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  • Azoico

    Hasta el 24 de marzo Museo de Artes Visuales [MAVI] José Victorino Lastarria 307 Santiago - Chile La nueva exposición de Cristián Salineros F. es una invitación a pensar el estado de la Tierra. El título remite a la Edad Azoica, el primer período geológico: un momento anterior a la aparición de las primeras formas de vida en donde el planeta estaba caracterizado por altas temperaturas y escasez de oxígeno en la atmósfera. El artista invoca esa etapa temprana como si intentara capturar los ecos fantasmales de una era que no ha dejado restos fósiles. En un momento en donde el planeta empieza a atravesar el punto de no retorno climático, Salineros reflexiona sobre aquello que hace posible la formación y la persistencia de la vida. Desplegado a lo largo del museo, Azoico es también una cartografía de los intereses, obsesiones y deseos que movilizan la obra reciente del artista. Las intersecciones entre mundos orgánicos e inorgánicos, la vigilancia social, las tensiones entre naturaleza y tecnología, las políticas espaciales, las promesas de modernidad y las fantasías antropocéntricas de colonización del espacio exterior aparecen continuamente en sus esculturas e instalaciones. Empleando múltiples escalas y materiales –desde acero galvanizado hasta alimento de aves, desde huesos de animales hasta barro–, las obras nos recuerdan la existencia de sistemas complejos e interconectados. Cada obra posee una atmósfera propia. Al desplazarnos entre una y otra, nuestro cuerpo se ve interrogado sobre cuál es su lugar en ese escenario. Algunas esculturas evocan maneras en que lo humano extravía sus bordes para devenir formas animales o vegetales. Otras, en cambio, están cargadas de una profunda melancolía ante una pérdida irreparable, difícil de nombrar. La exposición de Salineros es una invitación a desacelerar, aunque reconociendo también que para el territorio que nos sobrevivirá –para la memoria de los ciclos geológicos– ir hacia atrás o hacia adelante nos lleva siempre al mismo lugar. - FOTOGRAFÍAS: JORGE BRANTMAYER Y ÁLVARO MARDONES

  • 42

    Hay epifanías que estallan desde bajo la superficie y otras que el viento esboza cuando arremolina. Algunas se hacen descubrir, otras se dejan inventar. Si importa esta diferencia, no es una epifanía.

  • 41

    Del vértigo ontológico. ¿Por qué acecha el vértigo? Porque siempre hay un zarpazo de no-ser que se agazapa tras el flujo de la existencia, dispuesto a ensanchar su fosa. Es parte del juego. El vértigo no está en el vacío, sino en su proximidad, esa mezcla de atracción, parálisis y rechazo que infunde. El sentido de la vida se concentra en la cornisa que da al vacío, la misma cornisa desde la que reabsorbemos el vacío, lo reciclamos como materia prima, urdimos con ella historias con que el mundo se desentiende, por un rato, de la nada. Batallas van y vienen. Más vale ejercitarse en esta plasticidad. Mitad filo, mitad fuelle.

  • Úvula, un fotolibro para visitar micromundos y observar lo invisible

    4 de enero 2024 | 19.30 hrs Presentación del libro y su proceso de investigación, música en vivo y lectura poética. Sala de Máquinas [espacio-taller dedicado a la imagen fotográfica] Dardignac 111 - Bellavista, Santiago [Chile] El fotolibro Úvula, de la artista Emilia Insecta y la microeditorial Tinta Negra, intenta abrir al público preguntas sobre cómo observamos y contemplamos el micromundo, con una experiencia que invita a activar los sentidos, la imaginación y la reflexión a través de imagen, poesía y texturas desde el sur de Chile. El proyecto se ha desarrollado durante los últimos tres años a partir de la propia experiencia de la autora habitando la selva valdiviana –específicamente Chaihuín–, lugar inmerso en ríos, mar, bosques y seres que inspiran esta investigación. Todo comenzó durante la pandemia alrededor de preguntas ecológicas y filosóficas, ¿cómo un virus, un ente invisible, puede acabar con la humanidad? ¿Qué importancia tiene el micromundo en nuestra construcción de la realidad? A través de la imagen, la poesía y la investigación científica, Emilia intenta ficcionar un universo con códigos propios para conectar con emociones primitivas a través del arte: “Busco crear una experiencia en donde el lector pueda entrar al universo viscoso, oscuro y colorido de Úvula para conectar con aquellas energías sutiles y seres extraños que emanan del suelo, las plantas, el agua y el propio cuerpo humano. Estoy convencida de que toda reflexión entra primero por los sentidos: veo en la memoria sensorial una forma de activar preguntas en las personas. Intento abrir la posibilidad de que incluso los adultos miremos como niñas/os, como cuando pasábamos horas buscando bichos y plantas entre la tierra. Finalmente, somos comunidad con seres que nos habitan, hasta en nuestras células, y hacemos pactos implícitos para convivir. En el micromundo podemos encontrar tal vez más respuestas sobre el origen de la vida y sobre nuestra pequeñez en la existencia que en el universo”. El fotolibro cuenta con diferentes colaboradores de Valdivia y otros territorios. El Laboratorio de Biomateriales de Valdivia (Labva) investigó y creó 250 láminas de biomaterial para la portada del libro, en base a materiales como el agar-agar y la carragenina (derivados de algas), intervenidos con pigmentos naturales y elementos orgánicos como trozos de algas y arcilla entre otros. Pandora Labtextil fue la encargada de crear los envoltorios del libro, asemejando las membranas celulares. Estas consisten en bolsas de algodón estampadas a mano con tintes naturales. Constanza Araya, fotógrafa y artista, fue quien guió el proceso de edición y relato visual del libro. Estela Morales fue la encargada de diseñar y diagramar y Martina Pedreros la editora de todos los textos que acompañan las imágenes. Participó también Jorge Díaz, biólogx y activista transfeminista con el que la autora del libro mantuvo durante tres meses una correspondencia vía mail que está disponible para todos los lectores en internet y en un código QR que contiene el libro. El proyecto, financiado por Fondart Nacional 2023, línea de creación, ya fue presentado en Valdivia el 1 de diciembre, en Temuco el 22 de diciembre y será parte del Festival Latinoamericano de Artes y Tecnologías en Concepción el 12 de enero. Emilia Insecta (Emilia Duclos Mena, Santiago, 1991) es una artista, fotógrafa y periodista residente en la selva valdiviana, Chaihuín. Sus investigaciones cruzan poesía, feminismos, ecología y la búsqueda de códigos no humanos a través de la escritura, la fotografía, el sonido y el video. “En mi territorio, Chaihuín, soy espigadora e investigadora del comportamiento de aves, de algas, plásticos que bota el mar y de la vida diminuta (microorganismos, insectos, compost y fermentos). Veo en la observación de lo residual y lo mínimo una potencia para conectar a las personas con su pequeñez en esta biósfera”. Ha escrito en diversos medios de comunicación, como El Desconcierto, The Clinic y Revista Paula y ha expuesto sus trabajos artísticos en Valdivia, Puerto Montt, Santiago, Valparaíso y Los Vilos Para más información escribir a proyectouvula@gmail.com [o contactar al +56 97779 0005] > Linktree y RR.SS. El libro podrá adquirirse a partir de enero en Librería Nacional y redes sociales de Tinta Negra. Además estará disponible para su observación y estudio en la Biblioteca Nacional y en diferentes espacios culturales, como Casa FIFV en Valparaíso. La artista Emilia Insecta y Martina Pedreros de la microeditorial Tinta Negra conversan sobre Úvula con Carolina Ihle en el programa Desde la ventana de radio UACh.

