Barbarie pensar con otros
Revista de pensamiento y cultura
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- 27
Todo lo que no nos atrevimos a decir (palabras lascivas, de amor o de furia) se descuenta de las palabras que más coraje requirieron de nosotros cuando las dijimos. Llevamos esta suma cero sobre nuestras espaldas, que nos encorva y endereza alternativamente.
- Desarmar
En la obra de Ángeles Jacobi (33) --artista visual argentina basada en Berlín desde 2015-- bordados de gran tamaño se deshacen. Husos motorizados mueven las lanas, desbordan los tejidos, rearman los ovillos, dejando aparecer algo nuevo. Se trata de instalaciones textiles en donde esa técnica milenaria de miles de puntadas dialoga con la tecnología, planteando una tensión entre lo antiguo y lo nuevo, y generando un espacio de contradicciones y anacronías. La obra se enmarca en la dimensión tridimensional y en el tiempo, porque llega un momento en que no queda más lana por desarmar, o en que se corta el hilo y el movimiento se detiene. El tejido inicial se transforma y aparece otra cosa, materializándose aquello que en un comienzo era sólo una posibilidad. Este patrón se reitera en la trayectoria artística de Jacobi. Su técnica es en sí misma conceptual, en tanto que sus obras no representan la realidad, sino que despliegan ideas. El movimiento que se activa en esta visualidad comunica un mensaje con una poética propia y a través de símbolos y metáforas. Haciendo y deshaciendo, la artista crea un arte que se resuelve a sí mismo en su propio verbo, proponiendo interrogantes e intuiciones sobre la vida humana. El bordado y el desbordado se convierten en estilemas de la obra de esta artista, y a la vez en significantes que hablan del imparable devenir del tiempo; de cómo lo nuevo siempre se concatena con lo viejo; la vida con la muerte y viceversa. Lo viejo es necesario para que nazca lo nuevo, y la muerte para que surja la vida. El desarme es esperanzador, porque lo que se manifiesta siempre es la creación de la obra misma. “El armado y el desarmado son parte de la vida. La muerte también lo es. Son ciclos, como lo es todo; es evolución y cambio constante. En mi arte busco mostrar que el desarmado da lugar a algo nuevo. —sostiene Ángeles—. Este es un tema que siempre tuve adentro y me molestaba. Me pareció que la mejor forma de entenderlo y aceptarlo era llevarlo para afuera. Cuando lo materializás, lo ves desde otro lado”. Trazos En Perpetuo retorno, (Open Studios, SVA, New York, USA, 2022) por ejemplo, hay cuatro lienzos de tela con palabras bordadas que a medida se desarman, se van abriendo unas bolsas con tierra que se cae. Ante el desarme, la fertilidad se abre camino. En Too many things in between, but I am sure we will make it through, (Exhibición individual, “Sobre límites y fronteras”, Buenos Aires, Argentina, 2023 en Uno + Uno), los bordados adquieren un aspecto tridimensional, conformando unas cintas colgantes amarillas y naranjas. Aquí, Jacobi suma la escultura a la instalación cinética, como nueva materialidad que conversa y en ocasiones se intersecta con los elementos textiles que caen desde la altura. We still have a long way home (otra obra parte de la misma exhibición, “Sobre límites y fronteras”, Buenos Aires, Argentina, 2023 en Uno + Uno), plantea una imagen laberíntica, como un mapa que se mueve y cambia, al mismo tiempo que el ovillo recupera su material. De este modo, la artista delinea con su trazo textil y coreográfico, metáforas y reflexiones sobre los procesos vitales, tales como el paso del tiempo, la fragilidad ante la inevitabilidad de la muerte, la transformación, la creación y la potencialidad humana. La artista Web: https://www.angelesjacobi.com/ Instagram: @angeles.jacobi
- Improvisación y absurdo
Mi trabajo parte desde cuestionamientos que la arquitectura no me pudo responder. Ya conocía mis medidas en sistema métrico, podía calcular mi volumen exacto si es que me sumergía en un recipiente con agua (caso hipotético, pero posible), y sabía el espacio mínimo que necesitaba “un cuerpo” para habitar un lugar. La altura de una mesa para comer, el ancho de un escritorio, el espacio alrededor de un inodoro, la pendiente de una rampa. Medidas universales para un cuerpo anónimo, del cual no conocía su cara, experiencias, memoria, ni huellas. Antes de comenzar mi práctica artística, estudié arquitectura por seis años en Chile. Pregrado y Magister en la Pontificia Universidad Católica. Y en un intento por escapar la labor de ampliar closets y restaurar cocinas, escribí una tesis sobre el re-uso adaptativo de la arquitectura moderna. De un edificio que fue construido en los 70, en un país bajo dictadura, y en un período en el cual yo no existí. La memoria colectiva, Herman Hertzberger,[1] Gloria Anzaldúa,[2] y David Hockney fueron apareciendo en este camino investigativo y creativo; qué hacer con una piscina olímpica que dejó de ser olímpica por regulaciones de la FINA[3], pero que aun así, se llama Piscina Olímpica, de Arica, y es un monumento regional. El proceso de redibujar un plano, una sección, una elevación, y una vista isométrica, fue una manera de reclamar el edificio (la piscina de Arica), a través de mis manos. Los planos originales fueron hechos antes de la aparición de AutoCad[4], y alguien tenía que vectorizarlos, re-trazarlos, hacer sentido de la escala, y medir la estructura in-situ. Y así lo hice, y me doy cuenta ahora, años después, que inconscientemente he estado haciendo lo mismo con mi cuerpo a través de la performance. Estoy reclamando mi cuerpo a través de mis propias manos. Qué significa usar el espacio, cómo lo usamos, cómo lo uso yo, cómo lo uso con mi cuerpo, son preguntas que tal vez no tienen una respuesta definitiva, sino matices. Matices de verdades propias, verdades encarnadas, aprehendidas de la experiencia in-situ, in-corpore. Un cuerpo, mío, que además de físico es conceptual dependiendo del lugar en el espacio en que se encuentra. Un cuerpo nacional, residente, no residente, inmigrante, latinx, raza mixta, cuir, prefiero no contestar, género femenino, no veterano, binario, soltero, estudiante, sin acompañante, autorizado para trabajar. Mis obras, se informan mediante experimentación, repetición e inventarios, las cuales yo considero infinitas, pues si sigo iterando, la obra nunca se completa y la respuesta nunca es la final. Razón para auto desafiar mi cabeza estructurada, porque nada de lo que hago es cuantitativo, si no improvisado, espontáneo, y conceptualizado después de la acción. Simone Forti, Ron Athey, Devynn Emory, bell hooks, y Julia Kristeva, han sido refrentes importantes en mi trabajo; la abyección, el dolor, las políticas del cuidado, el amor, y el cuerpo. Usando distintos materiales, he medido–sin medidas–mi cuerpo en el espacio, lineal y volumétricamente. Me he cubierto el torso con arroz, compost, cinta de embalaje y queso crema, entre otros, y he construido alter egos de yeso y cartón que he sentado en mi habitación por meses para “compartir el espacio” y aprehender mi tridimensionalidad. También me he interesado paralelamente por el peso que tienen los cuerpos, mi cuerpo, y otros cuerpos sobre el mío. De dónde viene el confort de una frazada gruesa, un saco de arena que te abraza, una bolsa de genero con arroz que te suelta los músculos del cuello. Y cuáles son esos afectos que nos producen. Con la improvisación y el absurdo, busco encontrar esas respuestas efímeras, y sensaciones inesperadas que nos pueda producir el material. Materiales que puedan afectar a otros con una instalación interactiva, o a mí, sola frente a un celular pegado con scotch a la pared, mientras repito en voz alta el juego de los limones hasta contar hasta cien. Mi trabajo está en constante evolución, repetición, física y verbal; haciendo de la metalingüística mi fijación actual, en una serie donde voy bordando todas las frases que sé de memoria y ya no puedo descomponer, como mi número de teléfono, la dosis de un remedio, un dicho popular. Esas palabras que repetimos sin parar y sin pensar. blueprint, 2020 blueprint, como su título, hace referencia a los planos arquitectónicos en dos dimensiones: planta y elevación. Una de mis primeras experimentaciones frente a la cámara, me grabé por 49 minutos, delineando mi cuerpo sobre ambos planos cubiertos de plástico azul con cinta de enmascarar. Los ángulos que alcanzaban mis brazos, mis piernas estando sentada en el centro, mis piernas estando parada, mis tobillos flectados, mis dedos separados y juntos. Toda “medida” que se me pudiese ocurrir, hasta que no se me ocurriesen más, y eso marcó el final de la performance. elastic tulle, 2020 elastic tulle, es una aproximación al entendimiento propio del volumen de mi cuerpo cuando lo cubro de materiales distintos. El tul, tela semi transparente, produce una tensión interesante entre los movimientos del cuerpo, y la adaptación de la tela que sucede con cierto retraso temporal–porque pesa menos, y el mismo movimiento del aire la levanta, haciendo parecer que cae más lento y deformada. every forty two times, one, 2022 every forty two times, one, fue mi proyecto de tesis en mi master de bellas artes en Parsons. En él, utilizando el ancho de mis hombros (42 centímetros), construí un cubo que fuera capaz de sostenerme y dejarme sostener pesos sobre mi cuerpo también. Viene de la observación de los juegos de niños en los parques, y como estos, los niños, están siempre escalando; pero si encuentras a un adulto, te apuesto a que está colgando o apoyado en algo. Ese confort en colgar, en el peso, en sentir la propia gravedad y la de otros materiales sobre nosotros, es lo que quería invitar al público a experimentar, sin decirles, y solo dejarlos ser. Aludiendo también a la soledad del cuerpo en el espacio, en procesos de duelo, separación, y durante la pandemia, donde sostener a otros se hizo algo raro, anhelado, y/o peligroso. Fotografías: Martin Seck, 2022 sandbags 1, 2021 sandbags 1, es un ejercicio que surge luego de una escultura donde elaboré 78 piezas de yeso que colgaron del marco de una ventana en la quinta avenida en Nueva York (78 off me), donde me invitaron a exponer, pero no podía ser performance, solo escultura u obras en dos dimensiones. 78 es el número de órganos que tiene el cuerpo, según algunas publicaciones científicas–no acuso completa veracidad–pero así tomé el encargo y me deconstruí en esas 78 piezas. en sandbags 1, lo que hice fue ponerme esas 78 piezas encima, las quería mover, las quería cargar, las quería tocar. En vez de yeso, utilice arena en sacos de telas, y sacos triangulares, porque la geometría no me deja tranquila, y calcular el volumen de triángulos y luego verlos deformarse me pareció formalmente absurdo, y eso siempre me entretiene. Carolina Muñoz [1] Autor de Architecture and Structuralism - The Ordering of Space. Naio10 publishers, Rotterdam, 2015 [2] Autora de Borderlands La Frontera - The New Mestiza. Aunt Lute Books, San Francisco, 4ta ed., 2007 [3] Federación Internacional de Natación [4] Software de dibujo arquitectónico inventado en 1982.
