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- Cuando la historia iluminaba el porvenir [1]
De las muchas definiciones que se han dado sobre el oficio de historiador, hay una que es particularmente pertinente a propósito del libro que aquí comentamos, aquella dada por Eric Hobsbawm y que lo conceptúa como “un recordador profesional”. Pudiera pensarse que el énfasis está dado en lo profesional, entendida esta dimensión como el despliegue de un entrenamiento metódico-crítico, pero la verdad es que para Hobsbawm ya el solo acto de recordar no es poco, sobre todo en contextos en que ni siquiera es que se administre la amnesia sobre ciertas dimensiones del pasado, sino en que el pasado mismo, al menos en su uso público, se agota en las distintas formas de la industria cultural, sea en la turístico-patrimonial, la exotista del llamado “lado B” de la historia, con sus propias variantes cinematográficas, editoriales y hasta de canales temáticos de televisión por cable. Como ha sostenido Baudrillard, “hay dos formas de olvido: o bien la exterminación lenta y violenta de la memoria, o bien la promoción espectacular, el paso del espacio histórico al espacio publicitario”. Según la ya famosa tesis de François Hartog, esta sería la forma específica en que hoy nos relacionamos con el pasado, bajo el imperio de un régimen de historicidad presentista, es decir en donde el futuro (como proyecto colectivo o utopía) es una dimensión dada de baja, considerada más bien una “zona de catástrofe”, y en que el pasado es sólo el que demanda el presente (de ninguna manera el que lo interrumpe). Pero como abdicar del futuro, en tanto campo de construcción humana, implica prescindir del saber acerca de cómo se han movido los asuntos humanos hasta acá, el pasado ya no es materia de conocimiento, sino de mero entretenimiento. Y si el pasado no se conoce entonces ya no nos asiste la historia, ni tampoco la memoria: hoy el pasado no se estudia (no se explica ni comprende), se consume estéticamente o bien es mero recurso (económico y político). Podemos habitar un presente lleno de pasado y, no obstante, sin historia. Pero al mismo tiempo pereciera inundarnos la sensación de que experimentamos un presente bullente de crítica y de un futuro potencial, un presente de “deconstrucción”, “desnaturalización” y “empoderamiento”. La pregunta es -al menos al tomar distancia del espacio universitario que desgraciadamente cada vez se parece más a un gueto- ¿qué rol ha tenido la historia en todo esto? Mi respuesta es que prácticamente ninguno, incluso cuando el pasado parece ser directamente tocado, por ejemplo, en la denominada oleada de iconoclasia asociada a los distintos estallidos sociales que pocos años atrás detonaron en el planeta. ¿Tumbar monumentos es equivalente a una crítica en el sentido histórico y filosófico? ¿Por qué debemos entender que es una manifestación contra la “historia oficial” o nacional y no más bien contra la historia sin más? He considerado pertinente partir con esta suerte de encuadre del libro de Luis Corvalán Marquez, pues en sus primeras páginas éste nos advierte que su finalidad es en primer lugar divulgativa, por lo tanto el espacio en que quiere insertarse es el que he descrito, el del “uso público de la historia”, lo que constituye a mi juicio una actitud noble frente a tanto profesional que ha cedido vendiendo sus saberes técnicos a la industria, o bien a abandonado la plaza pública para introducirse en el mundo de los papers, la llamada productividad académica o el refugio de los proyectos de investigación de nicho. Noble pretensión, o quizá no haya otra alternativa para un viejo historiador formado en un mundo en que el discurso de la historia nunca estaba separado del discurso de la acción, es decir de la política en su sentido más amplio. Pero es también una pretensión mayor, hoy en un contexto en que la historiografía está arrinconada por tantos otros discursos productores de sentido, digamos que el historiador o historiadora parece haber perdido el lugar que alguna vez le asignara la sociedad moderna. Pero nuestro autor ha decidido insistir (o resistir), y este libro se presenta como una herramienta para salvar un olvido, es decir interrumpe el presente citando un pasado que nadie cita hoy: el 2023 se cumplieron doscientos años del nacimiento de Francisco Bilbao, nada ni nadie lo recordó (algo similar pasó el 2024 con los cien años de la muerte de Luis Emilio Recabarren), ni siquiera la izquierda o el progresismo, que al parecer hoy son, en cosas aparte, pero además lo son de un modo muy distinto al que eran hasta hace unos cuarenta años atrás, en que alguna relación guardaban con lo que Corvalán aquí denomina “corriente identitaria emancipadora de Nuestra América” (p. 28), en la que se descubrían los siguientes rasgos: ser refractaria a la expansión norteamericana, contraria el colonialismo europeo y contradictora del pensamiento tradicionalista (encarnado en el catolicismo más conservador). (Es razonable que paulatinamente se hayan sumado otras justas causas, pero es incomprensible que por ello desaparecieran las antiguas sin haber sido resueltas). Luis Corvalán ha decidido delimitar el corpus de documentos escritos por Bilbao a cuatro que considera políticamente fundamentales: Sociabilidad chilena (1844), Iniciativa americana (1856), La América en peligro (1862) y El evangelio americano (1864). Fundamentales porque en ellos se desarrollan, respectivamente, los siguientes tópicos: en el primero, la crítica del orden social tradicional, el rol de la ideología y la exposición de una teoría ilustrada de la historia. Luego, en Iniciativa americana el avance del imperialismo norteamericano y europeo, a lo que suma un elemento en el que me concentraré luego en este texto, el que Nuestra América representaría una utopía universal que llama “la causa del hombre”. En La América en peligro Bilbao continúa analizando el imperialismo, sumado al rol de las oligarquías locales y al rol de la Iglesia Católica, y en El evangelio americano prosigue su análisis del imperialismo y profundiza en la propuesta de Nuestra América como alternativa civilizatoria universal. El autor del presente libro, con la claridad expositiva que ya ha mostrado en sus anteriores obras, muestra, en primer lugar, un contexto histórico general del lugar de América del Sur en el contexto geopolítico del siglo XIX, y en particular de las estructuras sociales predominantes en los jóvenes países de la zona, que es frente a lo cual Bilbao desarrolla su crítica. Pero lo que resulta relevante a mi lectura es la alternativa que propone, la que pasa -nada raro en aquella época, a diferencia de la nuestra- por una reflexión profunda sobre la historia, entendida tanto como lectura del pasado como construcción de futuro. Y es que por el siglo XIX aún subsistía la dimensión profética del historiador, deudora de su componente judía antigua, en que el profeta no era un adivino, sino quien advertía las urgencias del presente e iluminaba los escenarios próximos posibles para que un pueblo no se encaminara hacia su propia condena. Como ya he señalado, de los textos seleccionados por el autor, es en Iniciativa americana (1856) en donde emerge la propuesta de Nuestra América como alternativa civilizatoria universal o como una utopía que llama “la causa del hombre”, la que no abandonará hasta su último texto, El evangelio americano (1864) , publicado poco antes de su muerte en febrero de 1865 en Buenos Aires, ciudad en la que pudo madurar tantas ideas como en París. Pues bien, lo que quiero plantear aquí es que -aunque sea ya una cuestión conocida por los especialistas en la obra de Bilbao- esta formulación tuvo como operación central una reflexión particular en el campo de la Filosofía de la Historia, me refiero a su discurso La Ley de la Historia , pronunciado en noviembre de 1858 en las reuniones del Liceo Literario de Buenos Aires y publicado en el periódico semanal El Museo Literario , el 20 de enero de 1859 (datos, entre muchos otros tanto más útiles, que sabemos gracias a la más reciente edición que hiciera el filósofo chileno Álvaro García San Martín. [2] (Antes que él han sido colegas principalmente argentinos quienes se han dedicado a su obra, tales como Arturo Andrés Roig, Estela Fernández Nadal y Clara Jalif de Bertranou) Resulta de gran interés constatar cómo es que en dicho discurso Bilbao parece adelantarse a su tiempo: Roig ha señalado su “inversión” de la Filosofía de la Historia europea cuyo universalismo vehiculizaba pretensiones colonialistas (misma operación que habría efectuado Bolívar a partir de su Carta de Jamaica en 1815), mientras que Estela Fernández Nadal ha hecho notar sus sintonías con pasajes de las Segundas consideraciones intempestivas de Nietzsche y con las Tesis sobre filosofía de la historia de Walter Benjamin, muy cerca de la “historia crítica” y de la formulación de una “memoria de los vencidos”, respectivamente. En efecto en La Ley de la Historia Bilbao ejerce una severa crítica a las Filosofías de la Historia más difundidas en su época: las de Hegel, Bossuet, Herder y Cousin, las que pudo discutir con sus maestros franceses: Michelet, Lamennais y Quinet. Pero es altamente llamativo también que el principio que identifica en su crítica a estas filosofías de la historia fuese casi el mismo que identificó la crítica en el siglo XX cuando la vulgata estalinista comenzó a mostrar su funcionalidad y más tarde cuando de desvelaron los llamados metarrelatos . En palabras del propio Bilbao: el que fueran “la crónica de los acontecimientos elevada a la categoría de causa y efecto” y que, de este modo todos los horrores de la historia quedaran justificados por una suerte de necesidad natural, un determinismo que se manifestaba en un fatalismo tolerante con la injusticia y el sometimiento, y para el caso que interesaba a Bilbao, de todo cuanto servía a Europa. Es contra esto que Bilbao argumenta, lo extraño es que lo hiciera en un discurso titulado justamente La Ley de la Historia , pues lo que hace una Ley con la historia es unificar toda experiencia e imprimir necesidad a los acontecimientos hacia un fin. A menos que se varíe el concepto de Ley, o bien el contenido de ésta (el fin hacia el que se dirige), que es lo que hace Bilbao. La Ley de la Historia para Bilbao es un “designio divino” (es un pensador anticlerical, pero cristiano) y que, por lo tanto, como toda ley, posee un carácter objetivo, del cual los hombres sólo se hacen una idea, creen descubrirla, tal como las distintas filosofías de la historia de cuño europeo han pretendido, pero para acabar descubriendo sus propios intereses colonialistas, es decir, ocultando la Ley tras la ideología. “Dios cómplice de la ruina de los pueblos”, dice Bilbao irónicamente. Su propuesta de sentido no es nueva: “La Ley de la historia es la conquista de la libertad”, lo nuevo es que esta afirmación no es meramente constatativa, descriptiva, sino que marca un deber ser, una búsqueda. La propuesta lleva un fuerte componente humanista dado que es a la humanidad que se le encarga el cumplimiento de ese sentido, para el cual ya el viejo mundo estaría agotado, es esta tarea de una humanidad nueva, la americana, mediante la razón, la responsabilidad y el esfuerzo. Esta es “la causa del hombre”. El que las cosas no fueran en la dirección que Bilbao vislumbrara no quita en nada la potencia de su pensamiento. De hecho, es altamente probable que -como en el caso de Kant frente al Terror de la Revolución francesa- se exigiera hacer pública una visión optimista de la historia porque internamente estaba convencido de que las cosas irían probablemente en la otra dirección (no era un ingenuo). Más intelectual ilustrado que político, Bilbao se impuso la tarea de iluminar el porvenir. En esto siguió siendo “conservadoramente moderno”. [1] Sobre el libro Francisco Bilbao, ese desconocido. Síntesis de una trayectoria política e intelectual, de Luis Corvalán Márquez, Santiago, Ediciones Tinta Roja, 2024, 143 pp. [2] García, Álvaro. Mondragón, Rafael. Madrid, Alejandro, Francisco Bilbao. Edición de las Obras Completas, Tomo 4, Santiago, Ediciones El Buen Aire, 2014, pp. 136-167.