  • Todavía somos el tiempo

    Centro Nacional de Arte Contemporáneo Av. Pedro Aguirre Cerda 6100 [Cerrillos - Santiago Hasta el 24 de marzo de 2024 “Todavía somos el tiempo: arte y resistencia a 50 años del golpe” Curatoría: Claudia del Fierro y Florencia San Martín La muestra, que cuenta con el trabajo de más de cien artistas y colectivos, se construye a partir de la colección de arte contemporáneo de la Subsecretaría de las Culturas y las Artes del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, complementada además por piezas de otras colecciones públicas y privadas. En su poema Aniversario, publicado en 1965 en Lagar, Gabriela Mistral evoca un proyecto de resistencia que asume el rol de la memoria en la construcción de presentes y futuros. “Todavía somos el tiempo” escribe, relatando el vínculo intrínseco entre el amor y el dolor. Reconociendo desde el amor las heridas abiertas de la historia y por lo tanto de la guerra, Aniversario devela una práctica colectiva, urgente y contingente de liberación, además de un trabajo incesable por un mundo más justo. El título de esta exposición honra la poesía resiliente, las pedagogías radicales y las políticas emancipadoras de Mistral, y con ello el proyecto de muchas y muchos otros que desde la cultura han luchado por una tierra en reciprocidad. El título honra, en otras palabras, el tiempo decolonial de la lucha por la dignidad. El contexto que la exposición es el de otro aniversario: la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973. A través de más de cien obras de artistas y colectivos de diferentes generaciones, además de decenas de publicaciones y archivos provenientes de centros de documentación en y fuera de Chile, esta exposición invita al público a pensar el arte en relación al golpe desde una perspectiva decolonial, imaginando otros modos de habitar, ser, hacer, aprender, sentir, amar y escuchar. Por lo mismo, esta exposición reconoce el rol del imperialismo y el capitalismo global en los eventos que dieron inicio a la dictadura y luz verde a su continuidad, presentando al arte y al tiempo como un proyecto comunitario de liberación, justicia y reparación. Todavía somos el tiempo: arte y resistencia a 50 años del golpe se divide en cinco secciones instaladas en los dos pisos del CNAC: “Encuentros: archivos en acción”, “Memoriales sónicos”, “Ecologías de reciprocidad”, “Arquitecturas urgentes” y “Solidaridades transnacionales”. Artistas participantes: Alejandra Prieto, Alejandro Moreno, Alfonso Barrios, Alfredo Jaar, Alicia Villarreal, Ana María Rojas, Angela Ramírez, Antoni Muntadas, Armindo Cardoso, Astrid González, Bernardo Oyarzún, Brigada Luis Corvalán, Camila Ramírez, Carlos Altamirano, Carmen Berenguer, Carolina Sepúlveda, Cecilia Vicuña, Claudio Correa, Claudio Pérez, Colectivo LAGDA, Colectivo Pésimo Servicio, Colectivo Piñén, Colectivo Últimaesperanza, Cristián Silva, Francisca Montes, Fernando Undurraga, Gianfranco Foschino, Gonzalo Aguirre, Gonzalo Cueto, Gonzalo Díaz, Guillermo Deisler, Guillermo Moscoso, Guísela Munita, Hugo Palmarola, Ignacio Gumucio, Ingrid Wildi Merino, Ivo Vidal, José Balmes, Juan Castillo, Juan Dávila, Juan Downey, Julia San Martín, Kena Lorenzini, Kika Mazry, Leo Portus, Lotty Rosenfeld, Luis Poirot, Nicolás Jackson, Nicolás Rupcich, Nido textil, Máximo Colón, Máximo Corvalán-Pincheira, Marcelo Montealegre, María Verónica San Martín, Mario Fonseca, Marisa Cornejo, Matías Celedón, Miguel Ángel Vidaurre, Miguel Lawner, Miguel Montecinos, Pablo Langlois, Pablo Serra, Patricio Salinas, Patricio Vogel, Paula Baeza Pailamilla, Paz Errázuriz, Pedro Alonso, People’s Painters, Pilar Quinteros, Rafael Alberti, Rainer Krause, Rodrigo Arteaga, Rodrigo Castro Hueche, Rodrigo Rojas de Negri, Rosario Perriello, Sebastián Preece, Sylvain Julienne, Tárix Sepúlveda, Vania Caro, Voluspa Jarpa y Yeguas del Apocalipsis. - REGISTRO DE IMÁGENES: CENTRO NACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO

  • Todas las caras del rostro

    1. Caras del rostro dejan el horno. Palidez la quijada, los pómulos, la nunca, la frente. 2. Carbón hirviendo, áspero y oscuro ha vuelto después de su muerte. Contamina, manera de un virus que devora la mano que dibuja. Aquí no se improvisa ni se planifica, se carboniza arrastrando líneas a golpes de fortuna. 3. Más allá el Black se detiene en la pirámide del rostro y redondea los ángulos agudos. Inteligencia artificial, cara de la luna llena. Su brillo da a ver el resto de las roturas y las ruinas. 4. Sorteando curvas y valles el carbón ferroviario continúa muriendo al instante y resucitando de golpe a la manera del nonato sonriente que va corriendo hacia los vértices. 5. Diez carbones raspan, cercenan, lavan el ojo y la mano. Diez serpientes arrastran sus huellas buscando blanco y negro como en el cine antes del color. 6. Piedra animal, carbón incendiado, diamante sediento y manual. Sorteando curvas y valles el carbón ferroviario continúa falleciendo al instante y resucitando cada vez de golpe. 7. Esquemas, aplicación esquinada y documentado ensamble son las diez caras que dejaron allí. 8. Al amanecer, boquiabiertos sus rostros de cristal en motocicletas sangran en el pavimento. 9. Entre hongos la guadaña de Breughel encapuchado y a caballo corta la fuga de rostros. 10. En el circo romano y aluminio en las sienes, Diez caras cierran diez rostros. Texto de la exhibición de Eugenio Dittborn en Fundación de Arquitectura Frágil. Alberto Risopatrón 2715, Providencia. La muestra puede visitarse los días jueves en la tarde hasta la primera semana de enero 2024. - Imágenes: Jorge Brantmayer

