top of page

Resultados de la búsqueda

Search this site

Se encontraron 1250 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • Juegos nocturnos  

    Galería 550 Providencia Santiago Con esta exhibición la artista Paula de Solminihac inaugura un proyecto de largo aliento en tres etapas que serán desarrolladas a lo largo de este año. Es un proyecto que imagina  un modelo a través del arte para promover vidas con mayor armonía y consciencia ecológica. Inspirada en las medusas, la muestra busca develar los misterios de estos seres por medio de gestos plásticos y simbólicos, delineándolos como personajes que salen de la oscuridad hacia la luz. Gestando un proyecto en concordancia con un sistema de arte desde la reunión y la colectividad. La exhibición consiste en cinco pinturas de cerámica esmaltada y encáustica con formas abstractas, suaves al tacto y de colores luminosos acompañadas de una atmósfera nocturna y submarina, que invitan a participar de esta fiesta inaugural, que además, coincide con la última noche de este verano. La exposición estará abierta al público para un encuentro con la artista el viernes 5 de abril entre 18:00 y 20:00 horas y el sábado 13 de abril — en el lanzamiento del libro Majamama— a las 12:00 horas.

  • Qechua Picks Vol I: un viaje sónico a través del underground latinoamericano

    En una colaboración fascinante impulsada con el apoyo e iniciativa de Rauversion, QECHUABOi toma las riendas para hacer la curatoría de una experiencia sonora contemporánea con productores sudamericanos. Centrándose en la cuidadosa selección de los creadores de beats más destacados de la vibrante escena underground de bass tropical, esta compilación emprende una odisea musical tejiendo las alegres vibraciones tropicales y los tonos más oscuros del dembow. Dirigida tanto a la pista de baile como al oyente en casa y con una fusión de acentos vocales y ritmos de baile contagiosos, esta compilación encapsula el pulso actual de la escena club latinoamericana con un toque de influencia internacional. A pesar de que la mayoría son productores latinoamericanos, una parte significativa de ellos reside actualmente en diversas partes del mundo lo que añade un sabor diverso y global a la colección. La selección invita a los oyentes a sumergirse en un paisaje sonoro diverso en el que cada pista cuenta una historia única arraigada en la rica propuesta de la cultura latinoamericana. Desde los ritmos animados que encienden la pista de baile hasta las melodías más introspectivas perfectas para el disfrute en casa, la compilación de QECHUABOi es un testimonio de la naturaleza dinámica y siempre evolutiva de la escena musical de la región. La compilación no solo sirve como una muestra de talento, también es una instantánea del estado actual de la cultura club latinoamericana en la que se fusionan sonidos locales e influencias internacionales. Al sumergirte en esta cuidada selección te sentirás transportado al corazón de la vibrante energía que define el panorama musical latinoamericano. La compilación curada por QECHUABOi es una celebración de la diversidad, la creatividad y la interconexión de las comunidades musicales globales. Es un testimonio de la pasión y dedicación de los artistas involucrados, una propuesta que ofrece a los oyentes una experiencia inmersiva que refleja el paisaje sonoro siempre cambiante y dinámico de la música electrónica latinoamericana. Siéntate, presiona play y deja que los ritmos te lleven en un cautivador viaje a través del rico y diverso mundo del bass tropical. ROMPE CALZON - ROLA DE @Shushupe & @tribilinsoundmusic SOUND FEAT. ARES Formato: vinilo de 12 pulgadas Características: vinilo transparente verde de 180 g. Disponible desde el 24.02.2024 Puedes adquirirlo > Aquí Para saber más, escucha el podcast QUECHUABOi: el chacotero del sonido - César Chunk Triblin Sound Music Lukr0 Shushupe Vudufa Vitu Valera Entrañas DJ Latinchat Hankel Bellido - Hanuna Music

  • 45

    A quien ya se asoma a su vejez, le acomoda una buena dosis de olvido para viajar con soltura por el trecho de camino que falta. Se necesita más ligereza cuando lo que queda se angosta. Contra esta lógica, es cada vez más lo que se junta sobre la espalda de lo vivido. Mucha memoria con poco porvenir: es como tener que cargar, en adelante, un montón de vidas truncadas en el pasado, y que a la vez multiplican entre sí todo lo que cada una pudo ser y no fue. Mala suerte o error de diseño: un futuro breve, y poblado desde atrás, parece doblemente breve. A menos que ese futuro se abra a lo ancho, y sean todas estas biografías truncas, ahora vividas como paralelas, las que tienen algo pendiente por vivir, algo que pudo ser y no fue, y que en algún lugar del pasado saltó disparado por la ruleta del destino. Tal vez quepa infundir, en lo que queda, esa borrasca de lo casi vivido, hecha de tantas posibilidades que se extraviaron en caminos que no fueron. Que la lentitud a lo largo se cruce con esta profusión a lo ancho, como el aleteo febril de un colibrí que parece inmóvil, y va uniendo los extremos de la velocidad y el reposo.

  • Administración | Taller de Eugenio Dittborn

    b. ADMINISTRACIÓN DEL TALLER DE ARTE 1. LA MENSUALIDAD DEL TALLER ES DE $ 160.000 2. ESTA MENSUALIDAD SE PAGA DE MANERA ANTICIPADA EL DÍA 16 DE CADA MES (fecha de inicio martes 16 de abril) A TRAVÉS DE UNA TRANSFERENCIA BANCARIA A: Eugenio Dittborn Santa Cruz Banco de Chile/ Edwards Cta.Cte.: 0715764067 RUT.: 4608928-6 dittborn@gmail.com 3. LA SESIÓN SEMANAL SE REALIZA LOS DÍAS MARTES Y TIENE UNA DURACIÓN DE 4  H O R A S Las sesiones se inician a las 1 8 : 0 0  Y  C O N C L U Y E N   A   L A S  2 2  H R S 4. HABRÁ UN RECREO ENTRE LAS 19:30 Y LAS 20:00 HORAS. 5. LAS SESIONES SON  DE COMENTARIO CRÍTICO Y ANALISIS. LAS SESIONES  SE  REALIZAN EN EL TALLER DE EUGENIO DITTBORN EN LA COMUNA DE LA REINA SANTA RITA 968 6. PARA MAYOR INFORMACIÓN, DUDAS O CONSULTAS, CONTACTAR CON LA COORDINADORA DEL TALLER: Verónica Cárcamo e-mail: cochac@gmail.com Tel.: +56 9 9499 2620 *c