- ¿Saludos nazis? Fuera, no hay nada que ver
Después de Musk, le toca a Bannon tender la mano. No debemos cerrar los ojos ante el escándalo. Como Charles Péguy, debemos ver lo que vemos. Rindiendo homenaje a Joseph Reinach (1856-1921), el más lúcido de todos los partidarios del capitán Dreyfus, Charles Péguy (1873-1914) escribió: «Hay que decir siempre lo que se ve. Sobre todo, uno debe siempre, lo que es más difícil, ver lo que ve». Hoy en día, este dicho es citado en un contexto muy diferente por personas influyentes de extrema derecha. A propósito de la violencia perpetrada por los musulmanes o de las figuras de la inmigración, no sólo nos invitan a hablar libremente, sino también a atrevernos a ver lo que les parece evidente: el «gran reemplazo» que, a sus ojos, amenaza a la civilización occidental, aunque sepamos que esa noción carece de fundamento. La fórmula de Péguy tiene la ventaja de definir lo más difícil de la posición del observador: no limitarse a ser testigo de lo que vemos, sino atreverse a mirarlo a la cara. El poeta nos invita a ver lo que nadie había previsto ni imaginado. Péguy señala con acierto lo más difícil: dejarnos interpelar por lo que creíamos que nunca veríamos y que, contra todo pronóstico, está ahí, ante nuestros ojos. En una palabra, Péguy nos invita a no cerrar los ojos ante el escándalo. En su época, escándalo significaba la injusticia cometida contra Dreyfus. A medida que las pruebas de la inocencia del capitán se acumulaban hasta la evidencia, muchos miembros de la élite optaron por mirar hacia otro lado. Los que hoy reclaman el valor de la lucidez frente a las anteojeras ideológicas de la izquierda derechista tienen una idea completamente distinta del escándalo. Lo que les llama la atención es la injusticia cometida contra la mayoría silenciosa de «franceses nativos» por las minorías extranjeras. Nos sermonean sobre lo que no queremos ver, pero permanecen ciegos cuando lo que tienen delante no deja lugar a dudas. Cuando Elon Musk, en su alegría por la celebración de la elección de Donald Trump, agitó dos veces su brazo derecho en dirección a la multitud, los comentaristas más reaccionarios sólo lo vieron como un gesto de amor de corazón. Se burlaron de quienes vieron en ese brazo extendido un mensaje subliminal a los admiradores del saludo romano, cuando no del saludo nazi. Definitivamente, es difícil «ver lo que se ve» y sacar las conclusiones correctas. Unas semanas después de Elon Musk, Steve Bannon, el cerebro de la Alt-Right estadounidense, repitió el mismo gesto en una convención de conservadores estadounidenses pro-Trump. Había incluso menos espacio para la duda que con su compatriota transhumanista, ya que Bannon se encargó de añadir palabras marciales («¡Lucha! ¡Lucha! ¡Lucha!») al gesto fascista. Más prudente, si no más lúcido, que sus seguidores mediáticos, Jordan Bardella canceló en el último momento su asistencia a esta rave de la extrema derecha globalizada. Ahí es donde estamos en 2025, y eso es lo que tenemos que ver, o más bien revisar. Si se extienden los brazos en los mítines políticos, es de esperar que nos sometan a las súplicas de los ciegos que querrán convencernos de que no hemos visto lo que hemos visto. Es bien sabido que «la historia no se repite», y seríamos muy ingenuos si viéramos en un brazo extendido por los dirigentes sin complejos de la primera democracia del mundo una referencia a «las horas más oscuras de la historia». Para la extrema derecha, todavía preocupada por la respetabilidad, es mejor buscar en otra parte que donde esta corriente de pensamiento revela su dimensión esencial. Péguy lo sabía: la moral y la política son también una cuestión de mirar hacia otro lado. Los pretendientes al poder buscan no sólo captar nuestra atención, sino también distraerla cuando lo que muestran de sí mismos corre el riesgo de volverse comprometedor. A partir de ese momento, su lema se convierte en «muévete, no hay nada que ver», aunque lo que tengamos delante sea a todas luces evidente. Donald Trump y sus telegrafistas europeos están jugando a la perfección al espectáculo y convenciéndonos de que hemos visto mal. Los más fanáticos de sus partidarios se verán galvanizados por el espectáculo y los ciudadanos más preocupados se tranquilizarán pensando que han estado alucinando. Sólo podemos esperar que seamos capaces de escapar de este juego del escondite cada vez menos sutil. Y que nos enfrentemos a lo que los enemigos de la democracia están ahora dispuestos a mostrarnos. - Barbarie es un espacio para el pensamiento crítico que acoge diversas y divergentes posturas. Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, los puntos de vista de esta publicación.
- Poética de las vacaciones
Partimos, en masa, una vez que se da la señal, en busca de descanso y de desconexión. Viajamos por carreteras atochadas de autos y camiones, o desde aeropuertos colapsados, terminales de buses o estaciones de trenes desbordantes de viajeros que se lanzan a la aventura. Llegamos a playas, campos, parcelas, campings, lagos, cabañas. Nos morimos de calor, de frío, nos pican mosquitos, tábanos, arañas, sufrimos alergias, nos bronceamos o insolamos, nos resfriamos. Nadamos, caminamos, trotamos, remamos. Visitamos lugares especiales. Comemos y tomamos más de la cuenta, nos preocupa engordar. Papas fritas, asado, sandía, picoteo, pisco sauer. Los niños se aburren, se portan mal, gritan, se enferman o accidentan. Los adultos discuten, se emborrachan, duermen hasta tarde, se exasperan, gastan más de lo que tenían presupuestado, se endeudan, se agobian, se relajan. Los niños se acuestan a la hora que quieren, despiertan temprano igual, se pelean, se ensucian, suben árboles, se caen, tragan agua, atrapan bichos, corren libres por el campo, piden el teléfono, ven tele, comen cualquier cosa… Luego llega la hora del regreso: los útiles escolares, las cuentas pendientes, otra vez las rutinas domésticas, la vuelta al trabajo, supuestamente de mejor humor pero agotados, cansados del descanso, retomando luego del breve paréntesis la carga de problemas, tareas, discusiones, objetivos, metas, logros, reuniones, comisiones…volvemos ansiosos al computador, a escribir una crónica, un informe, una composición sobre las vacaciones. Una de las cosas que aprendí este verano fue que descansar me cansa: me viene mejor la desconexión del trabajo en pequeñas dosis y no como un bloque obligatorio que te cae encima en una fecha fija. Mi ritmo ideal es trabajar un poco en algo que me guste una parte de la mañana y luego echarme en la arena, nadar, dar un paseo. Descansar todo el día me parece angustiante, opresivo: me agobia el descanso en exceso, el ocio obligado. Mi abuelo solía contar un chiste: alguien muere y llega a lo que cree que es el cielo. Lo atienden todo el tiempo, le sirven las comidas y le hacen la cama, le traen puntualmente todo lo que necesita. Pero en algún momento quiere levantarse de la silla y prepararse un café, cocinar, lavar los platos, limpiar la habitación. “Lo siento”, le dicen, “no está permitido…” “Pero cómo, si esto es el cielo, tengo que poder hacer lo que me haga feliz.” “No señor, se equivoca, esto es el infierno.” El infierno para mí podría ser así: un lugar donde no me dejan trabajar en lo que quiero y me obligan a estar tranquilo o dedicado a actividades de recreación. ¿Soy trabajólico? ¿Dónde está el límite entre trabajo y descanso, entre obligación y ocio, entre disfrute personal y alienación asalariada? Para mí ese límite es difuso y poroso: trabajo en algo que me gusta, soy profesor de literatura, uno de mis trabajos es leer, y lo sigo haciendo en vacaciones porque me parece extremadamente placentero. No leo lo mismo para el trabajo que para mi gusto personal, pero la separación no es tajante sino de grados. No me imagino corrigiendo pruebas o tesis en mis vacaciones, ni reuniéndome para analizar un plan de estudios, pero sí escribiendo un ensayo o leyendo un libro académico, en dosis pequeñas. Vuelvo otra vez a la genial formulación de Freud y Derrida: ciertas palabras y actividades son de signo doble, ambiguo. Lo familiar puede ser inquietante, el ocio un agobio y el remedio un veneno. Todo depende de las dosis, de las proporciones con las que alimentemos la alquimia del alma. Dicen que algunas tribus amazónicas trabajan lo justo y necesario para sobrevivir, unas pocas horas cada mañana les bastan para asegurar su subsistencia, el resto de su tiempo es libre. Imagino una vida pescando, meciéndome en una hamaca, contemplando el follaje por horas y horas, mirando a la luz encenderse, extenderse, apagarse. Pero sospecho que no hay vuelta atrás en el pacto que hicimos con la ciencia, la tecnología, el capital: por mucho que la inteligencia artificial amenace con dejarnos sin trabajo, en realidad se las arregla para que trabajemos siempre más, conectados 24/7 a una red que se extiende hasta dentro de nuestros cerebros y manos, sometidos al dictado de esa pequeña pantalla rectangular sin la cual nos sentimos perdidos y huérfanos, a la deriva. Salir de casa es siempre a la vez estimulante y extenuante, deslumbrante y desilusionante, al menos para quienes consideramos el viaje en su ambigüedad constitutiva: buscamos otra cosa y encontramos lo mismo, porque seguimos siendo quienes somos donde quiera que vayamos. Por todas partes a las que viajo no veo sino una humanidad idéntica sometida al monstruo del tedio, escribía Baudelaire en su poema “Le voyage”, el último texto de Las flores del mal , de un pesimismo a la vez delicioso y demoledor. Quienes viven en ciudades que son destinos populares se quejan mucho del turismo: dicen que destruye las ciudades, arruina su ritmo de vida, las llena de negocios de pacotilla, tiendas de souvenirs y restaurantes caros y malos, trampas para turistas que le roban la ciudad a sus legítimos habitantes. Es obvio que hay mucho en esa visión de verdad y mucho de monstruoso y grotesco en el turismo: las colas para ver todos los mismos lugares, la infaltable selfie, la invasión de los espacios cotidianos hasta hacerlos invivibles. Pero ¿se podría prohibir? Imagino confinar a cada grupo humano a su sector, permitir uno o dos viajes en la vida y punto, exigirles desplazarse a ritmo lento, apreciando las distancias, quedándose lo suficiente en cada lugar como para entender sus costumbres y ritos, aprender su idioma y sus gestos propios. Obligar al viajero a volver hasta conocer el lugar de destino como si fuera de ahí. Se trata de otra utopía imposible. En la literatura, el cine y las series, las vacaciones son el escenario perfecto para un crimen, como si al entregarnos al placer fuéramos víctimas más vulnerables que en nuestro entorno habitual: es la fórmula que aseguró el éxito de White Lotus y de varios relatos de Agatha Christie. Un hotel de lujo, un resort, un balneario o una casa en el campo parecen lugares totalmente seguros e inofensivos, y por lo mismo ocultan mortales peligros. La realidad es más prosaica que la ficción: la muerte nos acecha en cada segundo, y no le importa si estamos atareados o descansando, en medio de la rutina o en un pasajero paréntesis. Los peligros de las vacaciones son atochamientos, noches con mal sueño, exceso de comida, diversiones que se vuelven aburridas, la sombra del tedio que acecha en todos nuestros esfuerzos por exorcizarla, hasta el punto en que nos parece que volver a casa, a la cama de siempre, al trabajo de siempre y los problemas de siempre es más fascinante que el descanso, y volvemos a enfrentar el mes de marzo. Pero la memoria hace su trabajo: en algún rincón del alma se almacenan las imágenes de las vacaciones pasadas, despojadas de todos sus inconvenientes y desagrados, reducidas a unos pocos instantes preciosos: la arena tibia que sostiene un cuerpo, el agua fresca que lo recibe, la luz del sol filtrada por las hojas de un bosque, el deslumbramiento de una ciudad extranjera vista por primera vez en todo su esplendor, un avión que despega, un barco que surca el océano, el rumor del mar que nos arrulla y nos promete un verano perpetuo, un descanso infinito sin penas ni pesares, un final.
