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Andrea Giunta, historiadora de arte: Las mujeres fueron sacadas, borradas


por Catalina MENA

diario LA SEGUNDA

La historiadora del arte y curadora argentina se ha convertido en una influyente activista en la escena latinoamericana. Dice que hombres como Duchamp y Pollock se apropiaron del trabajo de otras artistas.

“Voy a pedirte que esta entrevista no quede abierta a comentarios en la web”, dice Andrea Giunta (58) . “Cada vez que hablo en la prensa y queda abierto a opiniones me llaman loca, puta, histérica. Y no solo son hombres los que escriben esos comentarios sino también mujeres”, afirma la curadora argentina, sin modificar en un centímetro su sonrisa sensual y su ritmo de hablar pausado.


Y es que en los últimos años, y a pesar de ella misma, Andrea ha estado mediáticamente expuesta. Junto a su colega venezolana Cecilia Fajardo-Hill viene difundiendo desde 2017 Radical Women, una exhibición que ha causado bastante revuelo, con medio millón de espectadores y ampliamente cubierta por la prensa internacional y la crítica. La muestra, cuya investigación y desarrollo les tomó ocho años de trabajo, ha itinerado por Estados Unidos y Latinoamérica, visibilizando a 150 artistas latinoamericanas que provienen de 15 países y que produjeron obra entre 1960 y 1985. Se trata de obras en su mayoría desconocidas, que han sorprendido por su audacia, densidad crítica y fuerza emocional. Con este gesto las curadoras saldaron una deuda histórica con mujeres experimentaron nuevos lenguajes (como el video y la performance) y reflejaron desde su propio cuerpo una cotidianidad atravesada por los movimientos libertarios de los 60 y de las dictaduras de los 70 y 80.


Más allá del “me gusta” o “no me gusta” --y de muchas suspicacias frente al enfoque feminista que aún produce urticaria-- en el mundo del arte hay consenso en que esta exhibición levantó y puso en valor una escena fundamental. Junto a esta empresa, Andrea sacó el libro Feminismo y arte latinoamericano. Historias de artistas que emanciparon el cuerpo (Siglo XXI), un ensayo fundamentado en fuentes, referencias y estadísticas, que despliega con gracia narrativa gran cantidad de ideas e informaciones convenciéndonos de que efectivamente las mujeres han sido históricamente censuradas y explicando el modo en que esto ha sucedido. El resultado en cifras es indiscutible: a nivel global las mujeres representan el 30% del sistema arte. En Santiago, por ejemplo, dentro de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes solo un 12% corresponde a obras de artistas mujeres.


El libro ya va en su tercera edición. Giunta recurre a anécdotas para ejemplificar el ninguneo. Cuenta el ejemplo de la condesa Elsa von Freytag-Loringhoven, una dadaísta alemana que vivió en Nueva York en las primeras décadas del siglo XX relacionándose estrechamente con la vanguardia de ese momento y quien sería, según recientes investigaciones, la verdadera autora de la obra fundacional del arte contemporáneo: La Fuente, conocida como “el urinario”, que se exhibió en 1917 y que siempre se ha adjudicado a Duchamp. También cuenta la historia de la artista ucraniano-estadounidense Janet Sobel, una señora quitada de bulla que exhibió sus pinturas en Nueva York en los años 40. Está ya documentado que Jackson Pollock visitó la muestra de Sobel y quedó impactado con su técnica de chorreo, dripping (de drip, “gotear” en inglés). Un recurso pictórico que luego Pollock se adjudicó bajo el rótulo del Action Painting, con el que pasó ser ícono de la vanguardia del expresionismo abstracto.


Estas gestiones, reconoce Andrea, la han ubicado decididamente en el “activismo curatorial” y hoy participa también del movimiento surgido en Facebook Nosotras Proponemos, en Argentina, que desde el arte interviene en distintos temas relativos a los derechos de las mujeres, incluida la demanda por la legalización del aborto. Pero ya desde mucho antes Giunta había realizado muestras polémicas y de impacto político, como la de León Ferrari en Buenos Aires, en 2004, que provocó actos directos de violencia contra las obras consideradas ofensivas a la moral católica e incluso la censura de la muestra, impulsada por el entonces cardenal y actual papa de la iglesia, Jorge Bergoglio.



“Yo antes era patriarcal”


Has sido una historiadora, crítica y curadora de arte muy activa. Y has vivido y trabajado también fuera de Argentina. ¿Cómo has compatibilizado eso con tu vida personal y familiar?

Bueno, tengo una hija y un nieto. Y estoy casada. Tengo varios matrimonios en el cuerpo, pero siempre he tenido compañeros que también están en el mundo del arte y con quienes hay colaboraciones mutuas. Si hablo de discriminación a las mujeres en el arte, no hablo desde mí, sino desde lo que he investigado.


Has dicho, en varias entrevistas, que investigar a las mujeres artistas te cambió la perspectiva.

Creo que antes de meterme seriamente en el tema yo pensaba que con la calidad se llegaba. Antes era patriarcal. Pero empecé a darme cuenta de que ese criterio de calidad no era suficiente y que hay otros criterios relativos al género, a la personalidad, a condiciones extra-artísticas que operan a la hora de valorar una obra.


El poder decide qué tiene y qué no tiene calidad en arte. Y si el poder es masculino, la calidad es masculina.