  • Ruido blanco I: reflexiones sonoras sobre todo

    Un viaje musical a través de la historia, la ciencia y la tecnología; una guía para músicos, aficionados e interesados en la música y una advertencia sobre el impacto de la contaminación acústica, en estos tiempos de primacía visual. Un planeta de música y la música como fenómeno biológico El hecho de que hoy la gran mayoría de la música se consuma en plataformas de video (hay estudios de fines del 2023, donde el 40% de los auditores menores de 25 años dicen descubrir nueva música vía YouTube, y hay alzas al respecto también en TikTok), ha hecho que la imagen prime por sobre la capacidad musical. Suena como una paradoja, pero lo cierto es que vivimos tiempos en los que la música se ve. Sin embargo, esta tendencia pierde total relevancia si nos detenemos en esa máquina prodigiosa que es el oído. Para nuestra percepción del sonido poseemos un ultra sofisticado sistema que nos permite decodificar los largos de frecuencias (que se miden en Hertz) y que finalmente son interpretados por nuestro cerebro. Es un órgano extraordinario de pocos centímetros cúbicos con alrededor de 30.000 fibras nerviosas e igual número células ciliadas (de pelo), con un rango del tímpano del orden del 19 a la potencia de -9 y por lo tanto muy por debajo del largo de ondas de la luz visible. El umbral de energía de la sensibilidad de las células ciliadas y las fibras auditivas oscila en los 10 a la potencia de -11erg; y es por lo tanto mucho mayor que las del ojo; al mismo tiempo que más resistente y que puede variar entre un todavía estímulo tolerable y el volumen más alto en un factor de 10 a la potencia de -6, lo que nos da valores en millones. Por ejemplo si tomáramos los valores más pequeños de tolerabilidad del ojo y lo amplificáramos millones de veces nos quedaríamos enseguida ciegos, literalmente deslumbrados. Esta enorme capacidad de computación hace a nuestro oído un instrumento de precisión superlativa. Al caminar nos da la distancia exacta de los objetos alrededor y al escuchar música nos permite diferenciar exactamente el largo de las ondas y su relación entre sí; esto es, las octavas, quintas, terceras, etc, lo que conforma en definitiva la música diatónica, como el pop que escuchas tal vez en este mismo instante. Haciendo una analogía con la visión sería la capacidad de medir centímetros e incluso milímetros en forma exacta solo con mirar, es decir, “a ojo“. Es un hecho que para los ciegos es mucho más fácil integrarse a la sociedad que para la gente que no puede oír. De esto puedo dar fe. Mi abuela, que me crio y ocupó el lugar de mi madre a partir de los 7 años, era sorda, víctima del Síndrome de Ménière. Sin tecnología para reconocer la enfermedad, la familia y su entorno supuso sencillamente que mi abuela era tonta. La sacaron del colegio muy pequeña, creció aislada y su mundo fue una especie de jaula de labores domésticos, la biblia y la televisión. Sufría de depresión maníaca y nos amenazaba cada cierto tiempo con suicidarse. A su vez era extremadamente hábil con el tejido y siempre me demostró un cariño infinito pesar de mis ropas y mi obsesión con la música, cuando mi padre no me dirigía la palabra y yo formaba parte de la infamada banda post-punk antifachista “Los Pinochet Boys“. La función del oído, al medir exactamente, nos da nuestro lugar en el mundo, nos integra en el espacio, en el universo. El oído nos permite pertenecer, nos convierte en parte de algo mayor, nos unifica. El no escuchar te aísla. Por eso el cine necesita de sonido para que le de contexto. Imaginen una escena de terror sin una música que exprese la tensión de lo que está por venir. Hoy en día nuestra realidad es fundamentalmente visual, todos los demás sentidos parecieran cumplir un rol cada vez más secundario. Este mero hecho debería hacer saltar las alarmas. Pese a tener las tecnologías más avanzadas en comunicación, estamos más solos que nunca. En los países desarrollados se están implementando, aunque suene a Monty Python, Ministerios de Soledad. La música siempre se ha vinculado a un quehacer particularmente humano. Se ha creído de siempre que es otra de las capacidades que ha hecho excepcional a nuestra especie como cúspide de la inteligencia. Hoy, nuestra propia excepcionalidad se va poco a poco decolorando, obligándonos a aceptar con humildad que tal vez no somos la única especie inteligente del planeta. De hecho los estudios más recientes sobre Fungi, nos dejan muy por detrás a nivel de velocidad y eficiencia para resolver problemas y todo esto sin la necesidad de tener un órgano todopoderoso como nuestro idolatrado cerebro. A eso se suma que la Neurociencia ya no puede establecer al cerebro como el lugar donde se produce la conciencia. El Dr. Peter Fenwick, famoso por sus estudios del cerebro y el fenómeno de la experiencia cercana a la muerte (ECM) concluye que la consciencia es parte inherente del universo y nuestro cerebro apenas un filtro. Pero volvamos atrás. ¿Qué es la música y, por lo tanto, qué es el arte? Sencillamente son lenguajes, como los idiomas, las matemáticas, la geometría, la informática etc. El lenguaje no es en absoluto una propiedad de los Homo Sapiens. Todo el planeta está en una constante comunicación, lo que sucede es que nosotros simplemente no entendemos los lenguajes en que se producen. El ser más inteligente de este planeta es, a fin de cuentas, la vida misma. Ravi Shankar y las Plantas En cada especie de insectos y animales que se ha conseguido estudiar a fondo, se ha podido determinar que posee un baile y una canción. La música se confirma como una expresión planetaria. Basta remitirnos a la obra de Pythagoras, La Armonía de las Esferas, y las innumerables publicaciones al respecto de Johannes Kepler. Aquí un guiño y saludos a los Trekkies y a los fans de Star Wars. En los años 70 se llevaron a cabo un sin fin de experimentos y estudios con la percepción y comunicación en plantas. En 1979 Stevie Wonders compuso Journey Through, The Secret Life of Plants como soundtrack del documental sobre el libro del mismo nombre de Peter Tomkins y Christopher Bird, que trata sobre la sorprendente forma de comunicarse de las plantas, como el uso de feromonas que hasta entonces se atribuían sólo a los animales e insectos. Un Stevie absolutamente inspirado por la trascendencia de la investigación, usó una combinación de sintetizadores de última generación incluyendo el primer Sintetizador de Sampling digital, el “Computer Music Melodian“, lo que marcaría indeleblemente la producción de música en las décadas siguientes. Uno de mis absolutos héroes, el DJ alemán de jazz, investigador musical y autor de libros absolutamente imprescindibles (para nerds de la música como yo) Joachim-Ernst Berendt, en su primer libro Nada Brahma, describe uno de los experimentos que se llevaron a cabo en esa época y que consistía exponer a un controlado grupo de plantas a distintos géneros musicales. Para esto pusieron un sistema de sonido que irradiaba las plantas y analizaron sus reacciones. Con música rock, Heavy Metal o música electrónica de beats repetitivos, las plantas no se desarrollaban bien o sencillamente morían. Con música clásica las plantas estaban más saludables y crecían más, siendo Mozart las que las hacía especialmente prosperar. Pero la sorpresa fue mayúscula cuando al poner a Ravi Shankar, el sublime músico indio clásico, las plantas no sólo se desarrollaban de una manera extraordinaria, si no que a las dos semanas las plantas habían crecido casi en 90 grados en dirección a los altavoces, hasta rodearlos completamente. Las plantas sencillamente amaban el sonido de Ravi. Afinación El oído, aparte de ser un increíble instrumento de integración en el espacio, es un músculo que se puede entrenar. A decir verdad lo que entrenamos es nuestro cerebro, para que pueda diferenciar mejor las distintas frecuencias de sonido. Más sinapsis, mayor análisis de datos, mayor diferenciación. Esto sucede cuando aprendemos un instrumento. Pensamos que aprendemos música y en verdad aprendemos a escuchar. Miles Davies en su autobiografía recuerda que en sus comienzos no podía “escuchar“ los agudos en su trompeta. Esto quiere decir que no podía diferenciar las notas en la tesitura alta de su trompeta, lo que lo frustraba sobremanera porque su mayor anhelo era tocar como su gran ídolo Louis Amstrong. Es realmente asombroso que un genio de la música como Miles, que además hizo de su maestría en las notas agudas su marca más característica, nos describa su evolución auditiva. Esto, además de regalar optimismo para todos los músicos, cuestiona la manía de endiosar a las personas con oído absoluto. Oído absoluto es por ejemplo la capacidad de golpear la mesa y decir que nota es. Es impresionante pero no significa que el que posea esa “skill“ sea buen músico y mucho menos que se convierta en un genio musical. En mi carrera he conocido bastantes músicos que presumían de dicha capacidad y curiosamente la música que compusieron siempre fue mediocre. La música, al parecer, es más bien un camino tortuoso y difícil. Pierre Boulez, el enorme compositor y director, responsable y principal exponente del Super Serialismo, nunca dejó de agradecer su suerte al haber tenido clases con Oliver Messiaen otro gigante de la música clásica contemporánea que los obligaba una vez por semana a sufrir unos terribles dictados musicales. En esos días fatídicos Messiaen tocaba una muy simple melodía, a veces eran sólo dos tonos y los alumnos tenían que escribir en la partitura los intervalos y tiempos exactos. Pierre Boulez aseguraba que con eso aprendió a oír, a la vez que se quejaba de que los músicos (clásicos) actuales sólo sabían ver las notas y eran incapaces de escuchar. Boulez por supuesto continuó torturando a su vez a sus propios alumnos con este tipo de dictados como antes lo había hecho con él su maestro. Al llegar a Alemania, a fines de los 80, tuve que confrontarme directamente con mi propia capacidad de escuchar. Tocando yo la guitarra con un baterista en una sala de ensayo en Hamburgo, éste abruptamente paró de tocar y me dijo con un gesto de desagrado, “tu guitarra está desafinada”. Yo además de sentir una profunda vergüenza, no lo podía entender y me preguntaba cómo diablos podía saber eso siendo baterista. Pues sí, mi guitarra estaba terriblemente desafinada. Lo que descubrí ese día fue que lo distinto en mí, en comparación con este músico alemán, era mi alta tolerancia a la desafinación. En Latinoamérica tenemos una gran tolerancia a la desafinación. Chile es uno de los que tiene una mayor tolerancia a la desafinación en el continente. Muchos de los cantantes más populares en Chile desafinan magníficamente. Esto es algo que se podría remediar fácilmente. Bastaría con enseñar solfeo, en forma seria, en los primeros años de escolarización, mejor aún en el Kindergarten. Es lo que se hace en el norte de Europa y que hizo que mi amigo baterista se horrorizara tanto ante mi incapacidad de distinguir frecuencias o mejor dicho mi capacidad para soportar las que no tenían ninguna relación armónica. En mis viajes por el continente pude apreciar que los países que mejor “afinan“ son los que tienen mayor población afrodescendiente tales como Brasil, Cuba, Colombia etc…; o que tuvieron en algún momento de la historia una gran población afrodescendiente como es el caso de Argentina. El tambor es el instrumento que caracteriza la música africana y se ha desarrollado a través de los siglos llegando a un grado de sofisticación mayúscula. El tambor no sólo ejecuta ritmos sino también melodías y como todo buen instrumento sirve para desarrollar el oído: el resultado es notorio. Messiaen es un personaje en sí mismo. Aparte de ser músico fue ornitólogo y se dedicó a estudiar el canto de los pájaros. Viajó por el mundo grabando el sonido de pájaros y era capaz de distinguir más de 700 especies por su canto. Gran parte de su obra estuvo profusamente inspirada por estos pequeños y asombrosos músicos descendientes de dinosaurios. Messiaen también se definía como sinestésico y decía que asociaba notas musicales a colores. Lo que nos lleva de vuelta al principio de esta reflexión. Si la música es un lenguaje, lo que expresa este lenguaje son ideas. Una música es buena si las ideas que contiene son buenas, esto quiere decir novedosas, diferentes, distintas, especiales. El hecho de que la mayor parte de la música que se produce actualmente es en el marco de una industria de entretenimiento, fomenta la utilización de fórmulas musicales, la producción en masa de canciones que suenan como otras que ya han sido hits. En el fondo es la repetición de una idea hasta el infinito. Y Cuando el lenguaje repite una y otra vez una idea se transforma en ruido, en una cacofonía insoportable. Exceso de ruido El ruido en las ciudades es un tipo de contaminación que siempre ha ocupado un lugar muy por detrás en la preocupación de la política en comparación con otros tipos de polución como el smog, las partículas de polvo o incluso la contaminación lumínica. Cada vez que se miden los decibeles en las ciudades los resultados son escalofriantes. En las calles con mucho tráfico los decibeles son de alrededor de los 100 Db que es un poco menos que lo que marca una discoteca 110Db. A partir de 55 Db se considera estresante, si se sobrepasan los 85 Db es ya nocivo. En el artículo de Soler&Palau sobre contaminación acústica recomienda que una persona expuesta a 100 Db por 10 minutos necesita una media hora de tranquilidad acústica para recuperarse y de 36 horas para una exposición de hora y media.Efectuar medidas así en nuestra vida urbana es sencillamente una utopía. El umbral del dolor es a los 154 Db, lo que es estar a 30 metros de la turbina de un avión; de hecho gran parte de la tecnología invertida en los aviones modernos es para la reducción del ruido que producen las turbinas. Hay estudios que atribuyen el Jetlag, ese agotamiento que provocan los vuelos intercontinentales, al ruido ensordecedor, que aunque no escuchamos nuestro cuerpo absorbe; y no, al cambio drástico de zonas horarias. El artículo de Soler&Palau agrega que el ruido puede producir hipertensión, molestias digestivas, problemas respiratorios y vasculares, disfunciones nerviosas y endocrinas, vértigo, estrés, insomnio, irritabilidad, además de afectar la calidad del trabajo y el rendimiento intelectual. Todos son síntomas cotidianos de la gente que vive en grandes ciudades. El estruendo en estas ciudades es tal que tapamos el ruido ajeno con nuestro propio ruido, a la vez que aumenta la incapacidad de oír al otro, una de las grandes crisis de comunicación a nivel mundial. Frente al fenómeno masivo de uso de auriculares por las nuevas generaciones, que pasan demasiadas horas al día escuchando música a alto volumen, los expertos pronostican una pérdida severa o total de la audición cuando alcancen los 55 años. Stop. Silencio. El futuro no es nada alentador. A mayor visualidad, más aislamiento, más ruido y por lo tanto más sordera etc. Lo que toca es reconectarnos con todos los habitantes (animales, insectos, plantas y rocas) de este planeta, volver a ser y entendernos como parte de él. Redescubrir el sonido de la naturaleza y para conseguirlo tenemos que experimentar nuestro propio silencio, aprender a escuchar. Estoy seguro, y aquí doy mi opinión a título totalmente personal, que ese es exactamente el gran cambio de paradigma que, después del Humanismo, necesitamos realizar si queremos sobrevivir como especie. Y es, por fin, asumir con absoluta humildad, que somos solamente otra forma de vida más en la tierra, no más importante que cualquier otra y de una vez por todas parar, detenernos a escuchar lo que quiere la naturaleza; y que según Neri Oxman, la excepcional científica multidisciplinar de MIT, se reduce a una fórmula inesperadamente sencilla: + Información  - Entropía.