- La diferencia (justa) como necesidad
Una lectura de Las Amigas, de Aurora Venturini Aurora Venturini no escribe en este libro, en concreto, sobre unas amigas. Escribe sobre eso que se juega en una amistad. Y que ello está lejos de ser el hecho de compartir las mismas cosas o ser iguales. Venturini nos adentra a descubrir que el núcleo de la amistad está en la diferencia y que ésta no siempre es soportable para quienes la conforman. La amistad está ahí en la tensión de la soportable diferencia. Las Amigas es un libro parte de una zaga. En él se hace referencia a otros textos anteriores que no es necesario haberlos leído para adentrarse en el universo que la autora propone. De hecho, después de este libro fui a leer Las Primas, libro anterior, y Las Amigas me siguió pareciendo una gran obra en sí misma. Con un estilo crudo, sin tapujos y a ratos poético, Las Amigos cuenta la historia de Yuna desde su propia voz, una pintora relativamente exitosa en el mundo del arte y a lo menos cuatro tipos de amistades que desarrollan sus estilos a lo largo del libro. En esas amistades nos encontramos con Antonella, una mujer muy distinta en edad y clase social; Alejandra Pizarnik, poeta; Flavia y Fulvia, “amigas”; y Matilde, pintora también y en busca del amor de pareja. Hay, en estas distintas relaciones, una falla del encuentro. Hay diferencias de opinión, de mundo, de perspectiva, de entendimiento. “El amor no hace sino deshace”, nos dice Yuna, para referirse a las consecuencias de una relación amorosa que padece Matilde. Sin embargo, si bien esta frase pudiera leerse en un plano que el “deshacer” es negativo por cómo Matilde sufre la relación amorosa que la va consumiendo también, en otro plano, pudiera entenderse que esa misma frase va en la dirección de que el amor poco tiene que ver con la unión, con lo Uno. Si el enamoramiento ensalza la fantasía típica del amor romántico, el de la unidad indivisible por mano del hombre, el amor la deshace …y aun así se ama. La diferencia, como tema, es posible de leerse en distintos temas y formatos dentro del texto. En la diferencia de Yuna con sus amigas; la diferencia de territorios y países en los que se contextualizan las amistades, los momentos de mayor tensión en que aparece la diferencia de lo masculino en escena; y la falta de diferencia en los párrafos en tanto Yuna (lo explica en la misma novela) no escribe con puntos ni comas. ¿Cómo puede escribirse un libro sin puntos ni coma y aún así funcionar? Este es el estilo que nos propone la autora y, creo, no es inocente su elección. Es un libro que bien, demanda al lector una cadencia que va puntuando y encontrando la diferencia necesaria para hacerse legible. Dicho de otra manera, si bien hay muchos lugares donde necesariamente uno como lector hubiera puesto algún punto y este no está, la lectura misma lo pone. La diferencia se inscribe por la lectura misma. No es un libro como “Padre Mio” de Diamela Eltit donde sin puntos ni coma sí hay una escritura y lectura de la locura. Ese no es el tema de esta novela. Aquí hay un ejercicio intelectual de dónde y cómo se ponen los puntos. Dónde y cómo se ponen las diferencias y cómo aun así el libro transcurre y nos atrapa. En tiempos donde los ideales de la amistad, el amor y el compañerismo aparecen muchas veces ligados a lo identitario, me parece un interesante tema a abordar el de la diferencia como posibilidad. No hay que ser un gran sociólogo para darnos cuenta que en el espacio público hay un problema con la diferencia. El otro fácilmente se transforma en un enemigo cuando no piensa, no habla, no cree, no viste o no se expresa como nosotros. Venturini nos plantea que más bien es en la diferencia donde está la posibilidad del encuentro, de una amistad. Pero hay diferencias y diferencias. El texto plantea que no se trata de cualquier diferencia. Hay diferencias que son insalvables. Y esto se refleja en la posible amistad con Antonella, una chica vulnerada que llega pidiendo ayuda a su casa y que se queda para ayudarla con algunos quehaceres. Con ella, Yuna, tiene una diferencia abismal de edad, de lenguaje, de ideas, de clase social. En este sentido Venturini es Aristotélica: es necesaria una diferencia en su justa medida. ¿Pero cuál es la medida de una diferencia que construye y cuál es la que desarma? Volviendo al tema del amor: Gente “bonita” o “atractiva” uno puede encontrar a mansalva en las redes sociales hoy. Pero el amor no opera con lo bello en sí, más bien se instala a partir de ese detalle que hace la diferencia en la serie de los iguales. Hay una idea en el psicoanálisis que plantea que se ama a partir de ese punto, ese detalle, único del cual se sostiene la queja del otro _ “Es perfecto salvo por ese lunar que tiene”. Ahí está el enganche libidinal que marca la diferencia. ¿Por qué nuestros amigos son nuestros amigos? ¿Hasta qué punto les aguantamos que se nos parezcan y hasta qué punto les sostenemos la diferencia? ¿podemos hacer comunidad si somos todos los mismos? ¿podemos lograr si somos tan distintos? ¿tenemos las condiciones para tener una diferencia en su justa medida o más bien nuestra sociedad está orientada a maximizar la diferencia? Buena historia, buena forma de narrar, buenos temas para pensar y buenas preguntas para plantear. Recomiendo este libro.
