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Alejandra Urrutia, directora de la Orquesta de Cámara del Municipal: Tocar es denudarte frente a tod


por Catalina MENA

diario LA SEGUNDA

Primera mujer en dirigir la agrupación capitalina, la violinista dice que 'el ego hay que silenciarlo lo más posible".

En 2007 Alejandra Urrutia (43) hizo noticia como directora de la Orquesta Bicentario de Curanilahue. No solo por lo exótico que resultaba ver a una mujer, además joven, “llevando la batuta” (una imagen muy asociada al poder) sino porque logró convertir esta orquesta infantil en una fuente de vitalidad, cohesión y orgullo para esa pequeña comuna de la región del Biobío. Y es que, en las antípodas de esta imagen de la batuta dominante, Alejandra desplegó otra potente energía: la del aprendizaje y la colaboración. Instaló la idea de que era muy importante aprender desde el principio a tomar bien el arco del violín –cosa que no siempre se enseña con el cuidado que corresponde, dice-- pero que era igual de importante escuchar al músico del lado, vincularse con él y entender que todos juntos estaban logrando algo que no podían lograr por separado. “La experiencia en Curanilahue me hizo darme cuenta del impacto que uno puede tener en otros”, cuenta la directora. “Se me despertó el deseo de educar y me di cuenta de que me resultaba fácil. Porque cuando tú recibes educación tú te ves a ti mismo y eres visto. Yo siento que lo más triste en el ser humano es cuando no se siente visto”.


Alejandra se crió en Concepción en una familia de músicos. A los 7 años comenzó a estudiar violín –instrumento que la acompaña a diario--; luego hizo un doctorado de ese instrumento en Michigan y ahí conoció a otros músicos que dirigían orquestas y que le abrieron esa perspectiva. Tras su vuelta a Chile y la experiencia de Curanilahue, dirigió la orquesta de Santa Fe, en Argentina, luego la Orquesta de Cámara de Chile (reemplazando a Juan Pablo Izquierdo) y ahora, desde el invierno pasado, está a cargo de la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal, además de trabajar con la Orquesta de Budapest como asistente del célebre maestro húngaro Iván Fischer.


La orquesta del Municipal tiene 25 años de existencia y siempre había sido dirigida por Sergio Prieto, de modo que la llegada de Alejandra marcó un cambio en el estilo y el sonido. Es una especie de escuela avanzada, a la que cada año ingresan jóvenes de entre 17 y 25 años tras aprobar una audición. En el ambiente de la música clásica –y también en los pasillos del Municipal—se comenta el efecto salutífero de la presencia de Alejandra, lugar donde también ha inyectado su personal visión sobre la música como una herramienta de transformación social y espiritual.



“La música surge del silencio”


Estaba pensando que una orquesta es todo lo contrario del mundo actual. Es una construcción colectiva, donde las individualidades se someten al conjunto.

Totalmente. Y eso no solo sucede en una orquesta, en un coro también, en las acciones grupales. Lo bonito es el resultado de esa unión, que no puede ser de otra manera. De hecho hay estudios que demuestran que los músicos cuando tocan juntos llegan a igualar su pulso cardíaco, se producen una serie de transformaciones a nivel neurológico, emocional y espiritual. Se sintonizan los cuerpos al estar ejecutando simultáneamente la misma obra.


Como directora hablas mucho de la parte humana del trabajo

Uno está trabajando con seres humanos que decidieron hacer música, entonces muchas de las cosas que uno debe transmitirles son temas de la vida. Cosas tan simples como el significado de escuchar. ¿Cuántas veces al día tú tienes conversaciones en las cuales no estás presente ni atento? Eso también ocurre en la música cuando estás tocando sin escuchar a tu alrededor, no tocas bien, pasas por encima. Tocar un instrumento es desnudarse frente a todos, abrirte absolutamente con tus miedos, con tus alegrías. Cuando estás en una orquesta estás compartiendo al 100% con la persona que está al lado o enfrente tuyo: hay una tremenda intimidad y complicidad en eso. Si yo me equivoco el del lado se da cuenta y me apoya. Uno tiene que escuchar al del lado y eso nos cuesta también en la vida.


Y aparte de lo difícil que nos resulta escuchar atentamente a otro, estamos contaminados de ruido

El nivel de ruido que hay en Santiago me vuelve loca, lo tengo que admitir. Aquí me cuesta abrir la ventana. El silencio es fundamental para un músico. La música surge del silencio.


¿Sigues tocando violín?

Siempre está ahí. Cuando tengo ganas saco el instrumento y lo toco. Con el violín estudio las partituras y sigo creciendo en lo personal. Es súper bonito porque cada vez que toco violín una voz muy íntima surge dentro de mí. En este último tiempo no lo he compartido con el público, pero cuando lo hago en mi casa es muy especial. La sensación es la misma si toco para mí o para otros. Pero además yo creo que para un director es súper importante producir sonido. Si tú tienes la capacidad de producir sonido entonces puedes transmitir mejor lo que quieres a los músicos de la orquesta.


Y tú también estás como tocando a través de ellos.

De alguna manera sí. Yo tengo el sonido en mi cabeza y quiero escucharlo al frente. Entonces tengo que encontrar maneras para comunicar lo que quiero.