  • La vida sensata

    La expresión “vida sensata” se la escuché por primera vez a mi mentor filosófico, Sergio Jerez Riffo, lamentablemente fallecido el año 2008, quien fue profesor del Departamento de Filosofía de la Usach. Esa vida, nos decía, no tiene nada que ver con el logro de un máximo, ni menos con el éxito entendido como acumulación de riquezas u honores. Tampoco se corresponde con la felicidad de los antiguos, en todas sus variedades. Pensando ahora en ello, es más bien una especie de propuesta parecida (pero no igual) a la noción de “vida dañada” de Adorno. Para el frankfurtense, no podemos especificar qué tipo de vida humana es calificable de buena vida, pero sí podemos identificar aquello que malogra la vida: las experiencias de denigración, de humillación, de injusticia. La vida dañada no puede pensarse si no se piensan los males del mundo social que se habita, o, también, sus “patologías” y causas concomitantes. De modo análogo, la noción de vida sensata de mi maestro se articula como modo de respuesta a la cuestión que lo inquietó siempre como el reflexivo hombre que era: la violencia. La vida sensata es un intento de respuesta a la pregúnta de cómo dejar de vivir sumidos en la violencia. Pero la cuestión es, entonces ¿de qué violencia es la que hablamos? Para Sergio tenía que ver, en primer lugar con la violación injustificable a los derechos humanos durante la dictadura. En segundo lugar, con las negaciones que representan la pobreza, la exclusión y la desigualdad social en nuestro país y en Latinoamérica. En tercer lugar, el sinsentido de una vida malvivida; una vida, en el fondo, alienada, incapaz de examinarse a sí misma y capturada por los circuitos de la publicidad, el individualismo narcicista, el consumo compulsivo, el entretenimiento vacío y la competencia sin freno. Como vemos, se trata de tres negaciones fundamentales: de la vida y la libertad, del desarrollo y la igualdad, y, finalmente, de la autonomía y la solidaridad. Con esto uno podría pensar que hablar de una “vida sensata” es hablar de unos mínimos de justicia o desarrollo, de una ética mínima instalada desde las instituciones públicas. Y pese a que hay razones para pensar eso, siempre me dio la impresión de que el énfasis en la idea de sensatez apuntaba más bien al polo individual de la ética que a su expresión institucional o política (aunque ambas dimensiones no son separables). Y hay una cuestión profunda en ello: por mucho que las instituciones promuevan determinados valores, si no hay lugar para ellos en los corazones y mentes de las personas, no cabe esperar mucho. Y pienso que si, al reves, hay valores profundamente arraigados en las personas (como el sentido de la dignidad, la justicia, y la libertad) y las instituciones no se corresponden con ellos, surge, tarde o temprano, un sentimiento de agravio moral y de protesta. La vida sensata no consiste en ejercicios de espiritualidad ni tampoco en un llamado a la santurronería. Es algo así como un recordatorio, una hoja dejada en cierta página de un libro, algo escrito en los bordes de un cuaderno. Una detención. Aunque no nos presente ningún ideal de vida recta o felicidad –suponiendo que eso fuera aún posible–, es el índice de que la vida puede ser otra cosa. Tampoco es la fijación morbosa con la descripción del mal, que nos abandona simplemente a rogar porque la violencia, la miseria, la desolación, la enfermedad o la muerte nunca nos pillen demasiado pronto o nos acosen por mucho tiempo. La única sabiduría que ofrece esta sensatez es prevenir el olvido de que la existencia también puede ser acogedora. De que hay, como dice la filósofa Diana Aurenque, un amparo posible ante los dolores, a veces muy solitarios, ante los que expone el mundo. Sensatez etimológicamente viene de sensus, que apunta a los sentidos y a la percepción. A mi juicio esto la emparenta con la perspicacia, en el sentido de aquella persona que mira agudamente, con atención y con detalle. No es lo mismo, por supuesto, que esa obsesión con la transparencia que hoy nos define tan bien, ese deseo totalitario de mirarlo todo y atravesar todo con la mirada. Pero esto no se entiende si no se coloca junto a la perspicacia la idea de sensibilidad, el lado receptivo de la percepción, la dimensión que se deja afectar y conmover. Así la sensatez, entre la perspicacia y la sensibilidad, es una actitud que fundamentalmente sabe distinguir y reconocer límites. Frente a un sistema cuya lógica es la desmesura –la acumulación infinita, el consumo compulsivo, los apetitos insaciables– la ética aparece hoy como la conciencia de los límites. No hay respeto posible si el yo lo inunda todo, un yo que se adueña del encuentro con el otro, que ajusta y recorta cada cosa al molde de su propio mundo y su percepción. Y he aquí la tragedia de nuestro tiempo: sin ese límite, sin esa ética, el mundo termina siendo espantosamente igual, simétrico, monótono. Si algo me quedó en claro con las enseñanzas de Sergio es que la sensatez tenía que practicarse desde tres dominios fundamentales: el cuerpo, la emocionalidad y el habla. Fuera respecto a los excesos juveniles con el alcohol y otras cosas; mi tenaz e insana resistencia a llorar o reir con fuerza; fuera frente a la sensación de insustancialidad de la palabra de los demás, o la inconsistencia de mi propia voluntad, mi querido maestro siempre decía, enigmático, y lejos de toda formalidad: ¡escucha, huevón, escucha! He llegado a comprender, lentamente debo decir, que la sensatez a la que invitaba tenía más que ver con aprender a callar,  aquietarse, retirarse, pausar, para poder prestar atención a lo que nos dicen realmente el cuerpo, las emociones y las palabras. Dejar que emerja todo eso para desarmar al yo que quiere controlar, que quiere huir, que teme sufrir, y que no se deja gozar realmente. Y también para hacer lugar al otro. Para evitar la agresividad de superponer mis palabras mientras habla el otro; de reemplazar lo que me quiere contar el otro con la fijación de lo que a mi me pasa; de dejarse llevar por la tentación de juzgar y dar recetas o consejos cuando nadie me los ha pedido; de llenar nuestros diálogos con expresiones vacías y mecánicas que sólo tienen como objetivo resolver rápido la angustia que nos genera, en estos tiempos, la alteridad. No sólo estamos entrampados en la comunicación digital descerebrada (insensato tambien se emparenta con “no tener seso”), narcicista, prepotente y postruista, que levanta influencers, arma tribus pero pulveriza la polis. Estoy absolutamente seguro que Sergio estaría advirtiéndonos de este evidente deterioro de la amabilidad en nuestra época, y el predominio de esa falsa empatía que hoy anda en boca de todos y que tanto se demanda: exigir atención y altos cuidados para uno, sentir compasión y protestar por los actos que nos indignan sin hacerse la pregunta, previa, de si presto adecuada oreja a lo que me dice el otro. El narcicismo también se alimenta de presentarnos como una alma bella, hinchada de buenas intenciones, víctima del injusto mundo y, aún así, compasiva hasta el heroísmo con la humanidad. Debo admitir que estoy lejos de encarnar todo esto que he escrito y que, en muchos sentidos, mi poca  sensatez ha sido ganada a punta de fracasos y metidas de pata. Llevar una vida sensata no es fácil, sobre todo cuando actualmente se nos arrastra en sentido contrario. Qué duda cabe que la moral y la política importan, y mucho escribió sobre ello Sergio. Pero creo que lo fundamental de lo que intentó transmitir estaba en esta ética de la sensatez de la que no dejó doctrina, sino bellos ejemplos, tanto en sus enseñanzas como en su vida familiar y en sus amigos. En esta filia fundamental donde aprendemos, a través de la convivencia, la bondad de la sensatez: en la de los amantes que se acompañan, acarician y cuidan; de padres y madres que depositan un deseo de futuro en su prole y los elevan por sobre las amarguras del presente; de los amigos que bailan, abrazan y rien, y así se reconcilian con el mundo; de profesores y estudiantes que se entusiasman y contagian el amor al saber y forman una comunidad reflexiva y pensante, más allá de los mecanismos idiotas de la evaluación y certificación. Desde luego no podemos extrapolar todo esto, así como así, a nuestras sociedades en crisis: ni la política ni la economía quieren saber de esta filia, de estas sensateces. Ignoro si podrá resolverse esta tensión entre la automaticidad de nuestra vida encorsetada en las lógicas sistémicas, y el anhelo de amparo (ver libro reciente de Diana Aurenque) que produce ese desarriago de todo vínculo o solidaridad social duradera. Como un mensaje en la botella, la expresión “la vida sensata” parece simplemente recordarnos que, aunque cueste creerlo –y practicarlo–, no está todo perdido: aún se puede ofrecer un corazón. Niños comiendo uvas y melón - Bartolomé Esteban Murillo [entre 1645 y 1650]