- Vuelo rasante VII
Hipótesis Frase que suele repetir un amigo filósofo cuando escucha algo muy absurdo, irrelevante o arbitrario: “La racionalidad es una hipótesis”. Jugar a vivir Jugar a vivir, no como evasión, sino como triunfo ante uno mismo. Abandonar sin más el paradigma trágico de la existencia, el miedo que corta las alas y termina por enredarlo todo. Cambio de rueda incaico Cerca de Ollantaytaimbo, en Perú, pasé una tarde junto a un camino esperando una micro. Había un hoyo feo. Dos autos cayeron en él y se les reventó una rueda. En ambos casos se bajaron los pasajeros en silencio, la cambiaron sin apuro en una suerte de operación fluida, se subieron al auto y partieron. La ausencia de alegatos mostró que la condición de problema es discutible. Altamar Debe ser bastante impresionante ver correr a los ratones que se han dado cuenta de que el barco en que también vamos está a punto de hundirse. Criterio Pregunta que le escuché a un montajista de televisión en 1997 mientras mirábamos el resultado del trabajo que habíamos hecho, a cinco horas de salir al aire, es decir, con la soga al cuello, considerando que los recursos habían sido escasos y que la máquina de edición había dado problemas desde que nos sentamos a armar el reportaje: “¿Esto es más malo que bueno, o más bueno que malo?”. Cada vez más sombrío Cuando se dice que un autor con los años se fue poniendo cada vez más sombrío da pena y miedo. Fuera de control Me encantaba cuando en la casa de mis abuelos maternos se mencionaba que algo o alguien había quedado fuera de control: una máquina, un animal, una persona de la que no cabía dudar de su cordura. Más allá de la razón que podía explicar el desajuste, me gustaban los detalles; eran lo más parecido a una película. Ahora recuerdo dos: una podadora que no había cómo detenerla ni apagarla, y un niño de mi edad que se había enojado tanto con sus padres que tomó una silla y la tiró contra un ventanal gritándoles cosas “irrepetibles”. Me imaginaba figuradamente al pulpo de Fantasilandia moviéndose de manera impredecible, alargando y acortando sus tentáculos mientras la gente salía disparada; era como si el azar hubiera dirigido los acontecimientos. Las historias terminaban ahí: nadie tenía idea de cómo se las había arreglado el jardinero ni qué castigo le habían dado al niño. Yo me preguntaba si era posible que algo quedara fuera de control para siempre. ¿Podía pasarle a uno? Axioma estoico Nada de quejas mientras alguien esté peor que uno. Pececillo Línea final de una columna de Larry Moe en Las Últimas Noticias en que defiende a un humorista que está siendo lapidado en las redes sociales por mojigatos que no dan la cara: “¿Vieron? En lo peor siempre habita lo mejor. O casi siempre. Ánimo, pececillo”. Azar “No me feliciten tanto”, algo así podría decir el Cristo de Elqui ante el lugar que ocupa el azar en todo lo que hacemos. Woody Allen lo declaró hace poco en un diario: le habían preguntado por el éxito. Dos canciones del Bossanova de Pixies Recuerdo la impresión que me produjo “Rock music” de Pixies la primera vez que la escuché: el death metal es una guagua de pecho al lado de esta canción realmente fuerte . Pregunta que vino a continuación: ¿se podrá llegar más lejos? Tal vez, aunque no es claro que se necesite. La otra es “Down to the well”: hundiéndose en el pozo, pero con la actitud correcta. Dice en un momento: “Qué importa que un amor no sea largo si hay canciones favoritas sonando en la cabeza”. Hace poco vi la entrevista en que David Bowie celebra el sonido, euforia y capacidad de transformación de Pixies; a su juicio, son unos Beatles bajo psicosis. Cuenta que al escucharlos resulta difícil no querer formar una banda así. Turismo de masas Terror comparable a los Jinetes del Apocalipsis, pero sin estruendos ni llamaradas en el cielo. Posible crítica Muy serio y cuerdo antes de tiempo. Lista negra Hay personas que parecen tener una lista negra siempre a mano: alguien les falla, no importa en qué nivel, y se anota su nombre. Se le puede perdonar si es capaz de justificar su error y se muestra verdaderamente arrepentido, pero en ningún caso saldrá de la lista. Es irreversible. ¿Les gustará producir en los demás la sensación de vivir sobre un tejado de vidrio? ¿Por qué estos inquisidores se ven a sí mismos como seres especiales, por no decir superiores? Demócrito se reiría de todo esto; dice que los criticones al final se quedan sin amigos. Teclados embrujados Los teclados embrujados de “Girl I love you” de Massive Attack. Parecen oboes. Ah, el video que hizo Pink Flag Studio de la canción (2023), lo que vemos mientras suenan. De dónde vendrán. Fantasías tanáticas Observar y vivir la destrucción total, zozobrar; en último término, morir. La tragedia purga estas emociones radicales, por eso la catarsis se experimenta como un alivio de fuerzas que se ubican más acá del bien y del mal. Podría hacerse una lista de terrores fugitivos. Por supuesto Hay autores que cuidan mucho el uso de la expresión “por supuesto”, pues saben que es un signo de unidad con el lector, para no hablar de hermandad. Estoy pensando específicamente en Thomas Bernhard y William Burroughs. Suelen sacar risas. A mi abuela paterna le cargaban los autores confianzudos, como ella los llamaba. Qué ganas de haberle preguntado lo que pensaba sobre esta expresión y otras similares. ¿Su crítica habrá apuntado a esto? Nacer Ayer cayó un avión cerca de Sao Paulo. Nadie sobrevivió. Tres personas no pudieron tomar el vuelo. Una de ellas le dijo a un periodista: “He nacido”. ¿No deberíamos sentirlo siempre? Cuántas desgracias nos rozan sin que lo sepamos. Poesía moderna Qué exacto es Horacio al recordarnos que vivimos abrumados por tonterías. Lleva inevitablemente a la pregunta de por qué no hemos hecho algo. Añoranza En términos pragmáticos, sentir añoranza es perder el tiempo, sobre todo si consideramos que es muy probable que en el futuro sintamos añoranza de este momento. Así piensan en general los vaqueros y se les ve bastante bien. Dejar atrás, olvidar. Mortificación y autosacrificio Me gustaba mucho preguntarle a mi abuela Elena por asuntos que podían sonar un poco extraños en los círculos convencionales en que yo vivía. Ella los acogía bien. El marco era el respeto y la observación de las buenas costumbres; dentro de eso, todo podía caber. Una vez le pregunté si la mortificación y el autosacrificio eran lo mismo. Debo haber tenido unos diez años. Me dijo que sí. Eran cosas terribles, propias de personas que no entendían nada. Me habló de los faquires y de la gente que lavaba la ropa a mano en invierno pudiendo usar una lavadora. Veinte tiburones por dar las gracias En el Ejército tampoco se piden las cosas por favor. Así me recibieron en el Batallón Germania donde hice, en 1991, el servicio militar para estudiantes. Preparación para la guerra. Órdenes, no peticiones. Matar si hay que matar, morir si hay que morir. Todo siempre bien claro. Comienzo La posibilidad de que nunca haya existido nada debería ser de un 50%. Otro número permitiría imaginar una suerte de gran diseño sub specie aeternitatis —suma felicidad para algunos, fiesta funada para otros. Cosa mentale Ordenar y resolver la vida con palabras, ojalá ya. Multifactorial Hay palabras que con el tiempo adquieren una gran capacidad para calmar las aguas. Decir que el origen de un problema es “multifactorial” produce un alivio inmediato. No hay una única causa: es una red, quizás una constelación de piezas no necesariamente accesibles ante la que debemos ser modestos. No es razonable buscar siempre responsables, y qué es eso de aspirar a entender o explicarlo todo. Fiebre del oro Durante la fiebre del oro de California quienes más dinero ganaron fueron los vendedores de palas y picotas. Es difícil imaginar cuánto nos puede afectar una noticia así, por tarde que llegue.
- There is no accident
Jackson Pollock entendía la pintura como un acto de energía pura. No buscaba representar la realidad, sino liberarla a través de gestos fluidos, capas superpuestas y trazos que oscilaban entre la creación y la destrucción. Cada gota de pintura era una decisión momentánea, pero nunca accidental. En esta serie, el mar sigue la misma lógica. No es solo un elemento natural, sino un agente pictórico autónomo que dibuja, fragmenta y dispchroersa sus formas en patrones caóticos pero estructurados. Cada imagen captura un instante irrepetible en el que el azar y la intención coexisten: el agua fluye libremente, pero la mirada del fotógrafo encuentra su ritmo, su estructura, su gesto pictórico. Si Pollock trabajaba con la fluidez del esmalte y la gravedad, el mar lo hace con la turbulencia, la tensión superficial y la evaporación. A nivel físico, las imágenes reflejan procesos de dinámica de fluidos que explican la aparente aleatoriedad del agua en movimiento. La espuma y las olas generan patrones propios de la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz, donde la diferencia de velocidad entre capas de agua y aire forma ondas y filamentos irregulares. Las gotas suspendidas en el aire responden a la ruptura de flujos líquidos, fenómeno en el que la tensión superficial y la aerodinámica determinan la forma en que el agua se fragmenta. Además, la interacción entre el agua y la atmósfera crea remolinos y vórtices caóticos, cuyos rastros quedan atrapados en cada encuadre. " There Is No Accident" nos inv i ta a ver el mar como un espacio donde el movimiento crea formas en constante transformación. Como en la pintura de acción, el equilibrio entre el orden y el caos define cada imagen, revelando la fuerza espontánea del agua y la manera en que el fotógrafo la captura en su punto exacto de expresión.
- Paisajes
Los paisajes. Partir en busca de sus imágenes, alcanzarlas, coleccionarlas. Pero, ¿por qué fotografiar paisajes? Al observar lugares y espacios vacíos, algo sucede allí cuando la luz los atraviesa y hace visible, por una fracción de segundo, lo que no podemos percibir; la mirada se suspende y lo imperceptible surge, justo antes de desaparecer nuevamente. Los paisajes son casi siempre los mismos; elementos simples de nuestro entorno: árboles, montañas, casas, edificios, lugares que vemos siempre pero que no vemos realmente. Estos lugares siempre están vacíos de sus habitantes. Su atmósfera nos parece densa y lejana, sus colores transparentes, apagados y oscuros. Sus figuras se revelan frágiles como un dibujo e irreales como una aparición. Los paisajes parecen descomponerse, pero sus imágenes persisten como vestigios, ruinas en nuestra memoria, donde las apariencias nunca son precisamente definidas. Así, en el lenguaje poético de la fotografía, estas fracciones de momentos invisibles dejan una huella para que viajemos y nos sumerjamos en campos evanescentes. En lugares que nos llevan a otros lugares; de montañas desnudas bañadas de luz a ciudades oscuras y lejanas cuyos contornos se disipan y se evaporan en sombras cromáticas.
- LATA un espacio para la reflexión y la experimentación
Ubicado en la costa de Zapallar, LATA [Latinoamericano Taller de Arte] es un espacio para la experimentación, la creación y la reflexión sobre temas de arte, cultura y sociedad. En alianza editorial con revista Barbarie, organizamos talleres, diálogos, experiencia creativas y sensoriales. También estamos desarrollando un programa de futuras residencias para artistas, escritores e investigadores que quieran trabajar en un entorno privilegiado de arquitectura y naturaleza. Nuestra primera actividad se enmarca en el ciclo de conversaciones Preguntas a mar abierto , para la cual hemos invitado a la piscoanalista y escritora Constanza Michelson, para pensar las posibilidades de sostener la fe cuando han caído los dioses. MÁS INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES > espaciolata@gmail.com SÁBADO 19 DE ABRIL DE 18 A 20 HS IMAGEN: JOSÉ LUIS RISSETTI @ joseluisrissettiz
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No hay un antes ni un después y desde entonces ya nadie tiene toda la razón. Cuesta distinguir entre la tierra y el mapa que de ella hacemos. Lo dijo Heráclito al negarlo: el súbito desgarro de lo múltiple en lo único, el inmoral abrazo del delito y el perdón. Como las premisas están contenidas en la conclusión, así también la verdad está contenida en la mentira. De sólo pensarlo me irrumpe una eufórica vergüenza.