- Chasing Waterfalls: primera opera que interactúa e integra inteligencia artificial *
Chasing Waterfalls es un proyecto liderado por el director y artista de medios Sven Soren Beyer junto al colectivo de artes de Berlín phase7.performing.arts. Otros colaboradores son la escritora alemana Christiane Neudecker, que creó el libreto y experimentó con generadores de texto de IA, los artistas de vídeo Frieder Weiss y Ployz, el compositor hongkonés Angus Lee y el estudio de diseño Eigengrau. La ópera fue estrenada en Dresde (Alemania) el pasado mes de septiembre y posteriormente se presentó en el Festival de las Artes de Hong Kong en noviembre de 2022. La música de Lee y el libreto de Neudecker son complementados por material creado a través de tecnología de IA, incluida la interpretación de una voz cantante algorítmica desarrollada por el estudio de sonido Kling Klang Klong (Berlín). La pieza integra a un algoritmo generado por ordenador que desempeña una serie de roles, como apoyar a los cantantes con su voz en tiempo real, asumiendo además un rol protagónico como personaje. La voz generada por ordenador se compone a partir de muestras de la soprano noruega Eir Inderhaug, que la IA utiliza para crear su propio "canto" - único para cada interpretación. Entre otras innovaciones tecnológicas llevadas a escena, se incluyó una cascada real, así como una escultura cinética de luz de ocho metros hecha de paneles LED que cuelga sobre el escenario y personifica a la IA. También el público se convierte en parte de la escenografía, pues los asistentes que prestan consentimiento son escaneados en 3D antes de cada actuación e integrados en el diseño del escenario. La ópera plantea preguntas existenciales sobre la identidad humana y la influencia del mundo digital. El libreto se centra en cómo se desarrollan las identidades del personaje principal, Ich, y sus cinco gemelos digitales en el mundo en línea y dentro del flujo de algoritmos de IA. Cuando Ich se enfrenta a sus alter egos virtuales, comienza a comprender y también a cuestionarse quién es realmente. La producción explora cómo pueden evolucionar nuestras identidades cuando los límites entre el mundo real y virtual se vuelven cada vez más borrosos, y cómo las operaciones digitales están influyendo en las decisiones que tomamos. Sobre el estilo musical de la ópera, Lee lo define como ecléctico, señalando que "se puede escuchar música tonal, atonal, hip-hop, electrónica, vaporwave y sonido de ópera tradicional". Y si bien el material generado por IA, tanto música como texto, ha sido tejido a lo largo de la ópera de siete escenas por sus artistas, la quinta escena es completamente obra de la IA, que escribe y realiza su propia pieza en cada representación, por lo que el libreto difiere en cada puesta en escena. Silvia Veloso *Este texto ha sido creado a partir de prompts y extractos de noticias entregados a ChatGPT3 quien ha realizado el resumen que aquí se transcribe así como parte de las traducciones de los textos originales en alemán e inglés.
- La excavación
Camus escribe en sus Carnets: "Carácter insensato del sacrificio: el tipo que muere por algo que no verá". Camus, un gran vividor, venía rondando esa idea desde hace tiempo, que por lo demás es muy antigua, se arrastra desde los tiempos de Herzen. Si hay que sacrificarse por la revolución, ¿quién disfruta? La excavación, la novela de Andréi Platónov, también trata en parte este triste tópico. Obreros hacen una gran excavación para construir un palacio para los obreros del futuro, ¿y los que excavan disfrutan? No, los que excavan, excavan y sueñan, ya vendrán los que disfruten, no los conoceremos. De ahí que todos, salvo dos o tres suicidas que no tienen nada que perder (o los que ni se imaginan cuál es el costo de una verdadera revolución), tendamos a ser reformistas. Muchas veces hay una casa, un hijo que criar. Campanella decía, ya a comienzos del siglo XVII, que bastaba con estos pocos elementos sentimentales para convertir al hombre en un depredador del mundo. Hay que guardar un equilibrio, no vale quemar todo el mundo restante, hay que salvar el poco disfrute que nos queda. De hecho, unas constantes revueltas podrían sumir a los países en diez o más años de caída libre hacia una violencia inusitada y una economía difícil de recuperar (como ha pasado infinidad de veces en la historia). El que llama a quemar todo no se imagina que no va a disfrutar en vida lo que sueña, y que caerá inevitablemente en "lo insensato del sacrificio". De hecho, creo que no lo piensa y solo lanza una pulsión inconsciente de disfrute en la destrucción. Sí, él también quiere disfrutar a su modo. No hay sacrificio. Con el tiempo nos damos cuenta de que ya no nos juntamos, quizás de forma intuitiva o poco consciente, con los que no tienen nada que perder. No hay belleza en el fuego, solo en la tranquilidad de los pequeños disfrutes de la vida. Creer en un mundo que será mejor en cien años se ha vuelto tan increíble como creer en Dios. No soportamos una trascendentalidad más allá de nuestros nietos, esta es nuestra verdadera herejía. Esa frase sobre "Dios ha muerto" no es nada frente a la pérdida de fe en el sacrificio de algo que no se disfrutará en vida. La concepción del disfrute en vida es la verdadera arma mental de la burguesía y no el dinero. Y es un arma invencible. Está en mí, en ti y en todos los que ven la vida de forma simple y realista. André Malraux escribe en "La esperanza": "El Apocalipsis lo quiere todo de inmediato; la revolución lo consigue todo lenta y duramente. El peligro está en que todo hombre lleva en sí mismo el deseo de un Apocalipsis. Y que en la lucha, este deseo, transcurrido un tiempo bastante breve, acaba en un fracaso inevitable por una muy simple razón: por su naturaleza misma, el Apocalipsis no tiene futuro".
- Taquigrafía. Una niña cruza la noche en jumper. (Hablemos de lenguajes obsoletos).
Se habla mucho de Inteligencia artificial y de los lenguajes del futuro. Yo voy a referirme a un lenguaje obsoleto y del pasado, quizás porque deja más claro que todo se añeja cada vez más rápido. Mi hermana estudiaba secretariado cerca del Cerro Blanco en Santos Dumont con Recoleta. Tenía que cruzar el cerro sola con uniforme escolar. Era un lugar bastante peligroso y en ese tiempo, además, merodeaban algunos locos sueltos de las cárceles psiquiátricas cercanas, también los aparatos de inteligencia de la dictadura, un sector muy sombrío para una palomita blanca con jumper. Cada vuelta del colegio era un viaje eterno. Una película de las que le recomiendo y que jamás ve ni vería. No andaba con nada para defenderse excepto su actitud, aunque con miedo por dentro. En ese tiempo se enseñaba taquigrafía, una manera rápida para escribir dictados y textos extensos a la misma velocidad del gerente que hablaba, todo esto antes de las grabadoras digitales y de la tecnología como hoy se la conoce. Por entonces se pensaba que estábamos a un paso de un capitalismo pujante y vigoroso, lo que tuvo como resultado un país de ingenieros comerciales sin mundo ni calle, incapaces de entender una película o de distinguir un tarugo de un tornillo, que dividían el mundo entre ganadores y perdedores. Muchos de esos tipos hoy tienen trabajos miserables y dan, como mucha gente de derecha, pena. Un país ganador y no les alcanza para vivir vendiendo sopaipillas en un carrito, ni siquiera un food truck. Y siguen votando por quienes los desprecian. Eso con los más pobres, porque los que tienen dinero tienen una mirada triste, como si alguien les fuera a arrebatar permanentemente algo, miradas sin deseo, muertas. ¿Taquigrafía para qué texto entonces, si el neoliberalismo carece de texto? Se enseñaba literatura distinguiendo géneros, discriminando, creando divisiones extrañas antes que el disfrute del texto porque había –y hay– algo en contra del lenguaje no instrumental, una especie de miedo, un filisteísmo sórdido. Eso en los liceos comunes; en los Liceos Comerciales, se preparaba a la gente para trabajar rápido, y dentro de eso estaba la taquigrafía. Era bastante absurdo enseñar taquigrafía porque al empresario medio le cargan los textos de cualquier índole y con cueva pueden articular un par de ideas que son siempre las mismas: 1. No nos ahoguen con impuestos; 2. El sistema de un Estado regulador ha fracasado en todo el mundo. Y fue. Para qué taquigrafía si un jefe promedio sólo da órdenes en la gramática más básica. El recorrido de mi hermana desde el Liceo Comercial 5 en Recoleta hasta Nueva de Matte hecho con miedo convertido en cautela, haciendo cripsis con la noche y la demás gente, cruzando la zona del cementerio y los psiquiátricos es el viaje de la gente de las provincias hacia Santiago luego de la crisis del salitre; es el viaje de las mujeres para conseguir trabajo e independencia; es el viaje de las que salieron de sus casas y no volvieron nunca más. Sus banshees y hadas dominan una lengua muerta que se llama taquigrafía, o poema. Es un susurro áfono pero intenso. ¿Han visto un cuaderno de taquigrafía? Quizás en el Persa (Feria de pulgas) del Bío Bío puedan encontrar alguno. Las chicas seleccionaban una noticia del periódico. La traducían a esas rayas y ganchos fascinantes que son la taquigrafía en un cuaderno. Luego ponían con un clip la noticia del diario junto a la transcripción para ser revisada. La taquigrafía se parecía a las mismas estudiantes cuando hacían gimnasia que elongaban y saltaban elásticos para mi prematuro voyerismo. La inteligencia artificial probablemente reemplace a la redacción (un set de reglas bastante sencillas de aprender y aplicar), pero no va a reemplazar a la escritura. Si la redacción ordenadita y sin sabor será reemplazada, ¿qué nos quedará entonces? Lo dialectal, lo