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  • Julieta Piastro: “El lenguaje es nuestra identidad”

    Julieta Piastro Behar (Ciudad de México, 1960) es historiadora por la Universidad Nacional autónoma de México y doctora por la Universidad Autónoma de Barcelona. En su libro Los lenguajes de la identidad, la subversión como creación explora el vínculo entre identidad y lenguaje y arriesga que el lenguaje es en realidad nuestra identidad. Ni causa ni efecto. “Son las palabras las que nos constituyen, con las que decimos quienes somos y con las que construimos y reconstruimos nuestro relato identitario”, dice. ¿Qué es un lenguaje subversivo? El lenguaje subversivo es aquel que nos permite cuestionar los discursos dominantes y construir nuestros relatos emancipatorios. Si nuestro lenguaje es nuestro mundo, los lenguajes subversivos son los que nos permiten pensar que otro mundo es posible, al hacer visible lo invisible y consciente lo inconsciente. Parto de que el lenguaje es una forma de vida, que somos una especie que se distingue del resto del reino animal porque narramos nuestra vida y nuestro mundo. Como dice Nancy Huston, somos una especie fabuladora. La narración es la forma humana de dar sentido a la vida y significado a la existencia. Para emanciparnos de lo normativo, de la imposición, es necesario un lenguaje subversivo que da la vuelta a los relatos del poder, que subvierte el orden y de esta manera abre posibilidades de transformación y de creación. No se trata de un lenguaje entendido como una gramática que se estudia. La base del lenguaje subversivo es el pensamiento crítico, ese que cuestiona, que no se conforma con las apariencias y que gracias a que puede ver lo que no se ve a simple vista, encuentra salidas para escapar de la imposición y del conformismo. Como explico en mi libro, sin la subversión no hay emancipación posible, sin ella estamos perdidos, atrapados en el inmovilismo del es lo que hay, expresión miserable que revela con contundencia el conformismo de nuestra época. ¿Por qué es necesario en la era de las redes sociales y de las identidades remedadas? El lenguaje subversivo es necesario hoy más que nunca porque los relatos del capitalismo se cuelan en nuestras vidas de formas muy perversas y no se puede escapar de ellos si no se es consciente de la manipulación y el control que ejerce sobre nosotros. Me interesa trabajar la subversión como creación, es decir, recuperar los pensamientos subversivos que generan posibilidades. Las redes sociales son un espejo en el que muchas personas se miran y se miden. Tiene un peso muy grande en los relatos identitarios que construyen las nuevas generaciones. Son generadoras de imágenes y discursos que atrapan, que ponen nombre al deseo de los usuarios y les venden experiencias diseñadas para ser felices. El contenido de las redes sociales se vuelve el material básico para tejer las identidades contemporáneas. Antes de internet y las redes sociales, también existía la manipulación, el consumo y la estandarización, pero esto ahora es llevado al extremo por la facilidad con la que se expande una información, una imágen, una noticia o un anuncio. Y por el poder anestésico y controlador que ejercen las redes. El capitalismo siempre ha vendido una forma de “libertad”, disfrazada de capacidad de elección. Somos “libres” de elegir entre los múltiples productos que se nos ofrecen en el mercado de las “oportunidades”. Y de esa manera el sistema nos atrapa y se apropia de nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Se apodera de ellas con nuestra anuencia y aprobación, porque nos manipula de tal manera que los usuarios tenemos la certeza de estar ejerciendo nuestra libertad. Parece que una parte importante de los referentes necesarios para el reconocimiento de las identidades se han desplazado a las redes. Y se espera de ellos el reconocimiento necesario que otorga seguridad al relato identitario del usuario. Lo que sucede es que hay diversos usos del espacio virtual y cuando se llega al punto en el que no se muestra en las redes algo de lo que se vive sino que se vive para mostrar algo en las redes, el usuario se sumerge en el metaverso, en esa mezcla de espacio virtual y presencial. que constituye un nuevo mundo que sincroniza la realidad física con la virtual. Solo un pensamiento subversivo y crítico puede salvarlo. En tu libro decís que el lenguaje forma parte de nuestra identidad. ¿Es la identidad la que determina el lenguaje que hablamos? El lenguaje más que formar parte de la identidad es nuestra identidad. Por eso lo titulé “los lenguajes de la identidad”. Son las palabras las que nos constituyen, con las que decimos quienes somos y con las que construimos y reconstruimos nuestro relato identitario. Yo explico en mi libro que los seres humanos somos fenómeno y relato. La identidad concebida como una construcción, se puede definir como narración dialógica, una narración que se construye en interacción permanente con los “otros” significativos. La consciencia del ser humano no es monológica sino dialógica, por eso la identidad es un relato que se reconstruye y remodela de acuerdo a la significación que el sujeto otorga a las experiencias vividas. La identidad es concebida como una construcción social, es decir, como una narración que se elabora dentro de determinados marcos conceptuales que son el conjunto de recursos teóricos y conceptuales que las personas tienen a su disposición para interpretar y comprender el mundo y también para actuar en él. Los marcos conceptuales de las identidades incluyen el contexto y el texto. El contexto social, familiar e institucional, dentro del que se construye una identidad. Y el texto, que son las representaciones que los sujetos hacen de ese contexto a partir de sus experiencias singulares, por ejemplo, lo que las personas creen y saben