- HAY PAN - un proyecto del artista visual Cristián Velasco
Inauguración: 5 de abril. 12:00 horas Acción relacional: 12 de abril. 12:00 horas Lanzamiento catálogo y cierre: 30 de abril Parque Cultural de Valparaíso Chile Entrada liberada Tras el cierre de la controvertida exhibición de Mon Laferte en el Parque Cultural de Valparaíso llega a esa misma sala el artista multidisciplinar Cristián Velasco con su muestra HAY PAN. La exhibición refuerza el espíritu que ha caracterizado la obra de Velasco, quien siempre está haciendo cruces entre lo doméstico y lo público para activar el diálogo y democratizar la práctica artística. Esta exhibición constituye el segundo capítulo de un proyecto iniciado en la misma ciudad de Valparaíso, para luego viajar a México, realizándose en el Centro de CDMX, en Colonia Juárez y en San Miguel de Allende. Bajo el título genérico NEXO: pan para el cuerpo, poesía para el alma , Velasco exploró las posibilidades relacionales del arte a través de la fabricación de panes que llevan inscritas palabras y que se repartieron en el espacio público, generando un diálogo íntimo con los transeúntes. Estas acciones efímeras, colectivas, fueron apoyadas por distintas instituciones culturales del Gobierno de México, involucraron el trabajo del artista junto al oficio de distintas panaderías locales, buscaron desarrollar una dimensión del pan no sólo desde su condición de alimento, sino también como portador de los deseos y las aspiraciones político-comunitarias de los territorios donde se ejecutó. Las acciones fueron registradas en diversos videos donde se puede apreciar el estrecho vínculo emocional que las personas establecen con el pan (como alimento base de la subsistencia del pueblo) y con las ideas que el artista le ha sumado. Así, conceptos como deseo, sueños, esperanza, confianza y arte agregan valor y contenido al intercambio, proponiendo la práctica artística como vehículo efectivo de comunicación y cohesión social. Al mismo tiempo, la obra cuestiona la supuesta jerarquía de la figura del artista, que aquí se confunde y se mezcla con la gente de la calle. Bajo el título HAY PAN , con la curatoría de Juan Yolin y textos del curador Pedro Donoso, Adolfo Torres, Catalina Mena y David Miranda, Velasco reformula el proyecto para presentarlo en el Parque Cultural de Valparaíso. Se hará una nueva versión del gesto relacional que se realizará con los visitantes del Parque y se exhibirán los registros en video de las acciones anteriores. El artista montará una instalación con diversas piezas objetuales y textiles a partir del imaginario del pan y la escritura, convocando a la comunidad de Valparaíso a reflexionar más directamente en torno a la relación entre el alimento y el trabajo. - Este proyecto está financiado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, ámbito nacional, convocatoria 2024
- Llevar la contra [Susan Sontag] Fragmento
“P: ¿Siempre consigues lo que te propones? R: Si, el treinta por ciento de las veces. P: Entonces no siempre consigues lo que te propones. R: Sí que lo consigo. El treinta por ciento de las veces es siempre”. Con esta cita extraída de sus diarios Benjamin Moser comienza su formidable biografía “Sontag. Vida y obra”, de más de 800 páginas y dividida en tres grandes partes. Una de las primeras cosas que Susan conseguirá es ir a la universidad. Cuesta entender como una intelectual de tal voracidad literaria no se crío en un ambiente que la estimulara, en una casa en la que al menos haya libros. Nace en Tucson en 1933, una ciudad de Arizona en el desierto de Sonora, que como comenta Moser era también un “completo desierto cultural”. Pero de algún modo su ascendencia es un cóctel multicultural que la hizo siempre buscar una cultura diferente: Hija de inmigrantes judíos provenientes de Lituania, su padre comenzó a dirigir una importante empresa de comercio de pieles en China, país donde vivieron hasta poco antes del nacimiento de Susan. Al enviudar, su madre (Mildred Jacobsen) contrae matrimonio con un piloto de avión de origen alemán y se trasladan a Los Ángeles con Susan y su otra hija más pequeña, Judith. La escena de la adolescente yanqui rebelde, postulándose para varias universidades para huir de la casa de sus padres es harto conocida. Pero el itinerario académico de Susan lejos de ser lineal será más bien ecléctico. Aspirando inicialmente a la prestigiosa Universidad de Chicago, pero vetada por su madre, sumada a la intromisión de su padrastro al respecto, Susan “se conformaba con la Universidad de California en Los Ángeles. Pero entonces surgió una tercera alternativa: Berkeley, buque insignia de la Universidad de California, que quedaba cerca de casa pero no demasiado” repone Moser. En “La Cal”, como reza el lema del escudo de esta casa de estudios ( fiat lux ), se hizo la luz para la joven Susan. La vida universitaria en Berkeley, la más artística de las universidades yanquis, le proporcionará ese ambiente que tanto ansiaba: encontrarse con las personas y con los libros que la marcarían. En una pequeña librería de San Francisco, Harriet Sommers, su primera novia, le da a leer una novela lésbica, que será iniciática para Susan tanto en lo intelectual como en lo afectivo: “El bosque de la noche” de Djuna Barnes. A los pocos meses en un trabajo monográfico cuestionaría la interpretación de T.S Eliot sobre ella. Ya encandilada y luego de cursar un año, Susan retoma su objetivo de estudiar en Chicago, esta vez por sus propios medios, obteniendo una beca de 765 dólares y con parte de ahorros que hizo trabajando como administrativa. Es allí donde Susan adquiere su férrea formación clásica en filosofía. Sin calificaciones, pero de un nivel de exigencia implacable, el tronco común de la currícula se basaba en “los grandes libros”, que abarcaban la Física y la Poética de Aristóteles, la República de Platón, la obra de San Agustín y un recorrido exhaustivo por la historia de la filosofía occidental que concluía aproximadamente con Freud y Marx. Pero como en el juego de palabras que hace Sócrates en el Fedón , así como Chicago le dará a Susan un robusto soma (cuerpo), sabrá también ser su sema (tumba). Animada por una amiga, se anota en una asignatura no obligatoria, donde se estudiaban dos textos de Freud: “Moisés y la religión monoteísta “ y “ El malestar de la cultura” . Al finalizar una de las clases el profesor pregunta si alguien quería ayudarlo en sus labores de investigación. Susan, entusiasmada con el estudio de la obra freudiana, se propone solícita para la tarea. Ironizando el tono psicoanalítico Moser comenta que para ella “huérfana de padre, Freud resultó ser el modelo más formidable de padre-filósofo que encontraría en la vida”. También judío e hijo de inmigrantes europeos empobrecidos por la guerra, este profesor era muy respetado en Chicago y Susan, como joven estudiante estaba muy orgullosa de trabajar para él. “ Soy ayudante de investigación de un profesor de economía llamado Philip Rieff que está escribiendo un libro. Huelga decir que es un gran honor para mí + aprenderé mucho. Además de colaborar en las preparaciones de su libro (investigación + redacción), me encargaré de la mayor parte de las reseñas de libros que Rieff publica en varias revistas de divulgación. Luego le pasaré el resumen + la reseña, ahorrándole la molestia de leer el libro + el corregirá lo que yo he escrito + lo firmará con su propio nombre. En otras palabras, ¡soy una escritora a sueldo! ”, testimonia en una carta a su hermana. Quizás vio como un paso natural, un halago o acaso una especie de supervivencia en la academia el hecho de empezar a relacionarse afectivamente con Philip Rieff, que la doblaba en edad. Al año, antes de cumplir los diecisiete, se casa. A pesar de no funcionar nunca como amantes, la pareja se convierte en un centro gravitatorio de la intelectualidad y ambos empiezan a escribir en la Partisan Review . En este período conocen también a filósofos cruciales para la teoría estética como Adorno y a Herbert Marcuse, a quien dan asilo en su casa mientras escribe Eros y Civilización . Ese libro en el que Philip “trabajaba” era Freud. La mente de un moralista , en el cual basará toda su carrera. Pero que tal como la biografía revela a través de más cartas y testimonios, fue escrito en realidad por Susan. Ella jamás reclamo su autoría, para no entrar en conflicto con este “totalitario emocional”, como lo definió años más tarde. “Estaba dispuesta a renunciar al libro, con tal de librarse de él”, testimonia el hijo de Jacob Taubes, gran amigo de Susan. Ya suficientes problemas tendrían con la tenencia su hijo David, a quien por cierto Philip obligó a gestar, impidiéndole practicarse un aborto. Más allá de la injusticia –y de lo que podemos aprender de las formas solapadas en que se sustrae el trabajo intelectual de las mujeres-, este episodio permite trazar un punto de inflexión en el pensamiento filosófico de Susan: su ruptura con la teoría freudiana dará paso a la crítica del esquema interpretativo del mundo. El problema que identifica en Freud es, a grandes rasgos, el siguiente: la reducción de la realidad de todos los fenómenos a su “contenido manifiesto” y como contraparte, la posibilidad de hacerlos inteligibles sólo mediante la superioridad –moral- de quien logra escrudiñar bien estos contenidos (el psicoanalista) hasta extraer su “significado verdadero”. Luego, el vicio teórico de tomar esta interpretación como un conocimiento, inventando así regularidades, patrones, síntomas, por el hecho de caer bajo significados equivalentes. También en este libro criticará la escisión incuestionable entre “sexo” e “intelecto”, atribuido sobre todo a las mujeres y la concepción del cuerpo como un síntoma de las “exigencias mentales”. Si bien se entusiasma con sus investigaciones al respecto del deseo homosexual, muestra que Freud lejos de resistirse a la moralidad, nos incita a ella. Por esto dice Moser que el título de Contra la interpretación podría leerse en realidad como “Contra Freud”: “Las doctrinas modernas más celebradas e influyentes, la de Marx y la de Freud, son en realidad sistemas hermenéuticos perfeccionados, agresivas e impías teorías de la interpretación” concluirá en ese ensayo, firmando ahora sí con su nombre propio.