  • La traición exogámica

    I Los mitos de la terrible Medea y la dulce Ariadna guardan semejanzas que permiten vislumbrar los dolores secretos de la exogamia. Ambas princesas se enamoran de un extranjero que llega a sus tierras a cumplir un desafío heroico, traicionan a su patria para ayudarlo, luego huyen en barco con el héroe y más tarde son abandonadas por este. Jasón conquista el Vellocino de oro gracias a las artes mágicas de Medea; Teseo logra salir del laberinto del Minotauro gracias al ovillo de hilo que le ofrece Ariadna. En ambos casos, el héroe se constituye como tal en el encuentro con una mujer, lejos de la idea de una virilidad transmitida entre varones. En ambos casos, la pasión amorosa que se despierta en ellas de manera instantánea supone traicionar al padre y dejar atrás el mundo conocido en que tienen asegurado un promisorio futuro. Del mismo modo que Eros traiciona a Venus para casarse con Psique, pareciera que cada flecha luego lanzada por él exigirá, para experimentar el deseo, una traición del hogar, una ruptura riesgosa cuya amenaza de desamparo no permanecerá sin realizarse. II Quien mejor ha narrado la pasión de Medea por Jasón es Ovidio, que invierte la lectura más frecuentada de la bárbara Medea como cifra de toda alteridad y pone el énfasis en el carácter extranjero de Jasón. Medea percibe la condición funesta de su deseo: “Estaría más cuerda, si pudiese; pero una fuerza desconocida me arrastra contra mi voluntad; mi pensamiento me dice una cosa y mi deseo otra diferente. Y mientras reconozco y apruebo lo mejor, voy detrás de lo peor. ¿Por qué, virgen real, ardes por un extranjero, y en país extraño deseas casarte? También esta tierra puede ofrecerte un amor”. Si la razón le permite darse cuenta de su situación, aquello que la mueve es el deseo; por eso, aunque reconozca lo bueno, se dirige compulsivamente hacia lo malo, hacia aquello que se encuentra en conflicto con lo conveniente. No deseamos lo mejor para nosotros, aunque lo mejor pueda ser, a fin de cuentas, perder en movimiento (y no conservar al precio de la quietud). Pero en algo Medea se equivoca: no es cierto que en su tierra pueda también cumplir sus anhelos eróticos: el deseo es exogámico por definición, expulsa y desprotege. Años después, al momento de enfrentar la intemperie, la traición de Jasón y el exilio, la hechicera olvidará quizás lo que le había dado coraje al momento de aventurarse, cuando despidiéndose de todo advirtió: “el mayor dios está dentro de mí” (Ovidio). También Ariadna hubiera necesitado sus palabras, cuando despertó en una playa de la isla de Naxos y, desorientada aún, vio con incredulidad la nave de Teseo que se alejaba por los mares y la abandonaba. En esa isla de Naxos se encuentra en algún momento de su travesía todo aquel que, herido por la flecha de Eros, deja atrás su cómoda patria. “Ninguna posibilidad de fuga, ninguna esperanza: todo está mudo, todo abandonado, todo muestra la ruina”, comprende Ariadna en los versos de Catulo. III En Medea el deseo se vuelve insaciable, y esa insaciabilidad se desplazará luego a la venganza cuando Jasón la injurie (rompa el juramento matrimonial que los unía). Para escapar con él, asesina a su hermano menor, Apsirto, y lo descuartiza para demorar la persecución de su padre, que se queda juntando los pedazos en el mar para darle sepultura. Al viejo Pelias, el rey que traiciona a Jasón (negándose a devolverle el trono que le había prometido a cambio del Vellocino de oro), lo hace cocinar por sus dos hijas con la engañosa promesa de rejuvenecerlo. Participa de cada prueba heroica de su amado, lo salva innumerables veces; sin ella, Jasón no hubiera logrado nada en la Cólquide. Pero cuando el rey de Corinto, Creonte, le ofrece a Jasón casarse con su hija Glauce, Jasón acepta la propuesta y abandona a Medea con desafectación. Medea envenena a Glauce, a Creonte, y atraviesa con una espada a sus dos hijos. Esto último no debe opacar el hecho de que ella es desde el comienzo la encarnación de la mujer sin límites. En lo profundo, la figura de la madre terrible (con la cual ha quedado Medea plenamente identificada) no es otra que la de la mujer sexualmente insaciable, cuya voracidad es imaginada como la más temible amenaza. IV El coraje de Medea para vengarse no se asemeja a su coraje para vincularse. Si algo define el vínculo entre humanos (en contraste, por ejemplo, con el que establecemos con mascotas), es la falta de garantías, el salto de fe que supone la confianza, sustancia imprescindible del lazo. Medea, en cambio, exige garantías, y para eso obliga a sus interlocutores a realizar juramentos: lo hace con Jasón, y aún después del incumplimiento de este, repite la estrategia con Egeo (a quien pide asilo en Atenas). “Si te ligas a mí con juramentos no me entregarás”, le dice, y lo hace repetir minuciosamente las palabras del juramento y a quién está este dedicado (“toda la raza de los dioses”). También en este requerimiento, Medea se muestra voraz. Entre los recursos con los cuales el humano –habitado por el arquetipo de Medea en mayor o menor medida– busca el reaseguramiento, no es el menos frecuente el de poner en deuda al otro. Quien busca garantías frecuentemente se engaña creyendo que el otro permanecerá a su lado si se brinda de modo asimétrico o incluso sin límite. En realidad, prepara el terreno para ser abandonado. “Jasón estará siempre en deuda contigo”, se dice Medea para tranquilizarse, “¿Ahora qué temes, si es seguro?” (Ovidio). Pero si Jasón pacta con ella por conveniencia, en la medida en que le promete ayudarlo a conseguir el trofeo que necesita, no debería sorprender que luego, al aparecer una opción más conveniente (Glauce, hija del rey Creonte), Jasón decida de acuerdo con su propia lógica. Y haciendo gala de la consistencia de sus fundamentos, argumenta no entender por qué Medea no quiere “lo mejor”, es decir, lo conveniente; a fin de cuentas, su matrimonio con Glauce aportaría recursos materiales tanto a los hijos de ambos como a ella misma, si pudiera darse por satisfecha con la decisión de Jasón y no insultar a viva voz, provocando su exilio. Si además le niega mérito a la enorme asistencia que recibió de Medea –ya que considera que ella no actuó libremente sino poseída por los dioses del erotismo–, es porque sostiene que esas fuerzas del deseo se oponen a lo verdaderamente preferible y superior. Aunque parezca cínico, Jasón es un arquetipo mitológico, es decir que muestra en su pureza la lógica que encarna, la de la conveniencia, y la muestra en su radical separación de la lógica erótica. El humano no tolera fácilmente la deuda, la evita con innúmeros recursos. Y hay auxilios y favores que, por su magnitud, no pueden pagarse. Lo que hemos recibido como beneficioso puede tornarse incómodo, llegando a resultar insoportable. Quien da sin límite y con memorándum está en lo profundo provocando la traición. V Si la ayuda de Medea reside en sus artes mágicas, Ariadna, por su parte, brinda un ovillo de hilo. La diferencia es tajante: mientras el hilo se vincula a las tareas en el telar que la cultura griega (entre otras) atribuye tradicionalmente a las mujeres como lo suyo propio, la magia representa el poder femenino temido y rechazado –y con la historia tal temor irá en aumento. Pero el hilo no solo remite al telar. Es también un símbolo de la memoria amorosa que nos trae de vuelta del laberinto, es decir de las proyecciones de la paranoia. La razón, en cambio, muestra su completa inutilidad para este fin: el humano y racional Teseo no tiene la menor ventaja sobre el animal Minotauro en la elucidación intelectual del enigma laberíntico; solo ha conseguido un hilo, es decir, el amor de una mujer. Si Ariadna representa el amor vinculado a la continuidad de la memoria, Teseo encarna aquí al deseo, desprovisto de piedad con el pasado. En la versión de Catulo, el héroe “de corazón desmemoriado” se la olvida en Naxos. La magia, por su parte, remite al poder (desde su misma etimología), a un conocimiento que no se queda en la teoría sino que pasa a la acción y produce efectos. Si algo define a Medea es su cualidad de poderosa. Tal poder es objeto de envidia, tal como advierte la heroína de Eurípides. La misoginia tiene su fundamento en esa envidia, aunque se disfrace de desprecio. Por eso no es difícil intuir en Medea una fuerza subversiva, que resiste el orden griego en soledad, una soledad que ella parece querer mitigar con las invocaciones reiteradas a sus dioses aliados pero que, a diferencia de Jasón, nunca la abandona. VI El desamparo que atraviesa el proceso exogámico no dura para siempre. Ariadna es recogida en la isla de Naxos por Dioniso, que se enamora de su presencia serena y real, capaz de aplacar su propio carácter salvaje y disoluto. Se casa con ella y le brinda la inmortalidad. A su lado, Ariadna será la representación de la mujer amada, la humana homenajeada por el dios. Medea no tiene idéntica suerte, pero lejos está de un final terrible. Si algo la distingue entre los personajes de la tragedia es que no recibe castigo por su sacrilegio, sino que logra elevarse por los aires, con plena impunidad, en un carro divino heredado de su abuelo el sol, y partir hacia Atenas donde la espera Egeo. Medea no tiene una existencia culpable, precisamente porque se hace cargo de sus actos. Contra lo que Aristóteles valora en una trama trágica, ella actúa sabiendo (no como Edipo, que al matar a Layo desconoce que se trata de su padre; o como Teseo, que a partir de otro olvido provoca la muerte del suyo). No se trata acá de una fuerza filicida inconsciente y culposa que es llevada al acto de modo destinal. Medea es la fuerza (de la venganza), porque aún en medio de la desesperación puede ver el resultado de sus acciones sin arrancarse los ojos. - *Capítulo del libro El nacimiento del deseo, publicado recientemente por Pólvora editorial. - El nacimiento del deseo Florencia Abadi Pólvora Editorial 2023