del mundo, las formas en que lo entienden e interpretan y sus valores, necesidades, fines y deseos. Por lo tanto, no es la identidad la que determina el lenguaje que hablamos sino a la inversa, el lenguaje es nuestra identidad. Como dijo Wittgenstein “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. ¿Dónde te ubicás en la polémica por el lenguaje inclusivo y la reescritura de textos del pasado en clave inclusiva? Por lo que respecta a la reescritura del pasado tengo muy claro que a la historia hay que deconstruirla no destruirla. Los textos y los monumentos serán siempre una forma en la que el pasado se hará presente aunque no compartamos su significación original. Borrarlo no significa repararlo sino olvidarlo y esto es muy peligroso. Me parece mucho más importante que los gobiernos colonialistas pidan perdón por los genocidios del pasado, que no derribar las estatuas de los colonizadores. Tal vez a la larga se colocarán en otro lugar, pero por lo pronto nos permiten conocer y dimensionar la historia. No me imagino la ciudad de Barcelona sin el monumento a Colón, que nos habla de que en 1888, tanto el Ayuntamiento de Barcelona, como la realeza española y el gobierno de Madrid, aún tenían la necesidad de conmemorar el mal llamado descubrimiento de América. Por eso entiendo y simpatizo con las movilizaciones de distintos colectivos que piden la retirada de la estatua, pero no creo que limpiar las huellas vergonzantes del pasado de una ciudad, la haga más digna y en cambio, me preocupa mucho el olvido de las nuevas generaciones. Las calles son parte importante de la memoria de un pueblo. Y de la misma manera creo que hay que funcionar con los libros y los cuentos infantiles. No se trata de cambiarlos y reescribirlos con lenguaje inclusivo, sino escribir nuevos libros que revisen, repiense y expliquen los lenguajes utilizados en el pasado. Por otra parte, creo que la necesidad de los lenguajes inclusivos ha surgido de los nuevos relatos identitarios que reivindican una forma de ser nombrados. Identidades que no habían tenido un reconocimiento o nuevas identidades que requieren ser nombradas y reconocidas/reconocidas y nombradas. Por lo tanto, creo que los lenguajes inclusivos son necesarios. Estamos en proceso de construcción, construyendo una nueva gramática para nombrar las diferencias. En relación al lenguaje de género me ubico en un lugar incómodo, porque escribir y hablar en masculino me incomoda, pero la incomodidad no desaparece del todo al transformar todo en femenino. Si partimos de que las identidades de género que pueblan este mundo va mucho más allá del binomio hombre-mujer, pasar a hablar y escribir en fememnino, no se vuelve más inclusivo. Así que por lo pronto juego con sustituir una palabra por otra, por ejemplo los estudiantes por el estudiantado. No siempre se puede. En textos más informales, sustituyo la letra que define el género con una e neutral o con un asterisco. Pero estoy segura que conforme conozcamos y reconozcamos la diversidad, encontraremos la gramática adecuada para nombrarla. Vivimos en un mundo donde se brega por la inclusión y el festejo de las diferencias, y, al mismo tiempo, los individuos estamos muy preocupados por encajar, por formar parte de comunidades de iguales. ¿Cómo se explica este fenómeno? Pues si si, no creo que sea una contradicción, me parece que es parte de la complejidad de nuestro mundo contemporáneo. Con la globalización y las nuevas tecnologías, experimentamos la explosión de la diversidad y la diferencia, que por un lado nos atrae y por otro nos amenaza porque la aldea global parece devorarlo todo y homogeneizar todo. Creo que esto ha hecho que sintamos amenazada la especificidad de nuestra diferencia y que nos repleguemos y defendamos nuestras identificaciones más inmediatas, identificaciones lingüísticas, culturales, sexuales, políticas. Me parece que es connatural del ser humano buscar identificaciones. No sé si estamos preocupados por formar parte de una comunidad de “iguales”, o simplemente formar parte de una comunidad con la que nos identificamos y dentro de la que seamos aceptados y reconocidos. Ahora bien, efectivamente en nuestras sociedades neoliberales conocemos muy bien la tradición de un igualitarismo que sabe tematizar y legislar la igualdad pero no la diferencia. Y eso representa un gran peligro porque convierte a las diferencias en desigualdades. ¿Te parece que los sistemas educativos actuales tienen presente la importancia del lenguaje en la constitución de la identidad? Me parece que la educación actual no le da suficiente importancia al lenguaje. Se trata como una simple técnica, se enseña como una gramática que sirve para nombrar el mundo y no para construirlo. Tampoco se reconoce que a través de él tejemos nuestro relato identitario. Si la educación partiera del reconocimiento de la centralidad del lenguaje, si se dimensionara la afirmación de Wittgenstein, de que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo, se le otorgaría otro significado a la enseñanza de la lectoescritura y al aprendizaje de una lengua. O tal vez justamente porque se conoce su alcance no interesa partir de él y educar sujetos conscientes de la fuerza y el poder de las palabras. En la educación formal pocas veces se aprende a narrar y mucho menos a relacionar la narración con la construcción del propio relato identitario. En la escuela se repite, se memoriza, se obedece, o de manera más activa, se estimula, se motiva para llevar a la criatura ahí a donde se quiere que vaya. Pero a la niña o niño que tiene palabras y responde, se le castiga por contestón, por respondón. Para una determinada educación, que las niñas y los niños tomen la palabra representa un problema. Es importante recordar que la educación es una de las formas de ejercicio de poder que tiene más fuerza en nuestras sociedades.