  • Residencias en La Araucanía exploran narrativas socioculturales y ecológicas del fuego 

    El ciclo Ecologías de fuego del programa de residencias Bosque Pehuén contempla cinco proyectos a desarrollarse en un área de conservación en La Araucanía Andina. Artistas y científicas serán parte de la iniciativa organizada por Fundación Mar Adentro, el Centro Interdisciplinario de Investigación y Creación Artística de la Universidad de La Frontera (CIICA-UFRO) y el proyecto Smart Forests de la Universidad de Cambridge. Entre el 11 de marzo y el 17 de abril se realizará el ciclo Ecologías de fuego del programa de residencias Bosque Pehuén de Fundación Mar Adentro, en el cual las artistas e investigadoras Bárbara Acevedo, Pamela Iglesias, Fernanda López Quilodrán, Valeria Palma y Gianna Salamanca abordarán aproximaciones sobre el fuego a partir de narrativas apocalípticas, bioculturales, ecofeministas y científicas, centradas en las interacciones de este elemento situado en los bosques templados húmedos del sur. A través de un intercambio de saberes, experiencias, actividades en terreno, estudio de archivos e imágenes, se realizarán exploraciones colectivas sobre epistemologías del fuego, sus interrelaciones con el cambio climático, y significancias de acuerdo a diversas cosmovisiones presentes. Los resultados serán dados a conocer en un programa público el martes 16 de abril en Casa Varas (Av. Antonio Varas 1181, Temuco). El fuego como fuerza de equilibrio y perturbación El fuego, fuerza elemental de la naturaleza, regula el oxígeno que posibilita la vida, contribuye en la germinación de variadas plantas e incide en el equilibrio ecosistémico. Asimismo, los incendios convierten al fuego en una de las principales perturbaciones del planeta. La ecología del fuego –tema del ciclo– es una rama de la ciencia que estudia las interacciones de este elemento con los organismos y ecosistemas, dimensiones que serán observadas de maneras transdisciplinarias por las residentes. En cuanto a la presencia del fuego en La Araucanía, cabe señalar que se trata de una de las regiones con más incendios en Chile los últimos años (2017-2022), debido a “la existencia de material combustible, vegetación densa, influencia de El Niño y cambio climático”, dice Jennifer Gabrys, directora del proyecto Smart Forests, que será parte del ciclo con una escuela de campo que buscará crear e intercambiar prácticas digitales sobre los bosques junto a las residentes y actores locales. Sobre las residentes y sus proyectos Bárbara Acevedo Strange (CL-DE, 1993) estudió Diseño de Comunicación en University of the Arts (ArtEZ) y Filosofía de los Medios en la Universidad de Artes y Diseño de Karlsruhe (HfG). Su trabajo explora la relación entre el lenguaje visual y la creación de realidades, con especial interés en sistemas iconográficos y su impacto en la percepción del mundo en determinados marcos estructurales. Su investigación en la residencia consistirá en la creación de una biblioteca de herramientas narrativas con el fin de proyectar ficciones vinculadas a un futuro incierto relacionado con la emergencia del fuego. Pamela Iglesias (ARG-CL, 1977) es Licenciada en Arte de la Universidad Católica, ha participado en tres bienales y diversas exposiciones dentro y fuera de Chile. Su producción se vincula a temas de género, feminismos, migración y periferia, a través de fotografía, videoarte, textil, instalación y otras disciplinas. Su proyecto explora el concepto de mujer-bruja que percibe el entorno natural como fuente de conocimiento, junto a un tejido y performance inspirados en el mito mapuche Lalen Kuze, que narra la historia de la primera tejedora y ritos de iniciación en el fuego. Fernanda López Quilodrán (CL, 1991) es artista visual, Licenciada en Arte de la Universidad Católica  y Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Su investigación abarca reflexiones que surgen entre el sujeto y el contexto cultural, social, político y natural, con miras a la comprensión de lo vivo. Ha participado en residencias y bienales, y ha expuesto y proyectado su trabajo en diversos países. La artista propone vínculos entre conceptualizaciones científicas y especulativas sobre las llamas y se sumerge en interrogantes sobre el entendimiento del fuego, elemento que podría ser apreciado como un ser viviente. Su propuesta contempla la medición de gases y dióxido de carbono mediante dispositivos tecnológicos. Valeria Palma (CL, 1996) es Ingeniera en Recursos Naturales egresada recientemente de la Universidad de La Frontera (UFRO). Es parte del Laboratorio de Ecosistemas y Bosques de UFRO desde 2022, donde ha trabajado junto al Dr. Andrés Fuentes Ramírez en la línea investigativa de ecología del fuego.              Su proyecto buscará evaluar las características inflamables de tres especies arbóreas presentes en Bosque Pehuén, buscando medir su ignitabilidad, sostenibilidad, combustibilidad y consumibilidad frente al fuego. Gianna Salamanca (CL, 1986) es investigadora y artista visual de la Universidad de Chile (U. de Chile), Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente por la UC con estudios de postítulo en Restauración y Rehabilitación Ambiental de Ecosistemas Terrestres (U. de Chile) y Desarrollo Patrimonial y Territorial Sostenible (UC). Ha sido analista socio-territorial en proyectos Fondecyt sobre conflictos ambientales y procesos de recuperación territorial con comunidades indígenas. Hoy, es parte del programa de doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos (UC). La investigadora buscará reconstruir la historia cultural y ambiental del fuego en el ecosistema de bosques templados húmedos de La Araucanía. Centrada en aspectos especulativos, narrativos y prácticas bioculturales, creará intersecciones entre historicidades, identidades, bosques, volcanes y cuerpos de agua. Acompañamiento del ciclo 2024 Durante las residencias las seleccionadas contarán con el acompañamiento del equipo de Fundación Mar Adentro e investigadores/as asociadas al programa, incluyendo a la Dra. Carolina A. Navarrete G., directora del proyecto CIICA, Agencia de Borde, colectivo de investigación artístico conformado por Maria Rosario Montero, Paula Salas y Sebastián Melo; la socióloga y directora de Smart Forests, Jennifer Gabrys; la historiadora del arte y académica del Instituto de Estética UC, Sophie Halart; y el Doctor en Geología y académico del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad Austral de Chile (UaCh), Álvaro González Reyes. - Más información: Fundacionmaradentro Contacto: Violeta Bustos | +56987711946

