ha vivido en Santiago y afuera (10 años en Francia y ahora en Viña), ha renegado del sistema y, cada tanto, vuelve. Le complican las modas inventadas, el despliegue de ferias y bienales, las galerías que intentan adueñarse del artista, los precios que suben y bajan al ritmo del capricho, los famosos sin mucho talento y los fracasados talentosos. “El autodidacta es un indagador, experimentador y recolector del mundo visible. Es la figura de aquél que aprende solo, al descampado”, dice. “Eso me autoriza a cuestionar el sistema del arte y, a la vez, ser autocrítico”.


A pesar de su aislamiento físico –no viene a Santiago, no va a inauguraciones-- en redes sociales Oyarzún es bien activo. Siempre sube pinturas, reflexiones y críticas y tiene puros likes. Pero hay algo más misterioso en esta exhibición. Y es que su curador, Iván Godoy –quien aparece en las comunicaciones del museo-- murió de cáncer hace pocos meses, en pleno proceso del proyecto. Pintor, historiador de arte, videasta y polemista en Facebook, siguió de cerca los últimos años del trabajo de Oyarzún y escribió alguna vez en la red el siguiente comentario respecto a una obra suya: “Hay algo monstruoso que emerge en el apacible paisaje, la postal se hace infame. La imagen se hace aterradora y lo bucólico, amenazante. La mirada del pintor arrasa con el detalle. Arde el sentido, mientras todo a nuestro alrededor se derrite”.



“Pintar es una forma de resistencia absurda y trágica”


Tú has persistido en la pintura, a pesar de que de hoy en día no es la vedette de las bienales.

Me interesa la pintura justamente porque siempre está pasada de moda. Hoy día la pintura no es portadora de ninguna wevada. Pero tiene recursos que son más perversos, puede comentar la realidad, ficcionarla y manipularla con mucha más libertad. De todos modos estar en la pintura es una forma de resistir y de aguantar.


¿Una forma de resistencia absurda?

Sí, absurda y trágica. Ahí se dispara el sentido.


En tus pinturas hay muchos paisajes chilenos, que podríamos pensar como anti-paisajes, cosas raras, incluso feas.


Es un real que existe, pero que está invisibilizado. Los sitios eriazos, los lugares negados, indignos para el arte. Yo pinto como podría pintar un autodidacta, como alguien que se hace el naïf, el leso, pero se da cuenta de que todo es una tragedia. Creo que mis pinturas comentan cosas de Chile, son como un contra veneno para este sistema de mierda. Y, por otro lado, dan una idea de lo que se puede hacer con la pintura hoy en día, es decir, muy poca cosa. Pero algo es algo. La pintura no puede ser solo un objeto negociable, un producto que se transa en el mercado, pero tampoco hay que darle mucha importancia. Yo la veo como una pequeña posibilidad de sobrevivir al presente.


No suena muy esperanzador

No sé. Yo soy alegre, optimista. Tengo una pareja que me hace feliz, todos los días salgo a pasear, veo el mar, vivo tranquilo y disfruto pintar, todo el día, rápido, y quedar agotado. Siempre estoy flaco, es mi ejercicio mental y físico. Hago un cuadro y paso al otro, y así no me quedo pegado en nada. Pero cacho que el artista es un personaje trágico y que el arte ha perdido su razón. Hay una imagen romántica y heroica que es insostenible. Se habla del “riesgo”, de la “audacia” del arte, pero son puros clichés. Lo que ahora sucede es una integración, porque todo está totalmente cooptado por el mercado y sus estrategias, y nadie se escapa a eso. Yo tampoco. De hecho vivo de la venta de mis obras. Uno coquetea con el riesgo, pero es mentira.


¿Entonces te sientes mentiroso?

No pos. Yo me siento contradictorio. Uno trabaja con la contradicción, de eso se trata el asunto. Por ejemplo, yo hablo contra el mercado del arte, pero si tengo que vender igual voy a una feria de arte, aunque me de pánico escénico.


Nelly Richard dijo que sobraban artistas y faltaban críticos ¿Qué opinas de eso?

No estoy muy de acuerdo. Yo encuentro que también sobran los críticos, pero ahora es cualquiera. Hay un exceso de opinología, sobre todo en las redes. Todos hablan, todos opinan sobre arte y eso produce una cierta degradación. Pero a la vez es divertido. Es que sin humor no se puede sobrevivir. Para mí el humor es lo que gatilla todo, es una forma de desarticular las cosas y que aparezca algo.



“Mis pinturas son verdaderamente falsas”


¿Qué te pasa con la actual proliferación de activismos indignados?

Es curioso, porque me gustaría identificarme un poco, pero después digo “preferiría no hacerlo”. A uno le gustaría imaginar que hay cierto idealismo, que se abren otras posibilidades de estar en sociedad, pero rápidamente se vuelve poco atractivo, porque están llenos de clichés, todos hablan de lo mismo, es poco creativo. Además es solo crítica. Me cansa el exceso de negatividad. Hay puras patadas y faltan buenas jugadas. Hay una suerte de amargura y de resentimiento brutal. Veo también a muchos artistas que tienen reconocimiento pero siempre están pelado y criticando a otros ¿para qué?


Pero a ti te ponen puros likes en Facebook, a la gente le encantan los monos que publicas

Porque no soy famoso. Tal vez me perciben como un poco loser y por eso me quieren.


Después que hagas tu muestra en el Mavi ya no te van a querer…

No creo. Porque hay una diferencia entre los artistas famosos y los artistas importantes, que hacen cosas que generan algún sentido. Yo prefiero ser de los segundos. El artista famoso siempre es un poco sospechoso, a alguien se jodió, obviamente. A mí nunca me ha resultado atractivo el personaje famoso. Creo que cuando hay poca consistencia atrás, las personas comienzan a construir andamios de cosas falsas. Hay artistas que son pura imagen personal, pero su obra es hueca.


Susan Sontag dice que solo existe lo “falso” y que lo verdadero vendría a ser aquello “verdaderamente falso”

Claro. Mis pinturas son verdaderamente falsas. Y uno mismo es así. O sea, uno se quiere sentir como en la cresta de la ola pero pinta cosas chicas. A mí me horroriza la grandilocuencia, me parece frívola y fría. Confío que en la calidad de lo pequeño pueda aflorar una poética de los afectos.


Te iba a decir que no solo pintas rápido, sino que también hablas a toda velocidad. ¿Piensas rápido también? No. Pienso mal, entonces me atropello.

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