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  • Vuelo rasante [segunda entrega]

    Cirenaica La sabiduría de la dosis adecuada. Muchas cosas son un asunto de grado: el óptimo no tiene por qué ser la ausencia de algo. El sexo es un buen ejemplo: preferimos que exista, pero sin que nos tome la cabeza, pues no es conveniente volverse, como apuntó Schopenhauer, “un títere de nuestros propios deseos”. La anécdota del hedonista Aristipo es elocuente: cuando lo vieron entrando a un burdel y se lo comentaron, él respondió que el problema no era entrar, sino la incapacidad de salir. Quien posee sin ser poseído es libre, y sólo quien es libre puede acceder a los más altos e intensos placeres. En eso consiste básicamente la posición cirenaica, quizás la más tentadora de las filosofías de la antigüedad griega. Interesados dirigirse a El ejemplo de Aristipo (2022) de Adán Méndez, libro terapéutico y bien pensado. El libro de la isla desierta W. H. Auden escribe: “En una isla desierta es preferible tener un diccionario antes que la mayor obra maestra imaginable, pues, en relación con sus lectores, un diccionario es absolutamente pasivo y puede leerse legítimamente de infinitas maneras”. Un gracioso diría que es mejor contar con un manual que enseñe a salir de una isla desierta por medios propios, no importa cuán rústicos sean. La pregunta que me parece interesante —y que arroja luz sobre la naturaleza de la lectura— es si querríamos leer algo sabiendo que nunca saldremos de ahí. ¿Tendría sentido hacerlo? ¿Sería placentero? Un libro sagrado podría tranquilizarnos y darnos esperanza; ese es un buen candidato. ¿Y qué hay de las obras completas de Shakespeare? Si estamos solos y sabemos que esa soledad nos acompañará hasta el final de nuestros días, no podríamos “aplicar” lo ahí leído —por ejemplo imitar la soltura de Falstaff o la capacidad de juego de Rosalinda—, con nadie podríamos comentar lo leído, compartir un hallazgo. Me cuesta imaginarme leyendo Sueño de una noche de verano apoyado en una roca con el mar desierto un poco más allá. ¿Me reiría? ¿Con qué ánimo quedaría al terminar la lectura? Un libro Ahora, si tenemos la certeza de que saldremos tarde o temprano de la isla y podemos elegir un libro, ¿cuál sería? En mi caso, La vida de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio. Es divertido, uno aprende mil cosas, eleva. Figura la Carta a Meneceo y las Máximas capitales de Epicuro. Es comprensible que alguien prefiera en cambio las cinco mil páginas de la novela Umbral de Juan Emar, pues la espera puede ser larga. Supongo que yo leería mi libro tantas veces que terminaría memorizándolo. Saberse el anecdotario completo de la filosofía griega, las formas generales de innumerables versiones de la realidad, cómo vivir bien por una u otra vía. Luego de mi rescate hasta podría vivir de él. En una isla desierta con un plan de mejora, nada de mal. El último El libro que elegiríamos en el escenario hipotético de la isla desierta algo tiene de ese libro que rescataríamos del hundimiento de la civilización, las últimas palabras que habría que abandonar para siempre, esa obra cuya pérdida sería el apagón final del espíritu. Nuevamente escogería La vida de los filósofos ilustres. De ahí podría nacer un mundo en el que todos querrían vivir, aquí o en algún otro planeta. Ah, esta sería nuestra única colaboración, nuestro único regalo a la posteridad. Esos seres nos tomarían como el Prometeo que tal vez somos. Sería un bello destino. Nuestros genes —que buscan perpetuarse a todo evento, según explica la biología— habrían conseguido al menos constituir el mejor de los recuerdos. Nunca sabremos para quién. Es bello también que no importe. Optimismo kafkiano La lingüista holandesa Francisca Snoeck Henkemans, hablando alguna vez sobre la falacia de la pendiente resbaladiza, propuso que parte de su error argumentativo probablemente se debía al final negativo que tenía la supuesta cadena de sucesos que componen el razonamiento. El ejemplo clásico es éste: no se deberían legalizar los hongos alucinógenos, pues si se hace habría que legalizar también la cocaína, la heroína y la metanfetamina, lo que volvería invivible el país. Esta última escena —masas narcotizadas a la deriva— es la que nos llevaría a aceptar los argumentos y dar por correcta la conclusión, pese a que sea inválida. La profesora Snoeck Henkemans explicaba que una manera de probar esta hipótesis consistía en elaborar un test donde se evaluara la razonabilidad de distintos casos de pendientes resbaladizas y también de su opuesto, una nueva falacia que denominó “escalera al cielo”. Un ejemplo de ella: se debería construir un gran museo en un barrio pobre y marginal para que de esta forma mucha gente acuda desde otros lugares; crecerá el comercio, pues existirá una alta demanda de bienes y servicios, lo que finalmente hará que el barrio florezca y sus problemas terminen. El error de este ejemplo es similar al anterior: hay saltos injustificados en la cadena inferencial. Si quienes contestan dicho test piensan que son más razonables las escaleras al cielo que las pendientes resbaladizas, quedaría demostrado que al momento de evaluar pesaría más el “resultado final” que la argumentación misma que le da respaldo. Quizás alguien se anime a realizar alguna vez esta investigación empírica. Detengámonos en las escaleras al cielo. ¡Cómo prenden! Hace poco escuché a una persona decir que Chile será posiblemente el país más verde de la región en las próximas décadas, gracias justamente a la sequía que nos tiene entre las cuerdas. Argumento: habrá que desalinizar a gran escala, pues la poca agua que habrá será demasiado cara; como el país tiene mucho mar y es muy delgado, y además contará con abundante energía limpia a bajo costo —básicamente solar y eólica—, entonces se podrá regar todo lugar seco con agua desalinizada mientras sea negocio, y siempre será negocio para alguien. Creo que terminó diciendo: “Chile será verdísimo sí o sí”. Todo por delante Una vez escuché o leí a un autor que decía que escribía para alegrarse. Le gustaba recordar momentos; así los volvía a vivir y “los cambiaba”. Se refería a la interpretación de ellos. Desde joven había tenido una visión negativa de la vida producto de la frustración, hasta que el asunto cambió (no dio detalles). Recuperar los momentos, esta vez desde un presente sin amargura, le produjo una sensación de amplitud que no experimentaba desde la infancia. Vivir y escribir, el futuro y el pasado por delante. En el mejor de todos los mundos posibles ¿Somos libres en el esquema conceptual de Leibniz, según el cual vivimos en el mejor de todos los mundos posibles? Probablemente no, pues es Dios quien hace que cada instante que pasa sea siempre el mejor; lo real sería una especie de flujo de “excelencia continua”, el óptimo perfecto que cruza todo lo existe, partiendo por nosotros. Ahora bien, al margen de esta posible respuesta, resulta irrelevante preguntarse por nuestra libertad, pues en caso de que sea mejor que lo seamos, Dios hará que así sea; lo mismo al revés. ¿Hay cómo saber a priori qué nos conviene más? Difícil, si no imposible; lo importante es que no habría de qué preocuparse (creamos o no creamos en Dios y su infinita bondad, como tradicionalmente se le describe). Esta muy liberadora idea de Leibniz debe ser una de las mejores armas no farmacológicas para desmontar la ansiedad: no nos estamos perdiendo nada. Eso “bueno sin nosotros”, la eventual fiesta en la que no estaríamos participando, tiene una existencia puramente fantasmal, y puede que ni eso. La cuestión de la libertad Hay también experiencias que desmontan la ansiedad. Cada persona tienes la suyas. En mi caso —me he dado cuenta con el tiempo— fue haber visitado la cárcel una vez a la semana durante un año. Hice un taller de expresión oral y escrita. Era parte de un programa de reinserción laboral en la penitenciaría de San Miguel a cargo de la Infocap. Tenía veinte años. Las miradas en las celdas atiborradas de gente no sabía cómo interpretarlas; hoy me resulta claro: era desesperación. Seguramente un preso siente que se está perdiendo todo desde que se despierta hasta que se duerme. Cuando salía de la cárcel me bastaba caminar, moverme libremente por el espacio sin tener a nadie pegado ni estar bajo vigilancia. Me iba al centro y daba vueltas toda la tarde “acompañado de mí mismo”. Vitrineaba paqueterías, me compraba un compact disc en la Feria del Disco si andaba con plata, me tomaba un helado de máquina o visitaba algún café. Todo parecía ser suficiente. No sólo no pasaba nada malo: sentía que no me estaba perdiendo algo que pudiera ser mejor. Pierre Hadot, el helenista francés, planteó que los epicúreos aspiraban al “placer de existir”, estado en que el presente se revela “infinito”. Carlos y Ricardo Me acuerdo de Carlos, uno de los presos que estaba cerca de cumplir su condena cuando lo conocí. Tenía unos cincuenta años; llevaba casi veinte en la cárcel. Era tímido, muy tranquilo y autónomo. Ayudaba en lo que podía en el sector de los talleres; manejaba las llaves de las salas, a veces se le veía trasladando cajas y herramientas. Hombre de poquísimas palabras, “sin enemigos”, como subrayaban los gendarmes. Decían que estaba arrepentido: había perdido el control en una pelea callejera y había matado a alguien. ¿Qué será de él? ¿Habrá reincidido? Trataré de acordarme de Carlos cuando esté en problemas. Y estaba también Ricardo, “el Richi”, un poco mayor que yo, que había asaltado una bomba de bencina con una escopeta recortada, “para consumir falopa”. La cocaína era su debilidad. Lo primero que le escuché decir fue un comentario a un preso evangélico que andaba repartiendo unos folletos: “Cristo está en tu mente”. Le gustaba leer. Me pidió prestado El lobo estepario (1927) de Hermann Hesse. A la semana me lo devolvió casi desintegrado. Le pregunté qué le había pasado al libro para quedar así: lo tuvo pegado a su cuerpo todo el tiempo para que no se lo robaran, como quien lleva una pistola sólo afirmada por el pantalón. Una vez me dio el número de teléfono de una mujer para que le diera un recado: quería que fuera a visitarlo. La voz que escuché al otro lado, fría desde el momento en que le expliqué quién era y por qué la llamaba, fue tajante: “Dile por favor al Richi que nunca iré, que se olvide mí”. Luego de la pausa de invierno no volvió al taller. Me contaron que “lo estaban vacilando por bien portado”. Lo vi unos meses después en el patio. Estaba apoyado en una pared; brazos cruzados, mirada al frente, pera en noventa grados, vestido con una chaqueta a la que se le habían añadido unos flecos de cuerina. Parecía un indio sioux. Lo saludé: hizo como que no me conocía. Me apoyé en la pared a su lado, mirando también al frente, y le pregunté cómo andaban las cosas. Ricardo: “Todo pasando”. En el curso normal de los acontecimientos En la malla del instituto de filosofía donde estudié no estaban contemplados los pensadores ingleses o norteamericanos: se pasaba de griegos y medievales al estudio de Descartes y luego de alemanes. Creo que fue por esto que me llamó tanto la atención una frase que usa el filósofo John Searle en un texto sobre pragmática, leído muchos años después de salir de la universidad: “En el curso normal de los acontecimientos”. Si alguien la hubiera dicho en clases, el profesor, y posiblemente también algunos alumnos, la habrían objetado ipso facto. Habrían preguntado, desafiantes: “¿Y qué quiere decir ‘curso’, y ‘normal’, y ‘acontecimiento’?”. Cómo algo tan simple podía producir tanto enredo, qué manera de complicarnos gratuitamente la vida. Buena presencia Hasta hace no mucho se exigía “buena presencia” en algunas ofertas de trabajo. ¿Alguien habrá admitido no tenerla dejando pasar una oportunidad tentadora? Entiendo que se usaba sobre todo para descartar candidatos sin darles mayores explicaciones: su definición es tan subjetiva que en la práctica es inapelable. ¿Pero le decían al postulante excluido que lamentablemente le había jugado en contra su presencia? ¿Y si demostraba como respuesta que era objetivamente atractivo con cartas de recomendación? Estas últimas, de existir, ¿habrían tenido algún valor persuasivo si no hubieran sido firmadas por personas de buena presencia comprobada? Vaya entuerto. Cosas del pasado.