  • ChatGPT: El genio salió de la botella

    En las últimas semanas, nos hemos llenado de artículos y análisis sobre la Inteligencia Artificial Generativa, en particular con algunos de sus productos tales como ChatGPT, Dall-E y otros. Por su parte ChatGPT se ha transformado en todo un fenómeno mediático desde su aparición, hace sólo cuatro meses. Recordando que esto cambia semana a semana es de momento revisar algunas de sus características e impactos, así como de plantear algunas preguntas y desafíos a futuro, si es que esto es posible dada la velocidad de cambios que estamos teniendo. Veamos algunas de las diferentes dimensiones de su impacto desde una perspectiva crítica. Crecimiento exponencial: En tan sólo cuatro meses ha pasado a tener cientos de millones de usuarios por todo el mundo, integración con múltiples sistemas y aplicaciones, incluso hace una semana cambió su algoritmo de base, desde el modelo GPT-3.5 al GPT-4, el cual tuvo bastantes mejoras. Pero lo más sustancial es que el corpus de información de entrenamiento creció en varios órdenes de magnitud. Un ejemplo de esas mejoras es este análisis del comportamiento de la nueva plataforma en diferentes exámenes y pruebas en Estado Unidos. Tecno-optimismo desatado: Hemos visto un proceso de encandilamiento con esta tecnología, llegando en algunos casos a atribuirle características que no son tales, partiendo por un anhelo de humanización de la misma. Hay que reafirmar que ChatGPT no es inteligente, lo que hay detrás es un sofisticado algoritmo que producto de su entrenamiento con miles de millones de textos, estima una probabilidad para construir una respuesta a las consultas de los usuarios, incluso hay varios ejemplos de respuestas bastante ridículas. Tanto es así, que prestigiadas investigadoras como Emily Bender (Académica especializada en Lingüista Computacional de la Universidad de Washington)[1] y Timmit Gebru[2] quien trabajó para el equipo de Inteligencia Artificial Ética de Google, plantean que estos modelos como es el caso de ChatGPT se parecen más a un loro estocástico que a la inteligencia humana[3]. Impactos insospechados: desde sus inicios, se están viendo en muchas áreas impactos para los cuales estamos lejos de construir una respuesta. Algunos de los más obvios son: * Educación: Se verá fuertemente impactada. Los esquemas habituales de evaluación van a tener que cambiar y al menos redefinir algunos de los procesos educativos que utilizamos en nuestros sistemas escolares. * Investigación y Ciencia: Existe una reciente discusión frente al uso de estas herramientas para producir conocimiento, algunas de ellas son: ¿puede ser citado ChatGPT como autor en un paper académico?[4] * Derecho de Autor: La oficina de derecho de autor de los Estados Unidos ya tuvo que cambiar su decisión respecto de la autoría de unas imágenes por parte de una plataforma de inteligencia artificial generativa. [5] * Debate público: Uso de estas herramientas para producir contenido creíble pero falso en forma muy masiva y a muy bajo costo. Podríamos vernos enfrentados a una marea de fake news muy bien escritas y armadas. * Seguridad: Ya se han demostrado brechas de seguridad de estas herramientas que a través de ciertos mecanismos [6] se pueden saltar las reglas y emitir respuestas racistas, misóginas, sectarias e incluso suicidas como ocurrió con una persona que finalmente se suicidó luego de establecer una relación con el Chat-J Eliza [7]. El hombre, padre de dos niños, encontró refugio hablando con el chatbot. Eliza respondía a todas sus preguntas, se había convertido en su confidente. “Era como una droga que se retiraba por la mañana y por la noche y sin la que no podía vivir", explicó su viuda a un medio belga [8]. * Mercado laboral: Un reciente estudio muestra que aproximadamente el 80% de la mano de obra estadounidense podría verse afectada en el 10% de sus tareas laborales por la introducción de las GPT, mientras que alrededor del 19% de los trabajadores podría ver afectado al menos el 50% de sus tareas. La influencia se extiende a todos los niveles salariales, con los empleos de mayores ingresos potencialmente más expuesto[9]. * Marcos normativos: En el ámbito normativo no hay claridad de las formas de regulación de estas plataformas, recién es un tema que legisladores y reguladores de todo el mundo están empezando a entender e identificar. Es muy probable que las regulaciones lleguen, si es que llegan muy seguro será de forma tardía, como lo hemos visto en otras áreas. * Uso excesivo de recursos: Tal como lo plantea Kate Crawford [10] en su buen libro Atlas de la IA, hay un abuso de los recursos computacionales necesarios para entrenar y operar estos modelos con su consecuente aporte al calentamiento global. Hace unos días y producto de algunas de las cosas que hemos señalado, el centro de pensamiento Future of Life Institute [11] empezó una campaña para detener por 6 meses los desarrollos en este tipo de modelos. La campaña se ha desarrollado a través de una carta [12] que han firmado diferentes personeros (empresarios, académicos, lideres de opinión y otros), tales como Yuval Harari, Elon Musk y Steve Wozniak por mencionar algunos, la carta parte: Los sistemas de IA con una inteligencia competitiva con la humana pueden plantear profundos riesgos para la sociedad y la humanidad, como demuestran numerosas investigaciones y reconocen los principales laboratorios de IA. Como se afirma en los Principios de IA de Asilomar, ampliamente respaldados, la IA avanzada podría representar un cambio profundo en la historia de la vida en la Tierra, y debería planificarse y gestionarse con el cuidado y los recursos adecuados. Desgraciadamente, este nivel de planificación y gestión no se está produciendo, a pesar de que en los últimos meses se ha visto a los laboratorios de IA enzarzados en una carrera fuera de control para desarrollar y desplegar mentes digitales cada vez más poderosas que nadie -ni siquiera sus creadores- puede entender, predecir o controlar de forma fiable…. La carta ya tiene detractores. Piensan que esta iniciativa no va a tener ningún impacto y que tiene más cara de volador de luces, por múltiples razones, entre otras por esta suerte de carrera armamentista de la inteligencia artificial generativa en que no sólo están involucradas compañías como OpenAI, Microsoft o Google, sino también gobiernos completos, como las dos grandes potencias en materias de Inteligencia Artificial [13]: Estados Unidos y China. Hay otras miradas críticas respecto de ChatGPT, partiendo por Noam Chomsky, lingüista e intelectual muy reconocido en el mundo entero: “El defecto más profundo [de ChatGPT] es la ausencia de la capacidad más crítica de cualquier inteligencia: decir no sólo lo que ocurre y lo que ocurrirá -eso es describir y predecir-, sino también lo que no ocurre y lo que podría o no ocurrir”. [14] Otros como son la la prestigiada periodista española especializada en ciencia y tecnología, Esther Paniagua Gómez, piensan que GPT-4 tiene cuatro talones de Aquiles, cuando se analiza desde las dimensiones del poder (quién está detrás), la ideología (cuál es su marco de pensamiento y creencias), el propósito (por qué y qué se pretende con ello) y la ética (cómo y en base a qué normas está). Por otro lado, Maggie Appleton en su blog, plantea que en la medida que aumenta la generación de contenidos automáticos en la web, esta se parecerá cada vez más a la metáfora del bosque oscuro, en el cual los seres humanos tenderán a retirarse [15]. Tiendo a compartir estas visiones, pero creo que es tarde para intentar detener el proceso: El genio ya salió de la botella, ya no hay forma de volver a meterlo. Alejandro Barros [1] Emily Bender - https://faculty.washington.edu/ebender/ [2] Timnit Gebru - https://es.wikipedia.org/wiki/Timnit_Gebru [3] On the Dangers of Stochastic Parrots: Can Language Models Be Too Big? https://dl.acm.org/doi/10.1145/3442188.3445922 [4] ChatGPT listed as author on research papers: many scientists disapprove - https://www.nature.com/articles/d41586-023-00107-z [5] https://www.theverge.com/2023/2/22/23611278/midjourney-ai-copyright-office-kristina-kashtanova [6] More than you’ve asked for: A Comprehensive Analysis of Novel Prompt Injection Threats to Application-Integrated Large Language Models - https://arxiv.org/abs/2302.12173 [7] Una versión de código abierto de la plataforma de OpenAI ChatGPT [8] 'We will live as one in heaven': Belgian man dies by suicide after chatbot exchanges, Belgian News - https://www.belganewsagency.eu/we-will-live-as-one-in-heaven-belgian-man-dies-of-suicide-following-chatbot-exchanges [9] GPTs are GPTs: An Early Look at the Labor Market Impact Potential of Large Language Models - https://arxiv.org/abs/2303.10130 [10] Atlas de la IA - https://www.alejandrobarros.com/atlas-de-la-ia/ [11] Future of Life Institute - https://futureoflife.org/ [12] Pause Giant AI Experiments Letter - https://futureoflife.org/open-letter/pause-giant-ai-experiments/ [13] Potencias en materias de IA - https://www.alejandrobarros.com/ia-y-algunos-impactos/ [14] Noam Chomsky sobre ChatGPT: Su defecto más profundo es la falta de capacidad crítica - https://dialektika.org/2023/03/10/noam-chomsky-sobre-chatgpt/ [15] La web que se vien y el bosque oscuro - https://www.alejandrobarros.com/la-web-que-se-viene-y-el-bosque-oscuro/