  • ECCIDIO

    Una obra site specific de Iván Navarro inaugura el MicroMuseo de arte contemporáneo de la Tuscia (Italia) fundado por Antonio Arévalo. La obra estará hasta finales de junio de 2024. La obra "Eccidio" de Iván Navarro está instalada Borgo Medieval de Sipicciano, Municipio de Graffignano en la Provincia italiana de Viterbo. Se trata de un pequeño pueblo en la zona de lo que se conoce como Tuscia en la frontera entre las Regiones de la Umbría y del Lazio , corazón de Italia central. La antigua Torre de Sipicciano, de origen medieval, utilizada por ENEL durante tres décadas para iluminar la ciudad, fue abandonada en los años setenta. En esta Torre se inauguró el MicroMuseo de arte contemporáneo de Tuscia, fundado por Antonio Arévalo, poeta, crítico, curador de arte contemporáneo y ex Agregado Cultural en la Embajada de Chile en Italia. El proyecto es impulsado por la Asociación Cultural Palimpsesto, con el apoyo de la Dirección de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, la Municipalidad de Graffignano, la Universidad Agraria de Sipicciano, el Pro Loco de Sipicciano, las Academias de Bellas Artes de Palermo, Roma y Viterbo. El objetivo es promover y exhibir nuevas obras de artistas contemporáneos colocando el MicroMuseo de arte contemporanea della Tuscia en el circuito de arte contemporáneo italiano e internacional. Dado que la torre era la fuente de luz de todo el pueblo, el primer artista en involucrarse en el proyecto no podía ser otro que Iván Navarro, “un artista que ha dejado su firma en el estudio de la luz”. (A. Arévalo). El MicroMuseo de arte contemporáneo en Tuscia: Salvador Dalí, al vistar la Tuscia, descubrió ese Bosque Sagrado de los Monstruos que inspiró una parte de su obra. Manuel Mujica Lainez, escritor argentino contemporáneo de Jorge Luis Borges, escribió una autobiografía apócrifa de Príncipe Vicino en Viterbo en 1962, alternando entre la verdad histórica y la imaginación narrativa. Tarquinia, la ciudad del poeta Cardarelli, fue elegida como residencia creativa por el gran artista chileno Sebastián Matta, pintor, escultor, arquitecto y poeta, uno de los artistas más representativos del siglo XX. Y luego, Balthus y el Castillo de Montecalvello, que compró y restauró en 1970. Enrico Castellani eligió el pueblo fantasma de Celleno. Pier Paolo Pasolini, escapó de la caótica Roma a una una torre medieval en Chia. Y Cy Twombly, el gran artista estadounidense, que se instaló en Italia en 1957, era dueño de un edificio completo en Bassano en Teverina. En la casa de campo de "Rentica", antigua propiedad de los Condes Cozza Caposavi, en las colinas del lago de Bolsena, Plinio de Martiis junto con Giorgio Franchetti, crearon un lugar de trabajo y encuentro para varias generaciones de artistas, entre ellos Tano Festa, Franco Angeli, Mario Schifano, Luigi Ontani y Carla Accardi. No muy lejos de allí, en el jardín La Serpara de Civitella d'Agliano, las obras de Paul Wiedmer y otros artistas internacionales constituyen un microsistema de coleccionismo excéntrico e independiente que escapa al sistema legitimado de los grandes museos, pero que se extiende por todo este territorio llamado Tuscia. En Sipicciano (VT), hay una antigua torre de piedra. El edificio es particular, el edificio se distribuye en tres niveles. Durante unas tres décadas sirvió para la distribución de energía eléctrica, por lo que se le conoce como Torre Enel o Ex Torre Enel. De origen medieval, en el siglo XX la Torre se dedicó a una infraestructura industrial tecnológica como se puede apreciar en las fotografías de época que muestran el tendido de los cables y en los restos de material eléctrico que aún existen en el interior de la torre. Posteriormente tuvo un período de desuso y abandono. Como apunta Antonio Arévalo, “el edificio es también ilustrativo de las diferentes técnicas constructivas de las diferentes épocas por las que pasó: piedra, ladrillo, hormigón. La renovación actual es una nueva capa que aplica técnicas contemporáneas esta vez con el objetivo de convertirlo en un museo y un espacio de residencia de artistas. El proyecto concibe de manera original la elaboración conceptual de la relación entre la electricidad y las artes visuales contemporáneas, con el fin de provocar una reflexión actual a partir del encuentro de ambos elementos, materializados en la antigua torre de distribución de energía eléctrica de la ciudad, hoy convertida en museo y en un espacio para la residencia.” El objetivo es revivir esta histórica Mini Torre dándole una nueva y brillante existencia, creando un MicroMuseo capaz de atraer el desarrollo artístico y cultural que integre la importantísima historia de este Borgo a un lugar interactivo donde confluyan las más diversas formas de expresión, capaz de proponer una programación cultural multidisciplinaria. El MicroMuseo de arte contemporáneo de Tuscia será un contenedor de materia imaginativa, luz, forma, oxígeno; un campo de acción para interrogar el sentido y despertar una sensibilidad consciente; un espacio de exposición sin precedentes con obras site-specific creadas por artistas llamados a pasar períodos de residencia, trabajando con la ciudad, con las escuelas, con las asociaciones locales, valorizando así también el patrimonio arquitectónico del Borgo di Sipicciano a través de un programa de exposiciones y residencias para artistas contemporáneos del mundo. El MicroMuseo de Arte Contemporáneo de Tuscia fundado por Antonio Arévalo se concibe como un work in progress, un proyecto de arte contemporáneo de alcance internacional. La obra site specific: "ECCIDIO" “Iván Navarro utiliza la luz como materia prima, transformando los objetos en esculturas eléctricas que modifican el espacio expositivo a través de la interacción visual. Entonces, ¿qué mejor que invitar a un artista como él a inaugurar esta experiencia? Su obra es ciertamente lúdica, pero también se caracteriza por las ideas de poder, control y confinamiento. Las instalaciones de Iván Navarro nos devuelven el misterio y el valor simbólico de la energía ancestral”, señala Arévalo. Navarro crea esculturas y cajas de luz utilizando luces de neón, sistemas fluorescentes e incluso fuentes incandescentes. Es así como la luz fluorescente y el uso de espejos fascinan inicialmente al espectador y casi constituyen una invitación a entrar. Al mismo tiempo que el engaño perceptivo y óptico de su estructura compositiva rechaza esta posibilidad, la obra nos deja en el umbral de una pregunta que permanece abierta y sin respuesta definitiva. El artista da a luz y desarrolla la poética de su obra que utiliza la luz como herramienta y guía para el observador; por tanto, la electricidad y también el sonido se convierten para Navarro en los símbolos de la construcción del Poder: la realidad de nuestra experiencia se confronta así con el artefacto ilusorio y la ficción creada por el artista en busca de hipótesis que respondan a nuestras preguntas, con el objetivo de su obra sugiriendo diferentes salidas más allá de la apariencia de las cosas.

  • La fábrica de hélices

    Nada de lo que me dijeron era verdad, pero al final todo fue cierto. Se tarda mucho en aprender que hay futuros que no llegan nunca. Por más que se trabaje para levantarlos están condenados al embrionaje y al desapego reaccionario. Imagino que mi fascinación por las construcciones empezó aquí: Entre los hierros, cuando acompañaba a mi padre a visitar las obras. El Nadador siempre aplicó su talento y esfuerzo a empresas concretas: Las grúas: Las vigas y los puentes: La fábrica de hélices: Todo lo que se levanta se caerá. Y la memoria se acaba. La fábrica que tiene la misma edad que yo quedó en desuso. Los barcos siguen yendo hasta donde llega la furia, hasta donde los barcos llegan antes de regresar. Van y vienen con otras hélices, como antes de las hélices les bastaba el viento en las velas y el músculo y el sudor de los remeros. Supe por Internet, como todo se sabe por Internet, que se demolió la fábrica. Construirán casas para las buenas gentes de la ciudad donde por casualidad nací por el azar de que a mi padre lo destinaran a hacer obras como esta. Será otro ingeniero quien levantará los nuevos edificios. Los ingenieros pasan. Será otra memoria la que algún día recuerde al ingeniero que se empeñó en esas nuevas construcciones. Qué distinto y lejano el blanco y negro de la foto de la fábrica en construcción frente al azul brillante y frío del mismo cielo en la imagen que registran los mapas digitales. Después escombros. Hay cosas que en las familias no se dicen. Y otras que sí, por llenar el tiempo, como hablar del clima o de lo buenas que fueron aquellas lejanas vacaciones que tienen color de diapositiva y algún registro en súper ocho durmiendo durante décadas en el fondo del mismo armario. ¿Sabes lo poco que ocupa una vida?, te decían. Para el viajero cabe todo en una maleta y un par de cajas. Después te mueres y te terminas de morir cuando desapareces de la memoria de los otros. Así se enseñaba en casa, sin secretos, bastaba el no decir y los silencios para aprender que los niños y las flores del jardín crecen mejor si han sido abonados con estiércol. Un día cierras la puerta y no vuelves atrás. Hasta que no hay más tierra y el límite te obliga a detenerte. A mirar alrededor y reconocerle a la ironía lo sutil de la jugada, porque puedes ir hasta el fin del mundo y aún allí tendrás que dar explicaciones. La orfandad se vive como se puede entre las conjeturas y las hipótesis. Todavía no sé si es más fácil creer en que alguna vez existió la fábrica de hélices o en el abrazo del ingeniero que aparece y desaparece en las fotografías apiladas en las cajas. - DEMOLICIÓN DE LA MEMORIA