que tiene el sabor único de su autor, las relaciones no obvias, las palabras que no encontraremos juntas en el buscador. Veamos qué pasa con la IA y el Finnegans Wake, la narrativa de Roberto Arlt, ni hablar de la poesía propiamente tal. Y otro tanto con la traducción, probablemente la traducción literal correcta pueda ser hecha por la IA pero no la traducción que tiene el sabor único de un autor específico. Las malas escrituras y las escrituras espléndidas no pueden ser reproducidas por la IA, ¿O sí? La taquigrafía es un lenguaje obsoleto, lo cual de inmediato despierta todo mi amor porque el poema y especialmente el poema de amor también son un lenguaje obsoleto (hagamos un recuento de los poemarios de amor que se han escrito en los últimos diez o veinte años en Chile, hay un par que suelo recomendar y compartir ). Un lenguaje cifrado y misterioso lleno de curvas porque la natura no divide con regla. Y una misma especie tiene pequeñas diferencias si nos desplazamos por el territorio: un chincol no canta igual en distintos climas, alturas y regiones. Anoto: volverán los lenguajes obsoletos, quizás también las altas malvas reales (alcea rosea) a tu jardín. Volverán los archivos, las cámaras análogas, los poemas leídos en la montaña, en la plaza, en el bar, en el motel parejero, en voz baja, sin darse color, como moneda de uso. Quizás a eso se refería Teillier sampleando a un francés (todo es sampleo de otra cosa escrita antes, es cosa de escuchar soul o funk clásico) la poesía debe ser usual como el cielo que nos desborda, que no significa nada si no permite a los hombres acercarse y conocerse. La poesía debe ser una moneda cotidiana Por favor reléanlo en vez de endiosarlo; lean los poemas, no las teorías sobre ellos, no a la academia que les picotea sus cadáveres diciendo, llevando agua a sus molinos de militancias fijas y secas y por lo tanto fáciles de quebrar –sean como el agua, como decía Lee Yun- fan, dúctiles–. En el caso de Teillier y Parra, se los suele contraponer, cosa completamente inútil. El poema que acabamos de citar de Teillier tiene casi la misma estructura superficial o son casi equivalentes con lo que dice el Manifiesto de Parra: para nosotros la poesía / Es un artículo de primera necesidad: / No podemos vivir sin poesía. Estamos en un momento en que hay que buscar puntos de encuentro, redes, relaciones y no diferencias. Los fondos estatales se llenan de delincuentes, cuoteo, programas de inclusión mal aplicados, barseo. Aun así y fuera de ese mundo, hay que dar la guerra contra el engolamiento y la impostación, contra la literatura de derecha, contra la imprecisión. El poeta miente para mejorar la verdad, escribía el viejo Charles Tomlinson. Esa pelea la dan a veces silenciosamente algunas personas que hacen clases en los lugares más hostiles de nuestra sociedad. Lugares que cierta gente ni siquiera imagina. El trazo Taquigrafía significa escritura veloz, así que partimos bien. Tiene primos: el ideograma chino, el trazo que es concentración de fuerzas poundiano, el shodo japonés, la captura del instante de Williams. La poesía no siempre es sólo contenido, a veces no tenemos que detenernos e intentar interpretar todo, a veces basta transcribir. La poesía tiene que ver con la velocidad y lentitud, con los cambios de marcha de los oleajes. Quizás por eso se nota la velocidad en el trazo, el momento de la captura de la imagen esquiva y milagrosa. Al igual que la taquigrafía, otro sistema de escritura obsoleto, se trata de transcribir rápido lo que te dicta alguna especie de divinidad o la brisa. Esos dictados suelen ser extremadamente fugaces. Son ninjas que saltan armados a la niebla de la página. ¿Para qué entonces? El poeta menor de la antología de Borges y el hermano de Drusilla Tanzi (Mosca, la mujer de Montale) dejó un baúl con partituras cuyo único lector fue Eugenio Montale. El poeta menor y el hermano de Mosca no eran empresas de sí mismos porque eso no le compete a un poeta ni a un compositor, los poemas están escondidos haciendo cripsis en el lenguaje cotidiano, en alguna antología que también está olvidada por las modas literarias o en el lugar de los trastos, como un cuaderno de taquigrafía. Es interesante ver cómo está construido un ideograma chino o los caracteres taquigráficos pero también es hermoso ver las grafías sin entender: son divinidades que bailan, maestros de kung fu, bailarinas. Verlas liberadas de la obligación de decir algo. La poesía es, a veces, lenguaje liberado de la esclavitud de decir algo. Es lenguaje en danza, o una muchacha atravesando en jumper Santos Dumont bajo la sombra del Cerro Blanco, sagrado para los mapuches, al lado del cementerio y del Instituto Médico Legal, recintos psiquiátricos, tugurios y aguantaderos de delincuentes, botados y cargadores de la vega. Quizás eso es el poema: una muchacha que cruza en ropa de escolar la parte oscura y cargada de símbolos de muerte y locura de la ciudad. La noticia taquigrafiada Recuerdo a un tipo de apellidos tan intimidantes que de sólo escucharlos la gente se condicionaba y adoptaba toda clase de posturas y gestos. El hombre había optado por suicidarse en la naturaleza, pero la familia se negó a dar cualquier tipo de información y, con esos apellidos intimidantes, los periodistas se cagaban encima. La familia lo cuidó. No permitió a la prensa festinar. Me gusta cuando la gente cuida su intimidad o cuando no se dejan tomar el pelo por la prensa. A muchos escritores les molesta admitir que un boxeador de Osorno se maneja mejor con la prensa que otros nombres muy rimbombantes de la literatura, pero es así. Martin Vargas todavía es astuto con la prensa, los mandaba al carajo, no fue pasto de joda como tantos escritores chilenos que pisaban palos y daban la notas altas: “A ver, qué va a decir ahora este loquito, este payaso, este viejo loco”. La prensa se ríe en la cara de varios escritores y escritoras, hasta sus mismos fans tóxicos convierten a sus ídolos en caricaturas. Recuerdo a una pobre señora a la que le daban trago y la hacían bailar flamenco arriba de una mesa. Lo transcrito a taquigrafía y la lítote Las tareas de taquigrafía de mi hermana consistían en lo siguiente. La noticia real era adherida con un clip al cuaderno en donde se transcribía a caracteres taquigráficos. La noticia estaba plagada de verbos potenciales y modales, redacción nebulosa, que era como se escribía en dictadura. De alguna manera, me encantaba esa forma de hablar, oscura aunque previsible. La irrupción del punk y sus subproductos en la década de ochenta fue a contracorriente de esa lítote. Buen intento que, luego de un tiempo, se fue al carajo por excesos de cinismo y hundimiento. Retorno de la lítote o atenuación. Así hablaban todos, desde los tiempos de la televisión fascista. Y así siguieron hablando luego de la dictadura, exceptuando el paréntesis punk. Al Alvarez tiene un ensayo brillante sobre la lítote en el prólogo a The New Poetry (1962), The New Poetry or Beyond the gentility principle. Junto al prólogo a la antología de poesía norteamericana de Eliot Weinberger, son textos fundamentales en cualquier clase sobre poesía. Ejemplos de lítote: decir neutralizados por asesinados, el muchacho no era exactamente guapo en vez de decir que era de frentón feo. Ejemplos hay cientos. El lenguaje de ese tiempo era burocrático e indirecto, y eso quedó instalado, para despedir a alguien de un trabajo, para encubrir con un lenguaje nebuloso lo que es una traición: “El presunto siniestro podría haber ocurrido probablemente cerca de la popularmente denominada Legua Emergencia. Ahí, en un confuso incidente, habría sido neutralizado un antisocial en cuya casa fue encontrado copioso material subversivo”. El material subversivo eran revistas de quiosco y hasta un ejemplar de Mafalda. Esas eran las noticias. Sólo si se está muy cerca de un suicidio, homicidio o crimen se puede experimentar la brutalidad clasista del periodismo amarillo. Una hermosa mujer ilustrada, ex dirigente de Liceo 1 de niñas, experimentó eso. Su hermano fue asesinado por su novia. La prensa cubrió el tema diciendo imprecisiones, estigmatizaciones y caricaturas de todo tipo. Ella habló con unos abogados e hizo re-escribir la noticia a la prensa amarilla. Pero ella pudo hacer eso porque es una muchacha preparada, con estudios universitarios, una excepción. Esa mujer hace clases en la Cárcel de Valparaíso (o sea). La mayoría de las noticias que leemos no son corregidas por la hermana culta del imputado o imputada. Hay una aporofobia feroz. Pero esos periodistas que estigmatizan la pobreza (de la que, por lo general, provienen) y sacan de contexto la frase de un cantante de trap, se cagan encima ante un empresario. Se postran ante el poder. Son sus perkins, sus soldaditos y esclavos. En dictadura reinaba un lenguaje nebuloso y lleno de verbos potenciales y lítotes de manera que todos aprendieron a leer entre líneas, a descifrar. Ese fue un gran ejercicio de interpretación de figuras literarias. Mi hermana buscaba alguna noticia para transcribir a taquigrafía: seleccionar el texto, buscar la dignidad del lenguaje en la exposición de una noticia, humor, alguna gracia, alguna mínima onda. Me gustaban esos cuadernos de taquigrafía. Me gustaba, en un punto, no entender. Es el viejo Pound quien recomienda leer poesía con métrica en otro idioma para captar la cadencia sin ser interrumpido por el contenido. Eso como ejercicio, todo como ejercicio, para familiarizarse con la materia verbal. Escribir sonetos para hacerlos pedazos luego de dominar la técnica. El aprendizaje de la poesía es un gimnasio. Le pedí por favor que buscara esos cuadernos porque quería ilustrar este apunte. Pero nosotros no conservamos cosas. Hay que andar liviano.
