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Puertas de Hierro

“Te preguntarán por Dhu-l-Qarnain. Di: cierto, os recitaré una relación de él. En verdad nosotros lo asentamos firmemente en la tierra y le concedimos medios de acceso a todo; así que siguió su curso.

Hasta que cuando llegó al lugar de la puesta del sol, bajando a un mar negro, […] encontró entre dos montañas un pueblo del que apenas si entendía palabra. Ellos dijeron: ¡Oh Dhu-l-Qarnain!, Gog y Magog son corrompedores y siembran la discordia en esta tierra, ¿podemos entonces pagarte un tributo a condición de que levantes entre ellos y nosotros una muralla?

Él dijo: aquello en lo que mi Señor me ha establecido es mejor, así que si vosotros me ayudáis con la fuerza de hombres yo construiré una barrera fortificada entre vosotros y ellos. Traedme bloques de hierro.

Al fin, cuando hubo llenado el espacio entre las dos laderas de las montañas dijo: soplad, hasta que cuando hubo hecho fuego dijo: traedme bronce fundido para vaciarlo encima. Así no les fue posible escalarla, ni encontrarle una brecha, ni socavarlo. Dhu-l-Qarnain dijo: esta muralla es una obra de mi Señor, pero cuando llegue a ocurrir la promesa de mi Señor, Él la desmoronará, y la promesa de mi Señor es por siempre verdadera.

Y en aquel día dejaremos que unos surjan contra otros y la trompeta sonará, entonces los reuniremos a todos juntos. Y en aquel día, haremos surgir el infierno ante los incrédulos”.

 

Azora XVIII Al-Kahf: La Cueva, Sec. 11 vv. 83-100 سورة الكهف

Sagrado Qur’ān - s. VII d.C.

 

 

 

 

“El rey Saleuco edificò a Ecbatana cabeça de Media setecientas y cincuenta millas de la gran Seleucia, y veinte de las Puertas Caspias. Los otros lugares de los Medos, son Faufia, Agamzua, Apamia, llamada por sobrenombre Rafane. La causa del nombre de los Partos es la misma que la de arriba. Auerse [haberse] rompido los altos montes, dexando estrecho passo, de tal suerte que apenas passan carros, cada uno de por sí, en todo el largo de ocho millas, y todo este camino fue hecho a manos.

A la mano derecha y a la izquierda están pendientes unos peñascos, como quemados, porque todo aquel circuito es seco, sin agua alguna por treinta y ocho millas. Impide el paso de estas estrechuras un licor de sal, que se rezuma de las piedras, y se derrama por el mismo camino, fuera desto la multitud de serpientes no consiente passo, sino es en el invierno.

Continuanse con los Adiabenos, que se llamaron Cardumeos y ahora se llaman Carduenos, por donde passa el rio Tigris: junto a estos están los Pratites, llamados Paredones, los quales tienen las Puertas Caspias: junto a estos por el un lado están los desiertos de Partia, y las altas tierras de Citeno.

Luego ameníssimo sitio de la misma Partia, llamado Coara: allí están dos ciudades, de los Partos, antiguamente opuestas a los Medos: la una es Caliope, y la otra en lo alto de la montaña, se llamò antiguamente Isatis: pero la cabeça de la misma Partia es Hecatompilos: està apartada de las puertas ciento y treinta y tres millas. Así tambien los Reynos de los Partos se cierran con puertas.

En saliendo dellas, luego los recibe la gente Caspia, hasta las riberas, la qual dio nombre a las puertas, y al mar: la parte de la mano izquierda, es toda montuosa.

Desde esta gente yendo hazia atrás, hasta el rio Ciro, dizen que ay doscientas y veinte millas: y si desde el mismo rio se viene a las puertas, setecientas millas. Esta via hizieron los caminos Alexandro Magno, poniendo desde estas puertas, hasta el principio de la India quinze mil y seiscientos y ochenta estadios, y al pueblo Bactra, que llaman Zariaspa, tres mil y setencientos, y desde allí al rio Laxarte cinco mil”.

 

Naturalis Historiæ, Libro VI Cap. XIV - XV

Cayo Plinio Segundo, c. 77 d.C.

 

 

 

 

“La nación de los alanos, que antes mencionamos como escitas, habita cerca del río Thanais y el lago Meothis, planeaba por aquel tiempo saquear la tierra de Media y aún más allá.

Con esa intención se reunieron con el rey de Hyrcania pues él era quien controlaba el pasaje que el rey Alejandro de Macedonia había cerrado construyendo unas puertas de hierro.

El rey de Hyrcania les concedió paso sin que nada sospecharon los medos y así, las hordas de alanos invadieron y saquearon todas sus tierras…”

 

Las guerras de los judíos, Libro VII Cap. VII.4

Flavio Josefo, s. I d.C.

 

 

 

 

"Allí encontré además muchas tribus que comían carne humana y bebían sangre de animales y fieras como si fuera agua. No enterraban a sus muertos sino que los devoraban. Ante el espectáculo de tan perversas gentes, temeroso de que con este tipo de alimentación contaminaran la tierra con sus corrompidos y perversos hábitos, solicité la ayuda de la Providencia y me fortalecí contra ellos. Maté a muchísimos a degüello y esclavizamos su país. Entonces, a todos ellos les invadió un terror general, desde los más cercanos a los más lejanos, al escuchar el rumor: “Alejandro, el rey de los macedonios se acerca, pasará a degüello a todos, y quiere arrasar nuestras ciudades y someterlas a su tiranía”.

Y así todos emprendieron la huida, persiguiéndose unos a otros, uno empujaba a otro pueblo y hasta los más remotos se hallaban agitados en la fuga. Los reyes de estas tribus son veintidós.