  • Vuelo rasante [cuarta entrega]

    Simplificación Conversando con personas de mi edad (en torno a los cincuenta años) coincidimos en que empieza a pasar esto, lo queramos o no: unas pocas cosas importan mucho y el resto nada. Misterio Acabo de conocer a alguien que tiene cuatro hijos de cuatro mujeres distintas, en Santiago de Chile, hoy, trabajando en una municipalidad. Se le ve bastante bien. ¿Habrá algo que no sepamos? Desengaño Así como Kant despertó del «sueño dogmático» leyendo a Hume, Schopenhauer despertó del suyo con Gracián: es preciso desengañarse, pues de la vida no cabe esperar gran cosa; nunca nos sentiremos saciados. Esta idea puede deprimirnos y hacer que nos cerremos como una ostra, o bien llevarnos a tomar una saludable distancia con el mundo. ¿Está en nuestras manos elegir esta alternativa? Es una pregunta de alta prioridad filosófica. Los estoicos piensan que sí. A su juicio, el modo en que reaccionamos depende por entero de nosotros. Podría hablarse de un desengaño feliz. Conversación con Armando Uribe (2007) El reconocimiento y la aceptación de que somos un títere de la idiotez humana no debería traducirse en una actitud soberbia, victoriosa. Es de eso de lo que habría que huir. La muerte de un amigo Hoy fue el funeral de Ernesto Rodríguez Serra. Iglesia llena. Personas de todas las edades e ideas. Ya han aparecido obituarios que coinciden en un punto: fue un amigo excepcional. La última frase que se dijo en el cementerio fue suya: «La bondad como decisión». En el momento en que el ataúd descendía me acordé de Falstaff, el personaje de Shakespeare. Harold Bloom lo pone como la creación más alta del autor inglés; el libro que escribió sobre él lleva como título «Give me life», cita de uno de sus parlamentos. La argumentación del crítico, bajo el principio de que Shakespeare habría «inventado lo humano», cuesta retenerla, no así su entusiasmo; quizás baste como «evidencia» el lugar que Falstaff termina ocupando en nuestros corazones. Ah, que nos recuerden con cariño una vez que hayamos ingresado al Gran Silencio del que venimos. That is the question. Algunas de sus frases En agosto del año 2000 le hice una entrevista a Ernesto Rodríguez. No recuerdo por qué no fue publicada. Tengo el archivo a la vista; lo encontré en un pendrive viejo. Transcribo algunas de sus frases sobre la vida, uno de sus temas recurrentes cuando conversaba: «Me gusta la figura del combatiente, de tener que levantarse todos los días de nuevo, como si fuera la primera vez. La vida es un combate donde no hay que pedir ni dar explicaciones». «Estoy cada vez más convencido de que los placeres corporales son muy importantes. Hace unos días le escuché a un niño una historia inventada por él, donde un hombre que no cometió ningún pecado llega al cielo y Dios le pregunta: “¿Pero qué has hecho con tu vida?”». «Mientras más viejo más me gustan los juegos. La vida es un juego que se juega con los amigos. Para mí la amistad es el imperativo real que dice: “Sí, hay que tener tiempo y lugar para estar con los amigos”. Lo único real es la amistad, porque el amor es irreal, es tan imaginario como Dios». Pirrón Si es uno quien suele cargar emocionalmente los lugares y los momentos, la imperturbabilidad del alma cae de cajón. Respuesta Cuando estudié en Amsterdam Teoría de la Argumentación escribí una tesis donde me ocupaba de los argumentos de autoridad (una de las tantas maneras en que se puede hacer una inferencia inválida). Tomé algunos ejemplos y vi cómo funcionaba el modelo que habían desarrollado mis profesores holandeses (hasta ese momento, por casi treinta años) para analizar y evaluar el discurso argumentativo. Leyendo hace unos días sobre la relación entre David Bowie y Nietzsche —de «amistad» declarada— me encuentro con una respuesta del músico que a mi tesis le habría venido muy bien, pues pone a prueba varias ideas que expongo ahí. Un periodista le preguntó si se arrepentía de algo. Contestó que de la cocaína. No da mayores detalles, salvo expresar que fueron «años horribles» —padeció delirios de persecución—, pero el hecho de que él lo diga sirve como fundamento o garantía. ¿Quién es David Bowie? En este contexto, básicamente una «representación» del artista nietzscheano, ese que va sin miedo por el mundo, cambiando una y otra vez a medida que avanza en su «plan de autenticidad», esto es, de ser quien es. Que solo se arrepienta de la cocaína, entre todas las drogas con las que experimentó, sumado a que de él jamás cabría esperar una defensa «moralista» de nada, el argumento consigue una eficacia comparable al de aquellos informes médicos que dan cuenta de los chocantes efectos físicos y psíquicos de quienes terminan internados. Reacción Gritar un gol en el estadio lo más fuerte posible y que ese grito sea muchas cosas más. William Borroughs nunca dijo una estupidez William Borroughs nunca dijo una estupidez. Afirmó que el placer era el alivio de algo. Drogo total, inteligencia total. Amaba a los gatos. Si existe una entidad sobrenatural, que lo tenga en su reino. Dos cuellos de botella Entre los problemas teóricos que conozco que cabría llamar importantes o interesantes, hay dos que me parecen especialmente atingentes, sobre todo por las conclusiones que parecen derivarse. El primero es el problema de que toda posición teórica, no importa cuál sea su tema, aspira a estar expresada de una manera racional, esto es, bien argumentada, pues, de no ser así, ¿cómo sabría su autor que es correcto lo que dice? Es extraño pensar que una teoría pueda no ser persuasiva; sería como no creer en ella. El detalle es que entre los expertos no hay acuerdo de qué es un buen argumento. ¿Por cuál posición, entonces, habría que optar? No queda otra: por la que se acerca más a nuestra experiencia, la que por definición es contingente. Creo que esto no tiene salida. Tampoco la tiene el problema del significado de las palabras que usamos. Términos griegos sustantivos no se definen de la misma manera en diccionarios autorizados. Hace un par de años se publicó el Cambridge Greek Lexicon. No es raro ver desacuerdos con el diccionario canónico de Oxford, el Liddell & Scott, cuya última revisión es de 1941. Optar siempre por el de Cambridge, por el hecho de que es más reciente, no parece razonable. ¿Cómo decidir? Un tercer diccionario, para tomarlo como referencia, no arregla el entuerto —más bien lo complica—. Esto del significado creo que es más serio que lo de la validez argumentativa: usando palabras equivocadas no se llega a ninguna parte. Pecado original Nada más siniestro que el pecado original. «Es una genialidad», piensa un amigo. «Te tiran a la hoguera y te ofrecen el remedio de inmediato». Beckett tras Bellow Me cuenta mi amigo Bruno Cuneo que Samuel Beckett quiso tomarse un café con Saul Bellow luego de leer su novela El legado de Humboldt (1975). La reunión no se hizo. ¿De qué habrían hablado? ¿Qué le habría dicho Beckett? ¿Qué le habría respondido Bellow? Alguien podría hacer una obra de teatro imaginando el diálogo. Para eso bastaría leer los libros de Beckett y luego el de Bellow. La mejor literatura, si cabe hablar así. Quizás sea innecesario, o decididamente mejor, no leer las biografías de ambos y quedarse sólo con una obra que conversa con un libro. El legado de Humboldt («Humboldt’s gift»; me parece discutible la traducción de «gift», palabra luminosa) creo que produce un efecto inverso al de la lectura de Beckett. Por caótica que sea la vida de su protagonista Charlie Citrine, anima ver cómo está cruzada por el eros. Las escenas de Beckett, en cambio, no las querríamos para nosotros. Son exploraciones sin anestesia del aislamiento, la enfermedad, la locura y la vejez; donde más duele. ¿Podría Beckett haber escrito la novela de Bellow? No. ¿Es una novela que le habría gustado escribir? Tal vez. Creo que este punto debería abordarse, antes que cualquier otro, en esa obra de teatro. Orden Una inteligencia artificial toma el control de un país y lo primero que hace es interrumpir el suministro de alimentos de las cárceles. Acto seguido, les corta el agua. En cadena nacional da un discurso de cuatro palabras: «La ley se respeta». ¿Cuántos no lo desearían? Nada «Lo mejor en tánax es Tánax», lema del viejo insecticida. «Jabón Sucio, no lava», lema de un producto de la revista Condorito. Ambas expresiones se parecen, aunque sean de signo inverso: no dicen nada. Aristófanes & Co. En cierto arte cómico se huevea todo lo que se puede, es decir, se le saca el máximo rendimiento humorístico a cada oportunidad que se presenta. Es un estilo que a veces agota, pero que en general da excelentes resultados. Este «reírse de todo» alivia la pulsión de gravedad: ver el mundo o la vida como un problema. La comedia y su alegre plan de mejora. Estoicismo resumido Vale la pena ver el modo en que el estoicismo es resumido en la web en todo tipo de frases, memes, video breves, powerpoints. Estos son los elementos que suelen mencionarse: tener carácter; aprender a estar solo; ser moderado; la vida tiene sentido; dar lo mejor; interés en la política; no temerle a la muerte; actuar correctamente; atenerse a la realidad; existe un orden trascendente; sentido de la justicia; lo que no depende de nosotros hay que aceptarlo; somos libres y podemos mejorarnos; la naturaleza es una guía; ser feliz es lo que importa; prudencia y arrojo. Las razones que justifican cada elemento no se incluyen; de alguna manera se presupone que no se necesitan. Capacidad de síntesis y expansión Suele decirse que alguien con capacidad de síntesis tiene buena cabeza. Toma lo relevante y lo articula racionalmente. ¿Vale también para la capacidad inversa, la de extender y extender un único elemento? Diría que no sólo también vale. Proust y Schopenhauer, cada uno a su manera, consiguen algo que pocas buenas cabezas estarían en condiciones de hacer: obsesionarnos con una expansión progresivamente fascinante que nunca acaba. Vulgus Me encantaba jugar al Vulgus en los flippers de Las Cruces (1986-1988), sólo porque me gustaba su nombre. Vulgus: todavía es placentero ver la palabra, escribirla, leerla, decirla en voz alta. Difícil juego de naves, con buenas explosiones, sobrevolando geografías planetarias o fondos estelares. Una sola vez avancé hasta un paisaje distinto —pasé de un desierto con cráteres a un archipiélago boscoso— y no duré nada. Un documental sobre el atomismo epicúreo Un documental sobre el atomismo epicúreo podría partir con la imagen de unos caterpillars moviendo tierra, símbolo de una obra en construcción. Una voz en off dice: «Estas orugas mecánicas siempre han estado trabajando y nunca dejarán de hacerlo: su movimiento es eterno. Tal vez ahora estén aplanando el lugar para construir un estadio; tal vez no. La realidad carece de propósito: simplemente existe. Todo lo que en ella ocurra es contingente, pasajero. Podríamos no estar vivos —podríamos nunca haber nacido—, pero aquí estamos». - Leer entregas anteriores: Primera entrega Segunda entrega Tercera entrega