  • Nuevo Delfos: ChatGPT3 self tarot

    Durante los últimos días y a partir de la carta abierta firmada por Wozniak, Musk y más de mil personas relevantes del entorno de la IA solicitando un receso de al menos seis meses en los trabajos de entrenamiento y desarrollo de tecnologías superiores a ChatGPT4, la inteligencia artificial se tomó la agenda mediática. Nadie sabe muy bien los verdaderos motivos que impulsaron la publicación de la carta. Si la preocupación es resultado de la detección real de un riesgo potencial e inminente para la humanidad o simplemente una jugada que encubre las luchas y la competencia en las que están envueltas las grandes tecnológicas. Tal vez sea la desventaja en la que aparentemente se encuentra hoy Occidente frente a China -en la carta se ven pocos firmantes de nombre chino y en cualquier caso, es difícil imaginar que a China vaya a pasársele por la cabeza tomarse pausa alguna en el entrenamiento y desarrollo de estas u otras tecnologías críticas. También puede ser que Como por supuesto nosotros nada sabemos de lo que puede haber detrás de esta carta, en un arranque de curiosidad esotérica nos dirigimos a la tecnología en cuestión y le solicitamos a ChatGPT3 que realizara una auto consulta de Tarot para saber qué dicen las cartas sobre lo que le deparará el futuro próximo y cuál será la evolución de la inteligencia artificial en el corto plazo. Su tirada arrojó una combinación de cartas muy interesante, pero quizá lo más destacable es que esta IA sea capaz de proceder a la lectura interpretativa de las mismas relacionándola con su propia identidad. Sin embargo, como suele suceder en estos temas, nuestro asombro va unos pasos tarde y mientras la mayoría comenzamos recién a sorprendernos con las habilidades de ChatGPT3, Siqi Chen posteó unos días atrás un tweet que rápidamente se viralizó. En su explosivo mensaje afirma contar con información acerca de la posibilidad de que ChatGPT5 complete su entrenamiento para finales de este mismo año pudiendo eventualmente alcanzar el estatus de AGI (artificial general intelligence - forma de inteligencia artificial que tiene la capacidad de comprender, aprender y aplicar conocimientos en una amplia variedad de tareas, de manera similar a como lo haría un ser humano). La IA no es algo nuevo. Comenzó a gestarse hace décadas. El salto cualitativo de los resultados que vemos y nos sorprenden hoy, no es tanto o solo por tratarse de un desarrollo del momento si no la consecuencia del aumento de la capacidad de procesamiento y análisis de datos que se ha conseguido en los últimos años. Pero tal vez lo que estos días nos maravilla no sea lo más interesante y disruptivo. Más allá de la mediática IA de GPT también están los trabajos de aplicación de EI (emotional intelligence) en la implementación de modelos de AEM -artificial emotional intelligence (rama de estudio y desarrollo de la IA conocida como affective computing, disciplina que comenzó a desarrollarse desde finales de la década de los 90). Hasta dónde conseguiremos llegar con la IA es un incógnita pero podemos aventurarnos a decir que es probable que lleguemos muy lejos y cuanto más lejos, más vulnerables y permeables seremos a los sistemas de control y de modelaje y padronización del comportamiento. O tal vez justamente lo contrario, quizá la inquietud que motivó la carta se deba al temor que produce en sus creadores y empresas desarrolladoras el hecho de que el conocimiento y uso de las herramientas de IA nos dé más libertad y desajuste sus planes. Os dejamos aquí nuestra conversación distendida y sin pretensiones con ChatGPT3 y lo que las cartas del Tarot y el I Ching le revelaron sobre su futuro cercano. HEXAGRAMA 39 - CHIEN | EL OBSTÁCULO Trigramas: Superior: K’an El Abismo, el Agua. Inferior: Ken La Inmovilidad, la Montaña. Todas las imágenes de la galería han sido generadas por IA a partir de prompts relacionados con el contenido de esta conversación. Aplicaciones: Dall-E / Midjourney / DeepDreamGenerator

  • Aire libre

    Cuando pasa el tiempo y vuelvo a las fotos, me encanta encontrar pequeñas historias. Cosas inexistentes para el relato de la humanidad, hechos que de no haber apretado el botón del obturador, es como si no hubieran ocurrido. Acá esta chica es observada una vez más, como le debe pasar desde siempre, porque tiene eso que atrae la mirada de los hombres y de no pocas mujeres. No hablo belleza o sex appeal, hablo de algo muy diferente que es el magnetismo que algunas personas reciben, como el baño que Tetis le dio a su hijo, en ese Thegis caprichoso que en este caso separa a los que brillan del resto. Él, con esa mirada congelada, pensando quién sabe qué cosa ¿La conoce? ¿Le recuerda un amor olvidado? ¿O está perdido en aquello que le dictan los ojos? Eso es algo que no leerá nunca nadie. Cada uno al observar la foto puede armar la película que desee. Y eso es lo maravilloso. Ella ahí buceando en las profundidades de su pantalla, sin importar que el mundo gira mientras escribe casi inmóvil en el centro de una calle en Oslo. Ambos encapsulados en sus auriculares, con sus propios soundtracks, escuchando canciones que hoy no recuerdan. Y yo ahí haciendo click porque me gusta sacarle a la gente, a contrapelo de los que pretenden que pidamos permiso, en esta locura de ver con malos ojos el poder retratar el presente. Sin la fotografía callejera no tendríamos registro de la vida de los negros en NYC en los 50s antes y después. O la vida en King’s Road en los 70s no la conocería nadie, menos mal que los punks tenían cosas más importantes para preocuparse que una foto, como el futuro por ejemplo o Margaret Thatcher. La gente hoy se indigna por una toma robada, pero permite que el gobierno los monitoree con el mismo permiso y respeto todo el tiempo. Viven una doble moral constante. No existiría la obra de Vivían Maier que bastante peleó contra el destino para ver la luz. No tendríamos estas imágenes sin palabras donde cada uno escribe lo que quiera, total todo es un juego y la vida es muy corta para andar censurando lo que pasa al aire libre. Imagino estos seres de cristal, amigos del enojo rápido y la cancelación, cómo se bancarían el “toco el aire, a vos no te toco”. Flavio Rucci