Y emprendí la persecución tras ellos hasta que se encontraron entre las dos enormes montañas a las que se da el nombre de Pechos del Norte. Y no hay otra entrada ni salida de aquel lugar que el paso a través de aquellos grandes montes. Sobrepasan en altura a las nubes del cielo y extendiéndose a modo de dos muros a derecha e izquierda en dirección al Norte llegan hasta el gran mar a lo largo de la zona tenebrosa. Y maquiné un plan para que no tuvieran aquellas gentes otra salida para escapar de aquel lugar entre los grandes montes. La salida entre los dos grandes montes tenía una anchura de 240 codos reales.

En aquel momento supliqué a la Providencia con todo mi corazón, y atendió mi súplica. Dio órdenes la suprema Providencia a los dos montes, y ellos se movieron y avanzaron uno hacia el otro hasta distar 12 codos.

E hice construir unas puertas de bronce de 32 codos de ancho y de 60 codos de altura, de compacta factura, e hice revestir esas mismas puertas de una sustancia indestructible por la parte de dentro y por la de fuera, para que ni el fuego ni el agua ni cualquier otro mecanismo pudiera corroer el bronce de aquellas puertas. Pues el fuego al aplicarse a ellas se apaga y el hierro se mella.

Y por fuera de estas tremendísimas puertas levanté otro muro de protección de rocas pétreas, cada una de las cuales tenía 11 codos, una altura de 30 y un grosor de 40.

Y después de la construcción hice clausurar el muro fundiendo estaño con plomo en las junturas de los bloques de piedra y recubriendo con una capa de sustancia indestructible el muro, para que nada fuera capaz de dominar aquel portón, al que denominé Las Puertas Caspíacas.

A veintidós reyes dejé encerrados allí. Los nombres de sus pueblos son: Magog, Cinocéfalos, Nunos, Fonocératos, Siriásoros, Jonios, Catamógoros, Himantópodos, Campanes, Samandres, Hippies, Epámboros. Después edifiqué otras dos enormes murallas, una al Oriente y otra al Poniente. Y crucé por en medio de los turcos y los armenios”.

 

Pseudo Calístenes: Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, Libro III, 29 

Autor incierto- s. III d.C.

40  KM

Daguestán, Rusia | c. 300 a.C. 

* * *

La identificación de Dhu-l-Qarnain (‘el de los dos cuernos’) con la figura de Alejandro de Macedonia es desde hace siglos un tema que crea controversia entre teólogos y estudiosos islámicos. Si bien la mayor parte de ellos, antiguos y modernos, lo identifican con Alejandro, para otros podría tratarse en cambio de Ciro el Grande o algún otro gran monarca de Persia o de Arabia anterior al período islámico. Los investigadores estiman que los textos que pudieron servir de base al Corán en la composición del pasaje de Dhu-l-Qarnain son los de la versión siria del Romance de Alejandro muy popular en todo Oriente Medio.

Pocos personajes han dejado huella más profunda en su paso por la historia que Alejandro, Su influencia y fama traspasaron continentes y culturas y arraigaron en el imaginario de sus contemporáneos de tal forma, que su figura ha llegado a nuestros días cargada de simbología y significación. Representado de muy diversas formas tanto históricas como literarias, casi inmediatamente después de su muerte, pasó a ser un personaje mitológico, protagonista de historias y hechos fantásticos y alegóricos como los que relatan el Psudo Calístenes al novelar su vida.

A propósito de la supuesta intervención de Alejandro en la construcción de las Murallas de Derbent y de las Puertas Caspias, narrada de forma más o menos fantástica en tantos relatos y crónicas, es probable que estas construcciones fueran fortificaciones de defensa erigidas en distintos períodos como barreras de protección contra los misteriosos y feroces escitas, nómades del Cáucaso y de las estepas de Asia Central que a partir del siglo VII ac entraron como un vendaval en la historia, asolando pueblos e imperios con sus temibles hordas a caballo.

 

El Pseudo Calistenes es una obra del siglo III dc, de autor incierto. Se le da este nombre porque algunos estudiosos entre ellos el erudito bizantino Tzetzes y varios manuscritos atribuían su autoría a Calístenes, sobrino de Aristóteles que acompañó a Alejandro como historiador en varios de sus viajes. Hasta el Renacimiento, fue el libro más traducido después de la Biblia. El encierro de los pueblos impuros es un pasaje tardío que se cree fue incluido en la obra alrededor del siglo VIII.

 

 

 

HINOJOSA, Carmen. SARMIENTO, Sergio. Drake, Frances

Azora XVIII, Al-Kahf: La Cueva, Sec. 11 vv. 83-100, Sagrado Qur’an. Versión castellana y comentario basado en la interpretación de maulana Muhammad Alí Ahmadiyyah Anjuman, Lahore Inc. 1986 Versión en castellano de Carmen Hinojosa, Sergio Sarmiento y Frances Drake Nimeth. Editorial Tierra Firme. México, 1986.

ACCESO AL TEXTO - Qur’ān

 

DE LA HUERTA,, Gerónimo

Historia Natural, Libro VI Media y las Puertas Caspias Cap. XIV - Gentes cerca del mar Hircano Cap. XV, Cayo Plinio Segundo. Extracto de la traducción de Gerónimo de Huerta. Luis Sánchez Impressor del Rey NS. Madrid, 1624.

 

WHISTON, William

Las guerras de los judíos, Flavio Josefo. Traducción libre al español de The Genuine Works of Flavius Josephus Vol. II - Wars of the jews Book VII Chap VII. Translated by William Whiston. Published by S. Walker. Boston, 1821.

 

GARCIA GUAL, Carlos

Pseudo Calístenes. Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, L.III, 29 - El encierro de los pueblos impuros. Traducción de Carlos García Gual. Editorial Gredos Madrid, 1977.

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