  • Los feos son el mejor partido

    A menudo vemos que la mujer hermosa es más feliz con un hombre feo que con uno guapo, aunque en su juventud el foco de su atención hayan sido siempre los guapos (y por esta razón la existencia de tantas desilusiones femeninas). Esto intenta explicar Schopenhauer en su metafísica del amor. La mujer le basta su belleza para transmitirla al hijo (que es para Schopenhauer el único fin del amor, el truco de la naturaleza para la sobrevivencia de la especie) por ende necesita otras cualidades en el hombre, como la fuerza o la valentía. De allí dice el filósofo, "que a menudo amen las mujeres a hombres feísimos". El hombre actual razona justamente en sentido contrario a esta filosofía. Nada más exaspera a los hombres de hoy, que ver a una mujer hermosa totalmente enamorada de un feo. Aceptan el amor, más como un contrato estético, donde ambos deban poseer hermosuras equilibradas, que la teoría complementaria de Schopenhauer, donde cada individuo aporte al enlace una parte distinta de sus propias subjetividades. Schopenhauer hasta se atreve a no dar un buen augurio a este tipo de enlaces guiados exclusivamente por la estética: "Si una mujer bella elige por marido a un hombre guapo, entre otros móviles, por hacer mejor figura en la sociedad, sus descendientes expiarán esta locura..." ¿No es quizás esta la razón de fondo de porqué las mayoría de las personas guapas finalmente no pueden llegar a enlaces sólidos y durables con otras de similar condición física? Un día una mujer muy guapa me preguntó, ¿Por qué en una etapa ya avanzada de la vida nosotras tendemos a enamoramos de hombres tan feos? Una mujer bella debe tomar como marido a un feo, he ahí lo cuerdo para la especie, esa es la respuesta. La verdadera locura sería hacer justamente lo contrario.

  • Pieles situadas que datifican [Lo textil como superficie y artefacto portable de datos, situación y transformación] 