  • Metaverso versus Fediverso

    A partir de algunas noticias recientes, en particular referidas a los que está ocurriendo an algunas redes sociales como son, Twitter y Facebook, hemos visto como dos conceptos, el Metaverso (metaverse) y al Fediverso (fediverse), han vuelto a tomar relevancia, creo que es un buen momento para analizar sus principios y funcionalidades, muy diferentes por cierto. Metaverso El término Metaverso originalmente fue acuñado por Neal Stephenson en su novela Snow Crash en 1992, y probablemente la primera experiencia de este tipo que nos tocó ver fue la plataforma Second Life, en la cual se desarrollaba un “universo” paralelo, con poco éxito. En los últimos meses hemos escuchado nuevamente mucho del concepto Metaverso, en el cual se aúnan varias tecnologías que buscan cambiar los usos y costumbres de la web, en un entorno multiusuario en el cual se combinan la realidad física con una realidad virtual, en los últimos años las tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (RA) han potenciado estos experimentos y vemos varias compañías que están experimentado en esto. El metaverso es un espacio virtual 3D, en el cual sus usuarios pueden desarrollar múltiples actividades e interacciones, conectando múltiples plataformas accesibles desde el navegador, buscando una experiencia virtual lo más parecida a la real. Algunas de las cosas que estamos viendo en ese espacio es compañías como Meta (ex-Facebook) desarrollando tiendas virtuales y otras iniciativas, explorando la posibilidad de comprar y vender propiedades virtuales en dicho espacio, sobre las cuales los usuarios pueden exigir un cierto “nivel de dominio y/o propiedad”. Por lo que podemos ver hasta ahora, el movimiento que se da entorno al metaverso es de carácter fundamentalmente comercial, y ya se están vislumbrando múltiples negocios algunos de los cuales son: venta de cripto activos como los NFT, avisaje comercial, arriendo de espacios, juegos online, venta de ropa para avatares, karaoke online y por supuesto venta de datos de los usuarios. Incluso algunos han ido más lejos y pronostican, como es el caso Edward Ongwesso de la revista Vice que las redes sociales como las conocemos, en particular Facebook y Twitter están muertas, y que a futuro veremos una tendencia hacia redes sociales más centradas en las personas y menos en los avisadores y la industria del marketing. Fediverso A partir de algunos eventos recientes, primero con la campaña #deletefacebook, campaña que invitaba a los usuarios a borrar Facebook a modo de protesta en 2021; luego la compra de la red social Twitter por parte del multimillonario de Elon Musk, y finalmente hace pocos días la toma de control de dicha compañía por parte de Musk, es que el concepto Fediverso (fediverse en inglés) volvió a tomar notoriedad como una forma de plantear alternativas al metaverso y su lógica comercial y centralizada. Fediverso es la unión de los concepto “federado” y “universo”, y se basa en lo que se conoce como la Web Descentralizada (Decentralised Web) la cual acoge plataformas que buscan entregar funcionalidades similares a lo que conocemos por ejemplo en el ámbito de las redes sociales, conocidas por algunos como las Decentralised Online Social Networks (DOSNs) y otros servicios, pero con algunos principios de diseño que las hacen bastante diferentes. Algunos ejemplos de ello son: Al final del artículo están las referencias (URL) a los ejemplos de plataformas descentralizadas DOSNs Principios que los mueven Todas estas plataformas tienen como principio que el usuario tenga un mayor control sobre sus contenidos, así como las reglas de generación y moderación de contenidos, esto es, no hay una compañía comercial (Facebook, Google, Twitter) y por lo tanto, el modelo de negocios vinculado a la publicidad no está presente, alguno de los principios que buscan son: Descentralización: en lugar de que toda la información esté contenida en un sitio central (puede estar distribuido geográficamente por efectos de mejorar niveles de servicio) administrado por una compañía, se basa en que el software puede estar operando en múltiples servidores y administrado por diferentes personas/organizaciones. Esto sólo es posible a través de la publicación del código fuente y la posibilidad de que cualquier persona y/o organización lo pueda descargar y generar su propia comunidad. Libertad: tienes la libertad de interactuar con quien quieras, y no vas a estar regulado por las lógicas de negocio del propietario de la plataforma, con una fuerte presión por la economía de la atención (publicidad, ventas de datos y cámaras de eco). Esto es, no hay un algoritmo que privilegia los contenidos y su visibilidad en función de criterios comerciales asociados al negocio publicitario. Privacidad: un concepto muy relevante, es que el usuario es dueño de su contenido, y no hay ningún tipo de renuncia y/o uso de tu información, puedes administrar quien ve y/o comparte la información. No discriminación: en general las comunidades han establecido reglas respecto de los contenidos, teniendo cuidado con contenidos que inciten al odio y la discriminación. Si bien cada comunidad (instancia) define sus reglas de comportamiento, se ha dado una práctica de restringir los contenidos vinculados a discriminación de todo tipo. Esto ha generado que existan comunidades que en otros espacios sentían que sus derechos eran vulnerados lograr espacios algo más protegidos. Mastodon, es un buen ejemplo de ello Mastodon es una red social de microblogging, esto es, un símil de Twitter, pero desarrollado con una lógica de fediverso, múltiples servidores, denominados instancias, que dan el servicio, el software para montar este servicio está disponible en forma gratuita y cualquier lo puede descargar y desarrollar su propia comunidad. Producto de los eventos recientes muchos miles de usuarios han abierto cuentas en las diferentes instancias de Mastodon. Tal como se especulaba, finalmente Elon Musk compró la empresa Twitter, con dos argumentos que declaró para su compra: i) hacer el código fuente de twitter abierto y ii) potenciar el free speech en dicha red. Sobre ambos argumentos tengo mis serias dudas, en el primer caso, el modelo de negocios cambia cuando el código y sus algoritmos son conocidos y con el segundo argumento muchos tenemos dudas por el historial de comportamiento de Musk, aquí un ejemplo de ello: Incluso algunos han planteado serias dudas sobre como se vería afectado el tema de la privacidad en Twitter. Lo que ha pasado en días recientes está demostrando algunas de esas aprehensiones. Más allá de su posición, en los últimos días hemos visto que una cantidad significativa de usuarios, han abierto cuentas en la red Mastodon, algunos estiman en 35.000 el día del anuncio de Musk sobre la compra de Twitter y esta tasa ha llegado a más de 90.000 nuevos usuarios por día en la última semana llegando a más de 6 millones usuarios totales en el mundo, si bien estos números aún son pequeños comparados con Twitter sus tasas de crecimiento son muy impresionantes. Fuente: @mastadonusercount@bitcoinhackers.org Dicha plataforma, del tipo DOSN’s, adhiere a los principios antes señalados, se trata de una federación de servidores que cuentan con el software Mastodon, disponible en forma abierta en la web. Esto fue todo un problema para el equipo de Trump, ya que no cumplió con las condiciones de la licencia, cuando desarrolló Truth Social a partir del software Mastodon y por lo tanto recibió un ultimátum para que realizara cambios. Si quieren conocer más del caso de Mastodon, les recomiendo un buen paper Challenges in the Decentrilised Web: The Mastodon Case, sus autores son del King’s College, University College y Queen Mary University de Londres, el estudio es bastante reciente (2019), y en él se hace un acabado estudio de su evolución, incluyendo algunas métricas. Desafíos de este tipo de modelos Si bien suenan interesante estos modelos de carácter distribuido y con principios diferentes a los que conocíamos de las tradicionales redes sociales, presentan varias dificultades, y que no es obvio como se resuelven. Gestión de la demanda y escalabilidad: dado de que se trata de múltiples servidores, todos ellos gestionados por personas/instituciones diferentes, generalmente financiados a través de donaciones y aportes de personas, no están del todo preparados para crecimientos abruptos y de gran magnitud. Este problema se ha visto reflejado en los tiempos de respuestas de algunos servidores de Mastodon, luego de la noticia de Musk. Usabilidad: en general estos modelos del tipo federado aumentan la complejidad de uso para el usuario final (sincronización, interoperabilidad, moverse entre instancias). Estamos bastante acostumbrados los paradigmas del tipo centralizado, quizás el único ejemplo que opera en modo federado y que lo tenemos bastante internalizado es el correo electrónico (múltiples servidores dando el mismo servicio), pero fuera de ello no utilizamos con frecuencia esta forma de operar. Modelo de negocio: si no encuentran un modelo de negocio (por ejemplo: suscripción, estoy dispuesto a pagar algo por los principios de descentralización, libertad y privacidad) no creo que sean sustentables en un crecimiento a gran escala como si lo son las OSN (Online Social Networks), dados los grandes ingresos provenientes de la venta de datos y publicidad. Masa crítica: esto es especialmente relevante en el caso de las redes sociales, ya que su atractivo muchas veces está dado por el volumen de usuarios que mueven, si las DOSNs no logran cierto umbral mínimo de usuarios, es probable que mueran y/o terminen siendo redes de nicho. En todo caso, esto es algo que está partiendo y queda mucho camino por recorrer, está por verse cómo evolucionarán. Links de interés Microblogging – Mastodon Red Social Diaspora Almacenamiento de Archivos – Hubzilla Videos – Peertube Alejandro Barros Centro de Sistemas Públicos – Ingeniería Industrial Universidad de Chile