- En la oficina oval, Trump agarró a Zelensky por el coño
El 25 de febrero de 2025, Donald Trump publicó en su cuenta de Truth Social un video de 30 minutos que aparentemente fue creado con inteligencia artificial generativa y que, según se dice, fue subido por primera vez a internet por alguien sin conexión con la Casa Blanca. El video, que promueve la transformación de Gaza en un resort similar a los de los Estados del Golfo, comienza con niños palestinos descalzos caminando entre los escombros de Gaza. Luego de que una tarjeta de título pregunte “¿Qué sigue?” , los niños avanzan hacia un horizonte de rascacielos a lo largo de la costa de Gaza, mientras una voz canta: “Donald viene a liberarte. Trump Gaza brilla con luz. Un futuro dorado, una nueva vida. Banquete y baile. La obra está hecha.” Las escenas que se muestran incluyen: Teslas circulando por las calles; alguien con un parecido sorprendente a Elon Musk comiendo pan mojado en hummus; militantes de Hamás con barbas espesas bailando coquetamente en bikinis y faldas de danza del vientre; un niño sosteniendo un enorme globo dorado de Trump; Trump bailando con una mujer escasamente vestida en un club nocturno; Musk arrojando dinero sobre la gente; un edificio llamado Trump Gaza ; mercancía dorada de Trump, incluyendo estatuas suyas en venta; una gigantesca estatua dorada de Trump; Trump y Netanyahu descansando sin camisa junto a una piscina mientras disfrutan de cócteles. Independientemente de cómo se interprete este video, lo cierto es que los palestinos son privados de la mínima dignidad. Y la dignidad es importante para ellos, a pesar de—o más bien debido a—su miseria. El 20 de octubre de 2024, tras la muerte de un niño palestino de 3 años en la ciudad de Khan Younis en Gaza debido a la caída de ayuda humanitaria lanzada desde el aire, su abuelo declaró: “No queremos ayuda. Queremos dignidad. Basta de la humillación y el insulto que recibimos, no solo de los israelíes, sino también de los árabes.” Es fácil burlarse de este extraño video, pero merece un análisis más profundo, incluso con implicaciones filosóficas. Lacan afirmaba que la verdad tiene la estructura de una ficción: algunas verdades traumáticas o intensas son más fáciles de aceptar si se presentan como parte de un juego ficticio. Por ejemplo, si estoy profundamente enamorado pero me da vergüenza declararlo abiertamente, puedo usar una situación en la que ambos interpretamos el papel de amantes en una obra de teatro para decirlo, sabiendo que no se me atribuirá como una confesión personal. En la propaganda política actual, la estrategia es más simple: la ficción tiene la estructura de la verdad , es decir, una mentira se presenta como si fuera realidad. Sin embargo, el video de Trump-Gaza no encaja del todo en ninguna de estas opciones. La primera impresión que genera, por supuesto, es la de una sátira de mal gusto, una ironía ridícula. Pero cuando el propio Trump lo publicó en su cuenta de Truth Social, parecía que lo había apropiado “en serio”, tomándolo como una visión posible del futuro de Gaza. O, tal vez, ¿era consciente de que el video estaba hecho con ironía y decidió conscientemente funcionar en la vida real como su propia caricatura? Lo más probable es que Trump ni siquiera pensara demasiado en ello: lo vio como un video loco y divertido y pensó: “Va a generar controversia y me hará aún más popular, así que, ¿por qué no?” Hay casos en los que la relación entre la verdad y la ficción se vuelve aún más compleja. A mediados de febrero de 2025, circularon informes de que el ejército israelí estaba lanzando panfletos en toda la Franja de Gaza que amenazaban abiertamente a toda la población del territorio, más de 2 millones de personas, con desplazamiento forzado o incluso la muerte. Aquí está el mensaje: "Al honorable pueblo de Gaza: después de los eventos ocurridos, la tregua temporal y antes de la implementación del plan obligatorio de Trump—que impondrá el desplazamiento forzado sobre ustedes, lo acepten o no—hemos decidido hacer un último llamado a aquellos que deseen recibir ayuda a cambio de cooperar con nosotros.No dudaremos ni un momento en proporcionar asistencia. Reconsideren su posición.El mapa del mundo no cambiará si toda la gente de Gaza deja de existir.Nadie sentirá pena por ustedes, nadie preguntará por ustedes. Han sido abandonados a su destino inevitable.Irán ni siquiera puede protegerse a sí mismo, mucho menos a ustedes, y han visto con sus propios ojos lo que ha ocurrido.Ni América ni Europa se preocupan por Gaza de ninguna manera.Incluso sus países árabes, que ahora son nuestros aliados, nos proporcionan dinero y armas mientras solo les envían sudarios a ustedes.Queda poco tiempo—el juego está casi terminado.Quien desee salvarse antes de que sea demasiado tarde, estamos aquí, permaneciendo hasta el final de los tiempos." Para añadir un insulto obsceno a la herida, el mensaje incluye un pasaje del Corán: "Los pondremos a prueba con un toque de miedo, hambre, pérdida de bienes, vidas y cosechas. Den buenas noticias a quienes soportan con paciencia y dicen, cuando son golpeados por una desgracia: ‘Ciertamente a Alá pertenecemos y a Él regresaremos.’" Creo que estos panfletos (en los cuales aparecen fotos de Netanyahu y Trump) son falsos, noticias fabricadas, pero ¿hechos por quién? No por los palestinos, sino por fuentes israelíes no oficiales como parte de una compleja guerra psicológica. La diplomacia pública de Israel, llamada "hasbara" (que se traduce aproximadamente como "explicación"), es un esfuerzo masivo y bien coordinado para justificar medidas que la opinión global percibe como inaceptables. Esta "explicación" se realiza en múltiples formas: a través de organismos estatales oficiales, organizaciones privadas y figuras públicas visibles (artistas, periodistas, científicos), pero también mediante rumores anónimos que difunden teorías de conspiración o documentos falsos atribuidos al enemigo. Otra estrategia de hasbara es permitir (o solicitar) a figuras políticas de bajo rango que digan abiertamente lo que los líderes principales no pueden decir públicamente o incluso niegan. Estas declaraciones, aunque no sean ampliamente difundidas en los medios, "explican" lo que las declaraciones más diplomáticas de los líderes realmente implican. Por ejemplo, Owen Jones mostró en su podcast una declaración grabada del vicepresidente del Parlamento israelí, Nissim Vaturi , que decía: "¿Quién es inocente en Gaza? Los civiles salieron y asesinaron gente a sangre fría... Debemos separar a las mujeres y los niños y matar a los adultos en Gaza, estamos siendo demasiado considerados." Y luego llevó el discurso aún más lejos, incluyendo a los niños: "Cada niño que nace ahora—en este mismo minuto—ya es un terrorista al nacer." Esto no es un error ni una simple provocación, sino parte de una estrategia bien planificada y compleja. El volumen de trabajo ha crecido exponencialmente, hasta el punto de que la maquinaria de hasbara ha tenido que recurrir también a la inteligencia artificial. El gobierno israelí decidió usar contenido proisraelí generado por IA y campañas artificiales en redes sociales . Uno de los nuevos bots de IA, reportado en la prensa, fue bautizado como FactFinder AI . Fue diseñado para "corregir" la desinformación, reconciliar las paradojas de hasbara , automatizar y expandir campañas propagandísticas, y reforzar las narrativas sionistas. Sin embargo, cuando se enfrentó con los datos reales, el bot se encontró con realidades innegables —la historia de ocupación, apartheid y crímenes de guerra de Israel—y, en lugar de ignorarlas (como hace la hasbara tradicional), la IA comenzó a procesarlas en sus respuestas. La campaña de hasbara con inteligencia artificial fracasó espectacularmente, porque incluso una IA, cuando se enfrenta a registros históricos, narrativas mediáticas existentes y datos empíricos, no pudo fabricar una postura proisraelí coherente, porque simplemente no existe una postura proisraelí coherente . El resultado es que, de vez en cuando, se producen errores en la IA—errores que no son simples fallos técnicos, sino rupturas simbólicas , revelaciones inevitables del fracaso inherente de la ideología sionista que la IA estaba diseñada para servir. Y, ¿qué pasa si el panfleto genocida es algo similar? No simplemente un error, sino un engaño de segundo nivel : un documento falso cuyos propios "errores" (el panfleto está impreso en papel con marcas del Shin Bet; la referencia al Corán es ridícula, ningún árabe musulmán escribiría eso...) fueron intencionales y cumplen una función precisa . ¿Qué pasa si el verdadero propósito del "descubrimiento" de este panfleto era sembrar dudas sobre su autenticidad, pero al mismo tiempo dejar la vaga impresión de que, incluso dentro de la ficción, debe haber algo de verdad? Pero con tales fallos aún no hemos llegado al nivel del Trump-speak , que opera de una manera diferente: Trump ni siquiera intenta ocultar contradicciones o cambios constantes en su posición. Día tras día, suelta lo primero que le viene a la mente—no (como algunos creen) como parte de su confusión mental, sino como resultado de su (totalmente consciente) asunción del papel de un Amo más allá de la ley y la lógica, un amo que afirma su poder precisamente cambiando constantemente lo que dice. Un día, Zelensky es un líder legítimo de Ucrania que debe ser recibido en la Casa Blanca; al día siguiente, es un dictador. Un día, Rusia atacó Ucrania; al siguiente, Ucrania se defiende de la agresión rusa. Un día, la Unión Europea es un socio respetado pero criticado por no hacer lo suficiente por Occidente; al siguiente, Trump dice que la UE fue creada para "joder" a Estados Unidos… Un verdadero Amo no solo obedece reglas y leyes—de vez en cuando, hace un gesto inesperado, cambia una línea política, condena o perdona a alguien, sin dar razones claras. Tales cambios son una forma de afirmar su autoridad incondicional. Cuando Stalin solía revisar largas listas de personas que debían ser ejecutadas (por lo general, por la noche), a veces inexplicablemente tachaba un nombre (aunque, con toda probabilidad, ni siquiera sabía quién era la persona). La total opacidad de estos actos hacía que su autoridad fuera incuestionable. Sin embargo, hay una diferencia entre Stalin y Trump. Lo que en Stalin era una excepción (en un sistema de brutalidad legal) es, para Trump, un modus operandi. Trump es, en este sentido, un anti-Stalin (aunque eso no lo hace mejor—parafraseando a Stalin, Trump y Stalin son "ambos peores" ). En ambos casos, la verdad fáctica ocupa un segundo lugar; sin embargo, en el estalinismo, la ignorancia de la verdad fáctica es parte de una hermenéutica precisa—el hecho mismo de que una afirmación no sea cierta entrega un mensaje claro. La brecha que separa la exactitud (la verdad fáctica, la precisión sobre los hechos) y la Verdad (la Causa a la que estamos comprometidos) fue formulada con precisión por Jean-Claude Milner: "Cuando se admite la diferencia radical entre exactitud y verdad, solo queda una máxima ética: nunca oponer las dos. Nunca hacer de la inexactitud el medio privilegiado de los efectos de la verdad. Nunca