    La palabra texto proviene del latín “textum” que significa tejido. Y es a través de esta práctica ancestral que muchas culturas transmitieron sus creencias y sabiduría, así como en torno a ella, es que se relaciona la creación textual con la escritura cuando de narrar se trata. Toda narración surge de un texto compuesto de palabras que forman enunciados, los cuales, juntos y ordenados de alguna forma, crean un sentido oral o escrito. Un texto, cualquiera que sea su género, contará algo. Como menciona Juana Lavulpes, “sea casual o no, la realidad es que la escritura utiliza muchos conceptos de la producción manual textil para definirse a si misma como creación intelectual, por medio, por ejemplo, de las palabras trama, nudo, enlace y desenlace, tejido o hilo”.[1] En este caso, a partir de los conceptos y elementos conocidos como línea, materialidad, hilo, hebra, cuerda, código, transformación y transcodificación, expongo a continuación tres proyectos personales que marcan un proceso de investigación y desarrollo realizado con un amplio equipo de colaboración. Estos tres proyectos se han venido desarrollando desde el año 2020 hasta la fecha y están definidos en un contexto de especulaciones basadas en el tejido para generar la pieza textil y/o superficie(textil) a partir de la cual se proyectan y concentran acciones que vinculan la relación entre lo análogo-físico-tangible y sensorial con lo digital y virtual como elementos que pueden complementarse y actuar en forma simultánea. Procesos y proyectos en torno a lo textil y nuevas tecnologías Los desarrollos tecnológicos y su profundo e inevitable impacto en nuestras sociedades han permitido que se abran nuevos caminos de exploración creativa inter y transdiciplinaria, asunto que conlleva una evolución en la relación entre lo físico-análogo con lo digital. Estas interrelaciones abren espacios, colaboraciones e intersecciones insospechadas para la creación de interfaces físicas de juego con el espacio digital que parten de textiles hechos artesanalmente con técnicas que provienen de nuestro territorio sociocultural e histórico. El textil es pues un material y soporte que ha ido explorándose tanto como material, como soporte y lenguaje. En su reciente relación con lo digital, y siendo un soporte importante de transmisión de información, se busca revelarlo en una dimensión de elemento significante como cuerpo personal y social. Los trabajos [*] que se presentan a continuación obedecen a un proceso de investigación en torno a la relación del sujeto consigo mismo, con los otros, con el entorno y la red y con las comunicaciones y lo digital. El objetivo es adentrarse en una relación con el mundo de la materia, el mundo de la energía y el mundo de la información para finalmente, presentar lo textil como una piel portable y territorial que además se enfoque y proyecte en un estar y un ser en el mundo. I Proyecto Tríptico: Nuevas tecnologías, nuevas percepciones y nuevos usos El textil, como vestuario o superficie, es un dispositivo que puede permitir interacciones nuevas y cada vez más expansivas en relación con sus funciones habituales y/o estéticas. El proyecto Tríptico, ejecutado desde fines del 2020 y hasta mediados del año 2021, estuvo integrado por un equipo multidisciplinario de colaboración capacitado para funcionar técnica y conceptualmente. El trabajo consistió en la fabricación de tres piezas portables que fueron confeccionadas con técnicas de tejido en telar plano y a 2 lisos mapuche y andino [formatos que sirvieron como referentes para el diseño de las mismas]. Para portar el diseño, las 3 piezas se basaron en la trapelacucha mapuche y la chuspa andina. Estos accesorios tienen una gran relevancia simbólica. Poseen tanto funciones ceremoniales como de adorno y de uso cotidiano y debe destacarse que cumplen un importante papel como transmisores de mucha información acerca de la vida y creencias de sus culturas. Este tipo de piezas se utilizan y visten también en contextos cotidianos pues dichas culturas no separan la transmisión de información simbólica y el uso habitual, por el contrario, viven de forma permanente y vital en unidad con lo que son y su entorno. A continuación, cada una de las tres piezas tejidas fue implementada con un sistema digital basado en una Raspberry Pi Zero W conectada a un sensor: una Picamera y Raspberry Pi Zero W para la pieza 1, Raspberry Pi Zero W con un acelerómetro-giroscopio para la pieza 2, y un sistema detector y grabador de sonido ambiente conectado con una Raspberry Pi Zero W para la pieza 3 [Fig.1]. Cada pieza tiene su batería portable y capacidad de conectarse al celular inalámbricamente. Es decir, el celular actúa como modem para transferir los datos de imagen, aceleración-giro-velocidad y sonido en tiempo real y desde cualquier lugar a la web. Una vez que se activa el sistema digital de la Raspberry Pi Zero W y su sensor, en la web se comienzan a recibir y visualizar los datos que detecta el sensor. De esta forma finalmente es posible ver una especie de tejidos digitales formados por las imágenes en grilla y el resto de los datos transmitidos [sonido y acelerómetro]. Este proceso nos permite colocarnos ante un mecanismo para organizar un trabajo de tejido y abordar una relación con la realidad: a través de nuestras acciones más inmediatas y cotidianas, simultáneamente participamos de la transcodificación desde el mundo digital al mundo físico. Un proceso que nos permite: “Pasar por espacios (real-físico y real-virtual), desde donde se genera la captura de información viva, y dicha acción cotidiana es parte de un ambiente de transformación de esa información, superposiciones y mezclas. Estos se completan a través de una interacción web, basada en datos de tres posibles interacciones físicas de los dispositivos -dispositivos portables de acción y reacción. El cuerpo-sujeto en apariencia es el protagonista, el autor no existe, ya que este usuario-sujeto se convierte en un componente más de un conjunto de acciones dentro de una cadena de ensamblaje espaciotemporal de interacción con los sentidos, con la realidad de mestizaje y con el cruce de información que circula en diversos entornos complejos que conviven a lo largo de nuestra existencia”. [2] Fig. 1. Tres piezas portables tejidas con técnicas mapuches para ser usadas como dispositivos conectados, cotidianos e interactivos. Proyecto Tríptico (2020-21) - Chile. Tríptico, proyecto que se ha mostrado en distintos espacios y encuentros nacionales e internacionales, invita a las personas que quieran tejer e interactuar con sus datos (físicos) al tejer. En definitiva, promueve la generación de una experiencia en tiempo real y presencial para visualizar la transformación y observación de dichos datos en elementos audiovisuales. II Proyecto I_C: Interconexiones El proyecto I_C (Interconexiones) [3] es un trabajo compuesto de diversos procesos, partes, participaciones y colaboraciones locales y globales. Parte de este proceso lo constituyen 2 superficies tejidas en Barcelona por la tejedora Francesca Piñol [4] a partir de un tipo de máquina noruega mecánico-digital que permite el traspaso de tejido (a telar) de los datos seleccionados y procesados en Chile por el investigador y artista Ricardo Vega [5]. Los datos objeto del traspaso son referencias astronómicas abiertas. El trabajo realizado con los mismos refleja el vínculo que existe con una disciplina de gran importancia, arraigo y futuro en Chile. Además de tratarse de un campo de conocimiento científico, el aspecto astrológico es parte esencial del contexto de vida, la cosmovisión y creencias ancestrales de los pueblos originarios del país. El trabajo de selección y el arduo procesamiento de los datos se realizó desde el contexto científico y astronómico. Sin embargo, la selección estética para generar la curatoría y fiscalización de datos tuvo lugar a partir de decisiones más subjetivas y cercanas al arte para, de este modo, transformar los datos en un tipo de imagen clara y visual-estética. En este sentido, se seleccionaron datos relacionados con el tamaño, la composición fisicoquímica de los planetas del Sistema Solar y el número de lunas de cada uno de ellos. Fig. 2: I_C, (2021-2022): proyecto global y local compuesto de varias partes, fases y participantes - ​​https://ic-taiwan.xyz/. Dos superficies tejidas en Barcelona a partir de datos astronómicos seleccionados y procesados por el artista e investigador Ricardo Vega - www.ricardov.cl III Proyecto "T-T-T [Textiles-Técnicas-Tecnologías]: Desde una post-ancestralidad" [Escritura de] Datos, tejido e interacción: El proyecto T-T-T se desarrolló a lo largo de 2022 y 2023. Tejido, técnicas ancestrales, sistemas técnicos actuales y significados se reúnen en este trabajo con el fin de producir un paisaje de interacción basado en técnicas originarias de tejido, pero no para replicarlas como tal, sino para tener presente y revelar la importancia de esta fuente de orígenes técnicos y tecnológicos que, además, suponen un importante referente para la computación actual y la era de la información, tanto digital como análoga. Estas técnicas han sido y aún continúan siendo un soporte de transmisión de información, lo que demuestra la presencia de una conciencia y modo de pensar en una cultura como organización social y existencial, así como las relaciones posibles que pueden coexistir entre humanos y entidades no humanas. ¿Cómo es la relación con la escritura en TTT?: Además de abordar la materialidad textil, el proyecto TTT consta de una sección web destinada a ser una instancia de contacto con un conjunto de propiedades que permiten codificar información basadas en la aparición de elementos esenciales para alguna futura posibilidad de escritura y lenguaje a desarrollar más adelante. Estos elementos integran lo visual traducido en la línea, el color (y futuras proyecciones hacia el sonido) y el aspecto sensorial. Dichos elementos son obtenidos por un sistema que permite diversos modos de lectura, lo que constituye una instancia para reflexionar e imaginar futuras codificaciones que podrían ser necesarias para llevar a cabo e implementar algún tipo de escritura experimental. Durante el período en que se llevó a cabo (2022-2023), estas transcodificaciones (de datos) de alguna manera suponen una relación con los siguientes elementos de la realidad inherente a lo textil: - La Cuerda como la línea, origen del dibujo, la escritura, la forma: todo aquello que dibuja escribe y va constituyendo una narrativa-contenido para ser leído y, posteriormente, comunicado (en este caso) desde lo visual. - La Cuerda como el componente y material esencial del tejido y de lo textil: que mediante la estructura conformada por la urdimbre y su trama generan lo textil, pero que su interrelación va conformando al textil con bloques de forma, con colores y disposiciones. - La Cuerda transformada en forma: la escritura jeroglífica existente desde el neolítico usaba las formas dibujadas para representar objetos mediante dibujos en piedra - siendo también muy importante en este punto hacer referencia a la compleja escritura cuneiforme, un tipo de gráfica más que alfabética. De este modo, el simple elemento cuerda va generando la forma, que después se colorea y moviliza para disponerse en diversas direcciones. En este proyecto es el público espectador quien genera el objeto mediante la línea-cuerda, para finalmente, a partir del tacto, darle una terminación (ciber textil). Este tipo de interacción visual y táctil conlleva a jugar con un tipo de transcodificación para efectivar la visualización de datos desde una grilla (invisible pero siempre latente). Por tanto, esta interacción es una muestra-juego de relación y cruce físico-digital unida a los conceptos (ocultos) de alguna posible escritura que, a partir de la cuerda, posibilita la línea para hacer forma, luego color, direcciones, es decir, información gráfica. Para este proyecto se construyó una superficie textil hecha en telar tradicional a mano de 2,00 mts x 40 cms, cuya materia prima es lana algodón. Se utilizaron colores que interpretan (desde mi subjetividad) a las cuatro zonas climáticas más importantes del territorio chileno. El fin u objetivo era generar una pieza textil con la función de ser una especie de herramienta de juego y transmisión de información con la que cualquier persona pueda tener la experiencia de esta interacción sensorial pues, desde cualquier lugar, será posible visualizar los toques de transformación de datos de los sensores dispuestos sobre este textil que es sensible al tacto. Es así como esta materialidad, que comienza con la cuerda, genera toda la estructura textil y, por consiguiente, una transformación de datos que tiene como finalidad una lectura sensorial: “La interactividad podría ser un idioma o un sistema de alguna especie de idioma, por medio de signos trazados o reacciones a partir de un soporte, y es un modo específicamente de lo viviente para transmitir información. Como medio de representación, la interactividad permite capturar y registrar mediante instancias visuales, táctiles, datos como números que provienen de sensores, y gracias a esto, la interactividad puede dar lugar a invenciones de transmisión insospechadas, todo esto, a partir de lo dado por nuestra relación con los entornos, para finalmente, identificarse, comunicar y hacer cultura”. [6] Esta pieza, implementada con sensores y a su vez conectada a la web, se enfoca en la importancia de la idea subjetiva y en la idea de transcodificación análoga-digital de datos (provocada por un input o actuador físico: el tacto), que se traduce finalmente en una transformación de datos y de una posible interacción. Se trata pues de un juego-escritura desde el textil dispuesto como territorio, pero con la diferencia de que en este último proyecto, el textil está terminado como pieza y se completa en el área de lo digital desde su versión beta. Fig. 3: Proyecto TTT: reacción cuando se toca el textil horizontal tejido con telar tradicional. Textil sensible al tacto y visualizador digital de esos datos. Versión BETA. Por último, TTT constituye la culminación de la primera etapa de un período de investigación-producción, que desde lo textil experimenta con la dinámica de la realidad relacionada con la información, con una complejidad y con la dualidad espacio-tiempo que, desde el cuerpo, es posible percibir a partir de una portabilidad wearable y que a su vez, se funde o fusiona con un usuario-espectador de lo textil como  territorio, dispuesto para ser el material de obtención de futuros patrones (gráfico-lineales) de tacto y por qué no, de otros sentidos físicos. Como conclusiones a lo anteriormente expuesto, comparto estos tres proyectos realizados a lo largo de los últimos tres años con el fin de que puedan ser materia de reflexión y análisis inter y transdisciplinario de experimentación artístico-medial local y global. El objetivo de los mismos es abrir espacios y generar preguntas acerca de las tecnologías en cuanto a su relación con los contextos y la cultura. También suponen una reflexión para generar sello propio de uso e implementación y preguntarse acerca de cómo estas tecnologías también podrían dar a conocer sistemas de lectura de información, y por qué no, de lenguaje, siendo los datos por el momento, la materia prima para un tipo de comunicación. Sin intención de invadir o de apropiarse de códigos culturales ancestrales, los tres proyectos convergen en la preocupación y el objetivo de situar lo textil-vestible y portable como piel de datos e información. Dichos códigos culturales son solo elementos de referencia para el abordaje de un trabajo vinculado con la transmisión y transformación de información y de datos que está dispuesto para futuras posibilidades de especulación desde la piel portable y/o textil, es decir, desde el sujeto y su relación sensible con el entorno. Notas [1] Juana La Vulpes. Giovanna Volpe, 2021. El origen textil de la escritura https://giovannavolpe.com/el-origen-textil-de-la-escritura/) [2] Ríos. MJ, 2021. [3] Más información sobre el proyecto Tríptico: https://triptico.vestibles.cl/sobre-proyecto-i_c/ https://ic-taiwan.xyz/ [4] Francesca Piñol http://www.francescapinol.com/es/ [5] Ricardo Vega www.ricardov.cl www.c80.cl [6] Ríos. MJ, 2022. [*] María José Ríos es artista, investigadora y creadora del proyecto editorial Vestibles. Los trabajos presentados en este artículo [Tríptico, I_C y TTT] contaron con la financiación de Fondart Nacional 2020, Fondart Regional 2021, Fondart Nacional 2022 y Fondart Nacional 2023. Para más saber más sobre estos proyectos visitar > Vestibles

  • La política reclama derecho de asilo. Formaciones políticas de la subjetividad. 