- Las cosas
Cosas quietas en una habitación, testigos del tiempo. Cosas guardadas, testigos de momentos. Cosas de antes, que saben sobre ayer y sobre hoy. Cosas sabias, que hablan de la historia de la vida de una mujer a quien hoy rodean en su lecho, cosas fotografiadas y luego pintadas al óleo como si fueran reales. Cosas que componen una escena y retratan a su protagonista, la describen. “En esta pintura las cosas adquieren una especie de singularidad, de entidad propia, de manera tal que en algún punto la persona del cuadro ya está retratada en todas las cosas que la rodean. Es un cuadro histórico, de una época, muy fiel a un estilo de vida, a una forma de decorar”, dice el autor de la obra, Manuel Ugarte [34 años, artista visual y abogado]. La obra “Las Cosas”, de 450 por 300 centímetros, reposa como una instalación de gran tamaño en una antigua capilla carmelita, hoy desacralizada y devenida en Centro Cultural de la Municipalidad de Providencia, en el barrio Bellavista de Santiago. La obra invita al silencio y despierta respeto. Desde una técnica realista, la pintura habla de la degradación natural del ser humano, el final de la vida, el sentido del dolor y la fugacidad del tiempo. “Al pintar uno invierte mucho tiempo en obtener una imagen, en fijarla. Eso es una forma de decir que es importante retener una información sensorial. Hay una lucha contra la muerte, o contra el olvido —dice Ugarte—. Un intento por recordar, por fijar ciertas cosas, modificándolas también, porque eso hace la memoria: tergiversa, inventa, completa”. Por otro lado, la obra invita a recuperar el asombro ante la pintura como cosa y el ritual del encuentro físico con ella, a modo de recordatorio lúdico tal vez, de que aún hay óleos sobre telas en este mundo donde sobreabundan imágenes de la misma textura y tamaño que la pantalla de un dispositivo móvil. “La tecnología y el celular tienen muchas ventajas que son maravillosas. Pero la pantalla sacrifica muchos elementos importantes de una pintura, como la textura. Se están generando nuevas formas de pintar, a veces subordinadas a esas nuevas formas de reproducir la imagen. No me gustan las servidumbres ni los condicionamientos de ningún tipo. Por lo que eludirlos me parece un juego necesario para tensionar la libertad —reflexiona el artista—. Es un reclamo de la propia voz para las cosas también. No las olvidemos; siguen acá”. Fiel a los óleos y a la pintura realista, el pintor busca lenguajes plásticos que traduzcan la esencia y la singularidad de las cosas. En esta obra, los objetos se lograron con técnicas variadas: desde pintura abstracta, puntillismo, expresionismo, o realismo norteamericano. En sus palabras, el realismo tiene que ver con traducir un fenómeno determinado y la objetividad no pasa por sentir o no una emoción, sino con la forma en que uno se aproxima a ella. “Es muy distinto sacar de ti emociones, que comunicarlas. Expresarte, que expresar. Ambas son válidas, pero a mí me interesa comunicar, lo cual requiere tomar cierta distancia para poder entender cómo transmitir eso que tu sientes o ves”, sostiene. Ugarte busca en su trabajo comunicar con neutralidad; sin tomar en este caso una postura sentimental sobre la vejez, ni dulzona, ni macabra, resalta. Simplemente, intentando mostrar lo que vio en el momento en que capturó la escena: el deterioro orgánico. Coordenadas: La muestra “Las cosas”, de Manuel Ugarte, se puede visitar hasta el 29 de mayo en el Centro Cultural Montecarmelo (Avenida Bellavista 0594, Providencia, Región Metropolitana, Chile). En redes: @manuelugarte
- POHLHAMMER
Una pera madura un collar de caracolas para abril o para mayo Abandonados al viento del anochecer a los quince colgábamos de la pisadera de una liebre Tobalaba-Las Rejas que se bamboleaba de lo lindo No tenías un peso en el patio del colegio yo te invitaba los berlines Pero no fue por ahorrarnos el boleto que colgábamos de la pisadera de la liebre Sino porque era entonces el lugar más libre del planeta Chile Tomamos la epifanía por asalto esa eternidad camuflada de brisa fresca que nos abofeteaba las caras con dulzura suspendidos inmortales a cagarse Pasaban cosas en Tobalaba gritos sin bocas palomas fosforescentes casas aburridas de estar en el mismo sitio se movían se inmiscuían en el tráfico pausado de esos tiempos El sinsentido con su incomparable trascendencia lo avistábamos colgando y con medio cuerpo en el vacío Capaz que fue allí que te quedó gustando el vacío Al llegar a tu casa hicimos una larga lista de eventos que nadie más vio o notó Fue un viernes de octubre el tedio era absoluto yo diría glorioso La lista parecía interminable lo que no vimos lo inventamos dijiste da lo mismo total nadie iba a creer ni lo que vimos ni lo que inventamos Así pasábamos los días A los dieciséis fue un poco distinto Nos sentábamos juntos nos echaban de clases día por medio Por tu culpa eras demasiado cómico con sólo anunciar una talla salía a dúo esa risa disparada inoportuna 1971 lo declaramos el año de la hilaridad ¿o de la jocosidad? No me acuerdo Ya tenías ese talento de miedo para introducir el absurdo sin previo aviso La ocurrencia loca inconfundible hasta que el tumor te robó las palabras A los diecisiete fue aún más distinto Nos enamoramos de la misma chica te pescaba más a ti eras más popular y más divertido nunca me dijiste que te gustaba Pasaron luego años sin verte desaparecías sin avisar me dejabas plantado Y en cada reencuentro todo había ocurrido ayer y repasábamos palabras y nombres para convocar la misma carcajada: gol de Scandoli viva Palito Ortega Hacer Can Fenecido o las piernas arqueadas de Guillermo Yávar Para entonces ya vivías non-stop en la plenitud del instante Ni siquiera te lo propusiste fresco de raja envidié esa libertad hay que tener coraje Cómo ibas a cumplir promesas si bailabas sobre la rueda del continuo presente Tal vez por poeta o iluminado o ser quién eres o eras ya no sé en qué tiempo conjugar Me dijiste después de una pichanga: ningún rollo con morirse la vida es pura maravilla por qué no también la muerte Igual te voy a extrañar hay tantas fotos bonitas que postean de ti estos días Es raro decir “se murió Erick” no logro escucharlo no cierra del todo Es probable que ya no vuelva a destornillarme de risa contra el piso Te llevaste mi gamulán y me dejaste ese horrible chaleco rojo Un gamulán con chiporro bastante feo también Eso fue hace mucho tiempo Aunque tal vez no exista el tiempo y todo sea maya o mayita como decías tú Fiel a la irreverencia Ahora te fuiste de nuevo No sé si te volverás a aparecer Tal vez entre nubes colgando de una micro sideral Es fresca la brisa allá arriba me imagino Aprovéchala pásalo bien hasta mañana hasta pronto hasta siempre
- Cuatro poemas sin Dios y un cántico nuevo
"Cuatro poemas sin Dios y un cántico nuevo". Pieza compuesta de 4 poemas y un canto Carolina Schmidt (Poesía y canto) Daniel Kadé (guitarra y arreglos) Jhonatan Ojeda (teclado) El presente video es el registro de la presentación realizada en el Salón Blanco del MNBA en el marco de la muestra Poesía en Expansión curada por Paula Honorato (abril 2019). Invitada como poeta participante en el Foro de Escritores entre 2007-2011. Fe de erratas: En el GC del último tema se titula Sin Dios, ahí justamente debiese leerse : Un cántico nuevo. Esa explicación es importante y radical. Anótese, comuníquese y publíquese.
- Erick Pohlhammer: “Para que haya polis tienen que haber polisemia”*
Nacido en 1955, el poeta Erick Pohlhammer no es una guagua pero sí un niño muy bien conservado con cientos de cuadernos garrapateados. Varios de ellos con frases recogidas de la boca de otros, amigos, conocidos y desconocidos con los que se va encontrando en el curso de sus latas caminatas entre Plaza Italia y Tobalaba, con aros matutinos en el Tavelli y vespertinos en el Phone Box. Sus interlocuciones aplican el método de escuchar y preguntarle al otro para abrir un campo dialéctico inesperado. Así es como el fútbol se va amarrando con el Kamasutra, la pandemia de niños gordos con el placer de abotonarse la camisa o los altos índices de depresión nacional con la metafísica del pun. En literatura se expresa con el refrán y el haikú; también ha escrito teatro y prosa, como Novela velada en un velador bajo la lámpara alógena de mi abuelita Amparo Astaburuaga, con la que se hizo acreedor del Premio Novela 2006 del Círculo de Escritores Jóvenes de Buenos Aires. Los editores están al aguaite y, entre otros, esperan El libro de los placeres simples y otro titulado Por qué no soy democratacristiano. Al proponerle una entrevista, Pohlhammer aceptó fijándola en mi domicilio. Llovía seriamente el día que se presentó. Al entrar cerró su paraguas de señora sin cacha y me pasó una mata de betarragas. “Para el almuerzo”, dijo y ya sentados en butacas instaló su tónica equiparando roles entre entrevistado y entrevistador. “¿Te gusta ir a las fondas?”, partió preguntando. Imagen Erick Polhammer. Créditos Mario Téllez -Me gusta pero no siempre voy, me baja por temporada. -Yo tengo mucho que hablarte de las fondas. ¿Recuerdas una fonda donde la pasaste flor de la canela? Habrá un recuerdo de fondo de esa fonda. -De fondo porque las fondas en que lo pasé bien se concentran en una sola impresión, o sea que no recuerdo la fonda pero sí el fondo. Me encantan las orquestas, el jolgorio y el comistrajo. -Comistrajo, qué buena palabra. ¿Y los huasos te gustan? -Bastante y dependiendo del huaso. -¿Te deleitan visualmente? -Muchísimo. -¿Te excitan eróticamente? -Eso dejémoslo entre paréntesis. Yo tenía un conocimiento teórico de los huasos, porque ¿de dónde voy a haber conocido huasos profundamente? -No habría por dónde. Uno puede darse cuenta medianamente y ahí habría un oxímoron de la mujer citadina con la cultura campesina. Los huasos verdaderos están tapados por los Huasos Quincheros. ¿Y sientes el sabor de la cueca? -Lo siento y aprendería de mil amores pero como bailarina soy desordenada. -Bonito título para un libro de cuentos, La bailarina desordenada. ¿Y yo puedo decir algo de los Huasos Quincheros? -Lógico. -Mira, yo separo entre las personas de los Huasos Quincheros y su actividad, porque hace poco estuve con un huaso quinchero en un café y lo vi como un álamo, como un árbol, lo separé del conjunto musical porque a mí me gusta tener respeto y amor ante todo rostro. Esa es una cosa. Por el otro lado, la primera vez que escuché a los Huasos Quincheros, que fue a los ocho años de edad en el canal 9, me dieron ganas de vomitar. -¿Físicamente? -Físicamente. Yo no toleré a los Huasos Quincheros. Experimento una alergia, mi organismo se rebela al escuchar, así es que mejor volvamos a la fonda porque te voy a decir que estoy muy apasionado por las entradas de tu etapa en lo huaso. -Claro, yo no tenía acceso al mundo huaso porque una es una afuerina, entonces para entrar tienen que pasar ciertas cosas. -¿Y qué te pasó? -Que pasé un tiempo largo por ahí por Linares y estando allá, lo huaso llegó a mí. -¿Cómo llegó ese huaso a ti? -De a pie. -Llegó el huaso a ti como el hueso a la boca del perro. ¿Y fue un hueso duro de roer? -Sí, porque existe una distancia infinita, por lo tanto debe aparecer una instancia de fusión que no se da fácilmente. -Como el mimbre se amarra con el mimbre. ¿Y esa fusión se produjo bailando cueca? -No, porque un huaso te deja completamente en ridículo si te saca a bailar cueca y te hace hacer el ocho. -Yo hice un curso de danzas folclóricas cuando estudié pedagogía en castellano porque teníamos cursos optativos. Me saqué un siete en todos los bailes menos en la cueca, en la que obtuve un misericordioso seis porque logré hacer bien el ocho. ¿Y sabes quién me ayudó a hacer el ocho? Un filósofo gurú hindú que se llama Osho, el Osho con barba, el Bagwan Rajnish que habla mucho de la alegría de fluir, que es lo que hay que hacer para hacer el ocho. -Y tú que eres profesor, ¿qué entiendes por educación? -Mira, una vez me encontré con un candidato a la presidencia de la República en una radio comunal de Valparaíso y él hablaba de que iba a hacer un cambio educacional. Le pregunté ¿y qué es la educación? y se daba vueltas y vueltas y no decía lo que era. No supo responder. Entonces le dije: ¿Nunca escuchaste en el colegio la expresión “educare”, que es sacar desde dentro los potenciales de los estudiantes y no de los alumnos, porque “alumni” significa sin luz? Los estudiantes son luz. ¿Y de qué se trata la educación? De que no confundan al niño y le den facilidades para que sea el que es. No ser una garrafal mentira encarnada como la mayoría de los políticos, a los que les encanta aparecer pero no ser. Para que empezaran a ser tendrían que hacer un acto de honestidad superior y decir en realidad: somos fraudulentos y limitadísimos. -¿Y qué crees tú que es necesario para que haya polis y ciudadanos en un país? -Para que hay polis tiene que haber polisemia, que todas las personas sientan que pueden participar de la fogata o de la tribu. Hay que saber que si quiero cantar una canción me va a llegar mi turno y que si quiero decir algo me van a escuchar. ¿Y cuándo se desvanece la tribu? Cuando la persona siente que haga lo que haga o diga la que diga vale callampa. -Esta conversación está harto dispersa. -Un árbol tiene muchas ramas pero no es una entidad dispersa porque tiene un tronco y una raíz, lo mismo que esta conversación… Y así como el tema de los huasos es una pasión para ti, te diré que para mí una de las pasiones es caminar y escribí un libro que se llama El libro de los placeres simples. Uno de ellos es caminar. El lector va a quedar sorprendidísimo. -Enumera algunos. -Te voy a nombrar diez de los placeres simples porque no van a caber todos. El placer de nadar, el placer de lavar los platos, el placer de cortarse las uñas, el placer de abrocharse los botones de la camisa, el placer exquisito de escribir una frase consciente y ponerle un punto o un punto y coma, el placer de limpiar una ventana, el placer de escuchar la palabra esquina, el placer de sentarse en un sofá. Lo que pasa es que si uno anda de excelente humor y está contento, la gente dice ¿qué pasa?, ¿se fumó un pito?, ¿está volado? -Volado es antónimo de aterrizado. -Y aterrizado es sinónimo de pasarlo mal, porque se supone que si uno lo pasa bien es una irresponsabilidad, cuando la palabra responsabilidad, como dice Claudio Naranjo, viene de responder. ¿Y responder a qué? A mi organismo que clama por sentirse bien. Entonces cuando estoy bailando cueca, que siga la fiesta porque cuando la fiesta está buena, ¿quién quiere que se acabe? Imagen Claudia Donoso. Créditos Jorge Espinoza Virgen de Lontué Mater amantísima protectora de los bebedores excesivos Todas las fiestas patrias las termino en la comisaría Siempre me agarran los carabineros me agarran a palos Por ingerir bebidas alcohólicas en la vida pública También me agarran a chuchadas su me disculpas el vocablo Me amenazan con meterme al calabozo Con quitarme a los chiquillos Con prenderle fuego a mi mediagua Jamás me dan la opción de presentarles mis descargos No quieren no saben no pueden comprender Que mi sed es sed de justicia Virgencita de Lontué Que mi comportamiento no le hace mal a nadie Que es la consecuencia lógica científicamente comprobada De ser hija de una peluquera y un lanzador de jabalina. Virgen del Cerro San Cristóbal Subiré hasta la punta de la más alta torre de alta tensión Que haya en Santiago y sus inmediaciones Y gritaré y me oirán las piedras y los perros Y sabrán las piedras y los perros que no tienes oídos para mí Que te niegas a escuchar mis súplicas y ruegos Indolente Virgen del Nuevo Extremo Y ladrarán de ira las piedras ladradoras Y piedras en los ojos les saldrán a los perros de la tristeza Al enterarse del dolor que me atormenta Y que tú no quieres por motivo alguno mitigar Hermosísima Virgen sorda como tapia. *Esta entrevista se publicó en noviembre de 2009, en el sexto número de la desaparecida revista H, Libros y lecturas, editada cuando comenzaba a gestarse la editorial Hueders. Se acompañó de dos poemas del libro Vírgenes de Chile, que aquí también se suman, publicado por la también desaparecida editorial Bordura y entonces recién premiado.