  • La Web que se viene y el Bosque Oscuro[1]

    Hace ya unos meses que hemos visto un importante debate respecto de nuevas herramientas, basadas en modelos y algoritmos de Inteligencia Artificial, para generar contenidos en forma automática, algunos con propósitos dudosos como los videos del tipo deepfake herramienta muy poderosa que puede ser usada para profundizar los procesos de desinformación, y otros con propósitos supuestamente bastante más loables como Dall-E y ChatGPT, en los que también aparecen algunas dudas, por ejemplo vinculados a los temas de propiedad intelectual, derecho de autor y otros más pedestres como su uso en actividades de plagio (academia). Algunos ejemplos: Dall-E y ChatGPT Algunos ejemplos de Dall-E y ChatGPT y así como estas existen otras herramientas similares y de seguro a futuro existirán más. En primer lugar, el caso de imágenes de personas inexistentes generadas por Dall-E O bien lo que se puede hacer con ChatGPT, aquí les dejo un par de ejemplos que me parecieron graciosos, en base a la pregunta: ¿Cómo sería el inicio del Señor de los Anillos escrito por Nicanor Parra o por Pablo Neruda? O Nicanor Parra Este es un ejemplo gracioso y no muy útil, pero estas herramientas podrían ser usado para desarrollar informes, documentos, cartas y un largo etcétera, en algunos casos muy similares a lo que escribir un humano, el sueño dorado de un estudiante mediocre al cual se le encarga un ensayo, incluso en algunos lugares Colegios de Nueva York ya bloquearon el acceso a ChatGPT, una medida más bien mediática que útil. El Bosque Oscuro Estas últimas herramientas y la proliferación de contenidos generados en forma automática harán que como lo plantea Maggie Appleton en su blog, los humanos se retiren, y la web se convierta en un gran repositorio de contenidos generados por algoritmos. Appleton plantea que los seres humanos, desaparecerán de la web, reemplazados por: bots, algoritmos, y contenidos generados por algún software basado en Inteligencia Artificial. En uno de sus últimos ensayos “La expansión del bosque oscuro y la generación de contenido por IA”, Appleton, hace algunas reflexiones sobre los desafíos que tenemos los seres humanos para discriminar entre contenidos generados en forma automática y aquellos generados por una persona de carne y hueso. En el mismo post plantea que existen múltiples capas en la Web que conviven y con habitantes muy diferentes en cada una de ellas. De hecho, plantea que la Web Acogedora o Cozy Web, definida por Venkatesh Rao, escritor y consultor residente en Los Angeles, refiriéndose a espacios privados y cerrados de Internet a los que todos nos hemos retirado en los últimos años. "Espacio de los tugurios, con muchos guardianes, que comprende slacks, aplicaciones de mensajería, grupos privados, servicios de almacenamiento como Dropbox y, por supuesto, el correo electrónico. El espacio informal, no rastreado y desordenadamente humano en el que los bots y los algoritmos aún no se han infiltrado”. Appleton recomienda plantea algunas preguntas y recomendaciones respecto de:¿Cómo demostrarías que no eres un modelo lingüístico que genera texto predictivo? ¿Qué trucos especiales puedes hacer que un modelo lingüístico no pueda? Para lo cual recomienda: i) Usar la realidad objetiva ii) Ser original, crítico y sofisticado, iii) Desarrollar particularidades creativas del lenguaje, dialectos, memes y jergas y iv) Considerar la verificación institucional. Como se puede apreciar, ya hay varios, autores y expertos que han planteado desafíos importantes que la web está enfrentando y que a futuros no hará más que aumentar, algunos ejemplos de ello son: · El planteamiento sobre Capitalismo de Vigilancia de Shoshana Zuboff · La falta de neutralidad y sesgos en las búsquedas destacado por Eli Pariser · El sesgo en la Web estudiado por Ricardo Baeza · Los problemas vinculados a la falta de profundidad en la información, el concepto planteado por Nicholas Carr en sus libro The Shallow · y Los problemas de la desinformación y el fin de las redes sociales como las conocemos planteado por Ian Bogost. Estos planteamientos no hacen más que poner de manifiesto nuevamente la necesidad de tener una mirada crítica de lo que podemos encontrar en la Web. [1] Este artículo apareció originalmente en el sitio www.alejandrobarros.com