    Son días de dolor y estupor. El ataque descomunal a todos los Derechos ganados en el campo de la salud mental en Argentina, Derechos conquistados a lo largo de días, meses, años y kilómetros de luchas, están en franco peligro. La salud mental entendida como Derecho y como territorio en el que se restituye dignidad, está en la mira del DNU que el flamante presidente no vaciló en escribir. Y la sensación es que esto recién empieza. No vamos a quedarnos en el dolor, el estupor ni en la resignación. Por eso escribo. Para quienes nos autopercibimos psicoanalistas más allá del título habilitante que nos designa como licenciadxs en psicología, para quienes dedicamos gran parte de la vida a ese estudio y ese oficio, las formaciones del inconsciente de nuestros pacientes (sus sueños, sus síntomas y lapsus) son como piedras preciosas, huellas y eslabones de un trabajo que lleva tiempo, que requiere escucha, y nos conduce a forjar intervenciones en “atención flotante”, intervenciones que muchas veces nos sorprenden a nosotrxs mismxs, que emergen fuera de todo cálculo pero que son fruto de la construcción de un estilo y un saber hacer en este oficio. No voy a hablar –mejor dicho escribir- sobre ello hoy, sino sobre otros acontecimientos de un análisis, a los que me gustaría llamar: “formaciones políticas de la subjetividad”. Se trata de frases o decires que instauran un punto de quiebre, una decisión afirmativa no pre-fabricada, también emergen pero no del inconsciente sino de una trayectoria que se ve sacudida e interpelada, llevada a encontrarse en un nuevo lugar de enunciación, en un territorio originario de existencia. Por ejemplo: - “Fingir demencia es un privilegio”. - “¿Por qué la gente pide perdón por llorar? A veces lo mejor o lo único que podemos hacer, frente a algunos dolores, es llorar. Yo no me voy a disculpar por hacerlo”. - “¿Viste que llega una edad en que la gente se resigna y se acomoda? Bueno… yo no lo consigo. No consigo desistir de mí”. - “Yo quiero que las cosas me afecten. No me interesa la inmunidad ni la anestesia”. - “Quiero ser la autora de mis valentías y mis cobardías”. No son puntos de llegada pero sí indicadores de un “prestarse atención”, de una escucha ejercida para con unx mismx y capaz de recortarse, de asumir otro tono, otra cualidad que la distingue del lenguaje ordinario. Las llamo formaciones políticas de la subjetividad porque allí forzosamente nos detenemos, funcionan como un espejo inédito que habilita novedosos modos de reconocerse, apropiarse de una ubicación. Son políticas porque constituyen formas de situarse en el mundo, frente a si mismx, frente a lxs otrxs. Porque son implicantes en un cierto o determinado camino, porque comprometen a quien las dice. Son subjetivantes: actos de asunción que no permiten escapatoria. Transforman la vida en un territorio de existencia. Si lxs psicoanalistas y trabajadores del campo de la salud mental podemos escucharlas, recibirlas, resonar en y con ellas, también somos nosotrxs quienes –por añadidura- nos subjetivamos ahí. Quiero decir: hemos sido parte de ese trabajo, hemos estado allí y seguimos haciéndolo, esas formaciones son la brújula que indica que vamos por buen camino. Lxs psicoanalistas, desde mi perspectiva y la de tantxs de nosotrxs, no trabajamos únicamente con sujetos del inconsciente y sus modalidades defensivas. Trabajamos con sujetos psíquicos que llevan en su interior inscripto el mundo colectivo en el que viven, que habitan, trabajamos con la subjetividad en su dimensión tanto singular como colectiva. Sujetos que –en el mejor de los casos- tendrán en alguna de las encrucijadas de la vida, de todas las vidas que caben en una vida, de situarse y asumir un particular sitio de enunciación, de verdad, de alivio, de desafío: estx soy yo. No son formaciones orientadas o reorientadas en la perspectiva de una economía del sufrimiento. Es decir, no se trata necesariamente de sufrir menos sino más bien del registro del espesor que da densidad a la trama de una vida. También es cierto que hay formaciones políticas de la subjetividad que pactan con la indiferencia, que consienten la crueldad, que explicitan o revelan la decisión de no saber, o de saber y que eso nada signifique. También son formaciones políticas al interior de las subjetividades y en el mundo que componen en sus vínculos. Y, por cierto, nos obligan a nosotrxs, analistas, a tomar posición.  Nos abstenemos, lo hacemos, pero no somos neutrales. Para muchos de mis colegas “yo” es casi una mala palabra.  Contraseña de un mal ejercicio de la práctica analítica, el indicio que revela que no se está en la buena senda, esa que instaura la hegemonía. Ahora bien, el yo (que hunde sus raíces en el inconsciente) es parte de la vida psíquica con la que trabajamos. Me importan mucho mis pacientes, me importan sus sufrimientos y padeceres, me importan sus alegrías y hallazgos, sus encuentros inéditos dentro y fuera de sus “confines”. No me dirijo únicamente a sus inconscientes, no hablo para entes encumbrados. Les hablo a mortales tan mortales y materiales como yo, tan divididos como yo pero también tan afectados, deseosos, conmovidos, incapaces, decididos, indecisos, perdidos, animados y arrojados a vivir. En estos días en que la política del país está instalada más que nunca en el corazón de nuestras existencias, tanto que festejar se hace difícil, incluso a veces imposible, quienes trabajamos en el campo de la salud mental tenemos que hablar de política. No transcurre afuera de los consultorios, no transcurre de a ratos nomás, no es apenas una perspectiva como puede haber tantas otras. Incluso cuando escuchamos sueños, cuando trabajamos con síntomas y cuando un lapsus interrumpe el fluir de un decir, siempre nuestra escucha es ético-política. La política está presente no únicamente cuando hablamos “de política”. El filósofo argentino León Rozitchner escribió y repitió a lo largo de su vida: cada sujeto es núcleo de verdad histórica. La salud mental también es no acostumbrarse ni plegarse a la violencia ni a la crueldad. Salud mental es insistir, no desistir, resistir, cada vez que ello se escribe con letra propia. La salud mental es política. La política reclama en los consultorios y en todos los lugares en los que ejercemos, derecho de asilo.

  • Fuego, Gaia, Gran aceleración

    Extracto del libro Pequeño diccionario del Antropoceno, de Yuri Carvajal, médico, lector y caminante, que acaba de publicar en Saposcat junto al ensayo “Humos/ Humus”. Estas son tres entradas de las casi 60 de su léxico para pensar el momento en que vivimos. Fuego “Las naciones en desarrollo tienden a tener demasiado fuego de superficie del tipo equivocado y las naciones industrializadas, demasiado poco del tipo correcto”, escriben Stephen Pyne junto a su hija Lydia. Fuegos correctos, fuegos incorrectos, fuegos de superficie, fuegos no superficiales ¿Qué significa esta jerga? ¿Cuál es su utilidad inmediata? Es algo más que un simple juego de conceptos. Se trata de un consistente esfuerzo intelectual para comprender un problema al cual los lugares comunes ya no dan respuesta. El fuego es algo más que un enemigo, un peligro o un riesgo. El fuego es un desafío comprensivo, un cuestionamiento de nuestras estructuras conceptuales y categorías institucionales, incluso de nuestro modo civilizatorio, de nuestros valores y de nuestras relaciones. Comprender intelectualmente el fuego es imprescindible si queremos entender, por ejemplo, cómo es posible el drama incendiario que en los veranos arrasa cientos de miles de hectáreas en todas las regiones del mundo. Lo que intentan señalar los Pyne es la condición urgentemente necesaria del fuego para nuestra vida. Si requerimos del fuego como del oxígeno mismo, es porque el fuego es un proceso biológico imprescindible para nuestra humanidad eréctil y deambulante, en un planeta peculiar en condiciones de ignición. Una de las cuestiones que más apremia, entonces, es el rol de los humanos monopolizando el fuego. Si el fuego es una propiedad compartida con otros animales de caminar erecto, como el  Australopitecus, o dentro del mismo género Homo, lo cierto es que en las condiciones geológicas actuales y dada las características de los sapiens, la búsqueda de un fuego cerrado y oculto –al interior de los motores, de nuestros hornos– alimentados por combustibles fósiles, despliega necesariamente una contracara de los fuegos salvajes de superficie. Vivir en paz con el fuego está quizás mejor representado en los mitos americanos, que lo narran como una hermandad mínima entre pájaros, humanos y árboles. Cuando rastreamos a otros pensadores del fuego encontramos muchas referencias antropológicas, químicas y mitológicas. Nos quedamos aquí con dos provenientes de Francia, Gastón Bachelard y Claude Lévi-Strauss. Este texto de Bachelard, escrito en 1938, está preñado de implicancias: La interiorización del fuego no sólo exalta sus virtudes, sino que da lugar a las más palmarias contradicciones. Esta es, según nosotros, la mejor prueba de que se trata más bien de valores psicológicos que de pruebas objetivas. El hombre es, quizá, el primer objeto natural en el cual la naturaleza intenta contradecirse. Por otra parte, esta es la razón por la cual la actividad humana está cambiando la faz del planeta. Sigamos a Lévi-Strauss, que rastrea mitos bororo, tupí y ge: Todos estos subconjuntos [de mitos] poseen ciertos rasgos en común. Por principio de cuentas, hacen provenir el fuego de un animal, que lo ha cedido a los hombres o se lo ha dejado arrebatar por ellos: buitre en un caso, jaguar en otro. En segundo lugar, cada especie es definida por su régimen alimenticio: el jaguar es un depredador que consume carne cruda; el buitre, aficionado a la carroña, se alimenta de carne corrompida (…). Los mitos ge del origen del fuego, como los mitos tupí-guaraní acerca del mismo tema, operan mediante una doble oposición: entre crudo y cocido por una parte, entre fresco y corrompido por otra. El eje que une lo crudo y lo cocido es característico de la cultura; el que une lo crudo y lo podrido, de la naturaleza. Gaia “Hay una sola Gaia, pero Gaia no es una sola”. La frase muestra en la hipótesis Gaia, formulada a mediados de los setenta por James Lovelock y Lynn Margulis, una tensión. Huye del holismo y los sistemas y señala con toda claridad que Gaia no es esférica, ni autorregulada ni menos ha llegado a un clímax, stasis o equilibrio, ni mucho menos es un organismo vivo. Tal como lo vivimos día a día, la Tierra es un lugar en permanente desequilibrio y lleno de sacudidas cósmicas. Su movimiento va de atractor en atractor, de condiciones que dentro de ciertos límites pueden generar ciclos, pero que en grandes perturbaciones se tornan caóticos, hasta que logran entrar en otro momento de semi estabilidad. En 1935, uno de los grandes de la ecología, Arthur Tansley, para poner en circulación la expresión ecosistema, desechó expresamente la noción de super organismo. Comprender a Gaia entonces no es asimilar un sistema homeostático, en que los sistemas de retroalimentación funcionan para no alejarse del equilibrio. Por el contrario, Gaia es bastante extremista y radical: pasa de condiciones de anaerobiosis a grandes oxigenaciones, de mundos reptilianos a predominancia de mamíferos placentados en virtud de unos genes transferidos por un virus. Pasamos de la tierra negra a la tierra azul, luego gris, roja y después blanca y finalmente verde. Ur, el supercontinente, se despedaza para luego volverse a reunir en Pangea, que a su vez vuelve a fragmentarse. La Antártida se desplaza de las zonas temperadas para ubicarse en el polo sur y el Sahara sucede al bosque mediterráneo norafricano. En ocasiones, el albedo del hielo planetario potencia el enfriamiento y en otras cede a las fuerzas del calentamiento, como ocurre hoy. Los ecosistemas son muchos, no uno, en la propuesta de Tansley. Para que Gaia pueda ser parte de un debate político, fuerza es reconocer su multiplicidad. Gran aceleración En el año 2004 el Programa International Bioesfera Geoesfera (IGBP) publicó el libro Global Change and the Earth System: A Planet Under Pressure, que condensa el trabajo del período 1999-2003. El libro contiene dos conjuntos de gráficos en serie de tiempo. Uno de ellos está compuesto por doce parámetros socio-económicos y otros doce del sistema Tierra. Las imágenes, profusamente citadas (visibles en globaia.org/anthropocene), muestran un cambio de pendiente de cada curva, que se vuelve más vertical, la mayoría de ellos situados en la década de 1950. El historiador John McNeill ya había planteado que el siglo XX era el punto de giro de los efectos antrópicos sobre el planeta. Pero los gráficos no sólo confirmaban sus propuestas, sino que le daban una fecha bastante precisa. A ese momento y a ese fenómeno se le llama la gran aceleración y se le asocia con Will Steffen, el investigador que editó el libro del 2004 y coordinó el equipo de trabajo. El nombre “gran aceleración” es una analogía de la expresión usada por Karl Polanyi en 1992 para designar las transformaciones europeas que dieron nacimiento al mundo moderno y que llevaron a la crisis de los años treinta. En 2015 el trabajo fue reactualizado, para separar países OCDE y no OCDE, como una forma de incluir las desigualdades en la gran aceleración y además una actualización de las cifras hasta el 2010 (Steffen et al. 2015). Aunque las pendientes muestran la impronta de la gran aceleración en forma global, los países no OCDE lo hacen más tardíamente, a menor velocidad y su contribución al consumo total es minoritaria pese a su mayor población. La gran aceleración muestra la serie histórica de la extensión del modelo estadounidense al mundo: autos, ciudades de hormigón, consumo. Muestra su imposibilidad y la errada imitación de las elites dirigentes de los países periféricos. Es posible que en Chile la gran aceleración sea asignable a las dos décadas de Pinochet, y que los gobiernos previos buscaran afanosamente una gran aceleración en la que fracasaron. Los años 50 vieron en Chile pasar a un predominio urbano y las cifras de educación y saneamiento básico se transformaron radicalmente. Sin embargo, los patrones de consumo masivos de electrodomésticos, automóviles, combustibles fósiles, fueron impuestos por la dictadura. - Pequeño diccionario del Antropoceno Yuri Carvajal Editorial Saposcat