  • Mis premios

    Elias Canetti escribe en sus apuntes: "G. predice el destino de los premiados: suicidio, esterilidad, desaparición, caída.  Le pregunto por el destino de los no premiados." Estaba casi seguro que no ganaría el premio municipal de literatura. Soy analítico y consideré ciertas variables infranqueables. Pero como toda conciencia siempre conserva un mínimo de esperanza, me permití un momento imaginar en que gastaría el dinero (desoyendo los consejos de Seneca que recomienda anticipar mentalmente los males no los goces). Reconozco que una persona así de frívola debería ser eliminada de inmediato de cualquier participación en el mundo de la literatura que juega a ser seria. Pero aquí, como los diaristas clásicos, trato de ser sincero. Y anoche leyendo el diario de Gide me dieron ganas de serlo aun más, quizás no por virtud si no porque la sinceridad, así relatada a gotas y un poco en broma, es el mejor material para los diarios. "Nadie habla mal de sí mismo en serio", escribió Iñaki Uriarte, es necesario nunca olvidar eso. Vi los currículum de los otros candidatos y supe que problemas de dinero no tenían, ni de posición social tampoco, así que dije; por lástima, por resentimiento o por falta de posición social debería recibir yo ese premio, algo así como lo que siempre responde Bertoni cuando le preguntan por el premio nacional de literatura ¡necesito la plata! Pero tampoco sufro grandes necesidades (aún no, no canto victoria todavía) así que cuando imaginé en que iba a gastar la plata de ese premio imaginario, en realidad pensé puras tonteras. Además un diario es como un pijama, son cómodos pero, ¿quién premiaría un pijama? ¿De dónde vendrá ese dinero que pagan? ¿De la contribución de un rico rentista de la calle Monjitas? ¿De la patente de una botillería? De seguro que viene de muchos que nunca aceptarían dar parte de sus ganancias a alguien que escribe cosas como estas. No se lo darían ni a Proust. Las personas que están un poco mejor posicionadas socialmente y escriben por decirlo así, desde el "alma", les debe impulsar algo más allá que un par de millones de pesos. Una ética, un necesidad de memoria, una estética particular. Como siempre no le conté nada de esto a mis padres, pero me prometí contarles si ganaba (principalmente decirle el monto del premio). He notado que los padres se alegran cuando sus hijos, un soldador, un vendedor de seguros, un electricista, es bien pagado, no por mera ambición sino porque el dinero es un catalizador rápido del esfuerzo y el orgullo que depositaron durante toda su crianza, una rótulo claro del camino que comenzó cuando ellos iban a dejar a su hijo de la mano al colegio. Como no sucedió, ni sospecharon el impasse. Así también se evita un poco el ridículo. Ridículo que no les privo disfrutar a ustedes que me leen. Anoche estuve leyendo el capítulo 27 del Ensayo sobre el entendimiento humano y ahí se grafica todo lo que he sido durante mi vida, un pensador intuitivo y artesanal de lo que los filósofos llaman "la continuidad de la conciencia". Y creo que por esta creencia innata que tengo desde muy chico, empírica, individual y porque no, a veces cínica, me comporto como me comporto. La gloria se parece al alma y yo solo busco la sensación. La sensación de comerme un pescado frito con puré, no de reencarnar, resucitar o trascender más allá de los postres espirituales de la vida. Si no hay dios solo somos una acumulación de sensaciones, partidos de pool, besos horribles, cañas, llantos nocturnos, enamoramientos idiotas, partos con música, piqueros en pelota, lecturas maravillosas. Sé que esto es algo insoportable, pero no hay más, y lo más horrendo para el que desea los premios: Nada, no hay premio ni paraíso musulmán o cristiano, que consuele a una conciencia suelta de dios y sin alma. Ningún lugar celestial saciará esta simple y aceitada máquina de acumulación sensorial que eres y que tus padres arrojaron al mundo, con taxímetro incluido.