  • Vamos a quemar la casa | Relato de los Muros

    Como parte de la actividad editorial de Barbarie-pensar con otros con otros, se presentó en la XX Bienal de Arquitectura | Diálogos Impostergables el proyecto Vamos a quemar la casa | Relato de los Muros de Silvia Veloso. Voz y texto del poeta sirio: Mohammed Herari | Sun will raise again VAMOS A QUEMAR LA CASA | RELATO DE LOS MUROS Una muralla, una zanja, una alambrada: son materializaciones de un relato que se hilvana sutilmente a través de los siglos. Relato construido por la suma de voces de quienes convivieron, en un momento de la historia, con las circunstancias que motivaron su construcción. Ellos reflexionaron y escribieron sobre estas estructuras, invistiéndolas de atributos y sublimándolas por encima de su materialidad, a través de la poesía, la crónica o el periodismo. Son relatos de gran subjetividad, muchas veces contradictoria o mítica, partidaria y partidista, como el incierto devenir de la historia. Y es que, no son los hechos los que describen la historia de los muros, sino el relato que, como un artificio poético, queda de ellos. Pero sabemos que los muros divisorios sintomatizan el fracaso del diálogo y escenifican un miedo arcaico, que se repite en la arquitectura política de culturas de todos los tiempos. Sirva el famoso ‘Hannibal ad portas!’ como fórmula perfecta e imperecedera del relato sublimado del miedo. Vamos a quemar la casa es un ensayo de creación poética que investiga y reinterpreta estos relatos para volver a materializarlos en la forma de una instalación. El proyecto se centra en la búsqueda, selección y traducción libre de textos relacionados con los principales muros y barreras fronterizas levantadas durante los últimos cuatro mil años. En estos breves extractos, dispares e inconexos, y entre ellos tan distantes en el tiempo y el espacio, el muro se hace presente con voz propia. El relato va revelando similitudes que permiten reconocer contextos y motivaciones comunes a los hombres de todas las épocas. Que la piedra se haya convertido en alambre electrificado no cambia el ejercicio repetitivo de los poderes dominantes que imponen la segregación, empujando a los pueblos a levantar barreras unos frente a otros. Así, el muro nos ha acompañado de forma literal y física desde Uruk hasta la actual frontera de Estados Unidos-México. Y adaptándose a los tiempos, ha sabido también adoptar su propio relato virtual, manifestándose como muro de Facebook o como la demarcación intangible de frontera que establece el marco legal del espacio Schengen. Paradójica ironía de la era de la globalización: mientras las mercaderías y capitales circulan cada vez con mayor libertad, las personas se enfrentan a más dificultades para transitar por el mundo. Nuestra limitada perspectiva nos llevó a pensar que con la caída del muro de Berlín soplaban buenos tiempos y se abría una época de libertad. Optimismo ingenuo, pues hoy, a pesar la globalización y la hiper conectividad, existen unos 26.000 kilómetros de muros en uso que representan cerca del 10% del total de las fronteras. Más que en ningún momento de la historia. El miedo a la sombra de Hannibal sigue ad portas. - El proyecto Vamos a quemar la casa de Silvia Veloso forma parte de la actividad editorial del colectivo Barbarie-pensar con otros. XX Bienal de Arquitectura [Valparaíso - Chile | 2017] - WE´RE GOING TO BURN THE HOUSE | NARRATIVE OF THE WALLS The installation presents three screens projecting texts and excerpts related to the 39 walls, constructed in different moments of history (from 2700 B.C. to 2017 A.D.), selected for this project. Each image includes a text extract or except, the name, location in the map, building date and the approximate length of each wall or barrier. The selection of texts prioritizes the proximity and contemporaneousness of the narrative to the date of construction of the wall to which it refers. Through a QR code inserted in each image it is possible to access to this back up in the web that collects all texts and notes for a comprehensive and wide-ranging reading. On screens, the images appear in sequence, as passing the pages of a book, composing this way the narrative of the walls across the texts in which these structures were mentioned through history. Somehow this sequence eliminates the spatial and temporal distance between different and distant moments of history and geography, since it reveals the cyclical and steady acting patterns of human groups concerning their very similar archetypes of behavior. Thus, Procopio's chronicle on the Long Walls of Thrace, written in the 6th century A.D., very well might be an article of any digital contemporary newspaper. Using vintage handset earphones connected to each screen, public access to listen excerpts of several recordings that mention or refer to some of the walls and barriers building moment, (except the one of China's Great Wall) recorded in the last eighty years.

  • Glosadores del capitalismo tardío

    Me iba a poner a escribir sobre otra cosa, acerca de un libro que estoy a punto de terminar, cuando de pronto recordé algo gracioso que me pasó hace un par de años atrás. Yo era estudiante universitario y vendía ocasionalmente libros. Muchos de esos libros iban por completo rayados, anotados, doblados, desguañangados, aporreados, destrozados, malogrados, deteriorados. No importaba: el precio al que los vendía, en épocas de desesperación económica, podía aguantar grandes manchones de vino o incluso alguna marca de dudosa estirpe. El asunto es que los vendía y la gente, luego de darles una ojeada, con una expresión que decía todo lo contrario me daba las gracias: “Graaacias”, y luego se iban. Yo me quedaba ahí, con las monedas en mi mano, los billetes doblados, y me maldecía poderosamente. Qué desgraciado me sentía. Vendí muchos libros que no quería vender, pero sabía que tenía necesidades que cubrir. Necesidades, claro está, mucho más acuciantes que tener una ruma de libros en mi pieza. Aún recuerdo algunos de los títulos que vendí: Salir (Guadalupe Santa Cruz), Nadie nada nunca (Juan José Saer), Los tres tomos de los Grundrisse de Marx, Escritos históricos y políticos (Simone Weil), El libro de los pasajes (Walter Benjamin), entre otros. Fueron libros, en su mayoría, usados y anotados por mí; traídos de allá para acá en una mochila; dejados en no sé cuántas partes de Santiago. Uno de los tantos libros que vendí fue El malestar en la cultura de Freud. Si no resentí tanto su pérdida, no fue por un desinterés a la obra de Freud, o porque no me impacten sus ideas (en general, me remece hasta el abismo), sino porque precisamente ese libro se puede encontrar en cualquier otra parte, en cualquier otro momento: siempre estará disponible. Nos juntamos con la chica que me compró El malestar… en una estación de metro. Antes de pasárselo, le dije lo de siempre: “Oye, mira, está un poquitín anotado. Ojalá no te moleste”. Ella lo abrió, miró supongo que la letra (la mía, no la del libro) y me dijo: “mejor aún”. Me extendió las cinco lucas que le había cobrado y se fue. Pasaron dos o tres semanas antes de que me escribiera. Me mandó un mensaje por Instagram. Puso lo siguiente: “hola, oye, no estoy de acuerdo con casi nada de lo que anotaste”, y me comenzó a discutir, profusamente, con una violencia inusitada, cada una de mis anotaciones en el libro. Hice todo este innecesario rodeo para hablar, al fin, de lo que quería hablar: no puedo leer sin tener un lápiz en mano. Me resulta casi imposible dejar un libro sin intervención personal. Y como tengo la suerte —entrenada a base de cumbias y rancheras que sonaban en las fiestas familiares mientras yo dormía tapado sobre dos sillas— que puedo leer en cualquier parte, podría incluso ahora mismo leer alguna de mis anotaciones y adivinar, por la forma del subrayado o de la anotación, dónde estaba cuando hice esa intervención. Por ejemplo: cuando voy en la micro, los subrayados son imprecisos, casi zigzagueantes, como en un electrocardiograma. Los distintos movimientos de la micro, sobre todo en comunas periféricas, ponen a prueba hasta el pulso más implacable. Lo mismo pasa con las anotaciones al margen: la “n” parece una “m”, la “i” parece un “1”; a veces, la “A” parece un “4”, otras la “G” parece un “6”. Y así: una caligrafía imposible de penetrar. No sé dónde habré estado cuando hice la mayoría de las anotaciones de El Malestar…, pero estoy seguro de que, si su nueva dueña pudo entenderlos, es porque no fueron hechos arriba de una micro; seguramente, estaba en mi casa, en el pequeño escrito que tengo al lado de la ventana, o tal vez en el metro, ese otro lugar donde el vaivén acompasado de los vagones permite anotaciones más o menos legibles. Pero el asunto es que las anotaciones y los subrayados siempre están, porque leer sin un lápiz en la mano, a estas alturas, es como no entender el código. El otro día, sin ir más lejos, salí de mi casa con un libro en la mochila. Iba creo que al cine o a ver a un amigo. Cuando me subí a la micro, me di cuenta (luego de revisar todos los bolsillos y compartimentos) que no había echado el lápiz mina. Bueno, dije, no pasa nada, y me puse a leer. Un poco distraído, pero me puse a leer. Un poco desconcentrado, pero me puse a leerAl final, llevaba cuatro o cinco páginas y no había entendido nada. Pero nada de nada. La razón: simplemente, no tenía un lápiz en la mano. Tampoco es que hubiera alguna idea o frase digna de subrayar, de esas frases tan contundentes o autosuficientes que hacen imposible avanzar sin dejar una marca en la página. Fue tan solo que en mi mano no advertía la presencia de un lápiz. Es como si su sola existencia conjurara todos los estímulos del espacio circundante, como si el lápiz, en términos sartreanos (El Sartre de La náusea, que es lo mismo a decir el Sartre más existencialista), me sostuviera a mí en vez de yo sostenerlo a él. Intervenir para comprender. Esa es la idea que hay detrás de todo esto: que no se puede comprender sin algún grado de intervención (o la potencia de esa intervención) en la escritura. No hablo de una comprensión como la que se entiende en tiempos del auge de la literatura transparente, comunicativa; esa comprensión que invita a que el significado de las palabras tenga siempre un correlato directo con el mundo, una sola interpretación que se erige por sobre otras (igual de plausibles, igual de políticas). La idea de comprensión que reivindico es distinta: aquella que aloja, en su seno, el malentendido como su interlocutoria necesaria.  ¿De qué otra manera enfrentaban los glosadores medievales la oscuridad de las escrituras? Me interesa ese gesto, esa postura glosadora: la de intervenir activamente en la escritura para comprender. Hay otros aspectos de la glosa que me interesan menos, como la fijación del sentido único o el prestigio que adquiere un comentario de acuerdo a quién la escribió. Pero la glosa, incluso con sus reveses, puede salvarnos de fenómenos peligrosos, tan contemporáneos como la obsesión por lo nuevo. Leí por ahí que Juan José Saer se encontraba lejos de su casa cuando concibió la idea de escribir Glosa. Pensaba devolverse al día siguiente, o tal vez el mismo día, cuando enfermó gravemente y tuvo que guardar reposo en una pieza y una cama que no era la suya. Al verse delicado de salud y sin nada que hacer (sus libros no estaban en esa casa), le pasó algunos billetes a un jovencito para que fuera a la ciudad y comprara cualquier libro. El que sea, le dijo. El chico llegó al rato con El banquete de Platón. Su lectura fue el disparador para que Saer concibiera la idea de Glosa, esa extraordinaria novela cuyo argumento es el mismo de El banquete: dos amigos que, mientras caminan, comentan lo sucedido en una fiesta a la que ninguno de ellos pudo asistir. Es un desfile de malentendidos, de perspectivas equívocas, de piezas que no calzan. Pero, sobre todo, es una glosa, que tal como su nombre lo indica, ensaya una intervención escritural a un texto que ya existe. Otro de los ejemplos que podemos invocar es tal vez el más famoso de todos, la glosa que aparece en El Quijote de la Mancha. Se trata de un comentario a 4 versos que, me aventuraría a decir, están ahí precisamente para develar el mecanismo de fijación.  Los versos se encuentran en el segundo tomo de la novela, y son apenas los siguientes: ¡Si mi fue tornase a es, sin esperar más será, o viniese el tiempo ya de lo que será después. Lo más curioso (y a la vez cómico) es que la glosa a esta estrofa consta de cuarenta versos, diez por cada uno del original. Es como si la escritura que interviene después ingresara por los intersticios del texto aprovechándose de sus espacios, como si se expandiera peligrosamente hasta hacerlo estallar. Pero lo otro interesante de constatar es que, además, Cervantes no piensa al glosador como un simple comentarista, como un anexo crítico o interpretativo al texto, sino también como un poeta. Tal es la calificación que le da Don Quijote a Lorenzo, el sujeto glosador: “—¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta, como dijo un poeta que Dios perdone, sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca!”.Escritor/a es, entonces, no sólo quien empieza desde cero una obra (¿quién podría, además?), sino también quien utiliza materiales ya existentes para intervenir sobre él. Pálido fuego y El Aleph engordado son también dos ejemplos de textos que funcionan en clave de glosa. El primero de ellos, sin embargo, constituye la propuesta más violenta contra lo que podríamos denominar el “vicio crítico”. Es una novela (¿novela? ¿Glosa de más de doscientas páginas?) donde se puede ver cómo un académico y crítico literario comenta en extenso un poema de 999 versos, una especie de poema épico cuyo autor acaba de morir. Por sus páginas se despliega este comentario, al mismo tiempo que somos testigos de la gran farsa que esconde su trabajo crítico: la utilización del texto inicial como una excusa para cometer las más aberrantes arbitrariedades analíticas y hermenéuticas. Es así que, a poco andar, vamos descubriendo cómo la interpretación del académico (Charles Kinbote) restringe los sentidos del poema, a tal punto que se vuelve casi una autobiografía del comentarista. Pálido fuego lleva al extremo aquella idea barthesiana ampliamente difundida, utilizada hasta el cliché por los escritores, según la cual los textos críticos también funcionan como una autobiografía, como textos referenciales que algo nos dicen sobre el autor de la crítica. No hay conclusión, pues, preclaro lector. No todos los textos terminan como se espera, o concluyen según sus premisas. Tal vez, lo único que podría consignar aquí y ahora es que, en tiempos de novedades y saldos, lo mejor sea volvernos glosadores. Leer, comentar e intervenir mediante la escritura poemas, novelas, cuentos, ensayos, y todo cuanto esté ya escrito. Si la novedad es una de las piedras angulares del capitalismo tardío, tal vez lo verdaderamente revolucionario sea volver la mirada hacia atrás; ser original, a estas alturas, es ya una tradición. Vivir en una en una época donde los escritores viajan más que sus libros, o donde los escritores se han transformado en una especie de rockstars, requiere de aquilatar los ánimos. He aquí, por tanto, la única conclusión de este ensayo: si ser contemporáneo es vivir nuestro tiempo en una incomodidad existencial (Agamben), no podemos sino escribir torcidos y fuera de lugar. Irremediablemente contrariados.