  • Algunos apuntes en relación a La noción mapuche de che, de José Quidel Lincoleo

    El nuevo libro de la “Colección de Pensamiento Mapuche” de Editorial Pehuén es uno de los más importante ante el escenario que vive nuestro pueblo en sus dinámicas políticas internas. Las divisiones en el seno del movimiento autonomista se han intensificado, producto de la Convención Constitucional, manifestándose de manera crítica por algunos miembros de la vía rupturista a la Autodeterminación contra los representantes de la vía gradualista a la Autonomía en el proceso constituyente. A su vez –y a raíz del eluwün de Pablo Marchant–, también se manifestaron diferencias en el seno de las mismas organizaciones rupturistas en el camino a conquistar la Autodeterminación vía Control Territorial. Dicha atomización, a pesar de los hechos de dolor e injusticias, como la muerte de militantes o la situación de los prisioneros políticos, parece primar, en los líderes de la vía rupturista a la autonomía, su propia visión de la historia mapuche antes que poner puentes para formar un movimiento amplio y persistente en el tiempo. Si bien la agenda es común, las vías para conquistarlas –en específico el uso de la violencia como instrumento– parecen ser más importantes en el camino a la Liberación Nacional Mapuche. El pueblo mapuche nunca ha sido un ente monolítico. En tiempos tan determinantes como el arribo del mundo hispano y luego los avances de la República chilena, las diferencias al interior de los mapuche permitieron avances de los adversarios a nuestro pueblo, pero evitando la consolidación del sistema colonial. En palabras de Steve Stern, se podría señalar que la dinámica del pueblo mapuche ha sido la “adaptación en resistencia”, o como dijera Rolf Foerster, que los pactos, dependiendo de la capacidad política de los mismos mapuche, se podrían transformar como tratados de sumisión o rebelión. Dentro de toda la dinámica política que uno percibe en la esfera pública se encuentra la noción del ser de los mapuche. Este es un tema crucial, que José Quidel desmenuza desde sus múltiples conocimientos como hablante de mapuzugun, Longko, dirigente en algún tiempo de una de las organizaciones autonomista mapuche, como fue Aylla Rewe Wenteche Truf-Truf, y hoy académico de nuestro pueblo. Desde esta experiencia, Quidel explora, explica y construye lo que se denominaría como kimün mapuche, en específico el significado del “Che”. Al hacerlo, Quidel nos lleva al interior espiritual y humano del pueblo mapuche, en un viaje que da cuenta que la colonización mapuche no fue absoluta y que permitió la resistencia de nuestro pueblo luego de concluida la Ocupación de La Araucanía entre 1861-1883. En ese mismo ámbito, Quidel expresa las diferencias que existen entre el mundo wingka y mapuche. En parte, junto con la lucha por la devolución de tierras, lo injusto de la pérdida territorial bajo la República a manos de los colonos y empresas forestales, a lo que sumamos la política de seguridad pública desplegada por los gobiernos postdictadura, nos percatamos que las raíces del actual desencuentro son las diferencias conceptuales y formas de vida que existen entre mapuche y no mapuche. Esto último expresado en la Convención Constitucional, en que los representantes del pueblo mapuche se han visto sometidos y sometidas a un constante hostigamiento por parte de los sectores conservadores del país y el silencio, en ocasiones, de los sectores progresistas. ¿Es extraño? En parte no, porque las raíces del conflicto son de características coloniales, como permite dilucidar el libro de José Quidel. La noción mapuche de che no es sólo un libro pensado para los no indígenas. También esta escrito para nosotros y nosotras, miembros del pueblo mapuche. ¿Qué es el kimün? ¿A qué se refiere cuando hablamos de nütram? ¿Qué es tuwün? ¿Küpan? Muchas de estas concepciones han sido explicadas por poetas, como Elicura Chihuailaf en Recado Confidencial, pero este libro viene a fundamentar aún más esas percepciones que han sido tratados, a su vez, por los escritos de Elisa Loncon y Margarita Canio, entre otras. Todas tienen en común uno de los temas cruciales de la historia mapuche post Ocupación de La Araucanía: darle mayor relevancia al mapuzugun. Al hacerlo, José Quidel, nos permite comprender cómo cada concepto del pueblo mapuche da cuenta de una dimensión “espiritual”, y ella forja el pensamiento. Al unirse ambas se desarrolla la dimensión social, que a su vez conforma el cuerpo social del pueblo mapuche. Esa es la base esencial de nuestro pueblo, desde la cual se desarrollan las ideas sobre el territorio, luego la organización política y las reflexiones en torno a cómo gobernar el Wallmapu. Todas estas dimensiones desarrolladas a lo largo del proceso histórico de formación como pueblo, y que fueron detenidas por la invasión chilena y argentina. Al hacer este ejercicio, Quidel envía un “recado confidencial” a los miembros del pueblo mapuche y da cuenta del grado de colonización en que estamos sumergidos, por muy insurgentes que seamos en nuestras distintas formas de expresión en el escenario colectivo. No obstante, al mismo tiempo, da cuenta de lo compleja y amplia que ha sido la construcción de la sociedad indígena con sus diferentes grados de adaptación. Como explica el autor, se debe al propósito de evitar la conceptualización en las construcciones de pensamiento expresadas en su aspecto lingüístico. La sociedad argentina y chilena, normalmente, han demonizado las prácticas de nuestro pueblo en el espacio público y privado, gestando ámbitos raciales sobre un amplio número de miembros mapuche. La sociedad no indígena, al no comprender, sea por opción o ausencia de educación, se manifiesta en ese espacio a través del racismo, una práctica construida racionalmente por el pensamiento no indígena y aplicada sobre las personas comunes. Esta última, a su vez, se ha transformado en una fuente de hegemonía epistémica que invalida a la de los pueblos originarios por considerarla poco racional. Este libro de José Quidel es un acto de interculturalidad para superar la bipolaridad respecto a cómo se mira al pueblo mapuche, es una invitación a superar los prejuicios y reconocer en el conocimiento mapuche una forma distinta de ver la relación entre el ser humano y su entorno. - La noción mapuche de che [persona] José Quidel Lincoleo Prólogo de Fernando Pairican Editorial Pehuén - 2020

  • Palabras que amparan, lenguaje que abraza: Teresa Wilms Montt 

    Mientras estoy sentada en el patio de un registro civil, leo el diario íntimo de Teresa Wilms Montt: “Bajo la sombra hospitalaria de los viejos pinos del jardín, voy a diario a meditar profundamente”. Justo ayer, después del gimnasio, me senté en una banquita de madera que descansa bajo un árbol que la cubre mientras espera que caiga el peso de un alma pasajera. Me he dejado caer ahí para esperar la micro. No es primera vez que la banquita se vuelve mi estación. Ya me había percatado de su potencial para almacenar la espera en meditación. De hecho, pensé que ese se ha vuelto un punto donde he empezado a construir mi pequeño templo de práctica meditativa. Respiro, observo la calidez del sol reflejada en la brisa que llega hasta mis mejillas y se cuela por mi nariz. De paso, deja un cálido beso en mis labios dormidos en la espera. Mientras escribo esto, veo una pequeña araña asomarse en el diario de Tejita*. De pronto salta hasta este, mi diario. Así, simplemente, omitió cien años. Soplo la araña porque, aunque se ve inofensiva, pienso que me puede picar. Ahí me asalta una voz en mi cabeza que me dice ¿Qué más daño podría hacerle a esta alma que es daño antes que alma?, ¿qué más me podría dañar?, ¿se puede ir más lejos en el dolor?, ¿será que el dolor es infinito? “El goce ha sido tan corto, el sufrimiento parece eterno” me responde, a lo lejos, Teresa. Aquí vuelvo a mi recuerdo zen de ayer, acurrucado a la sombra de un árbol, para hacer la conexión con el jardín meditativo de Teresa, que la araña tan descaradamente se saltó sin respeto alguno. En los mismos lugares, Tejita, encuentro los registros de tu alma. No es primera vez ni el único lugar. Hace no mucho, cuando quería conocer la iglesia donde estuviste enclaustrada, la Iglesia de la Preciosa Sangre, me di cuenta de que se trataba de la misma iglesia que acompañaba mi encierro escolar. Tú cumpliste condena entre mujeres, yo entre hombres, procurando siempre sentarme al costado de una ventana para mirar el exterior que me conectaba con la sensación de libertad al ver la gente pasar. Y fue ahí donde se cruzaron nuestras miradas, dirigidas a una misma plaza, la Plaza Brasil, buscando la libertad que, para ambas, tardó en llegar. Pero ésta llegó huérfana, coja en igualdad, justicia y ternuras, con lo que entendimos que la libertad por sí sola nunca fue suficiente. “Cuando llega la tarde me vuelvo a mi celda con la misma impresión dentro del alma. ¡Nada! Nada, siempre nada que pueda darme felicidad en este mundo pequeño”, continúa Teresa. Así mismo me marché después de mi suspiro meditativo, con la sensación de llevarme nada. Me subí a la micro solo con el peso de mi…no encuentro palabras para nombrar aquello que cargo, ni explicaciones que le den un sentido. Quizás es eso, nada. Pero la nada pesa, la nada es melancólica. La nada se percibe tal cual la describe Teresa hace cien años atrás. Quizás por eso vuelvo siempre a ella, porque le da un lenguaje a eso que me aplasta: lo dota de poesía y así se vuelve compañía. Las palabras amparan, y son el abrazo que espero cada noche antes de dormir.