  • “Nadie sabe lo que va a pasar mañana” [Bad Bunny], a propósito de Vivir sin lengua de Pablo Aravena

    Comentar un libro es, de alguna manera, un acto de infidelidad con el mismo. Pablo Aravena Núñez, en su texto, piensa y escribe a contracorriente de cierta complicidad del intelectualismo de boutique imperante en la academia. Estamos ante un libro que interviene en el presente, y lo hace analizando su arquitectura conceptual como algunos rasgos de su fenomenología, de modo de comprender críticamente nuestro presente. Aunque el título del libro es “Vivir sin lengua”, trata y desarrolla una sistemática reflexión acerca de su subtítulo: “Cuando el tiempo ya no hace historia”. Pablo escribe y piensa a pesar de cierto “entumecimiento intelectual” (Carta de Lord Chandos de von Hofmannsthal, publicada en1902) del presente. Es un de 123 páginas, muy bien escritas, que se inauguran con la referencia a Cratilo. Sin embargo, a pesar o a propósito de ella, el autor sostiene que “nosotros, desprovistos de esa sabiduría antigua, estamos simplemente mudos, sin lengua, y todo nos pasa por arriba, nos excede”(p. 17-18). ¿Qué es los nos pasa por arriba y nos excede? Me atrevo a afirmar que el presente, por lo que debiéramos pensarlo problemáticamente, como disposición o actitud de preguntarnos ¿cómo hemos llegado a ser lo que somos? (Foucault lector de Kant). El argumento de Pablo, para diagnosticar nuestro presente, es que la Historia se ha separado del acontecimiento, un desanclaje entre Historia y acontecimiento. Una Historia desprovista de la moderna noción de tiempo histórico, en la que el presente nos resulta extraño, irreductible a cualquier relato, opaco en sus posibilidades de comprensión. Un presente posmoderno y neoliberal, que se propone eterno, sin desenlace ni exterior, en el que ya no sucedería nada. Una de las tesis que estructuran el libro, es un diagnóstico de época que describe dos características de nuestra contemporaneidad: vivimos un tiempo de aceleración que haría imposible la historia como modo de conjugar la relación entre pasado, presente y futuro; por otra parte, y vinculada con la anterior, asistiríamos a un “régimen de historicidad presentista” en el que ya no sería posible el acontecimiento en su sentido denso, moderno. Viviríamos, parafraseando al historiador Hans Ulrich Gumbrecht, en el lento colapso del presente, sin desenlace, en el que no sucede nada y todo puede ser peor. Colocados en el final de la historia y de la vida humana como la hemos conocido y vivido, Pablo nos propone pensar la historia y la vida (también la personal) sin las coordenadas de salvación o condena, sin culpa, en contra de quienes sostienen que estaríamos en el purgatorio, en la sala de espera una solución final, que no depende de nosotros, esperando el lento colapso, como afirmara un pensador de mala prensa, en la hora actual “solo un dios puede aún salvarnos” (Heidegger), ante lo que no quedaría más que salvarse individualmente. El desafío, por tanto, y que Pablo sostiene, es pensar nuestra singularidad en clave de nosotros o el nosotros en clave de la singularidad que nos constituye. Con relación a esto, el agotamiento de las posibilidades históricas y la vida humana con ella, hoy se abren dos estrategias, que no comparto pero nos permiten cartografiar el presente y los debates actuales: una economía política de la aceleración, con sus derivas posthumanistas o transhumanistas. Por otra, una ecología política de la desaceleración, con sus derivas colapsistas, regresivas o nostálgicas de un pasado devenido mítico. El libro permite sostener la tesis del fin de la seguridad ontológica que caracterizó a la modernidad. La ilación moderna de los estratos temporales pasado, presente, futuro dotó de la seguridad ontológica básica para asegurar la continuidad de la vida ya que el mundo estaría ahí al día siguiente. Sin embargo, la ciencia ficción, la tecnologización del mundo, la contracción del tiempo, etc., nos permiten sostener que el futuro ya llegó (Skynet) y un algoritmo o la inteligencia artificial (oxímoron) maneja el tiempo y nuestro destino. Quizá sea un lugar común decir que toda época se piensa a sí misma bajo el signo de la crisis. Como dicen los managers de hoy, toda crisis es una oportunidad. Sin embargo, todos los antecedentes consignados permiten suponer que nuestra crisis es sistémica: climática, ambiental, política, social, cultural, una crisis generalizada de gobernabilidad y su relación con una subjetividad ambivalente, desordenada, ingobernable. Quizá este sea el gran problema teórico y político que enfrentamos en la resistencia ante los dispositivos neoliberales, la construcción de un nuevo sujeto. Realizar una crítica de nuestro presente en clave de sujeto requiere conjugar historia y cultura, disputando la libertad, porque en ella reside la posibilidad de un nosotros que resulta del entre (Arendt), es decir, lo común anudado con lo singular, sin caer en particularismos que no son sino nuevos universalismos. Libertad y emancipación como prácticas que impliquen un nuevo sujeto y una nueva antropología. Esta consideración es abordada en el capítulo 5 del libro, la historia como crítica de la cultura. Pensar la relación entre sujeto, cultura e historia, nos permite bordar, tejer una crítica de la cultura en clave de sujeto, considerando la temporalidad que nos brinda la historia, hacer un lugar a la diferencia, al conflicto, a lo propio ajeno, a lo otro, que se juegan en la palabra y el inconsciente. Hacer lugar al equívoco en un tiempo de tanta corrección normativa e identificaciones. Escuchar el inconsciente y el malestar para construir una nueva historia. Porque el sujeto del inconsciente es ingobernable e irreductible, y a partir del mismo es posible que se constituya una situación revolucionaria, en tanto advenir la posibilidad de una vida otra o de vivir de otro modo. Sin embargo, ¿por qué hoy no es posible vivir y pensar de un modo diferente, si toda la información y datología afirma el agotamiento y hastío con el presente? Y todo cambio o promesa del mismo es el retorno de lo mismo, y a peor, ajustes a la crisis del régimen de gobierno y al patrón de acumulación, en una dialéctica perversa de imposibilidad, de ansiedad de la espera de que suceda algo, de un “ya lo sé, pero aun así” (O. Mannoni) , que se puede resumir en la frase de una instalación la artista Jenny Holzer: “protégeme de lo que quiero” (1982, Time Square). Al deseo siempre lo sigue la decepción. En tiempos de normatividad lingüística, cultural y de modos de vida, es vital reconocer que el habla, y especialmente el inconsciente, no pueden ser domesticados ni políticamente gobernados. Ni siquiera por la censura totalitaria de nuestro clima cultural. Es urgente volver a hablar, arriesgarse al equívoco, ante la exclusión lingüística que tiende a clausurar el sentido, pues es la puerta de entrada a otras exclusiones, políticas, culturales, modos de vida (sigo en esto a M. de Certeau, “Una política de la lengua”). La lengua que hablamos, en la que vivimos y nos vive, como señala Freud, estamos unidos a la lengua como a nuestra piel. Por tanto, vivir sin lengua sería como vivir sin equívoco, sin inconsciente, sin vida. Y repito, no todo puede ser dicho, no todo puede ser traducido, la lengua materna es un modo de buscar y restituir al padre, tan cuestionado en este tiempo. El libro de Pablo se adentra en las disputas respecto de lo simbólico de nuestro tiempo, y le reconoce a la lengua, a la palabra su carácter de insumisa y de condición del pensamiento. En la gubernamentalidad neoliberal ¿es posible pensar y construir otra forma o modo de relación entre poder y vida?, pregunta tramposa, porque la vida es poder, a pesar de la vida misma. Es decir, superar la imbricación entre poder-saber para, con Foucault, afirmar que el ser humano no construye ni hace la historia, sino que es un resultado contingente, lo que requiere más que pensar en el futuro, que ya llegó, sino pesar, reconstruir y problematizar ¿cómo llegamos hasta aquí?, ¿cómo llegamos a ser lo que somos? La Historia solo tiene sentido y fuerza en tanto pregunta por los problemas de nuestro presente. - Este texto fue leído en la presentación del libro Vivir sin Lengua [Cuando el tiempo ya no hace Historia] de Pablo Aravena realizada el 19 de octubre de 2023 en la librería Alma Negra [Providencia, Santiago]. - Vivir sin lengua Cuando el tiempo ya no hace historia Pablo Aravena Ediciones Inubicalistas 2023 126 pág.