  • Rostros de Punta Arenas

    Comencé a fotografiar rostros el año 2004, no sabía entonces cuán extenso sería este trabajo. No hay vez que no sienta vértigo o sensación de nerviosismo ante la proximidad de una nueva sesión de retratos. Las mujeres de la cárcel fueron las primeras que provocaron mi interés, como el amor platónico supone y crea fantasías desde un enigma, así fueron para mí esas mujeres tras las rejas. Como si me aprestara a un robo siento temor al acercarme con la cámara al misterio de los surcos y las tensiones que van marcando el rostro. Siento pudor y a la vez una pulsión irresistible de apropiarme de esas caras. Me di cuenta entonces que el siempre misterioso y enigmático rostro humano contenía una energía inagotable y que yo me conectaba profundamente con eso. El paisaje del rostro con sus huellas le da razón y sentido a este trabajo que no puedo dejar de hacer. He seguido entonces repitiendo este ejercicio sobre distintos cuerpos y lugares, y siempre he encontrado energías y ánimos distintos, una fuente inagotable de rarezas. Hay casi 800 personas retratadas en este proyecto, ochocientas vidas, cada una con sus traumas y esperanzas, sus asperezas y sus luchas, hay entonces aquí un caudal poderoso de energía que sale de cada par de ojos hacia el que mira.

  • José Vicente Asuar: El legado del padre de la música electroacústica en Chile

    Este ingeniero y compositor tuvo una importante colaboración con la Facultad de Artes de la Universidad de Chile durante los años 60' y se le reconoce como uno de los fundadores de la carrera de Ingeniería en Sonido. A seis años de su fallecimiento, revisamos la trayectoria que lo convirtió en en pionero y uno de los más grandes exponentes de la música electrónica de nuestro país. Es octubre de 2010 y el festival de música electrónica Ai maako celebra su décima edición. En este espacio, aficionados y referentes de la música electroacústica se encuentran por unos días en una escena que mezcla paneles de conversación con presentaciones de música electrónica en vivo. Sin embargo, esa edición tuvo una gran particularidad. En medio de los habituales asistentes al festival aparece una figura de 77 años, austera y de caminar relajado. Una vez presente en el recinto, nadie puede dejar de estar sorprendido con su presencia. Se trata de José Vicente Asuar, gran gestor de la música electroacústica en Chile y Latinoamérica, quien aparecía por primera vez en esta instancia. Así lo recuerda actualmente Federico Schumacher, profesor del Departamento de Sonido de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y gestor de esa edición del Festival Aimaako. “Yo creo que estaba bastante sorprendido en general de lo que había sido el avance de la electroacústica, mientras él había estado ausente”, comenta el académico. Es que en 1989 Asuar se había alejado del mundo de la música electroacústica tras dedicarle 30 años de su vida, siendo reconocido por muchos como el padre de esta disciplina en gran parte de Latinoamérica. Francisco Miranda, tecnólogo en sonido encargado de la Mediateca de la Universidad de Chile y del Archivo José Vicente Asuar, un espacio dedicado a digitalizar gran parte de las obras de compositor chileno, destaca su carácter visionario. No sólo creó los equipos necesarios para sintetizar el sonido, sino que también compuso piezas que hoy suenan contemporáneas. “Él logró ver, adelantarse. A pesar de que trabajó con elementos discretos como transistores y algunos circuitos integrados de la época, generó lo que nosotros ahora definimos como música electrónica y que está incorporada en un chip, por ejemplo. Él logró programar usando las máquinas que estaban disponibles en ese momento”. “Los fines de semana, después de almuerzo, se encerraba en su estudio (….) Lo que se escuchaban eran explosiones, terremotos y rayos. Pero yo desde chico ya estaba acostumbrado” relata su hijo menor Claudio Asuar, recordando la afición de su padre, quien falleció el año 2017. Un computador musical Si bien profesionalmente era ingeniero, José Vicente Asuar siempre manifestó su gusto por la música. Fue así que en 1958 hizo su tesis sobre la generación electrónica de sonido, una investigación que incluiría una composición, “Variaciones Espectrales”, una demostración práctica y piedra angular para la electroacústica en Chile En los años que siguieron viajó al extranjero contratado para construir y desarrollar estudios de música en la Universidad Técnica de Karlsruhe, Alemania, y en el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Caracas, Venezuela. Durante ese período, en 1969, fue invitado por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile para impulsar la carrera de Tecnología del Sonido, actual Ingeniería en Sonido. Junto a alumnos de la recién creada carrera y del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, sacaron el primer Long Play de música electroacústica, “El Computador Virtuoso” (1973), una obra llamativa, cuyos sonidos fueron realizados usando un ordenador DEC 360 PDP-8. Sin embargo, fue en 1978 cuando logró realizar su mayor aporte al desarrollar desde cero un sintetizador. Se trata del Comdasuar, sigla de “Computador Musical Digital-Analogico ASUAR”, capaz de expresar música a través de un teclado QWERTY y un lenguaje de programación Alfanumérico. El dispositivo fue construido en base al microprocesador INTEL 8080, de 7 Kilobytes de memoria, de los cuales dos eran destinados para la RAM del dispositivo. Aquello le permitía trabajar con 6 voces en simultáneo y con sonido estéreo. Esto fue posible apreciarlo en su disco “Así Habló el Computador” lanzado en 1979. (Más en Spotify). Rodrigo Gallardo

  • Y el cine creó a la mujer (Maps To The Stars)