- “El Frente Amplio cabe dentro del paraguas socialista”
Noam Titelman acaba de publicar “La nueva izquierda chilena”. Un panorama crítico del nacimiento y auge del Frente Amplio, desde las marchas estudiantiles a la llegada a La Moneda, donde el autor pone especial énfasis en la construcción y depuración ideológica que ha vivido el FA desde las elecciones de 2017 hasta su actualidad. Con una pluma resuelta y dúctil Noam Titelman enfatiza los desafíos que le caben al proyecto político del cual es uno de sus fundadores, aunque advierte: “Hay poco debate doctrinario o ideológico en los partidos del FA”. por Lucas Sánchez Dicen que la crisis consiste precisamente en que “lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: durante este interregno surgen los más varios síntomas mórbidos”, ¿se aplica esta frase a los tiempos políticos que estamos viviendo? Sí, se aplica. Pero, por un lado, pese al nombre del libro nunca me ha gustado el nombre de lo “nuevo” o lo “novedoso” para esta posición política, porque por un lado hay en realidad o ha habido muchas nuevas izquierdas, por lo menos desde los años 80` incluso desde los años 60` y distintos movimientos permanentes de renovar la izquierda que han tenido distintas expresiones y en ese sentido es verdad que en esa tensión entre lo nuevo y lo antiguo hay un espacio donde pueden surgir algunas cosas terribles. Pero yo lo relaciono con otra discusión que dice que más que una crisis de la democracia estamos en una especie de estancamiento mediocre, en el que cada vez más que votar por algo que nos atraiga votamos por descarte. Y el resultado de eso es una especie de euforia poselectoral seguida de una decepción casi fulminante. Como una decepción que hace de eso una carga sobre los proyectos políticos para demostrar que no son una repetición más de ese ciclo. A eso hago referencia cuando hablo de la desesperanza. Hay una serie de elementos que dan cuenta del estancamiento y de la imposibilidad de avanzar y que creo que es el signo de estos tiempos, de algo nuevo y algo antiguo que se disputa el espacio pero que no logra cuajar en algo nuevo que permita salir de esta desconexión. Esta desconexión nos mete de lleno en una afirmación que hay en el libro donde pones a la nueva izquierda como heredera de los éxitos y fracasos de la política de los 30 años de la concertación La definición que ocupo de nuevas izquierdas, que es una definición bastante transversal, es una izquierda que a diferencia de las izquierdas tradicionales no da primacía a los temas económicos, sino que reconoce en igualdad de importancia otras luchas: de género, feminista, de diversidad sexual, medioambientalista, regionalista, indigenista, etc. Una imagen que yo he ocupado en distintos momentos para explicar es la CUT como era antiguamente, donde tenían un departamento femenino, un departamento campesino-indígena, un departamento de la juventud y detrás de eso estaba la idea de que todas estas distintas luchas se subsumían de alguna manera en la lucha de clases. Y la nueva izquierda dice no, en realidad, todas estas distintas luchas son igualmente válidas. Y las izquierdas tradicionales en una suerte de crítica a las nuevas izquierdas, sobre todo en los años 80`, dicen que esto fue un “giro cultural”, en el sentido de que se abandonaron los temas materiales que serían lo más relevante, lo más estructural. Este FA es heredero de un proceso de reflexión que tuvo el socialismo chileno, en la renovación socialista en los años 80`, que tuvo dos hijos, uno ilegitimo y otro prodigo, el ilegitimo es la La Tercera Vía en el caso de Chile muy personificada por el laguismo y esa visión que en realidad fue un momento en todo el mundo con Tony Blair, con esa discusión, que reconocían todo este debate del mundo posguerra fría e incluso daban el debate de una sociedad de la abundancia por sobre la sociedad de la escasez. Existían nuevas temáticas más relevantes, “posmateriales”, de autonomía individual, de reconocimiento a la diferencia, etc. En esto, hay un segundo hijo de la renovación socialista, una nueva izquierda que plantea y recoge la idea de que la democracia, de que la democracia liberal, es un bien intransable. Esto quiere decir que no es un medio para un fin participar en las elecciones, sino que la democracia tiene un valor en sí mismo. En el libro describo que esto no siempre fue parte de esta nueva izquierda del FA, sino que más bien el FA tiene un debate interno. Yo hablo de dos FA y quizá después del gobierno va a haber un tercer FA. Pero el segundo es el que nace el 15 noviembre en la noche, cuando el ahora presidente Boric pone su firma sobre el acuerdo y a raíz de eso además se salen varias fuerzas del FA. Ese segundo FA tiene una correspondencia super clara con el movimiento estudiantil del 2011, porque los que quedan en el FA son los movimientos que son herederos del movimiento estudiantil, o sea, salen movimientos de la izquierda extraparlamentaria y otras fuerzas políticas como el Partido Liberal y queda solamente el germen estudiantil. Pero además la identidad de este FA es distinta a la del 2017, que se conformó en torno a la candidatura de Beatriz Sánchez que era un FA donde cabían desde Vlado Mirosevich hasta Pamela Jiles, desde el Partido Liberal al partido pirata. Un montón de referentes donde era muy difícil encontrar lo que los unía, excepto por un cierto antagonismo con las dos coaliciones principales de la transición. El actual FA es un FA distinto, mucho menos amplio, pero más consistente. Heredero de la renovación socialista de la democracia liberal como un baluarte. Esta reflexión de la que se nutrió la renovación socialista nace de Enrico Berlinguer, el dirigente comunista que, inspirado en el golpe, escribe una serie de textos donde muchos ven el germen del Eurocomunismo, pero que también tuvieron una influencia muy fuerte en la renovación socialista. En ellos dice que el programa de la izquierda tiene que incluir como uno de sus pilares fundamentales a la democracia y que eso implica, por ejemplo, que la izquierda si llegara alguna vez a tener mayorías electorales, esas mayorías electorales no serían suficientes y para su programa necesitaría de mayorías sociales mucho más amplias. Si eso no sucede arriesgaría una reacción fascista -en Italia- pero en Chile lo podemos traducir como una reacción autoritaria y de otro tipo. la manera de evitar eso sería generar mayoría más amplias. ¿Habrá un tercer FA después del gobierno? ¿Partido único? Me la he jugado por eso. La verdad es que hace cinco años, incluso antes de llegar al gobierno, que este germen estudiantil tenía que ser un solo partido. Antes ese era un sector del FA, ahora es todo el FA. Pero la última resolución de congreso de RD no dice eso. Como yo no soy un militante disciplinado puedo decirlo sin ningún problema. Y es que yo creo que sería un acto de madurez que todos los partidos se fusionaran en un solo partido. Además, para otros partidos esto es un dilema porque existe una identidad reconocible por la población, pero en el caso del FA la mayoría de las personas no conocen ni les interesa las diferencias internas. En ese sentido espero que el libro sea un pequeño granito de arena, porque una de las cosas que yo planteo también es que hay poco debate doctrinario o ideológico en los partidos. Y con lo doctrinario, lo que ocurre es que es bien inútil para las elecciones, pero puede ser muy útil para las definiciones esenciales de los partidos. Vale la pena que demos esa discusión en el FA. Y si me empujas un poco te diría incluso que el FA cabe dentro del paraguas del partido socialista. El partido socialista es un partido muy diverso. Probablemente no hay posición hoy día en el FA, al menos en sus dirigencias, que no pudiera existir en el partido socialista. ¿Cómo ves al Partido socialista hoy? El partido socialista sigue ahí, vigente, de hecho, algunos han dicho que es el partido eje del nuevo gobierno, saca una bancada importante en el consejo constitucional cuando se desploman los partidos de centroizquierda. Dijiste militante “no tan disciplinado”, ¿cuál es el rol y aporte que estás haciendo hoy? Me gusta el término de crítico secular, que es el que ocupa Edward Said, quien cumplía un rol de intelectual público, crítico. Era exiliado de Palestina, pero había vivido toda su vida en EE. UU. El crítico secular era la posición del exiliado, que es alguien que está siempre en una vereda, en ese sentido se parece en algo al intelectual orgánico, pero a la vez guarda una cierta distancia crítica. Es capaz de estar en una vereda, pero al mismo tiempo guarda una distancia crítica de esa vereda. Tampoco es un intelectual encerrado en la academia que se margina de los debates públicos. Y ese punto intermedio es algo que me ha llamado mucho la atención. Me encantaría cumplir un rol similar. No ser complaciente ni un portavoz del partido. He ido tomando ese rol por distintas razones, también tiene que ver con las aptitudes e intereses de cada uno. Los políticos deben tener optimismo y una gran fe en sus capacidades para creer que se las van a ganar todas. Yo soy, más bien he sido un pesimista de corazón en varios temas. Tengo mucha admiración y respeto por varios de mis compañeros de ruta que han seguido el camino de la dirigencia política. Fue casi alucinante verlos ahora en La Moneda. ¿Cómo los ves en el gobierno? Hay que tener un tipo de energía y fuerza que yo no tengo e intento aportar desde mi vereda, desde mi espacio, pero con bastante humildad. Reconozco que otra cosa es pelear en la cancha y por eso trato de nunca tener esta especie de tono predicador de los analistas. Me paso con el libro que tuvo una muy buena recepción, mucho mejor de lo que yo me esperaba, y bastante transversal, gente oficialista, de oposición, más de derecha, más de izquierda, gente más cercana al gobierno, más crítica, y creo que se reconocía que a lo mejor esto es un tono que no siempre logro, pero de cierta empatía y honestidad intelectual. Hay algo muy gritón en el debate público, incluso, entre los comentaristas. Ese estancamiento, ¿es otra forma de no-trasmisión? La tan olvidada generación X ha terminado teniendo un rol más importante del que nadie esperaba. Y Carolina Tohá ha sido un puente. Y una de las cosas interesantes que tenía Boric, incluso como dirigente estudiantil, y después como diputado y ahora como presidente es que era de los pocos de mi generación que tenía puentes hacia la otra generación, espacios de dialogo, y ese puente era lo que le permitía cierta amplitud de visión. ¿Fue esta capacidad de “puente” la que en segunda vuelta le