  • La otra muerte del autor

    En “Fahrenheit 451”, Ray Bradbury imagina un mundo donde los libros están prohibidos y un ejército de bomberos los busca, encuentra y quema. Frente a esta imagen distópica de hogueras alimentadas por el papel, hoy emerge una realidad bien distinta: un mundo inundado de libros. La Inteligencia Artificial Generativa no solo reduce prácticamente a cero el esfuerzo de escribir, sino que también abre un sinfín de posibilidades ante nuestros ojos. Podemos probar finales alternativos para obras inacabadas o revisar libros enteros para que reflejen nuestra forma de ver y entender el mundo. Una herramienta muy útil para esos revisionistas amantes de lo políticamente correcto: ¡Adiós al racismo contenido en clásicos como "Las aventuras de Tom Sawyer"! Supongo que todos los autores, en algún momento, han sentido la tentación de actualizar su obra, aunque pocos lo hayan llevado a cabo. Mary Shelley escribió "Frankenstein" en 1817; un año más tarde, realizó una revisión con su marido Percy, pero no fue hasta 1831 cuando reescribió la versión edulcorada que hoy conocemos. La primera era demasiado cruda y desgarrada. Entre los autores contemporáneos, reescribir su obra es algo impensable. En el momento en que la publican, dejan de ser sus dueños. Quien mejor captó esta idea fue el crítico literario Roland Barthes en “La muerte del autor”, un ensayo de 1967 que llega hasta nuestros días en forma de pregunta: ¿Quién es realmente Elena Ferrante, autora de “La saga de las dos amigas”? Su anonimato es un intento deliberado de separar la obra del autor para que tenga vida propia, para que el escritor no la contamine. Barthes lo dice de forma más poética, hay que matar al autor para que nazca el lector. Pero, ¿significa esto que no importa quién o cómo se haya escrito el libro? Supongamos que una máquina con la voluntad de escribir consigue crear una obra original. Esto sería posible bajo la premisa de que la creatividad, como sugiere el gurú de la inteligencia artificial Sam Altman, consiste en crear algo nuevo combinando cosas que ya existen. Solo hay un problema, y es que los escritores rechazan que sus obras se conviertan en materia prima para la máquina. Recientemente, Margaret Atwood publicó un artículo bajo un título inquietante: “¿Asesinada por mi réplica?”. La escritora canadiense ha visto que la máquina puede llegar a ser una imitadora implacable. Siente vértigo, percibe el peligro y se rebela proclamando que ninguna inteligencia artificial puede usurpar su mente. Sin embargo, la máquina sigue absorbiendo todas las bibliotecas, digiriendo cada palabra contenida en ellas. En algún momento, el producto de la máquina y del autor serán indistinguibles. Y cuando esto pase, ¿qué será de ellos? Asistimos a una nueva muerte del autor. Pero, esta vez es diferente. Hay un impostor que quiere sustituirlo, que busca arrebatarle su voz. Ray Bradbury se equivocaba. No son los libros los que están amenazados. En una versión actualizada de su distopía, quizá imaginase una biblioteca infinita en la que es imposible encontrar un autor, miles de versiones de una misma obra o libros hechos a medida al gusto de cada lector. Mientras tanto, los autores seguirán escribiendo, aunque solo sea por el mero placer de crear. En "Cien años de soledad", Úrsula cuenta que no entendía el negocio del coronel Aureliano Buendía, que cambiaba pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente. El coronel había descubierto que lo importante en este exasperante círculo vicioso era el trabajo, y no su fruto.