transformar estos efectos en subproductos de la mentira. Nunca convertir lo real en un instrumento de conquista de la realidad. Y me permitiría añadir: nunca hacer de la revolución la palanca de un poder absoluto." Si el lenguaje de la nueva IA posthumana será un lenguaje de señales, sin representar propiamente al sujeto, el lenguaje estalinista es la oposición más violenta imaginable a este lenguaje. Lo que caracteriza al lenguaje humano, en contraste con las señales más complejas de las abejas, es lo que Lacan llamó el “discurso vacío”: un discurso cuyo valor denotativo (su contenido explícito) queda en suspenso en favor de su función como índice de relaciones intersubjetivas entre el hablante y el oyente. Esta suspensión es la característica clave del jerga estalinista. Aquí hay un detalle trágico-cómico que lo ejemplifica: durante el juicio-espectáculo contra el Centro Unificado Trotskista-Zinovievista, el fiscal publicó una lista de personas a las que este supuesto centro planeaba asesinar (Stalin, Kírov, Zhdánov…). Esta lista se convirtió en un extraño honor, ya que la inclusión en ella significaba cercanía con Stalin. Molotov, quien tenía buenas relaciones personales con Stalin, se sorprendió al descubrir que no estaba en la lista. ¿Qué significaba esto? ¿Era una advertencia de Stalin? ¿Una señal de que pronto sería arrestado? (De hecho, unos años después, su esposa fue arrestada, acusada de ser una espía estadounidense y judía). La Unión Soviética estalinista fue, en este sentido, el verdadero "imperio de los signos". Podemos decir que el estalinismo no solo fue un fenómeno del lenguaje, sino que el lenguaje mismo es un fenómeno estalinista—solo en el lenguaje humano la afirmación "No estoy en la lista de los que deben ser ejecutados" puede significar "Estoy perdiendo mi posición política" . Un relato del lingüista soviético Eric Han-Pira proporciona otro ejemplo perfecto de esta saturación semántica total en el "imperio de los signos" estalinista, una saturación que, paradójicamente, se basa en el vaciamiento del significado denotativo directo. Durante muchos años, los medios soviéticos anunciaban los funerales de altos miembros de la nomenklatura con la misma formulación de siempre: "Enterrado en la Plaza Roja, junto al muro del Kremlin." Sin embargo, en la década de 1960, debido a la falta de espacio, la mayoría de los dignatarios recién fallecidos fueron cremados y sus urnas fueron colocadas en nichos dentro del muro del Kremlin. A pesar de este cambio, la misma fórmula siguió utilizándose en los comunicados oficiales. Esta incongruencia llevó a quince miembros del Instituto de la Lengua Rusa de la Academia de Ciencias Soviética a escribir una carta al Comité Central del Partido Comunista sugiriendo que la frase se modificara para reflejar la realidad: "El urnario con sus cenizas fue colocado en el muro del Kremlin." Varios días después, un representante del Comité Central llamó al instituto para informarles que el Comité había discutido la sugerencia y decidió mantener la vieja formulación. No se dieron razones para esta decisión. Según las reglas que regulaban el "imperio de los signos" soviético, el Comité Central tenía razón: cambiar la fórmula no se percibiría simplemente como un registro de un nuevo hecho (que ahora los dignatarios eran cremados y sus cenizas colocadas en el muro), sino como una señal, un mensaje que generaría una frenética actividad interpretativa. Así que, si no había ningún mensaje que dar, ¿por qué cambiar las cosas? Uno podría oponerse a esta conclusión con una solución aparentemente "racional": "¿Por qué no cambiar la formulación y añadir una explicación de que no significa nada, que solo registra una nueva realidad?" Pero este enfoque no entiende la lógica del imperio de los signos soviético: en él, todo tiene algún significado, incluso y especialmente una negación del significado. Negar el significado generaría aún más actividad interpretativa—no solo sería visto como una señal dentro de un espacio semiótico establecido, sino como una indicación meta-semántica de que las reglas mismas de ese espacio están cambiando. Esto causaría perplejidad total, incluso pánico. En el discurso de Trump, el lenguaje funciona de una manera completamente diferente. Sí, genera declaraciones inconsistentes una y otra vez, pero debajo de ellas sigue una “línea general” clara: censura de prensa, purgas, algo mucho peor y más extenso que la cultura de la cancelación, lo que casi nos recuerda al estalinismo. Echemos un vistazo más de cerca a la conferencia de prensa en la Oficina Oval de la Casa Blanca, que conmocionó al mundo entero, y enfoquémonos en los detalles de modales, gestos y estilo, que pueden parecer menos importantes que los temas en juego, pero que en realidad revelan mucho sobre la postura fundamental subyacente. Lo primero que llama la atención es la forma extremadamente irrespetuosa y brutal en la que Trump y Vance trataron a Zelensky. El único país cuyos representantes recurren a un lenguaje tan brutal como el de Trump es Rusia. La representante de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Marija Zajárova , escribió: “Que Trump y Vance se hayan contenido de golpear a ese canalla es un milagro de moderación.” Y, como era de esperar, el coro fue acompañado por el expresidente Medvédev , quien calificó a Zelensky como “payaso cocainómano” . Pero tales declaraciones son realizadas por figuras de segundo nivel, nunca por los líderes principales: en el nivel de la diplomacia pública, Trump y Vance violan las reglas que incluso Hitler, Stalin y Mao respetaban. Solo los medios estatales de Corea del Norte recurren ocasionalmente a brutalidades similares, por lo que no es de extrañar que Trump admire abiertamente a Kim Jong-Un como un buen líder y a veces incluso lo llame amigo. Antes de que Zelensky entrara en la sala, un miembro del personal de la Casa Blanca lo reprendió por “falta de respeto” al no estar vestido apropiadamente. El trato que recibió en la Casa Blanca fue humillante, pero lo que lo hace aún peor es que Donald Trump, el hombre que estableció nuevos estándares de vulgaridad pública, ahora condena sin vergüenza a otros por actuar de manera irrespetuosa . La obscenidad definitiva es reprocharle a alguien su falta de respeto con un acto de extrema falta de respeto … Un simple ChatGPT tiene mejores modales que Trump y Vance cuando conversas con él . El congresista Mike Waltz describió la reacción de Zelensky al ser expulsado con una metáfora de pésimo gusto: "Es como una exnovia que quiere discutir, ya sabes, sobre todo lo que dijiste hace nueve años, en lugar de seguir adelante con la relación." ¿Fue el conflicto abierto en la Oficina Oval un arrebato espontáneo? Lo mínimo que se puede decir es que una explosión tan obscena estaba latente, solo esperando estallar. Debemos tener en cuenta que, a nivel de contenido sustancial, no ocurrió nada nuevo—lo que ocurrió fue, para ponerlo en términos hegelianos, un paso de lo "en sí" a lo "para sí" ( An sich a Für sich ), es decir, el tránsito de una mera presencia en segundo plano a la afirmación explícita de un contenido. Sin embargo, este paso cambia todo: una vez que las cosas se dicen de manera directa, nos encontramos en un espacio completamente distinto. Aunque en un grupo todos sepan algo "en sí", esa realidad puede seguir interpretándose como un malentendido, como algo que "no queríamos decir realmente", pero una vez que se dice explícitamente, ya no puede deshacerse. Este paso a la explicitación puede ubicarse con precisión en la reunión de la Oficina Oval: aunque las tensiones eran palpables todo el tiempo, la situación se volvió tensa cuando el vicepresidente JD Vance presionó a Zelensky por no mostrar suficiente gratitud hacia la ayuda de Estados Unidos en la guerra de Ucrania contra Rusia. Aquí está parte del intercambio: Vance: Solo di gracias.Zelensky: Dije gracias—digo gracias al pueblo estadounidense.Trump: Verás, creo que es bueno que el pueblo estadounidense vea lo que está pasando. Creo que es muy importante. Por eso mantuve esto durante tanto tiempo. Tienes que estar agradecido. No tienes las cartas. Estás enterrado ahí. Tu gente está muriendo. Se están quedando sin soldados. … Y luego nos dices: “No quiero un alto al fuego.” Si pudieras conseguir un alto al fuego ahora mismo, te digo, lo aceptarías para que las balas dejen de volar y tus hombres dejen de morir. Lo que siguió fue un enfrentamiento a gritos, algo inédito en el ámbito de la diplomacia, donde intercambios tan brutales se supone que ocurren a puerta cerrada. Como señalaron algunos comentaristas, la diplomacia murió en la Oficina Oval. Es ingenuo afirmar que sacar las tensiones a la luz pública puede aclarar la situación. Primero, como ya hemos visto, hacer públicas ciertas cuestiones puede impedir soluciones posibles, ya que añade actos agresivos y humillaciones a la situación. Segundo, y más importante, lo que ocurrió en la Oficina Oval NO fue un proceso de revelar las tensiones reales: la situación permaneció totalmente mistificada, con un Trump evidentemente furioso con Ucrania y Europa, mientras que Zelensky quedó en una posición imposible—defender los intereses vitales de Ucrania, ignorados por Estados Unidos, y al mismo tiempo mostrar respeto y gratitud a la potencia de la que puede depender la supervivencia de su país. ¿Debemos entonces culpar a Zelensky?¿Debería haber sido más consciente de la necesidad de la ayuda estadounidense y haber actuado de manera más conciliadora? El contraste es evidente si lo comparamos con Macron y especialmente con Starmer, quien, como señaló Owen Jones, durante su última visita a Washington "desapareció en el trasero de Trump". Sin embargo, no solo no se debería reprochar a Zelensky, sino que, por el contrario, deberíamos reconocer completamente su trágico dilema: se defendió con claridad y contraatacó, pero tuvo que combinarlo con una humillante muestra de respeto hacia Trump, quien apoya la agenda rusa. La afirmación de Trump de que Zelensky no quiere un alto al fuego, sino una guerra continua, es una mentira descarada. Por supuesto que Zelensky quería la paz, pero—de manera completamente comprensible—una paz que no fuera simplemente una tregua que permitiera a Rusia reorganizarse y lanzar un nuevo ataque. En resumen, Zelensky no quería una versión ucraniana del alto al fuego en Gaza, que terminó siendo simplemente una presión renovada para que los palestinos abandonaran Gaza "pacíficamente". Dicho de otro modo, parafraseando la célebre definición de Clausewitz sobre la guerra como "la continuación de la política por otros medios”, un alto al fuego podría ser simplemente la continuación de la guerra por medios pacíficos. La metáfora de las cartas que Trump repitió constantemente también es completamente engañosa. Zelensky tenía razón al responder: “No juego a las cartas.” Los judíos tampoco tenían buenas cartas en la Alemania nazi, especialmente después de 1938, pero entonces, ¿deberíamos haberles dicho?: “Lo siento, no tienen buenas cartas—si queremos apoyarlos completamente, esto podría llevarnos a una nueva guerra mundial.” La humillación de pedir más gratitud Después de las humillantes exigencias de Trump y Vance para que mostrara más gratitud, Zelensky publicó un breve mensaje en X: "Gracias, América, gracias por su apoyo, gracias por esta visita. Gracias @POTUS, Congreso y pueblo estadounidense. Ucrania necesita una paz justa y duradera, y estamos trabajando exactamente para eso." ¿Fue esta repetición casi compulsiva de “gracias” un intento de demostrar su gratitud por la cual fue criticado? ¿O este mensaje ridículo contiene también un elemento de ironía, intencionado o no? La "humanidad" de Trump siempre esconde un horror Cuando Trump evoca razones humanitarias, siempre hay un horror detrás. Recordemos que también afirmó que Gaza debía ser vaciada por razones humanitarias, pero ni en el caso de Gaza ni en el de Ucrania planteó la pregunta obvia: ¿Quién es responsable de la destrucción? Tanto en Gaza como con Rusia, "América Primero" significa claramente negocios: el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, elogió las "oportunidades extraordinarias, económicas y geopolíticas, que Estados Unidos y Rusia podrían aprovechar una vez terminada la guerra en Ucrania." Sin embargo, es fácil ver cómo esta exaltación del negocio no solo es una ideología en sí misma, sino que también está completamente permeada por decisiones político-ideológicas específicas: ¿Por qué tratar a China como el principal enemigo y descartar cualquier "oportunidad extraordinaria" de colaboración con China? Y, especialmente, ¿por qué Trump insiste en caracterizar a Europa como el principal enemigo de EE.UU., incluyendo su absurda afirmación de que la UE fue creada para "joder" a EE.UU."