permitió ganar el centro político, o, fue un voto de rechazo a Kast? He tenido varias discusiones con amigos y no tan amigos sobre este tema, porque yo no creo que exista, más allá del imaginario de una cierta élite política. Había una época que se hablaba del centro “huérfano” como una imagen paternalista. A mí me parece esta tesis no se sostiene en los datos. Además, contradice todo lo que ha ocurrido en las elecciones en los últimos 10 años, porque a pesar de este relato que parece desconocer que ha habido un sinnúmero de candidaturas de centro que se han topado con un muro electoral, Carolina Goic, la candidatura de Yasna Provoste, Progresismo con progreso, etc. Estos esfuerzos fallaron, pero es increíble porque se repite, una y otra vez como mantra la idea de que nunca y nadie ha intentado hacer esta candidatura de centro. Pero además hay datos bien consistentes en este aspecto, uno mira la identificación en el eje izquierda derecha en Chile, en los años 90`y aproximadamente un 89% de los chilenos se identificaba con alguna posición es ese ámbito. Y uno avanza al 2019 y se encuentra con que 2/3 de los chilenos no se identifica con ninguno de esos programas. Y esa es una de las trampas que hacen las encuestas, que cuando uno les pregunta a las personas usted se identifica con derecha, izquierda, en una escala de Likert, de 1 a 10, y esta es la trampa, la mayoría de las personas pone los números al medio. Ahora hay un montón de estudios de la “encuestología” que te demuestran, que cuando las personas no se identifican en estas escalas, que no se sientes representados por esa pregunta, ponen su opción al medio. Entonces el codificador desde la élite interpretaba a la persona que pone 5 como una persona de centro. Y terminaban ocurriendo cosas muy curiosas, que mucha gente te dice “yo soy de centro” y por eso termina votando a gente como Parisi, pero cuando uno habla de centro político se piensa más bien en la democracia cristiana o en el partido radical. Pero la sociedad, la ciudadanía cuando piensa en términos de centro está pensando en otra cosa. Entonces yo creo que hay buenas razones para plantear que en la última década ese voto que iba a votar, que es de un 50% del padrón electoral, estaba movido principalmente por un voto negativo, que es una idea que desarrolla Carlos Meléndez, que es un politólogo de la Universidad Diego Portales, para Chile y para América Latina, y que muestra que las identidades positivas son menos relevantes. La rebeldía en disputa ¿Hay una caída del clivaje izquierda - derecha? Claro. El 2006 el 52% de las personas se identificaba con algún partido, el 2019 un 22%. Tenemos la identificación con partidos más baja de América Latina, sólo superada por Guatemala. O sea, muy baja identificación con los partidos y a la vez mucha identificación negativa. Esto es lo que demuestra Meléndez. Es decir: que mucha gente que votaba por la concertación o por la Nueva Mayoría, más que votar por una identificación con la concertación o la Nueva Mayoría votaba por un rechazo a la Alianza por Chile y viceversa. Y ese votante que Juan Pablo Luna llama un votante destituyente, un votante que quiere votar por el más anti-establishment, el factor anti-política es cada vez más decisiva en la política chilena, y en ese sentido más que un péndulo, es la misma fuerza que a veces vota por la izquierda cuando la élite es de derecha, cuando es Piñera quien está en el gobierno y a veces se encuentra con la derecha cuando la élite está por la izquierda. ¿Los resultados del 4 de septiembre operarían bajo esta lógica? Pasan dos cosas. Una es esta, primero, es interesante porque había dos interpretaciones de la victoria del rechazo en la misma discusión que teníamos antes. Una que dice que el texto constitucional se había pasado unos pueblos, como que estaba a la izquierda del votante medio, que había sido un rechazo desde el centro, para poner una caricatura que había sido un rechazo desde los votantes de Yasna Provoste y que en ese sentido había jugado un rol muy importante la izquierda de centro por el rechazo. Esta era una interpretación que supone que la gente lo que estaba demandando era un proceso más moderado, más controlado, con más expertos, menos de izquierda, etc. Pero la otra interpretación, es que en realidad el rechazo más que ser por haberse pasado la convención unos pueblos, porque se equivocó de pueblo y que este nuevo sentimiento anti-élite en el paso de la convención había pasado desde un rechazo a las tres comunas, o contra el gobierno de Sebastián Piñera a un rechazo a la élite que ahora estaría representada en la convención. Pero paso otra cosa que yo creo que es inevitable mirar. Es que se sumaron unos 5 millones de votantes nuevos y la verdad es que no los conocemos todavía en plenitud, porque solamente han votado dos veces con un gobierno de izquierda al frente. Y hay algunos estudios que han mostrado que, por un lado, profundizan lo que había en el padrón original, en el sentido de que tienen aún menos identificación con el eje izquierda-derecha, tienen aún más posiciones anti-élite, pero, por otro lado, son más tradicionalistas en los temas valóricos, en temas como aborto, diversidad sexual, y también en el combate de la delincuencia y migración. Que era la parte más progresista de la convención, más temas “valóricos” que económicos donde no había grandes cambios. Donde había más elementos progresistas en la convención era justamente en lo valórico, todo el debate en torno al plurinacionalismo, temas como el aborto, etc. Incluso más allá del texto constitucional, sobre el actuar de los convencionales, desde una crítica al himno, a los símbolos patrios, cosas que pasaron en la campaña como la bandera. Todo ese tipo de cosas generó una reacción de un grupo de la población que se sintió atacado en esta identidad. De hecho, sospecho que no sólo es el voto obligatorio, pienso que hay un votante que se activó en reacción a esa sensación de ataque. En el libro hablo del rodeo. Porque el texto constitucional si bien no prohibía el rodeo hablaba de los derechos de los seres sintientes. Además, pasó otra cosa, hay una crónica de La Tercera que aborda esto, sobre lo que pasó en Petorca, porque en Petorca donde el agua es tan importante, pese a que el texto constituyente tenía varios temas sobre el derecho al agua, ganó el rechazo. Y una de las razones, hay miles de cosas, esto no es lo único, pero uno de los temas que aparece con mucha fuerza en la crónica de La Tercera es que hubo un par de convencionales que fueron a Petorca y una de las cosas que llamaron la atención es que hablaron muy despectivamente del rodeo. Yo también tengo amigos que cuando hablan del rodeo y lo asocian a una práctica barbárica, coliseo romano, que hay que superar, etc… Pero independiente de las posiciones que uno tenga sobre el rodeo. De hecho, en las encuestas la mayoría de los chilenos no tienen particularmente una percepción positiva del rodeo, hay un grupo de la población, miles de personas, un grupo minoritario, pero miles de personas que el rodeo es parte de su identidad, como el fútbol para la mayoría de los chilenos y hablar despectivamente del rodeo, es hablarles despectivamente de su vida, de su cosmovisión y eso evidentemente activa. Además, probablemente hay un tema de activación asimétrica, porque hay mucha gente a la que no le agrada el rodeo, pero la verdad es que no le importa mucho, pero hay un pequeño grupo que le importa mucho. Entonces, están dispuestos a ir a votar en contra de quienes les prohíban el rodeo, en cambio puede haber otros que si bien no les agrada no les importa. ¿Se veía venir en este sentido el resultado de las últimas elecciones de convencionales? Este triunfo aplastante de la derecha radical. Sí, déjame muy brevemente decir cuál es la definición de derechas radicales que estoy ocupando. Básicamente lo que separa a las derechas radicales y extremas es su posición respecto a la democracia liberal. Lo que caracteriza a las derechas radicales es que se ponen del lado de la democracia contra el liberalismo, como Hungría, Polonia, en fin. Las asociaciones son muy claras entre los grupos que están ahí con Republicanos, porque José Antonio Kast se ha reunido muchas veces con el grupo de VOX de Madri. No es difícil hacer esta asociación. De hecho, si uno revisa los medios internacionales no tienen ninguna ambigüedad, todos señalan a Republicanos como perteneciente a la derecha radical. En ese sentido no me sorprendió. Ahora, lo que sí me parece interesante y que me llamó mucho la atención fue una entrevista que dio el consejero Luis Silva porque lo que más quedo en el tapete era que no iba a hacer acuerdos ni dialogo, etc. Pero dice otra cosa también que a mí me llamo más la atención, que cuando entró al Opus Dei salió del closet, y también dice que él era la oveja negra de la familia. Y me llamo la atención porque me resonó mucho con un libro que escribió Pablo Stefanoni, que habla, o sea se pregunta, si es que acaso la rebeldía se volvió de derecha. Y como muchas de estas derechas radicales empiezan a verse a sí misma como una forma de rebeldía. En el fondo, es interesante porque disputan un discurso de la izquierda, hay un discurso de la izquierda en la que siempre asume que está siendo derrotada, que está en un momento de debilidad y que la derecha ha ido ganando y que por lo tanto la izquierda está en una posición de rebeldía, de resistencia incluso. Y de alguna manera, un sector de la derecha hace lo mismo, dice “los que han venido ganando son los progresistas y nosotros somos los rebeldes”. ¿Qué significados están en disputa? Stefanoni en otro artículo observa algo parecido a propósito del “Atrévete” de la campaña de José Antonio Kast, como una rebeldía, atrévete a qué, atrévete contra qué, qué es lo que no te está permitiendo atreverte y hay toda una idea de lo políticamente incorrecto como una forma de rebelión frente a un mundo progresista que estaría siendo hegemónico. Esto, en algún sentido se veía venir, porque José Antonio Kast ganó la primera vuelta, la bancada republicana es una bancada enorme en el congreso, hay una fuerza que está presente ahí, etc. Además, han hecho un trabajo territorial como pocos partidos en Chile, quizá sólo el PC puede decir que ha hecho un trabajo parecido en términos de penetración social, posicionamiento, trabajo de base. Kast ha recorrido Chile de una manera que ningún dirigente político lo ha hecho en este último tiempo. Se parece en ese sentido a la UDI popular cuando llegaba a las poblaciones. En ese sentido, es un mundo que vamos a seguir viendo con un rol