  • OÍR / RÍO: Sobre la obra de Máximo Corvalán-Pincheira

    Un emperador chino pidió un día al primer pintor de su corte que borrara la cascada que había pintado porque el sonido del agua le impedía dormir. Esta es la primera frase que escribe Régis Debray en el prólogo de un libro que comenzó a circular en Chile en 1994: “Vida y muerte de la imagen”. La fecha es importante porque se había terminado el imperio de un determinado tipo de discurso que declaraba la preeminencia ejemplar de las instalaciones como “pensamiento objetualizado”. De todos modos, el insomnio entre nosotros no se había disipado. Los principales artistas totémicos regresaron a la universidad para reclamar lo que en derecho pensaban les pertenecía y les había sido arrebatado. Mi madre, en su juventud, acudía a la cordillera a pasar temporadas de cura. Siempre le fascinó el sonido del agua de los arroyos, porque focalizaba el curso del tratamiento.  Ya anciana, descubrió una fuente eléctrica china que reproducía el detalle de un jardín de plástico en que había una cascada. El sonido del agua corriendo le evocaba reparables momentos. Los chinos habían logrado comercializar a buen precio lo que Alberti había declarado en 1452, en “De re aedificatoria”: “Hace gran bien a los que tienen fiebre ver pinturas que representan fuentes, ríos y cascadas. Si alguien, de noche, no puede conciliar el sueño, que se ponga a contemplar fuentes y le vendrá el sueño”.  Y luego, Debray agrega: “El agua pintada que molestaba al chino sosegaba al toscano”. Sin embargo, en el hall del Museo de Bellas Artes, se levanta una fuente que impide toda contemplación. Dos historias; dos cuentos chinos. El signo sonoro del agua, al mismo tiempo perturba y repara. Quizás no haya la una sin la otra. En el montaje de Máximo Corvalán-Pincheira (MCP), cuyo título es “OÍR/RÍO”, todo parece pensado para producir una sonoridad determinada por el paso del agua por una canaleta instalada sobre una estructura de madera (coligues) que reproduce las condiciones de una pendiente. El sonido está determinado por la velocidad de paso del agua por la canaleta de distribución. La variación de la pendiente está asegurada por una estructura que se asemeja a la faena de un lavadero de mineral, gracias al cual se separa del agua una gran cantidad de materia. La asociación de los aparatos sería tan solo parcial: aquí no hay oro. Lo único que brilla es la superficie del agua turbia. Tres bombas eléctricas suben el agua hacia la altura inicial de la pendiente y aseguran su circulación a una velocidad adecuada. En la base de la estructura, una fuente de latón recibe el agua en el extremo de la canaleta, donde se forma una cierta cantidad de espuma, probablemente debido a la descomposición de plantas, algas y basura. El agua que es puesta a circular proviene del río Mapocho y puede contener bacterias. El sonido del escurrimiento es amplificado a través de altoparlantes dispuestos a escasos metros de la estructura. La instalación sonora de MCP se asemeja a la fuente comprada por mi madre para producir el ruido de la cascada del emperador chino.   Pero, en el fondo, la fuente es lo más parecido a un experimento en un laboratorio básico de hidráulica; ciencia a la que tomo prestado algunos elementos de su léxico básico, para hacerlos intervenir en el análisis de obra.  Lo más importante de este procedimiento es la exactitud literal de funcionamiento del dispositivo técnico. En el diseño y construcción de un canal de pendiente variable es preciso tomar una serie de consideraciones, cuyos cálculos no serán objeto de este texto, si bien se debe entender que el agua turbia, como todo fluido, al tener baja cohesión molecular adopta la forma del recipiente que la contiene. Sin embargo, no hay que considerar solo la forma, sino el comportamiento del agua en la canaleta, debido a la tensión superficial de fuerzas que pueden ser provocadas si hay sedimentos arrastrados.  De ahí que los canales deban tener un borde libre para entender la dinámica del fluido que contienen, que se define como la distancia o altura desde la superficie del líquido (normalmente agua) hasta la parte superior del canal, cuidando que las ondas de agua oscilen sin salirse del canal. El agua produce sonoridad no solo por el roce en la canaleta, sino por lo que acarrea: “si el río suena, un piano trae”. Tenemos agua turbia, sedimento fino, velocidad de escurrimiento, producción de espuma, para definir los términos de un enunciado complejo, cuyo sentido parece estar condicionado al lugar de procedencia del agua: el río “Mapocho”, condensando una sobre carga simbólica que “fija con precisión el tiempo de permanencia de un cadáver en el agua”. Posiblemente, en este contexto, esta frase no es anodina. Fue impresa por Eugenio Dittborn en un grabado realizado en 1979, en que había tres imágenes impresas: un nadador braceando en una carrera, una llegada de fallo fotográfico de caballos en un hipódromo y una toma de la piscina escolar llena de agua. En 1989, Gonzalo Díaz realizó una instalación en la que un objeto “inspirado” en la estructura de un “pie de   cabra” ocupó un lugar decisivo. Un “pie de cabra” es una estructura de madera rellena de gaviones que se construía en el campo, antiguamente, para desviar un curso de agua. La instalación de MCP es una proclama que hace manifiesto el deseo de desviar el curso del “Mapocho” hacia el hall del museo, en un intento evidente de limpiar los establos de Augias. Lo que hace suponer que la obra se instala para limpiar el museo, considerado para esta ocasión, como un estercolero. Sin embargo, esta es una explicación plausible que permite montar en este espacio específico, a partir de una obra específica, una amenaza que afecta la propia consistencia del lugar. Porque si forzamos las cosas, como lo hace toda obra específica en un lugar simbólicamente cargado, esta fuente define una metáfora que pone en riesgo su función como lugar de sedimentación de obras. Esta es la razón de por qué los sedimentos efectivos, en esta instalación, no pueden depositarse en el fondo de la canaleta, sino que hacen trabajar la memoria viscosa de una masacre, cuyos indicios sonoros impiden que los “emperadores del olvido” concilien el sueño. - La instalación puede verse hasta el 3 de marzo de 2024 en el Museo Nacional de Bellas Artes [José Miguel de la Barra 650. Santiago. Chile] - Registro fotográfico: Jorge Brantmayer

  • Rotting in the sun

    Al inicio de la cinta vemos al perro comiendo mierda, plantando la nariz en la mugre humana. En adelante, su nariz siempre lo lleva por el camino de la podredumbre, hacia las verdades que se descomponen, no bajo la alfombra, sino sobre la casa, en el techo y a pleno sol. La trama se sostiene en la incertidumbre y el misterio, al mismo tiempo que logra una sátira con intersticios de ridículo y comedia negra. Personificado, todo, en Vero, brillantemente realizada por Catalina Saavedra, una empleada doméstica silenciosa que insiste en una construcción de relación sorora con el perro, cuya condición de macho omite con porfía. “Las dos” -Vero y el perro- son las paladinas de la verdad y aguantan el misterio. Son “las espectadoras” de lo que acontece en la vida de Sebastián. Él, un joven cineasta y artista visual chileno, homosexual, existencialista, aparentemente depresivo y suicida, quizás drogadicto, vive el martirio de una sequía creativa que lo terminan llevando al despeñadero de un proyecto audiovisual del cual, en un principio, rehúye. Todo comienza leyendo “El problema con haber nacido” en una playa nudista gay en que despuntan el exceso, la desinhibición y el goce evidente, a vista y paciencia de todos. Un festival de exhibición a modo de constante e insistente invitación a entrar en la performance paroxística. Allí, al borde del ahogo -literal y en sentido figurado- se conocen Sebastián y Jordan, ocasión en que este último presenta a Sebastián el cuestionado proyecto audiovisual que lo empujará a la podredumbre. La protagonista es Vero, quien mueve el guión y produce un giro de proporciones que ningún espectador podría imaginar hasta que ocurre, cuyo resultado es la absoluta desaparición de Sebastián de la faz de la tierra. Atormentada, da vueltas sudorosas por una fiesta de 15 años en que una adolescente canta pastosa “I need you more than ever”, que se vuelve un himno de toda la cinta toda vez que la obsesión de Jordan con la búsqueda de Sebastián se transmite desesperadamente por redes sociales, en una contradicción entre sobreexposición y total ocultamiento. Jordan grita al mundo que necesita a Sebastián, que por favor lo ayuden a dar con su paradero, Sebastián guarda el más completo silencio. La tensión se mantiene hasta el final, el espectador aprieta cada músculo del cuerpo cada vez que la historia parece ir a correr el velo, cada vez que el perro o Vero parecen al borde de develar la verdad. Pero no pasa, no pasa y no pasa. Cuando ya toda posibilidad de encontrar a Sebastián y saber la verdad parece perdida, aparece, abrupta, ridícula y estrepitosa, la confesión. Confesar parecía, durante toda la película, el peor de los martirios y, en cambio, llega como el mayor de los alivios vividos, el momento de soltar todos los músculos y respirar en paz. Impensada la verdad, impensada la confesión, y gratamente impensada la cinta de Sebastián Silva.