  • Sobre lo político de la hipersensibilidad

    Hace algunos años atrás, en abril del 2019, unos estudiantes de arquitectura de la Universidad de Chile hicieron un paro para denunciar los problemas de salud mental que padecían debido a las excesivas demandas académicas. Decían sufrir de ansiedad y depresión y no era inusual que algunos fuesen invadidos por pensamientos suicidas. Estos reclamos rápidamente fueron apoyados y compartidos por estudiantes de diversas casas de estudio. Nuevamente, el mundo estudiantil se mostraba como portavoz y catalizador de problemáticas sociales (y fíjese, unos cuantos meses antes del estallido social de octubre) asociados a la salud mental que afectaban, según las cifras y a nivel nacional, tanto niños, adolescentes como adultos. Las reacciones del espacio público frente a estos eventos fueron diversas, pero rápidamente se presentó un desencuentro entre generaciones. Proliferaron cuantiosos memes, estos pequeños artefactos discursivos, que mostraban el troleo de los más viejos hacia los más jóvenes. Estos últimos fueron tildados de flojos, cómodos, mimados e hipersensibles. En respuesta a estos prejuicios, la generación más joven insinuaba ciertas hipótesis algo incómodas e inquietantes que daban a entender el trasfondo de dichas percepciones. Sugerían que las generaciones más avanzadas tenían una visión distorsionada de lo que era o no violento. Los tildaron de conformistas, masoquistas, de normalizar situaciones de humillación en las aulas y, en un sentido más amplio, de ser esclavos pasivos de un sistema sociopolítico abusivo. Ya han pasado cinco años y hoy existen ciertos fenómenos que siguen haciendo eco de estas problemáticas. Las tomas feministas con el develamiento de la estructura patriarcal, el estallido social y su denuncia hacia las instituciones que sostienen la indignidad de las condiciones de vida bajo los excesos del sistema capitalista neoliberal y el auge de los movimientos “Woke” han posibilitado un renovado debate sobre las formas de violencia y abuso perpetrados estructuralmente y reproducidos hasta en los acontecimientos más mundanos y domésticos. No solo se ha sofisticado la manera de identificar dichas prácticas, sino también se han creado nuevas tipificaciones para referirse al espectro cada vez más amplio de estas: “microagresiones”, “micromachismos”, “microtraumas”, todos conceptos que hacen referencia a fenómenos que anteriormente eran naturalizados y que no eran discriminados como acontecimientos violentos. El espacio universitario, con el auge de las funas y el castigo social encausado a través de las redes sociales, se ha convertido en un espacio altamente complejo en el que se ha protocolizado los intercambios con tal de poder proteger a sus diversos actores.  Podemos, por lo demás, plantear que todos los espacios sociales, al sensibilizarse con las nuevas formas de percibir y discriminar lo violento, han sido modificados, impactando los modos de referirse a otros, la regulación de las distancias entre los cuerpos, la redefinición de lo humorístico, y la regulación de las relaciones de poder. Durante estos últimos años, la problemática de la convivencia estudiantil ha pasado a ser un foco clave para el buen funcionamiento de las casas de estudios y el ejercer de los profesores ha sido desafiante en la medida en que se ha instalado un ambiente inquietante y persecutorio. He oído de varios profesores haber vivido situaciones algo desconcertantes en el trato con estudiantes. Todos los ejemplos apuntan a haber sido interpelado por un estudiante que dice haberse sentido agredido/ofendido/abusado por una mirada, actitud, comportamiento, un aspecto relacionado con la carga académica, algún comentario etc. El docente fracasaría en ofrecer un “espacio seguro” para el debido desarrollo del proyecto educativo. Las autoridades universitarias se han tomado muy enserio la promoción de buenas costumbres desde el respeto y la tolerancia, sin embargo, las situaciones que se experimentan en el interior de los establecimientos son cada vez más difíciles de discernir e interpretar. En ciertos casos, distinguir lo violento ya no depende de una interacción y de una interpretación a posteriori de un grupo o de a dos, pero del sentir de uno. Para que el sentir y luego la percepción puedan ser transmutadas en significaciones estos deben sufrir inexorablemente un proceso de transformación y negociación intersubjetivo, mediado por el lenguaje y la ley simbólica que nos enlaza los unos a los otros. En cierto sentido, las redefiniciones de lo violento nos han despojado momentáneamente de un “sentido común” (que dicho sea de paso siempre resulta una idea problemática), de acuerdos mínimos interpretativos. El “Concept creep” acuñado por Nick Haslam habla de la creciente hipersensibilidad al daño. Refiere a una expansión semántica, en este caso, del daño y la psicopatología en el ámbito de la psiquiatría. Un concepto psicopatológico puede extenderse a formas cada vez más leve de presentación de síntoma y, por otro lado, abarcar una nueva clase de fenómeno cualitativamente diferentes o aplicarse a un nuevo contexto. Por ejemplo, en el caso del trauma se hablaba de un suceso que sería capaz de originar síntomas y malestar en casi todas las personas y hacía referencia a una experiencia que se encontraba fuera del rango habitual de la experiencia humana. Luego, incluyó la exposición indirecta al suceso traumático y se fueron ampliando cada vez más las posibles experiencias traumáticas. Hoy, el suceso o experiencia traumática puede ser traumática, aunque no sea una amenaza a la vida y aunque no se encuentre fuera del rango normal de la experiencia humana. Esto tendría como consecuencia que el concepto se haga cada vez más amplio y que se defina en base a criterios cada vez más subjetivos. Según Malo (2021), este progreso moral tendría como posible efecto colateral incrementar la identificación de personas con la noción de víctima y, por otro lado, aumentar el encasillamiento de los villanos morales. Produciría, a su vez, una psiquiatrización o psicologización de problemas cotidianos y ampliaría las percepciones negativas de las experiencias en general. Algunos autores, como por ejemplo Peña (2023), parecen sugerir que el trabajo de lo psi representa un espacio que exacerba las emociones e hipertrofia al yo, debilitando el interés por el lazo social. Señala que este repliegue sobre el sí mismo tiene relación con el empobrecimiento del espacio comunitario. En un momento de anomia, concepto que para él define lo que estamos viviendo en Chile, el debilitamiento institucional ha dejado al sujeto sin orientación normativa compartida dando lugar al “absolutismo de la propia voluntad” (p. 73). El sujeto construye desde su sentir la única fuente de certeza. Esto llevaría a las nuevas generaciones a padecer de una hiperestesia social, una suerte de extrema sensibilidad en la interacción. La hiperexpresividad ha encontrado en las redes sociales un espacio privilegiado para las confesiones públicas de lo íntimo, para los vómitos emocionales y la disgregación del pensamiento convertido en un flujo de opinología que vuelve insoportable la presencia del semejante y del Otro digital. Cómo diria Chul Han (2015)  “A través de los medios digitales intentamos hoy acercar al otro tanto como sea posible, destruir la distancia frente a él, para establecer cercanía. Pero con ello no tenemos nada del otro, sino, que más bien lo hacemos desaparecer. En este sentido, la cercanía es una negatividad en cuanto lleva inscrita una lejanía. Por el contrario, en nuestro tiempo se produce una eliminación total de la lejanía. Pero esta, en lugar de producir cercanía, la destruye en sentido estricto. En vez de cercanía surge una falta de distancia” (p. 25). Las redes sociales hicieron demasiado vasto el mundo, demasiado acontecido. En el momento cúlmine de las tomas feministas, muchos estudiantes me hablaban de los debates que sostenían en torno al tema de la jerarquización del sufrimiento. Surge de ahí la idea de que todo sufrimiento, independiente de quien lo viva y en qué condiciones o intensidades vale por igual. Pero los conflictos tanto individuales como sociales no dejan de enseñarnos lo contrario. En la medida en que lo político emerge de la relación con otros, la mayor sensibilización y rechazo social acerca de los aspectos de lo violento abre un campo de lucha en torno a la capacidad de empuje político que puede tener el asunto de la victimización, legitimando, en algunos casos, ciertos sufrimientos por sobre otros. Schulman (2017) señala que hoy, el desafío es poder distinguir entre abuso y conflicto. Existirían fenómenos culturales que llevarían a una sobredimensión del daño la cual dificultaría los reconocimientos legítimos de la violencia y opresión real. Los cambios producidos en el sistema moral muestran que lo que hoy se castiga no es un pecador habitado por deseos inconscientes indecorosos, sino más bien un victimario del orden de un narcisista tóxico que padece de un déficit en su capacidad empática. Una posición de vulnerabilidad puede llegar a sustentar el poder, desplazando así, al tradicional macho opresor, insensible, bully, con poder económico, posicionado en cupulas de poder y con importante acceso al goce. El sistema patriarcal lograba exitosamente presentar una estructura social con tintes democráticos sostenido en una supuesta igualdad entre sujetos, en donde, sin embargo, un grupo reducido podía sostener y actuar conforme a la arcaica fantasía e identificación con el padre de la horda primitiva.  