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Siempre Nada Algo, de Pepa Mena

El 25 de junio en el Taller Emilio Vaisse 561, Catalina Mena y Constanza Michelson presentaron el nuevo libro de la escritora y artista visual Pepa Mena.


Texto de presentación de Catalina Mena.


Pintura de Pepa Mena

Este libro, de género híbrido (autobiografía ficcionada-prosa poética) reelabora imaginativamente la memoria de una niña: “la niña que fui”. En escenas sucesivas Pepa va narrando el modo en que una mente curiosa se relaciona con el mundo a través de un cuerpo erotizado. Es, sabemos por la nota final, un tejido de apuntes, recuerdos e imaginaciones que la autora ha ido elaborando durante un largo proceso psicoanalítico, atravesado por la partida y el retorno. Por efecto del exilio biográfico, la infancia ha quedado circunscrita a un lugar que se ha dejado, enmarcada en un espacio otro. Quizás sea esa distancia la que permite que se transforme, fluidamente, en escritura. La voz, sin embargo, no se emplaza en el pasado, sino en un presente que lo revive, como si el teatro de la memoria se proyectara en la pantalla de un ahora.


El texto es narrado en primera persona: es una voz enteramente dueña de sí misma. Esa voz se cuela en el cuerpo de la niña. En algunos giros asume formas coloquiales y ademanes infantiles. Se ubica en ese cuerpo para transmitir la experiencia interior desde un código ajustado a la emoción. Pero no es la niña la que habla, sino que es hablada por la escritura. La voz que recorre este libro es singular, rara, con brillo propio. Hay una apuesta estética arriesgada y original.


La voz que aquí habla juega con la ambigüedad, el error, le hace trampas a la gramática, se permite deslices, desplazamientos, desacatos. Pero se trata de jugadas precisas, que quiebran la regla para construir otra forma de coherencia. Porque esta es una voz coherente, articulada y fiel a su propuesta. Para transgredir la norma gramatical se requiere de cierta rebeldía. Así es este libro; rebelde en su tiro, irreverente en su disparo, pero a la vez delicado y dulce.


Pienso este libro, también, como una exploración en los mecanismos de la memoria. Con un sonido intenso y adherente, que recorre todo el texto, Pepa evidencia el carácter ficcional del recuerdo, su imposibilidad de escapar al relato, el nudo indisoluble que amarra la experiencia subjetiva al lenguaje que la cuenta. Dicen que cuando uno recuerda algo se activan las mismas zonas del cerebro y circuitos neurológicos que cuando uno imagina. De modo que la memoria puede entenderse como un imaginario, una construcción simbólica. Y si la memoria es constructo, y solo puede existir como texto, la verdad no estaría en la verosimilud respecto de hechos objetivos, sino en el lenguaje que se despliega. Y aquí se siente honesto, modulado por la radicalidad del cuerpo y sus sensaciones. Esta es una escritura que renuncia a sobreintelectualizar para que los signos de la lengua se expresen en lo que tienen de síntoma corporal. Hay muchas imágenes, sonidos, sabores, olores y texturas en este libro.


La familia es la escenografía donde circula este cuerpo infantil erotizado. Y en este libro se desmonta como mito de estabilidad y contención: si aparece en lo que tiene de natural y cotidiano, más pregnante resulta su anomalía. “La niña que fui” corre por entre las grietas de una estructura quebrada, disolviéndose, envolviéndose y recuperándose en el tumulto de una familia numerosa, salvaguardándose en una especie de caos donde se entremezclan objetos, símbolos, palabras y personajes. En el trasfondo de este enredo, pueden leerse los signos de un Chile perdido, como si para esa voz, la de Pepa migrante, Chile siguiera siendo un recuerdo.


Catalina Mena

Junio 2022


IMAGEN SUPERIOR: PINTURA DE PEPA MENA











SIEMPRE NADA ALGO

Pepa Mena

Editorial Economías de Guerra 2022











Catalina Mena, Constanza Michelson y Pepa Mena durante la presentación del libro SIEMPRE NADA ALGO en Taller Emilio Vaisse 561.