  • Que no nos cuenten más cuentos (reflexiones sobre la “mayoría progresista” que va a gobernar España)

    Pedro Sánchez ha sido investido Presidente de España y ha formado un nuevo gobierno de coalición entre su partido, el PSOE, y Sumar. Como ciudadano de izquierdas parece que tendría que estar satisfecho y esperanzado. Pero no lo estoy, para nada. Voy a explicar la paradoja (que cómo sabemos es una contradicción aparente). El 23 de julio hay elecciones anticipadas, convocadas por Pedro Sánchez , Presidente del gobierno español, por el avance de la derecha (PP y Vox) en las elecciones municipales y autonómicas. En estas elecciones hay una formulación frentista: izquierda (PSOE-Sumar) contra derecha (PP y Vox). Hay además partidos regionalistas (Coalición canaria, Unión del Pueblo Navarro), nacionalistas gallegos (BNG), vascos ( PNV, Bildu) y catalanes ( ERC y JxC). Los resultados dan una victoria justa a la coalición de derechas (PP y Vox) que no les da la mayoría absoluta. Empiezan las negociaciones. La alianza necesaria del PP con el partido ultra españolista de extrema derecha Vox le imposibilita pactos con partidos nacionalistas de derechas como el PNV y JxC. Pedro Sánchez sabe que necesita los votos del partido independentista de derechas, JxC, cuyo líder es el prófugo de la justicia española, Carles Puigdemont, que reside en Waterloo. Pedro Sánchez quiere el poder al precio que sea y es muy hábil para conseguirlo. Si Maquiavelo escribiera hoy "El Príncipe" lo pondría como ejemplo. Lo cual es a la vez un elogio (su capacidad para conseguir y mantener el poder) y una crítica (la ambición por encima de los principios). Pedro Sánchez se inventa, para empezar su recorrido y cumplir sus objetivos, el primer cuento que explica a sus votantes: que "una mayoría progresista" ha ganado las elecciones. Pero lo cierto es que el bloque progresista (PSOE y Sumar) ha sacado menos votos que la mayoría conservadora. Hay que contar, entonces, de otra manera para que le salgan las cuentas. La única manera es incluir a partidos nacionalistas de derechas, como el PNV, a un partido que procede del entorno políticos que apoyó a ETA (Bildu) y a los protagonistas del "procés" (ERC y JxC). El procés fue un acto de sedición que protagonizaron estos partidos para intentar imponer la independencia de Cataluña. Tuvieron, además, un juicio justo que condenó al líder de ERC Oriol Junqueras (junto a otros muchos dirigentes). Puigdemont huyó de la justicia y se instaló en Waterloo (Bélgica) como supuesto "exiliado". Pedro Sánchez se inventa un segundo cuento para justificar dar una amnistía a los implicados en el intento sedicioso de imponer la secesión de Cataluña contra la legalidad democrática diciendo que servirá para "normalizar la convivencia en Cataluña”. Sánchez ya había indultado a los dirigentes del procés para conseguir el apoyo de ERC. Pero ahora lo que exige Puigdemont es una amnistía que implica aceptar el relato de los independentistas sediciosos descalificando al sistema judicial español. El precio pienso que era demasiado alto. Pero lo que no puedo aceptar es el cuento que se inventa Sánchez para hacer, como él mismo reconoce, "de la necesidad, virtud". Y no solo decir lo contrario de lo que él y sus ministros decían hasta ahora (“que la amnistía era ilegal y no encajaba en la Constitución") sino que lo quiere vender como "la mejor apuesta”. En realidad, lo que hace es legitimar a los independentistas, descalificar el poder judicial y dejar desamparados a los ciudadanos que, como yo, no somos nacionalistas y defendemos el Estado de Derecho. Lo que todavía acepto menos es que PSOE y Sumar descalifiquen a los ciudadanos que criticamos estos pactos y estos cuentos y nos pongan del lado de las derechas (PP y Vox) con quienes no tenemos nada que ver. Lo que queda ahora es un gobierno que se constituye sobre la base de "nosotros o el caos" y sobre la mentira de todos estos cuentos; que se apoya en unos partidos nacionalistas que lo único que quieren es la independencia de su "nación" y, mientras tanto, privilegios para ella; que está formado por un partido, el PSOE, que gobierna con unos pactos que están en contra de lo que planteó al presentarse a las elecciones. Esto, en coalición con Sumar, que ya ha entrado en una guerra interna entre su líder, Yolanda Díaz, y el principal partido, Podemos. Tanto Sumar como Podemos apoyan totalmente estas negociaciones porque ellos mismos parecen creerse que el populismo nacionalista es progresista. Este es el panorama y esta es la solución de mi paradoja. Como ciudadano de izquierdas hay tres cosas que se han dado que rechazo radicalmente. La primera son todos los cuentos que se han contado: mentiras que se quieren colar como verdades. Creo que una de las bases de la cultura democrática es que existan ciudadanos informados y con criterio. La segunda es que se ha pactado con los que han atacado el Estado democrático de Derecho. No solo han pactado sino que han aceptado su relato que deslegitima las instituciones jurídicas, y los aceptan como interlocutores de una comunidad autónoma de la que tienen una representación mínima y que declaran enemigos de España. La tercera es que a todos los ciudadanos que cuestionamos este pacto nos descalifican totalmente situándonos en el bando de la reacción (PP-Vox). La cuarta es que su retórica frentista descalifica a la derecha conservadora (PP) considerándola la representación de las fuerzas reaccionarias con la que es imposible dialogar. Esta actitud me parece totalmente contraria a la aceptación del pluralismo porque entra en una concepción de la política entendida, en la línea de Carl Schmidt, del amigo/enemigo. ¿He de estar contento visto lo visto? En absoluto, porque el PSOE y Sumar han asumido el discurso de los nacionalismos periféricos y han dinamitado el proyecto de una izquierda democrática y liberal para España. Algunos dirán: mejor esto que un gobierno del PP con la extrema derecha de Vox. Mal razonamiento. Si no se puede formar un gobierno de izquierda (porque PSOE y Sumar han perdido) lo que hay que hacer es evitar la doble ofensiva de la extrema derecha de Vox y de los nacionalistas catalanes y vascos. Dos formas de populismo contra la idea que rige la Constitución española de un Estado democrático y social de Derecho. ¿Cómo hacerlo? Buscando algún acuerdo entre el PSOE y el PP. Pero ni los unos ni los otros están por la labor, porque ambos han perdido el sentido de Estado. Lo que se avecina es un reino de taifas donde los partidos nacionalistas exigirán privilegios y reconocimiento de sus soberanías y una sociedad cada vez más polarizada. Si este gobierno consigue medidas progresistas (difícil lo tendrá) es lo menos que podemos esperar, pero sigo pensando que el precio es demasiado alto y que nos tomen por idiotas con sus cuentos me parece más que lamentable. - Barbarie es un espacio para el pensamiento crítico que acoge diversas y divergentes posturas. Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan, necesariamente, los puntos de vista de esta publicación.