Esa vieja posición abandonada para posibilitar los lazos socio cultural de cooperación, se mantiene en el trasfondo como la posición deseada desde el patriarcado y la desviación de lo neoliberal encarnada en la imagen del lobo de Wall Street como su sujeto paradigmático y, desde el ámbito universitario, del profesor hombre genio, detentor del saber, sádico como lo podemos encontrar en el profesor de jazz de la película Whiplash. Las tesis con su canción “un violador en tu camino” apuntan  a las posiciones tradicionales de poder desde las diversas instituciones, tanto públicas como privadas, que la sustentan: El violador eres tú … Son los pacosLos juecesEl estadoEl Presidente … El Estado opresor es un macho violadorEl Estado opresor es un macho violador Desde el movimiento ME TOO# en adelante, se genera una inversión en el que el poder se ha desplazado del lado del sujeto vulnerable. Mientras el lugar de victima queda investido de un poder político, se sigue incrementando el desprestigio del sujeto que detenta una posición típica de poder. Esto marca un avance positivo en la distribución del poder, pero también hemos podidos apreciar usos indiscriminados de la victimización como modo de anulación y dominación del Otro. Tras estas nuevas expresiones del juego político, se despliega algo de un fantasma social que da cuenta de un malestar subterráneo y que desde los movimientos feministas y el estallido social en adelante no ha podido ser contenido, interpretado y verbalizado a través de un discurso vivo. Cuando se confunde conflicto con abuso y la asimetría está bajo sospecha,  esta es vivida como amenazante.  La ambigüedad de muchas situaciones sociales se basa en la naturaleza enigmática del deseo del Otro. Nunca puedo saber con certeza su acontecer psíquico. De lo contrario, nos encontramos en el territorio de la paranoia y de sus certezas inquebrantables acerca de las intenciones ajenas. La proyección masiva que podemos encontrar en este tipo de situación nos habla justamente de su carácter paranoico y de la anulación que provoca en la opacidad del Otro. Lo Woke ha afinado virtuosamente nuestra sensibilidad hacia la violencia y la injusticia, pero desde su vertiente más radical, confunde conflicto con abuso, exacerbando una hipersensibilidad que a su vez ha desembocado en un estado de hipervigilancia. Tendríamos que diferenciar la hipersensibilidad que se encuentra en ciertos cuadros clínicos y que muestra relación con la sensorialidad. Aquí hacemos referencia a la exacerbación de una sensibilidad hacia acontecimientos socio políticos que desemboca en una hipersensibilidad caracterizada por la inmersión en un estado solipsista que elude la castración, una exaltación del yo en el que este pierde sus bordes proyectando masivamente un fantasma tanto individual como social. La hipersensibilidad que conduce a una posición de víctima se ha convertido en algunos casos en una estrategia política de negociación con el Otro, pero su expresión radicalizada lo imposibilita al desarticular las posibilidades de lo simbólico. Se impide la incidencia del Otro, no solo como un posible causante de deseo, pero en este caso en específico, como otredad que impacta, que desequilibra, que interroga y nos obliga a lidiar con la duda. Eso Otro que lleva a permanentemente buscar(me) para encontrar(me). Tantear lo no yo en el arte de discernir, esbozar, insinuar, intuir la emergencia de un hallazgo, de “eso” incierto e indescifrable totalmente. Cuando no hay espacio para hablar los conflictos, se debilita la función del lenguaje que posibilita matizar el lugar predominante que el goce ha colonizado. Impide que una serie de significante sostenga los lazos, y, en una función más amplia, sujete la estructura simbólica del cuerpo social. La hipersensibilidad conlleva una incontinencia de las emociones y de los fantasmas. El debilitamiento del lenguaje y su función mediadora da paso al acting out, a la compulsión a la repetición gozosa y su potencialidad destructiva.  Para Chul-Han, en la sociedad que él denomina de la transparencia, existe un excesivo desnudamiento de lo íntimo, una pornográfica falta de distancia. Épocas anteriores se caracterizaban por la represión e inexpresión de lo emocional, hoy, cierta popularización y tergiversación de ciertos planteamientos psicológicos han llevado a transformar la exteriorización de lo interno en un imperativo. Estas dos polaridades, la represión y la incontinencia, hablan del deterioro de un espacio intermedio propio de las potencialidades de lo psíquico. El victimismo ha adquirido un enorme poder a través de la vitrina digital transformadas en un tribunal popular que denuncia y castiga lo abusivo. Estas prácticas fomentan el exhibicionismo moral a través del cual sujetos alcanzan un estatuto social de redentores. En estos escenarios cuesta pensar lo político como las negociaciones inherentes a los intercambios intersubjetivos. Lo político queda relegado al orden de la subyugación del Otro. Al desprestigiar a otro, desde un lugar de víctima, se desmantela automáticamente su posición como sujeto de derecho. Resulta sorprendente la velocidad en la que hoy se puede deshonrar a una persona, impactado por la destructividad de la vergüenza social, lugar en dónde se juega la desafiliación del lazo social y la consecuente deshumanización. Las expresiones de hipersensibilidad exacerbada nos dan noticia del fantasma social que se exterioriza en estos intercambios sintomatológicos y que desde las tomas feministas y luego a través del estallido social ha expresado una sensación sistemática y generalizada de abuso e indignidad. El síntoma es un lugar de “densificación del sentido” (Recalcati, 2010, p. 104) que requiere ser explorado para sondar, en este caso, la historia social que no ha podido entrar en el decir.   El acting out que se escenifica en la confusión del conflicto con el abuso presenta un cierto drama de nuestro tiempo, la de una relación con un Otro ahora siempre señalado como abusivo y que siempre deja insatisfecho y decepcionado. Esta compulsión a la repetición en el que se recrea un pensar inconsciente, reproduce una escena fantasmal social que evidencia que la relación con el Otro, la realidad sociopolítica chilena, está fracturada. El victimismo se transforma en portavoz de un malestar que no ha podido ser tramitado por ser renegado por las diversas instituciones y por los discursos actuales. La imposibilidad de apuntar a los excesos del sistema económico implica desplazarnos a problemáticas sustitutivas y segundarias que se diluyen en los conflictos estériles de la politiquería de nuestros representantes. El Chile del expresidente Sebastián Piñera visto como un oasis dentro de América Latina muestra la ceguera ante nuestra enfermedad. Las últimas encuestas señalan que la mayoría de los chilenos ven el estallido social como un acontecimiento que perjudicó a nuestro país. Esta afirmación es grave en la medida en que propicia el extravío del eslabón que nos puede dar a entender el origen del malestar. La violencia se encuentra también en este permanente acto de negación. Se expresa el dolor, la violencia, pero no se contiene, transforma y da vida a la indignación a través de la construcción de un discurso político propositivo y cohesivo. La hipersensibilidad que es expresión de desesperanza, frustración y sensación de abuso termina reproduciendo la violencia y la anulación del Otro. Adopta el lugar de un goce social que estanca los anhelos de potencialidades creativas y de una cierta poética. La condición de víctima requiere de su superación. Esa posición e identidad está condicionada por el mismo poder de la cual se intenta emancipar. Jorge Alemán señala que el deseo de transformar surge de la desvictimización. Esto no quiere decir que el sujeto olvida su dolor ni quienes se lo infligieron, pero se niega a recibir desde ese lugar aquello que lo identifica.

bottom of page