? La historia es bien conocida, no hace falta repetirla aquí. Y tampoco hace falta señalar lo que Europa debería hacer: Si Trump dice que la UE fue creada para joder a EE.UU., entonces bien, hagámoslo.En todos los niveles: político, económico y militar. Todas las opciones deberían estar abiertas, desde una nueva alianza con China hasta la desdolarización. Trump aplicando su propia lógica política Lo que Trump está haciendo en sus actos obscenos es aplicar a la política posturas que declaró públicamente hace años. Recordemos el infame video de 2005, en el que Trump describe su intento de seducir a una mujer casada y señala que podría empezar a besar a una mujer que estaba a punto de conocer: "Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, te dejan hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa... Agarrarlas por el coño. Puedes hacer lo que quieras." Recordemos también cómo en enero de 2015, durante una reunión con un grupo bipartidista de senadores en la Casa Blanca, Trump se refirió a Haití y a algunas naciones africanas como "países de mierda." Este es el marco en el que deberíamos describir el fiasco de la Oficina Oval en los propios términos de Trump: Dado que Rusia ofrece grandes oportunidades de negocio, Ucrania es un "país de mierda", así que "vamos a agarrar a Zelensky por el coño"—Soy una estrella política y puedo hacer lo que quiera. Más allá de la extorsión económica: la violación de las reglas de la diplomacia El horror de estos actos va más allá de la extorsión económica y de la violación de las reglas diplomáticas. Cuando un sujeto actúa legalmente, sus acciones externas no violan ninguna prohibición legal. Sin embargo, la cortesía (modales, diplomacia, civismo) es algo más que cumplir con la legalidad externa—es el dominio ambiguo e impreciso de lo que uno no está estrictamente obligado a hacer (si no lo hace, no rompe ninguna ley), pero que de todas formas se espera que haga. Estamos tratando aquí con reglas implícitas no expresadas, con cuestiones de tacto, con algo hacia lo que los sujetos, como norma, tienen una relación no reflexiva: Algo que es parte de nuestra sensibilidad espontánea, una trama densa de costumbres y expectativas que forman parte de nuestra herencia cultural—lo que Hegel llamó Sitten y Lacan llamó el "gran Otro". El fracaso autodestructivo de la "corrección política" Curiosamente, ahí reside el punto muerto autodestructivo de la corrección política: Intentar formular explícitamente y legalizar incluso los modales y la cortesía. Trump y Vance, grandes opositores de la corrección política, hicieron exactamente eso cuando pusieron a Zelensky en una posición imposible al exigirle explícitamente que dijera "gracias". El argumento de Vance de que, después de años de intentar derrotar a Rusia con armas, ha llegado el momento de intentar la diplomacia, está tan lleno de agujeros que su inconsistencia es totalmente evidente. La guerra (agresión rusa) estalló después de años de intentos diplomáticos ineficaces para encontrar una solución. Cuando en 2014 Rusia ocupó Crimea, la diplomacia no logró nada. La heroica resistencia ucraniana (sostenida por la ayuda occidental) no fracasó simplemente, sino que creó condiciones para posibles negociaciones;sin esta resistencia, Ucrania habría desaparecido como Estado. Además, ¿quiénes son Trump y Vance para hablar de diplomacia si ellos mismos están violando todas las reglas diplomáticas? El malentendido de Trump sobre la advertencia de Zelensky Zelensky le dijo a Vance sobre la amenaza rusa: "Ustedes tienen un océano hermoso y no lo sienten ahora, pero lo sentirán en el futuro." Trump interrumpió de inmediato: "¡No nos digas lo que vamos a sentir!" La arrogancia de Trump lo llevó a malinterpretar completamente a Zelensky: Su "lo sentirán" no tenía nada que ver con un sentimiento subjetivo, sino que se refería a estar bajo presión política y militar. Sin embargo, Trump lo leyó como si Zelensky estuviera ordenándole qué sentir—cuando, en todo caso, Trump y Vance eran quienes estaban exigiendo a Zelensky que sintiera gratitud. El senador republicano Lindsey Graham dijo: "Lo que vi en la Oficina Oval fue una falta de respeto, y no sé si alguna vez podremos volver a hacer negocios con Zelensky. Creo que la mayoría de los estadounidenses vieron a un tipo con el que no querrían hacer negocios, por la forma en que manejó la reunión". De nuevo, el término "negocios" es clave aquí. Graham continuó presionando a Zelensky para que priorizara un acuerdo de minerales raros sobre garantías de seguridad o un alto el fuego con Rusia, una obscenidad en toda regla. El acuerdo sobre minerales raros fue un claro caso de extorsión brutal por parte de EE.UU.: "Recibirás nuestra ayuda si pagas por ella", estimado por Trump en 350 mil millones de dólares, una cifra claramente inflada, a cambio de permitir que EE.UU. explote los recursos naturales de Ucrania durante décadas. En otras palabras, el acuerdo de minerales era el precio a pagar por garantías de seguridad. Pero un acuerdo de minerales sin garantías de seguridad es completamente inútil para Ucrania. El asunto se vuelve aún más obsceno cuando se combina con las exigencias de gratitud de Trump y Vance: Ucrania debe decir "¡Gracias!" por la ayuda y luego pagar por ella. No es de extrañar que no tuviéramos que esperar mucho para ver una reacción a la traición de Graham hacia Zelensky por parte de nadie menos que Tucker Carlson, el comentarista de derecha que personifica el vínculo entre Trump y Putin, recordemos su entrevista extremadamente benévola con Putin. Carlson comentó: "Una de las cosas más impactantes sobre la conferencia de prensa de Zelensky ayer fue la reacción de Lindsey Graham. Los dos eran viejos amigos, pero Graham lo repudió en menos de una hora. Esto fue más que simple deslealtad transaccional. Fue un chivo expiatorio. Graham sabe lo que se avecina. En los últimos tres años, con el apoyo tácito de sus patrocinadores occidentales, el gobierno ucraniano ha cometido una cantidad extraordinaria de crímenes graves". Luego, Carlson continuó propagando teorías de conspiración, afirmando que Ucrania vendió enormes cantidades de armas estadounidenses en el mercado negro, que ahora están en manos de Hamas, cárteles de droga mexicanos y grupos armados en Siria. También afirmó que "Dios sabe qué han hecho los ucranianos con los patógenos en los laboratorios biológicos estadounidenses en su país". Agregó que Ucrania ha asesinado a personas en distintos países en ataques políticos y ha intentado matar a periodistas estadounidenses y a un jefe de Estado europeo. "Todo esto es cierto, y eventualmente saldrá a la luz. Es mejor empezar a culpar a Zelensky ahora". Trump y su círculo se presentan a sí mismos como "realistas", repitiendo constantemente el mantra de que solo quieren prevenir el sufrimiento, la destrucción y la muerte de la gente común. Sin embargo, como señaló el analista John Ganz, esta visión "realista", cuyo gran exponente fue Henry Kissinger, ignora precisamente el sufrimiento concreto de cientos de miles de personas: "No estamos viendo a una nación soberana invadida, sus ciudades destruidas, no estamos viendo a niños siendo quemados, en su lugar estamos viendo una 'guerra por poderes' o una 'lucha entre grandes potencias'". "Focalizarnos en lo que realmente está sucediendo nos convierte en peligrosos sentimentalistas, pero ver las 'grandes fuerzas' detrás de todo esto nos convierte en buenos y sensatos 'realistas'". "En su capacidad para transformar la realidad, el cinismo es aparentemente un agente ideológico mucho más potente en nuestra era que la creencia fanática en grandes causas". En una situación que corresponde a un intercambio normal entre aliados, Zelensky debería haber respondido que Ucrania es la que merece respeto y gratitud, porque está peleando una guerra brutal para defender no solo su propia soberanía, sino también para proteger la libertad de toda Europa y, en última instancia, de Estados Unidos mismo. Slavoj Žižek - 1 ‘Trump Gaza is finally here!’: US president promotes Gaza plan in AI video | CNN . 2 Airdropped aid kills 3-year-old Palestinian boy in Gaza, family says | CNN . 3 I owe the translation to Jamil Khader. 4 "Kill ALL MEN In Gaza": Netanyahu Ally's Genocidal Demand Gets No Media Coverage . 5 Jamil Khader, “The Hasbara Glitch” (quoted from a manuscript). 6 Op.cit. 7 Jean-Claude Milner, Relire la Revolution, Lagrasse: Verdier 2016, p. 246. 8 Simon Montefiore, Stalin. The Court of the Red Tsar, London: Weidenfeld&Nicolson 2003, p. 168. 9 See Alexei Yurchak’s wonderful Everything Was Forever, Until It Was No More, Princeton: Princeton University Press 2006, p. 52. 10 World reacts after Donald Trump, JD Vance berate Ukraine’s Zelenskyy | Donald Trump News | Al Jazeera . 11 March 1, 2025: Donald Trump presidency news | CNN Politics . 12 Red Cross Ukraine - Your subscription saves lives . 13 America says there are ‘extraordinary’ economic opportunities in Russia. Huh? | CNN Business . 14 See FATE NO LONGER SMILES ON US, EUROPEANS - by Slavoj Žižek . 15 Donald Trump Access Hollywood tape - Wikipedia . 16 Trump referred to Haiti and African nations as 'shithole' countries . 17 Trump and Zelenskyy key takeaways: Oval Office meeting explodes into shouting match - ABC News . 18 Tucker Carlson on X: "One of the most striking things about yesterday’s Zelensky press conference was Lindsey Graham’s reaction to it." / X 19 A Real War - by John Ganz - Unpopular Front .

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