  • Lo que resiste al óxido

    La experiencia de caminar por la ciudad puede ser, en ciertos casos, abrumadora. Si quien lo practica no es capaz de sustraerse por algunos minutos de los cientos de miles de estímulos que la ciudad contemporánea ofrece a los transeúntes, la sensación que queda, impregnada al cuerpo, es la de una saturación similar a la que encontramos luego de estar en internet por varias horas. Son estados confusos, embarazosos, en último caso contradictorios: ofertas, cuerpos exuberantes, nuevos imperativos categóricos, promesa de experiencias únicas. Todo esto, se supone, al alcance de la mano. Lo contradictorio y lo incómodo viene de ese embrollo: de la inmensa distancia entre lo prometido y lo que, inalcanzable, se muestra sin embargo tan cercano. Salir a caminar por la ciudad pone a prueba eso que Winnicott alguna vez definió como la verdadera capacidad de estar solo: aquella que se logra precisamente cuando estamos rodeado de mundo y su asedio constante. Lo perecedero es, tal vez, eso otro que promueve la ciudad contemporánea. Nada permanece, nada se reutiliza, nada merece ser reparado. Todo lo que muestra algún signo de falla es rápidamente reemplazado. El acto de nombrar se vuelve entonces fútil para el caminante que transita la ciudad, pues las cosas cambian a tal velocidad que lo nuevo rehúye a todo gesto de permanencia. En tales condiciones, escribir desde la sospecha sólo puede tener sentido en la medida que quien observa realice un proceso de extrañamiento. Identificar aquello que permanece en medio de ese cambio continuo puede ser una de las formas de escribir a contrapelo de los dictámenes del mercado y el progreso enceguecido. Ahora bien, perderse en la ciudad no es lo mismo que hacerlo en algún pueblo de provincia. La relación del tiempo con las cosas es de otro orden, obedece a otros preceptos, y por tanto el gesto de nombrar tiene un impacto distinto si hablamos de la escritura y su vínculo con el mundo. Esa experiencia está hermosamente descrita en La vuelta al perro (2022, 2023) de Cynthia Rimsky, texto cuyo título se muestra desde ya sugerente respecto a lo que después encontraremos en sus páginas. Dar la vuelta al perro es, en el lenguaje popular, una metáfora que remite a la actividad de salir a caminar sin ningún objetivo predefinido. Quien da la vuelta al perro lo hace porque sí, porque ni modo, y es en estas vueltas donde la narradora nombra lo que encuentra a su alrededor con una vocación por momentos enciclopédica. Lejos de las grandes arterias capitalinas, salir a caminar en este espacio no requiere de ese retraimiento necesario de las ciudades, pues el significado del mundo y sus elementos no está saturado desde antes. Es por esto que la narradora en La vuelta al perro se da el tiempo de describir, nombrar, es capaz de crear espacio en el texto. Por momentos lacónico y poético, la forma que adopta el lenguaje da cuenta de las menudencias de la provincia, los cotilleos vecinales y los roces cotidianos; le confiere a la narración el tono de quien, ubicada en el centro de los acontecimientos, es capaz de tomar al momento de escribir la distancia necesaria para develar las dinámicas ocultas que recorren la vida de la provincia. Así, en esta serie de crónicas y relatos teñidos por la mirada de alguien que sale a caminar o a comprar huevos en tiempos de pandemia, se anuncian violencias, abusos, historias de aquellas que sólo circulan en voz baja, porque si algo importa —entre muchas otras cosas— en este texto, es que no existe esa idealización de la vida apartada de las grandes urbes, muy por el contrario: no se escatima en mostrar —acaso enunciar de manera sutil— los conflictos humanos que se suscitan en estos pueblos. La vuelta al perro no es un texto ubicado en las antípodas del progreso. Basta sólo recordar el pequeño vehículo motorizado que la narradora adquiere para ir de un lugar a otro o la bomba extractora de agua que intenta reparar una y otra vez. En ese sentido, el texto no incurre en el reaccionarismo inocente. Lo que se observa más bien es una relación distinta con las cosas, donde los objetos se obtienen por lo que facilitan, por su utilidad, no por lo que se puede demostrar a partir de ellos (estatus, clase social, estilo de vida, etcétera). Por eso la narradora, cuando ve las hermosas y amplias casas que se han construido en un terreno infértil, se pregunta cómo lo hará toda esa gente para sembrar o plantar un solo árbol en el patio. La sospecha es un gran motivo en este texto, lo que permite observar con suspicacia tanto la idea de progreso como la de tradición. De entre todas las cosas que podríamos hablar de La vuelta al perro, sin duda, para lo que se propone aquí, destaca la relación entre el espacio y los objetos y su impacto en la escritura. En este texto las cosas resisten al óxido, no perecen con facilidad, lo que posibilita una relación distinta con el mundo y su materialidad. La mirada desprovista de romanticismo e idealizaciones permite, además, alejarse de los lugares comunes que rondan sobre la vida alejada de las urbes; da pie a que la autora, aunque de forma velada, narre también la violencia y las historias oscuras de la provincia, las que trepan como la sombra por los muros y se meten, sigilosamente, por las puertas y ventanas de las casas.

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