  • Credo anarquista: Hacia un Ethos 

    Los hay clásicos, comunistas, cristianos, individualistas y hasta capitalistas, también epistémicos y conservadores, dice Armando Roa Vial en su nuevo libro, Ácrata. Apuntes y visiones, del que aquí publicamos un extracto. “El anarquista genuino descree del institucionalismo de la autoridad, de la parafernalia burocrática del poder, no de la autoridad en sí misma; por eso es un hombre más de principios que de reglas, más de convicciones que de imposiciones”. Se puede ser un anarquista por omisión. Cuando la distancia hacia los credos ideológicos tradicionales se hace insalvable pero aún se conserva una esperanza lo suficientemente plástica, no cínica, en la fragua de la experiencia mancomunada como rito de paso en la configuración de la persona y su destino individual. Y digo anarquista, aunque también podría extender su fisonomía a la del anarca, acuñada por Ernst Jünger a través de su personaje Manuel Venator, por más que Jünger insista en distinguirlos con argumentos discutibles que en ocasiones, incluso, rayan la trajinada caricatura del anarquista como apóstol de la violencia. Entre el «optimista escrupuloso» (tomo la expresión de Roger Scruton) y el pesimista audaz, el anarquista ondea en un paisaje variopinto y hasta caleidoscópico: están los anarquistas clásicos, de estampa anarcocomunista, como Bakunin y el príncipe Kropotkin; están asimismo los anarquistas cristianos de la escuela de León Tolstói o Jacques Ellul; los anarquistas individualistas en la línea de Thoreau o del heterodoxo Max Stirner. Si hurgamos más encontramos anarquistas conservadores, como Orwell y Borges, e incluso anarcocapitalistas, como Murray Rothbard. Hasta en la filosofía de la ciencia hay quienes sostienen un anarquismo epistémico, como Paul Feyerabend. El anarquista genuino descree del institucionalismo de la autoridad, de la parafernalia burocrática del poder, no de la autoridad en sí misma; por eso es un hombre más de principios que de reglas, más de convicciones que de imposiciones: la legalidad para él sólo es plenamente legal al estar también investida de legitimidad. Se diferencia del liberal al postular esa singularidad no cuantificable que es la persona, en su fisonomía anímica única e irreductible, en esa última e insobornable soledad, ajena al comercio humano, a diferencia del concepto de individuo, una noción estadística e intercambiable; su ideal de libertad, por lo mismo, es una categoría moral, no económica: voluntad inalienable de ser desde la gratuidad de la existencia, más allá de cualquier consideración utilitaria; las necesidades están al servicio del hombre, no el hombre al servicio de sus necesidades. La voluntad de ser no pasa por ver en el otro una fuente de competencia, sino de completitud y sentido: somos esa suma de rostros que trabajan el nuestro. La vida, como el lenguaje, es transitiva. La desconfianza instintiva del anarquista a las abstracciones, lo aleja de los socialismos marxistas, al dictado de leyes donde resuena un providencialismo que hace del hombre una pieza de relojería gobernada inexorablemente por los resortes de las estructuras económicas; ese profetismo fatalista le resulta sospechoso, como también el arbitrio de las necesidades puramente materiales en la configuración del destino personal. Y es que la naturaleza humana, modelada por la fineza de lo irreductible, no puede ser encerrada bajo ninguna camisa de fuerza; sus cualidades no se agotan en un esquematismo mecánico. La igualdad de oportunidades, para el anarquista, no significa nivelación, sino reconocimiento a la infinita diversidad de los seres en sus potencialidades; sin libertad, esa igualdad es una pátina homogeneizante que ahoga las particularidades donde relumbra el esplendor creativo de lo humano. La existencia no puede ser tarificada ni por el Estado ni por la mano invisible del mercado. Por eso el anarquista adopta la máxima kantiana que distingue entre ser acreedor de una dignidad o ser acreedor de un precio; o lo uno o lo otro, sin confusiones ni ambigüedades. Dignidad, pensaba Kant, es el atributo de lo irremplazable y, por lo mismo, de aquello que no puede ser reducido a un monto. Nosotros añadiríamos que las dignidades, entonces, no se transan ni obsolecen; ajenas a dividendos y liquideces, se yerguen impolutas frente al tráfago de las ganancias y las perdidas. En esto el anarquista es inflexible y su rebeldía es un expediente moral; de hecho, se sabe un moralista porque así́ como la libertad genuina no puede demandarle sino devoción, sus falsificaciones le despiertan repugnancia. La libertad es una ética y una ascética; su ejercicio genuino y riguroso enfrenta el reto de vislumbrar en el otro, en el que está más allá de mí, no un limite anulador sino una potencia configuradora: sólo donde otro es, despunta un «yo soy» con entidad maciza, forjando la impronta de una huella. El salto al otro es, a la larga, un salto a uno mismo. Es en ese juego de alteridades donde se funda lo social y lo público, no en la maquinaria oxidada de una institucionalidad opresora. Y es que la ascesis ácrata es hija de Eros, no del miedo. La libertad es un bien intrínseco porque ella es el relicario de las afinidades electivas que terminan por esculpir la unicidad de la experiencia humana, dejando irradiar lo inédito de una mirada, de un gesto, de una voz. El historiador G.D.H. Cole decía que «los anarquistas eran anarquistas porque no creían en un mundo anárquico».* Esta frase resume de manera contundente y desmitificadora el sentir más hondo del pensamiento libertario. A despecho de libelos y difamaciones, los escritos de Bakunin, Camus o Thoreau, más allá de cualquier divergencia filosófica, rimando la tinta con la sangre, destilan una mirada donde lo humano asoma limpio de las evasiones de la teoría o de las mañosas manipulaciones de la ideología: es la vida que se sabe fiel a sí misma en su sabiduría cruda y hasta salvaje, milagrosa en su acontecer y misteriosa en su destino, cocida a fuego lento por el sentido común, que añora más el afecto que el efecto, que ensaya en su día a día un retorno a lo simple, que celebra la apoteosis de lo ínfimo como si se tratara de una epifanía, que ambiciona despojarse de toda ambición, no carcomida por la codicia, a la manera del inolvidable Platón Karataev de La Guerra y la Paz, el más anarquista de los Tolstoianos y el más Tolstoiano de los anarquistas. Ácrata. Apuntes y visiones Armando Roa Vial Descontexto Editores, 2023 Ensayo

  • Poética de la piscina

    Un volumen de agua encerrada, enclaustrada, encajonada. Un agua delimitada, a veces temperada, otras gélida. Cristalina o verdosa, transparente o densa. Un agua enmarcada, como un cuadro. Repleta de cuerpos chapoteando en ella o vacía, expectante, agitada o inmóvil. De profundidad variable, en principio siempre se ve el fondo si nadamos en ella de día o con las luces encendidas. Típicamente ortogonales, en forma de rectángulo, pero también de riñón, en el patio de una casa o al interior de un gimnasio techado. Una zona del suelo en que la superficie es líquida, separada del resto por un borde de cemento. Rodeada de pasto, junto al mar o un lago, en una redundancia algo absurda, excesiva, lujosa. Un despilfarro, un agua restringida junto al agua ilimitada de espacios naturales incontrolables en su temperatura, movimientos o salinidad. Nadie navega en piscinas, más cercanas a las fuentes que a los ríos o canales, otras formas de agua restringida por orillas que la contienen. Sí se encuentran a veces esos colchones flotadores en los que alguien yace a la deriva, boca arriba o boca abajo, eventualmente con un cóctel en la mano. El agua que pasa, que corre, que sigue la inclinación del terreno, contra el agua quieta, estable, en equilibrio. Es curioso que no exista un equivalente en castellano a la palabra inglesa shallow, “poco profundo”, antónimo de deep. Aplicado a personas se puede traducir como “superficial”, pero nadie diría de una piscina que es superficial, sino “poco profunda”. Tantear el fondo con los pies para ver si uno topa, y dónde. Caminar hasta el lugar en que empezamos a flotar, o nos hundimos… Las piletas pueden tener peces; las piscinas en principio no, aunque en Argentina le llaman pileta a la piscina. Y la palabra piscina proviene del latín piscis, pez, porque originalmente designaba pozos para peces. Los primeros cristianos designaban con esta palabra a la pila bautismal. Algunos cristianos evangélicos todavía practican el bautismo con inmersión total para significar el renacer a una vida nueva, y lo hacen muchas veces en piscinas. Se sumergen vestidos, hundiéndose en el agua de espaldas, hacia atrás. La piscina como umbral, como lugar sagrado. Las piscinas deportivas son un conjunto de pistas paralelas reguladas por velocidad de nado, con estrictas reglas de direccionalidad (circule por su derecha). Normalmente si un nadador de velocidad intermedia como yo entra por algún motivo a la pista rápida y no logra mantener el ritmo, genera la irritación de los otros nadadores, que comienzan a tocarle el tobillo para apurarlo. A veces interviene el entrenador, que le pide amable o cortantemente cambiarse de pista. En la pista lenta muchas veces hay personas de la tercera edad, que nadan a un ritmo insoportablemente lento (para mí). Yo debo ser algo igualmente insoportable para los nadadores veloces que miden su tiempo con relojes sumergibles y alternan estilos de manera programada para optimizar su entrenamiento. Yo en cambio, me turno nadando pecho y crawl de manera irregular, cuando me canso de uno paso al otro y viceversa. Soy claramente un nadador de velocidad mediana, ni atleta ni anciano. Las piscinas recreativas, en cambio, son extensiones de tránsito libre en trayectorias indeterminadas. Se pueden cruzar de lado a lado pero también en diagonal, o en recorridos sinuosos. En verano se llenan de cuerpos que se mueven de manera impredecible, errática, como cardúmenes de peces, persiguiéndose, chocando, manteniéndose a flote o nadando, saliendo y entrando al agua una y otra vez, en elegantes zambullidas o guatazos y bombitas que salpican lo más posible. Son un territorio tensionado entre reglas diversas, la de quienes desean sobre todo desplazarse por el agua a solas y la de quienes desean conversar, jugar, coquetear, entrechocarse en ella. Bajarse el traje de baño, orinar subrepticiamente, hundirle a otro la cabeza, lanzarse agua, empujarse, abrazarse o rozarse al pasar. Mirarse bajo el agua. Son juegos energizados por un peligro real, el de la muerte por ahogo, como si la piscina fuera al fin y al cabo un lugar de encuentro con nuestra propia inevitable eventual ausencia del reino de los vivos. Jugamos a ahogarnos para prepararnos para el día en que dejaremos por fin de respirar. Nadie pintó piscinas como David Hockney, en su período californiano. Piscinas de un azul diáfano, agitadas por los cuerpos que se lanzan a nadar en ellas, atravesadas por ondulantes líneas blancas que marcan los múltiples planos en los que se descompone el agua al alborotarse, refractando el fondo y los cuerpos de los nadadores. Piscinas vacías en casas lujosas, piscinas en las que cuerpos desnudos se sumergen o emergen, húmedos, a cuyo borde se tienden a tomar el sol. Natalia Babarovic también pintó piscinas, más pastosas e inquietantes, con una paleta que se acerca al verde y una intensidad más deslavada. Una piscina olímpica que alguien atraviesa caminando mientras un grupo lo observa en la orilla (Enjuagues, a partir del video de una performance de Claes Oldenburg), piscinas despobladas que reflejan con una extraña avidez el paisaje en torno suyo, una piscina sin agua en una casa que parece abandonada. Si las de Hockney son piscinas de una temperatura cromática veraniega, las de Bavarovic parecen ser piscinas fuera de estación, piscinas invernales. Piscinas a las que no dan ganas de lanzarse, pero que capturan la mirada con su gélida quietud. El cuadro de Hockney Retrato de un artista (Piscina con dos figuras), de 1972, se suele interpretar como la historia del fin del amor del pintor con su pareja Peter Schlesinger, también el tema de la película biográfica hecha en 1973 por Jack Hazan, A Bigger Splash, un título que cita otra pintura del artista. Es una película extraña, en la que actúa el propio artista haciendo de sí mismo, en un terreno indefinido entre el documental, la ensoñación y la biografía ficcionalizada. Las piscinas son irresistibles para el cine. Unos pocos ejemplos, como muestra: Sunset boulevard (1950), de Billy Wilder, comienza con un cadáver flotando en la de una actriz famosa. M. Night Shyamalan, en La dama en el agua (2006), hace surgir una sensual sirena de la de un condominio, en un cuento de hadas y suspenso muy poco logrado. La ciénaga (2001) de Lucrecia Martel se abre con una familia emborrachándose en torno a una piscina.  El primer largometraje de Céline Sciamma, Nacimiento de los pulpos (2007), explora el despertar sexual y la complicidad de jóvenes adolescentes que participan del equipo de nado sincronizado en el mundo pasado a cloro de los camarines y las duchas compartidas. En una reseña del taller que dio en la Universidad de Chile, Marisol Águila recuerda que Lucrecia Martel compara la sala de cine a una piscina vacía, y que su filmografía vuelve una y otra vez al espacio acuático como una zona en la que se distorsionan las ondas de luz y sonido. La piscina, más que como un cuadro enmarcado, podría pensarse entonces como una pantalla, un espejo de agua en el que podemos entrar a refrescarnos para escapar del calor veraniego, desplazándolos por otro medio diferente al suelo terrestre cubierto por aire por el que solemos movernos. Una extensión de agua delimitada, domesticada, sin corrientes ni remolinos, pero también potencialmente peligrosa, seductora, mortífera. Lugar de escape o encuentro, de ejercicio o juego, entretención o competencia, ojo sin párpados que nos contempla y al que entramos para transformarnos por un rato en criaturas flotantes, acuáticas, anfibias, regresando al lugar del que salimos en un tiempo del que no hay memoria. ESCENA DE LA CIÉNAGA - LUCRECIA MARTEL [2001] NATALIA BABAROVIC RETRATO DE UN ARTISTA. PISCINA CON DOS FIGURAS - DAVID HOCKNEY [1972]

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