Da la sensación de que los directores hombres tienen una parada más autoritaria y menos dialogante, por lo menos es la imagen que uno tiene

Sí, pero esa imagen ya es muy anticuada. Yo creo hoy, seas hombre o mujer, si te paras en el podio con prepotencia vas a recibir prepotencia de vuelta. Los músicos pueden ser pesados contigo o desafiarte. Pero tengo que decir que a mí no me gusta enfatizar mucho el hecho de ser mujer, encuentro que es como plantear oposiciones entre lo masculino y lo femenino, y no me parece creativo, es jugar en la misma dicotomía. Lo que me interesa a mí es, precisamente, es salir de esas oposiciones, ser fiel a mí misma.


Tú has puesto un sello distintivo en las orquestas que diriges

Es difícil hablar de mí, ojalá pudiera mirarme desde afuera. Pero tengo claro que mi trabajo no se trata de mí, sino de la orquesta. Yo estoy para que suene lo mejor posible. En los ensayos es como “a ver, escuchémonos, no estamos tocando juntos aquí, qué pasa, no escucho su sonido”.


¿Y ese diálogo lo cultivas también fuera de los ensayos?

Sí, pero soy más bien introvertida. Lo más importante es la música y tienes que tener la habilidad de crear un espacio de trabajo que sea amable. Basta con el respeto y ese respeto es mutuo. Mi autoridad es musical, eso es lo que respetan los músicos. Si tú no estás preparada por más que seas “amigui” de todos no te van a respetar.


¿Y cómo ha sido tu experiencia con esta orquesta?

Es muy estimulante, porque el nivel de los músicos es buenísimo. Son los futuros líderes musicales del país, están en el mejor momento de un músico, estudiando a full, y uno puede sacarles el máximo. Dan, dan y dan, no tienen límites. Es emocionante.


Son perseverantes.

Totalmente. En la música no puedes esperar resultados inmediatos, es una carrera larga que comienza en la infancia y la perseverancia es indispensable. Para mí la música es una herramienta que forma el carácter y te ayuda a pararte en el mundo. Cuando estudias un instrumento pasas mucho tiempo sola, horas de horas, entonces ese tiempo también es para conocerte a ti mismo y aprender a lidiar con la frustración. Si estás estudiando y hay un pasaje que no te sale, ¿qué vas a hacer? ¿Te vas a rendir, vas a ir a encender la tele? No, tienes que insistir, insistir, probar de otras maneras. Hoy en día si tú te caes es “se cayó, depresión, pastillas, psiquiatra”. Esa es la manera fácil. Nosotros, debido a lo que hacemos, tenemos que tomar la responsabilidad de lo que nos pasa y trabajar hasta superar los problemas. Eso te va dando una fortaleza interior muy profunda.



“Nada me pertenece”


Tú estas casada con la música.

Pero no es que yo lo haya decidido. Yo creo que el drama de la vida es perfecto. Todo lo que he hecho en mi vida es seguir mi intuición.


¿Es coraje o intuición?

Una mezcla. En la vida hay que tener mucho coraje también. Pero el coraje se siente menos como coraje cuando tú sigues tu intuición, se siente menos forzado y más natural, porque estás fluyendo. Pero uno tiene que tener claridad y yo eso lo he trabajado.


Y una vez que escuchas tu intuición ¿cómo la pones en práctica?

Uno puede saber qué es lo que quiere, pero no sabe cómo llegar a eso. Yo trato de no preocuparme mucho del cómo. A veces uno se queda pegado considerando los obstáculos del camino. “Pero si no tengo plata para hacer esto, ¿cómo lo voy a hacer?”. Y en ese proceso no lo haces. Los “cómo” hay que saltárselos, porque se resuelven solos si realmente tu meta colabora al bien común. Porque si tu sueño es individualista, si es ser millonario, no creo que resulte.


¿Y así fue convertirte en directora de orquesta?

Sí, así fue. En el 2011 yo tuve un tema de salud muy fuerte, una trombosis cerebral que me sacó unos meses del trabajo y ahí tuve como una revelación, una conversación conmigo misma. Y dije “quiero dirigir”. Uno tiene que decretarlo resueltamente para que suceda.


¿Te agarró esto de la dirección?

Sí, de todas maneras. Es lo que quiero seguir haciendo.


¿Ser la número uno de Latinoamérica?

No sé, no creo. Yo sueño con dirigir grandes orquestas.


¿Cuál es la orquesta que te fascinaría dirigir?

Bueno, ahora estoy trabajando con la Orquesta de Budapest como asistente de Iván Fisher y mi sueño es tener un concierto con esa orquesta.


¿Tú sola?

¡Sí!


¿Ese sueño te quita el sueño?

No. Es algo que quiero lograr, pero para que todo fluya hay que practicar el desapego. Hoy me adulan como la primera directora de Chile, pero mañana puede pasar algo y se derrumba todo eso. ¿Qué va a pasar conmigo? Nada po. No debiese pasar nada porque esto no es lo que a mí me define como ser humano. Si te adulan lo recibes pero luego lo sueltas; si te critican es lo mismo.


Es interesante esto. Por un lado la planificación y por el otro el desapego.

Sí, es saber para dónde vas, pero al mismo tiempo aceptar lo que sucede. Porque ¿quién soy yo? El ego hay que silenciarlo lo más posible. Yo no puedo decir “mi orquesta”. Porque no es mi orquesta.


¿Y has escuchado hablar a directores o directoras así?

Todo el rato. Pero no solamente a directores. La gente dice “mi hijo, mi mamá, mi pareja”. ¿Qué pasa si mañana no es “mi pareja”? Me voy a dar cuenta de que la vida sigue y que nada me pertenece.


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