protagónico por harto tiempo. Yo creo que republicanos va a jugar un rol importante en la política por lo menos, me la voy a jugar con una predicción, por lo menos por 10 años más. No creo que desaparezca. ¿Con qué sí está conectando Republicanos? Con ese votante anti-establishment del que estábamos hablando, que es el 50% del padrón que ha venido votando los últimos 5 años, y cada vez con más fuerza, por la propuesta que sea más anti-política, como que cada elección se ha vuelto un plebiscito, donde lo que se está evaluando es a la clase política. Pero el otro nuevo votante, estos nuevos 5 millones de votantes cuando decía que tenían una identidad tradicionalista, en realidad hay algo medio eufemístico porque no es una identidad tradicionalista conservadora en términos abstractos. Es una identidad cristiana. Ha habido una activación de esa identidad cristiana, que esto no es sólo un fenómeno chileno, en toda América Latina ha pasado mucho y es interesante porque ha pasado en Brasil con Bolsonaro, pero también ha pasado en México con Amlo. Este es uno de los desafíos de esta nueva izquierda. Nunca va a poder ser la izquierda socialcristiana, pero sí tiene que encontrar un discurso que le permita conformar una alianza con ese mundo. Hay experiencia. La misma izquierda cristiana es una experiencia chilena de un cristianismo progresista. En ese sentido creo que es importante que emerja esa matriz cristiana de izquierda progresista y que al mismo tiempo el FA tenga un discurso capaz de convocar y generar alianzas con ese mundo. Uno de los temas que ha surgido y que hay que tratarlo con cuidado y sin excederse porque es importante para esta nueva izquierda la valoración de las luchas feministas o de la diversidad sexual que son luchas intransables, pero yo creo que hay que encontrar una manera en que ambos mundos conversen. Mi impresión es que habría que recuperar esta idea orwelliana del common decency, de una cierta moral de la clase trabajadora que reconoce el valor de las familias o de la comunidad. El matrimonio igualitario, en algún sentido es una agenda tremendamente conservadora, porque es la idea de revalorizar el núcleo familiar. Pero, en una vertiente del s. XXI que reconoce que hay muchas variedades de familia. Esta es una agenda que puede unir a una izquierda cristiana con una nueva izquierda progresista. Hay pocos espacios en nuestra sociedad donde todavía las personas entienden su bienestar como un bienestar colectivo más que individual. A todos nos pasa. Es absurdo decir que mi familia es más importante que la de mis padres, etc. ¿Cómo construir identidades comunes? La democracia necesita espacios comunes para funcionar, espacios de comunidad cercanos. El sindicato es un ejemplo. El sindicato no como el espacio que negocia su sueldo, sino que el sindicato, esto es un poco una caricatura, pero en Suecia cuando se pertenecía al sindicato también era una organización donde uno conocía a su pareja en las fiestas, pololeaba, iba a los cines del sindicato a ver películas producidas por el sindicato. Después cuando se casaba le compraba una casa a la constructora del sindicato, los hijos iban a la misma escuela, etc. Y hoy hay pocas instancias que hacen eso. Quizá la iglesia, la familia militar también. Y el partido social demócrata la gracia que tenía era que representaba esa identidad y había un relato, una visión de mundo que unía la casa, el trabajo y la urna. Y hoy son muy pocos los relatos que permiten hacer una conexión como esa. Y esa es una de las crisis de la política en general, y en particular de la nueva izquierda y esto es el desafío: cómo generar estos espacios de socialización que permitan esa representación. La representación individual nunca es social. El individuo como tal es imposible de ser representado, para el individuo la representación es siempre una traición, la única forma de representarme es en cuanto miembro de una comunidad, de una clase, de una ideología, de una religión, de una nación. Eso sí es representable. Pero yo como individuo no puedo ser representado. En parte esta es la crisis de la democracia: cuando perdemos ese espacio intermedio que permitía ser parte de una identidad, que nos permitía decir algo como “este será un gobierno de mierda, pero es mi gobierno”.
- Del silencio al testimonio
March 17, 2023 Fueron muchas décadas de silencio. Los sobrevivientes de la Shoá comenzaron a hablar públicamente a finales del siglo XX. Solo lo habían hecho, y no siempre, en el ámbito privado. Un silencio particular que invita a reflexionar acerca de sus motivos y su evolución desde 1945 hasta la fecha. Después de 1945. Una vez vueltos a la vida debieron encarar cómo vivir. Echados de sus hogares, perdidas familias y lazos conocidos, los esperaban los duros escollos de encontrar un destino y conseguir los recursos para llegar. “¿Dónde puedo ir?” llora la canción sobre aquel mundo de puertas cerradas. Israel -entonces Palestina bajo mandato británico- y Estados Unidos tenían estrictas cuotas de inmigración, los otros países tenían prohibido otorgarles visas, conseguirlas requería conexiones, estrategias y dinero. Una vez encontrado un sitio, toda su atención y energía debió destinarse a la adaptación, idiomas, costumbres, lugares, todo desconocido, un tanto amenazante. Llegaron sedientos de contar pero pocos querían escuchar. Y cuando lo hacían, muchos no les creían y otros, fue el golpe más fuerte, los acusaban de “haber hecho algo para sobrevivir”. Entendieron rápidamente que mejor era callar ante la incredulidad y la acusación que dolía, humillaba y avergonzaba. No podían explicar lo que habían vivido, todo estaba demasiado cerca y solo sabían lo propio, les faltaba la perspectiva más amplia de la compleja y terrorífica realidad perpetrada por el nazismo. ¡Había tanto por hacer para salir adelante en la nueva vida! ¡Manos a la obra, mejor callar! El ala de la izquierda judía comenzó a conmemorar en la década del 50 el “Heroico levantamiento del gueto de Varsovia” que al tiempo que enaltecía a los resistentes, implicaba que quienes no habían resistido de ese modo glorioso, habían sido cobardes. Un motivo más para callar. Década del 60. Cuando comenzaron los reclamos por indemnizaciones, entre los requisitos para ser lograrlo, los sobrevivientes fueron evaluados psiquiátricamente. Ante la desesperación por no poder documentar lo perdido muchos fraguaron o exageraron trastornos que los haría beneficiarios de una compensación. Fue descripto entonces el “síndrome del sobreviviente” cuyos ingredientes eran negación, desapego emocional, pesadillas, angustia, insomnio, necesidad de control y culpa; el habla popular lo llamó “el loco de la guerra”. Estas conclusiones psiquiátricas no coincidían ni con mis padres ni con los sobrevivientes que habían sido mi familia. Eran personas vitales, trabajadoras, sociables, entregadas a sus desarrollos personales, construyendo su “parnasá” con entusiasmo, generando familias sanas con hijos que cimentaban el futuro a fuerza de trabajo y estudio. No se diferenciaban de otras familias de inmigrantes. ¿Pero por qué no contaban lo que habían vivido? Y resultó que no era solo un tema de los sobrevivientes de la Shoá. En todos los genocidios del siglo XX la voz de los sobrevivientes se empezó a escuchar recién varias décadas después. El camino no fue una línea recta. Veamos su cronología. Año 1961. El juicio a Adolf Eichmann abrió una brecha en el muro del silencio. Los sobrevivientes fueron llamados a testificar y por primera vez después de terminada la guerra se conocieron caras e historias que se difundieron por todo el mundo. Fueron visibles por primera vez y de modo positivo. La sociedad israelí llamaba “savon” a los cobardes en obvia alusión al mito de que los judíos fueron convertidos en jabón, esos judíos llamados guéticos, despreciados doblemente porque supuestamente se habían dejado conducir “mansamente como ovejas al matadero” y porque si habían sobrevivido era debido a “algo” que habían hecho. Su presencia en el tribunal les devolvió algo de la dignidad que la sociedad les había escatimado y con ello, el derecho a hablar. Pero no fue suficiente, aún no era el tiempo. A poco del juicio, la brecha se cerró y se restableció el silencio. Año 1978. La serie norteamericana “Holocausto” que todos vimos tensos y aferrados a nuestros asientos fue un nuevo intento de quiebre. Era la historia de los Weiss, una familia alemana, gente de la cultura bien diferente del judío “cobarde y pasivo” tan estereotipado. Pero tampoco alcanzó. Fue otra llamarada que se apagó pronto. Siguieron callando. Año 1993-1998. Todo cambió, el dique del silencio finalmente se quebró con “La lista de Schindler” de Steven Spielberg y la creación de la Shoah Foundation con su mayúsculo proyecto de registrar los testimonios de los sobrevivientes. Convocados, uno por uno, a contar su historia, decían orgullosos “Di mi testimonio a Spielberg” como si el director mismo hubiera estado en su casa. Dignificados y reconocidos, ahora que los querían escuchar, podían y querían contar. Luego de décadas de silencio protector fue un acto de resignificación y justicia, y desde entonces hasta la actualidad, no pararon de hablar. Las viejas hipótesis de negación se mostraron inexactas, los “locos de la guerra” no sufrían de locura. No hubo negación ni olvido. Recordaban todo, querían contar todo. Cuarenta años después, había llegado el momento. Pero la pregunta de por qué guardaron silencio tanto tiempo seguía sin ser respondida. Un silencio protector. Jorge Semprún relató en “La escritura o la vida” (1994) que una vez fuera de Buchenwald, donde había sido deportado por comunista, no pudo escribir lo vivido hasta mucho después porque sumergirse en aquel barro pegajoso le impediría seguir viviendo. Cuatro décadas necesitó para ponerse en contacto con aquello sin temer que esos recuerdos, dolorosamente adheridos, no le dejaran vivir. Su dramática opción era escribirlo o vivir. Su propuesta de que el silencio había sido una protección para él me hizo pensar que si no habrá sido similar para otros sobrevivientes. No todas las víctimas de éste y otros hechos genocidas callaron pero los que hablaron prematuramente se hundieron en la victimización de donde no podían salir. En sus casas, el tema recurrente y agobiante cubría creaba un contexto de resentimiento y las relaciones intrafamiliares se teñían de culpa, ira e irritación. Definidos solo como víctimas esperaron un reconocimiento que la sociedad no estaba aún en condiciones de dar. El hablar prematuramente no les alivió y les impidió operar con el trauma o