Estoy de acuerdo. Pero no quiero suscribir posiciones amarillistas que ridiculicen el mundo del arte contemporáneo diciendo que todo es una estafa. Creo que efectivamente hay criterios válidos que se han establecido para decir que una obra es interesante. Uno puede evaluar cómo la obra dialoga con el momento histórico, qué materiales articula, qué poder emocional tiene, qué tecnología...Hay muchas complejidades que sí puedes evaluar. Pero está claro que el canon de qué es o no es buen arte se ha construido desde principios patriarcales y eso excluye a muchas obras de mujeres. Ha habido una censura que hace que toda una comunidad artística esté impedida de ver la obra de una cantidad de artistas muy importantes. Entonces el problema no es tanto que sean mujeres, sino que nos hemos perdido de ver obras muy valiosas. Y eso lo verificamos cuando instalamos Radical Women, porque la reacción del mundo curatorial fue de sorpresa: "Cómo no conocíamos esto, cómo nos perdimos esto".


Se trata de una especie de arqueología, de rescatar un conocimiento enterrado.

Claro. En lo más profundo se trata de revisar una pérdida que experimentamos todos. Son imaginarios ocultos. Los artistas pobres, los indios, los negros y las mujeres están excluidos.


En tu libro hay dos ejemplos que son de plagio machista, en el que se adjudican a hombres obras de mujeres.

Son temas que están en debate, pero hay una carta de Duchamp a su hermana donde cuenta que una artista mujer mandó un urinario y hay todo un análisis centrado en la figura de esta condesa que afirmaría que fue ella fue la autora del urinario. A mí no me interesa tanto la anécdota, lo que me interesa es preguntarme: ¿Si el urinario fuera de la condesa sería la obra más importante del siglo XX? ¿La vanguardia es solo vanguardia si la hace un artista varón? Y lo de Janet Sobel está verificado. Yo pongo el link a una conferencia de una investigadora que hace toda la cronología y demuestra que ella expuso en una galería de la calle 57 estas obras y que Jackson Pollock fue a verla. Cuando uno ve las fotos de Janet y ve las de Jackson Pollock ve que ella era una señora ya mayor, un poco gordita, y Pollock era joven, insolente, un personaje, evidentemente la vanguardia se iba a encarnar en él.


Eso no es omisión sino sustitución y plagio

Exacto. Las mujeres no se restaron, no es que estaban criando bebés en vez de producir arte. No es ni siquiera que exhibieron sin éxito. Ellas fueron sacadas, borradas. Yo he escuchado muchas historias de celos terribles, de compañeros de arte, abusos de poder tremendos de hombres envidiosos frente al éxito.


¿A ti nunca te ha pasado eso con los hombres?

Me ha pasado estar en situación donde para rebatir mis argumentos gritan arriba mío. O que yo plantee una idea y un varón se la asigne como propia.



“Constaté en mi cuerpo y en mi experiencia la desigualdad”


Tú siempre tuviste un pensamiento feminista, pero ahora te transformaste en activista.

Sí, tengo que decir que sí. El trabajo para la exhibición Radical Women me transformó. Tuvimos tanta oposición que eso despertó algo nuevo en mí. Porque constaté en mi cuerpo y en mi experiencia la desigualdad y la oposición. Tuve que lidiar con comentarios ofensivos, humillantes, descalificadores y violentos de los curadores de arte latinoamericano más conocidos y respetados. Por suerte, algunos luego de ver la muestra cambiaron de opinión.


Cuando empezaste a hacer Radical Women todavía no se desataba la ola feminista que vimos el año pasado. Me contabas que te decían "qué pasado de moda, qué pegada”. A las mujeres nos dicen siempre que somos pegadas cuando queremos resolver cosas que se han hablado pero no resuelto.

Exactamente. Hemos hablado innumerables veces sobre la desigualdad en el mundo del arte, pero la realidad nunca se modificó. O sea, hay un avance teórico, pero sigue habiendo una tremenda desventaja.


Últimamente has aparecido bastante en las redes, incluso polemizando con otros curadores. ¿Te han dicho que estás exhibiéndote mucho?

Me lo han dicho y he recibido muchos comentarios sarcásticos por mi activismo Pero me tiene sin cuidado. Yo soy una persona que vengo del pensamiento, de la filosofía. Me interesan los matices y las contradicciones, no pienso de manera lineal ni militante, y eso se ve en mis escritos. Pero creo que hay que hablar claro frente a la gravedad de que existan países donde la mitad de la población está dispuesta a salir armada para matar a otros y que haya gobiernos que estén propiciando eso. Un mundo donde muchas mujeres son violadas, descuartizadas, quemadas, tienen que parir hijos a los 12 años producto de violaciones. Uno como pensador tiene una responsabilidad. Los intelectuales se han encerrado en su burbuja y conversan con los que están de acuerdo con ellos, y eso es parte muy importante del problema. Porque el triunfo de la ultra derecha demuestra claramente que hay muchos que no piensan como nosotros. Entonces ¿qué hacemos? ¿Persistimos en nuestras críticas cínicas que solo entendemos nosotros o bajamos de nuestro pedestal? El intelectual que me interesa es uno que está dispuesto a demostrar sus ideas y a confrontarse.

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