resignificarlo. Al victimizarse hicieron de la experiencia su eje de identidad quedaron sumidos en una penuria opaca y adhesiva que entorpeció sus vidas a cada paso como temía Semprún y lo confirman los suicidios de Bruno Bettelheim, Paul Celan, Jean Améry, todos sobrevivientes de la Shoá que hablaron tempranamente. También está la dudosa muerte de Primo Levi cuyo libro “Si esto es un hombre” publicado en Turín en 1947 con una tirada modesta pasó inadvertido. Era pronto todavía. Un silencio reestructurador y posibilitador. La dimensión temporal del silencio, se hizo más sólida cuando Dominique Frischer en “Les enfants du silence et de la reconstruction” (2008) propuso la idea de que no solo el silencio no fue patológico sino que fue estructurante y esencial para que los sobrevivientes pudieran recuperarse y reconstruirse. “Recién cuando el sobreviviente siente que el pasado ha quedado atrás, cuando los pasos dados a posteriori lo tranquilizan porque todo ha seguido bien es cuando, paradójicamente, puede ponerse en contacto con lo vivido, mirar hacia atrás y comenzar a hablar”. Durante mucho tiempo creí y sentí al silencio vivido en casa como algo negativo. En mi propósito de comprenderlo y deconstruirlo, confusa y dolida por la ausencia de palabras con la que había crecido, describí seis razones para ello : no existían formas de nombrar aquello, la sociedad no quería escuchar, los padres no querían herir a los hijos, había diferentes categorías del sufrimiento según lo vivido por cada uno, la continuidad de la vida se habìa quebrado y la experiencia durante la Shoá estaba enquistada sin poder ser integrada y por último, los caminos no lineales en que se vive y procesa la memoria. Más tarde cuestioné al silencio como condición negativa y me pregunté si siempre era conveniente hablar. ¿No será, para algunos, en algunos casos, abrir una caja de pandora despertando fantasmas que era preferible mantener dormidos? En una sociedad tan psicoanalizada como la nuestra, tan colonizada por la idea de que hablar de todo y siempre es bueno, revisarlo fue ligeramente subversivo. Vinieron en mi ayuda las ideas de Semprún y Frischer. Frischer redobla la apuesta de Semprún: No solo el silencio fue protector sino estructurante, hizo posible seguir viviendo. No parecía lógico pero coincidía con mis propias observaciones y dado que mi experiencia profesional me había mostrado que luego de sufrir un ataque hablar solía ser beneficioso me pregunté por qué no lo era en todos los casos. ¿Cuál era la diferencia? Tal vez estribaba en que el ataque sufrido en la Shoá no fue individual sino colectivo. Con la premisa de que se trató de dos situaciones traumáticas que determinan distintos procesamientos y caminos elaboré la hipótesis que sigue. Dos traumas diferentes. El concepto tradicional de trauma se ubica en la esfera individual. El ataque individual (violación, secuestro, robo) es entre dos personas, el perpetrador y la víctima. El perpetrador tiene un propósito personal generado por objetivos personales y emociones como codicia, odio, desesperación. Cuanto más pronto pueda la víctima ponerlo en palabras, mejor su procesamiento, pronóstico y recuperación. Cuanto más tiempo calle, anclará más hondo en su subjetividad hundiendo a la persona en la victimización sin permitirle emerger de allí y seguir su camino. El ataque personal y emocional es algo que compartimos con los mamíferos. En el ataque colectivo ya no son dos los que intervienen, son cuatro. El perpetrador responde a una entidad superior -Estado, gobierno, ejército-, no ataca con un propósito personal y emocional sino que obedece órdenes. No importa la identidad de la víctima sino su pertenencia al grupo designado como blanco. Los cuatro elementos son: un Estado perpetrador, un ejecutor, el grupo designado y un miembro del mismo. El ataque no es personal ni emocional sino racional, “para el bien de la sociedad”. El ataque colectivo, típico de hechos genocidas, es exclusivamente humano. Sobrevivir a un trauma colectivo requiere tiempo. El trauma colectivo vulnera el contrato social cuando el Estado, cuya tarea es proteger y cuidar, es el que asesina. Socava las bases sobre las que nos constituimos como individuos y corroe la confianza básica. Recuperar la confianza demolida, darle voz y palabras, es un proceso que requiere tiempo para ser consolidado. El trauma colectivo cambia las expectativas, las normas y los lugares dentro de la sociedad. Los parámetros de la educación se vuelven otros, otras las reglas de la vida. Se subvierte lo que cualquier religión predica y hacer lo que antes se penaba pasa a ser deseado y premiado. Los que eran amigos se vuelven enemigos, lo que estaba bien está mal, lo que estaba mal está bien. Estaba prohibido ayudar a un judío en Polonia durante la ocupación nazi, refugiar, proporcionar un salvoconducto, dar tan solo una papa que le permitiera vivir un día más. Si el ayudador era descubierto, antes de asesinarlo se mataba a toda su familia. Hacer el bien, ser solidario pasó a ser un delito. La denuncia, la delación, la tortura, el engaño eran alentados y premiados por el Estado. La prisión sin causa, el asesinato programado en manos de quien se comprometió a cuidar, fragmenta el piso sobre el que se está parado, la confianza básica sobre la que se sustenta nuestra vida en sociedad. Recuperar esa confianza es, y eso es lo que hemos aprendido de los sobrevivientes de la Shoá y de los otros genocidios del siglo XX, una construcción personal y colectiva que no sucede de la noche a la mañana. Este silencio de décadas se replica en los sobrevivientes sudafricanos, los de la masacre de Ruanda, los de la guerra de Argelia, los de las limpiezas étnicas en los Balcanes, los de Malvinas y de la dictadura argentina y la chilena, la uruguaya, la brasilera, los sobrevivientes del genocidio armenio, los sobrevivientes de la Shoá, todos requirieron tiempo para recuperar la confianza y en ese lapso han mantenido silencio. Vivimos en una cultura que estimula el hablar. Nos circunda la idea, promovida probablemente por los templos psi y sus sacerdotes y feligreses, de que hablar es siempre sanador y que quien no lo hace está en riesgo de alguna severa patología mortal e incurable. Es sin dudas saludable intentar poner orden y otorgarle operabilidad a nuestro mundo interno y a nuestras relaciones y penas. Pero de ahí a enunciar una ley general, para todos los silencios de todas las personas en todas las situaciones, hay un trecho que requiere de una consideración más detenida. La psicología observa y reflexiona sobre el trauma individual que sucede entre dos personas particulares, no el que ataca el contrato social. La conducta de un delincuente, un enfermo, un enemigo, no lesiona la estructura social. El sufrimiento, el agravio y sus consecuencias en las víctimas dependen, por un lado del grado del ataque, y por otro de que se le pueda poner las palabras lo más pronto posible para que no permanezca tóxico y enquistado. Por el contrario, la lesión de un trauma colectivo perpetrado por el Estado es de otro orden, corroe la legalidad que sustenta la convivencia, ataca la comunalidad, la vida gregaria, al contexto social imprescindible sobre el que construimos nuestra subjetividad. Cuando nos tenemos que cuidar de quien nos tiene que cuidar ¿cuáles son los parámetros a los que ajustarse? El mapa pre-existente deja de ser válido, se pierden los puntos de referencia. Ya no sabemos a qué atenernos, en quien confiar, dónde ir, cómo comportarnos. Si el Estado nos designa como sus enemigos somos parte del “enemigo interno” ese “uno entre nosotros” a perseguir, detener y extirpar, quedamos fuera de la ley. La confianza queda herida de muerte. Y cuando todo termina, cuando se emerge del “bache” genocida oscuro y arbitrario, cuando se recupera la vida “normal”, hay que hacer un esfuerzo supremo aferrarse a sus bordes del bache y reinsertarse esperando volver a confiar. Las ganas de vivir son incontenibles, como ese hilito de agua que siempre encuentra un cauce y en su camino arrasa con todo porque tiene que seguir. Vueltos de la iniquidad y la muerte hay que trabajar, construir proyectos, demostrar y demostrarse que lo vivido fue un accidente transitorio, como ese rayo fatídico que cayó un día y quemó la casa, convencerse de que las cosas volverán a sus cauces, que el imperio de la ley se ha establecido y que todo va a estar bien, que ya ha pasado el peligro. Volver la vista atrás amenaza con despertar los fantasmas, con perder pie y resbalar en excrecencias y restos sociales pringosos. Y se pone toda la energía en la reconstrucción de la confianza perdida y el sobreviviente apuesta -¿qué alternativa tiene?- a esta sociedad que hace un instante lo había traicionado. Es que si no confía no puede seguir viviendo. ¿Cómo hacerlo cuando la vivencia de traición sigue viva? Tiempo, hace falta tiempo para ir restableciendo los indicadores de que la sociedad va recuperando su cordura, que vuelve el mundo de reglas previsibles en el que se estará a salvo. Lo que pasó, pasó, quedó en ese “bache” oscuro y sin palabras. Además nadie quiere oír. Hablar de lo que pasó es enfrentar a toda la sociedad con su propia ignominia. El sobreviviente calla mientras se recompone pero también es invisibilizado en su padecer porque es un testigo incómodo y nadie quiere oír su testimonio. La sociedad todavía no puede. Y hay que seguir viviendo. Hasta que llega el momento de hablar. Los testimonios de los sobrevivientes de la Shoá. Callaron pero no olvidaron. Ni negaron. Ni reprimieron. Entre ellos hablaban, no públicamente. Decidieron mirar hacia adelante, como el hilito de agua. Y décadas después, con sus vidas hechas, el pasado bien atrás y la sociedad en condiciones de revisarse y de mirarse en ese espejo deformante de su esmirriada humanidad, con hijos adultos y nietos, recién entonces pudieron tomar el pasado traumático entre las manos y comenzaron a dialogar públicamente con él. Con una sociedad que abrió las orejas y tímidamente aceptó este ejercicio de revisión de algunos de sus supuestos, hay un nuevo contexto de recepción. La confianza va hacia un proceso de reconstrucción y las marcas, que no se borran, dibujan circuitos que quedan como documentos pero que por fin pertenecen al pasado. Ya sin peligro de hundirse otra vez en el “bache” sin salida, sin temor de confrontar a un Estado ocultador, sin tener que dar explicaciones por haber sobrevivido, cuando los hijos, nietos y bisnietos aseguran que el futuro es y está, se puede. Ahora se puede hablar. *Publicado con Coloquio del Congreso Judío Latinoamericano