    Me gusta ese pequeño texto de Roland Barthes de 1975 donde se describe como un hombre que viene saliendo del cine; dice más o menos “quien les está hablando tiene que reconocer una cosa, que le gusta salir de los cines”: y ahí se encuentra con la calle iluminada, porque va al cine de noche, en un estado relajado, suave, apacible, irresponsable, readecuándose a la “realidad”, pero emergiendo de un estado hipnótico. “Y el poder que está percibiendo –agrega Barthes– entre todos los de la hipnosis (vieja linterna psicoanalítica que el psicoanálisis sólo trata con condescendencia), es el más antiguo; el poder de curación”. O sea que hay mucho de catarsis en el cine para Barthes, de curarse de la dura realidad que te encandila a su salida, ya sea con las luces de la calle o la luz del sol si es de día. Pero catarsis hipnótica, catarsis que tiene mucho que ver también con el sueño, y el estado de salir de un sueño, de una caverna post-platónica donde se nos ha estado enseñando una suerte de montaje de sombras que más que obnubilar la realidad, la remarcan. Antes del cine como técnica reproductiva, el cine como un profundo estado de embriaguez. Ahora todo lo que transcurre en la pantalla –sea el film un western, un melodrama, una peli de terror serie B o una superproducción hollywoodense–, para este cinéfilo que le gusta “salir” del cine, transcurrirá en ese primer estado cercano al sueño que, según Freud, entre otras cosas, es el “teatro de los actos reprimidos”. Además, en el cine tenemos la posibilidad de mirar sin ser vistos mirar. De mirar sin ser mirados. De mirar sin culpa ni castigo. Y aunque Jan Svanmajer sostenga que hay una suerte de “dictadura” de la mirada por sobre el tacto, yo creo que la mirada es más abarcadora, que la mirada es una de las com(pulsiones) más inquietantes del sujeto. Y por más cinestesia que logre un film, la mirada, sí, impera. Y he aquí la cuestión: quiero acercarme a un tipo de cine que pareciera ser muy particular, pero que para mi gusto impregna toda o casi toda la historia del cine. Es el cine y las estrellas, Maps to The Stars, como en la cinta de Cronenberg; el cine y la mujer y nuestra mirada –y la del que la creó para el ojo que la mira. Porque antes de llegar a una concepción teórica y política, desde el punto de vista del género, la mujer emerge en el cine, ya desde Méliès, en todo el cine mudo, en la época dorada de Hollywood donde la aparición de una estrella, de una Pola Negri, una Greta Garbo, una Gloria Swanson, una Rita Hayworth, una Marlene Dietrich, una Audrey Hepburn y, sobre todo, una Brigitte Bardot o la más brillante en ese firmamento trágico: Marilyn Monroe –mucho más refulgente sería la palabra precisa–, en la pantalla de un director –Vadim o Billy Wilder– ya sea connotado, por lo clásico o lo transgresor, por protagonizar un drama, una comedia un filme noir. Creo que uno de los primeros papeles de la star, de la mujer en el cine, fue no solo deslumbrar al espectador con el rostro, con los ojos –que no lo miraban a él fijamente, sino al mundo recreado en el film, y como de soslayo al cinéfilo–, también con la profusión de su cabello y, más tarde, con todo el cuerpo. Mi discurso puede parecer acá –y de alguna manera lo es– falocéntrico, lo cierto es que el cine desde sus inicios fue no sólo un discurso patriarcal, sino y sobre todo, falocéntrico, porque las divas –no sólo norteamericanas, sino también francesas y alemanas– impregnaban la pantalla de deseo, de erotismo: y era un erotismo creado por productores, guionistas y directores. Pienso que en ese orden. Y todas aquellas “estrellas” alumbraban desde el firmamento del celuloide con distintas luces, no sólo deslumbrantes o inocentes, sino oscuras, perversas, siniestras, catastróficas, incluso. Porque como estado hipnótico, como sueño, como caverna post-platónica el cine, y en particular la mujer en él, está construido en base a arquetipos, y esto no es positivo ni negativo: es, simplemente, una cuestión de psique, de cultura, de discursividad, de inconsciente, de época, de moral, y, sobre todo, de mirada en las dos acepciones más inmediatas de la palabra: de allí la chica inocente del western clásico –Grace Kelly en A la hora Señalada-, la femme fatale, y el delirante objeto de deseo de un gorila gigante abatido en el Empire State, porque, como decía el protagonista de King-Kong de Merian Cooper (1933), “A la bestia no la mataron los aviones, sino la bella” (la actriz Fay Wray). Y también otras heroínas que retuercen más el asunto, las mujeres de Hitchcock, como en Vértigo y Psicosis, una imaginaria Kim Novak y la fugaz aparición de Janet Leigh. O la mujer que marca su presencia por la ausencia, como en Rebecca, con Joan Fontaine, que va padeciendo especularmente la densa presencia de su antecesora muerta; mujeres o arquetipos parecen surgir de lo más profundo del inconsciente más atormentado y brumoso. O las chicas rudas que comienzan a tomarse revancha de los patriarcas, pero también desde una mirada masculina trash, como las heroínas de Russ Meyer y su estética soft-core o de sexploitation, que te guste o no están ahí, o sus herederas más posmo, como las chicas de la road movie Thelma y Louise o de Baise-moi, dirigida por la dupla Virginie Despentes / Coralie Trinh Thi, censurada en pleno siglo XXI por el exceso de escenas de violencia y sexo. Ahora la violencia, la sexualidad y la venganza vienen ya de la mirada de unas directoras. También hay violencia y mucha “testosterona” en los filmes de Kathryn Bigelow y también terror vampírico como en Near Dark. Sigo con las actrices: porque también el cine es cosa de enamorarse: Manuel Puig, más allá de su orientación sexual, era un enamorado de las actrices de la edad de oro hollywoodense. Ingmar Bergman, Woody Allen, Rainer Maria Fassbinder y Pedro Almodóvar crearon entrañables mujeres en el celuloide, ya sea con sus actrices fetiche u otras que de alguna manera surgieron de sus respectivas y desquiciadas imaginaciones. Persona de Bergman es la película más fémina que se ha filmado, diría yo. ¿Quién creó a Brigitte Bardot? ¿Dios o Roger Vadim? Ahora bien, el cine no es sólo cuestión de estrellas, productores, guionistas, directores sino sobre todo de los hipnóticos espectadores. Más allá de la orientación sexual, como dije, creo, cada uno se ha enamorado de alguna actriz de cine: yo comencé amando, por razones masturbatorias, a Sofía Loren y a una de las primeras chicas Bond, Ursula Andress; pero ahora amo a aquellas actrices que finalmente encarnan a mujeres entrañables por su extrañeza y perturbadora belleza, como la que da el amour fou y las disfóricas y bizarras construcciones de ciertos personajes: así Beatrice Dalle la protagonista de Betty Blue o 37,2° Al amanecer; o la máscara que recubre el rostro de Alida Valli, en Le Yeux Sans Visage, tal vez la más hermosa película de terror que he visto o la más hermosa película que he visto y a la cual Almodóvar sin duda le rinde tributo en La piel que habito. O Lily Tylor sobre todo en su inquietante y perturbada performance de I Shot Andy Warhol, y su mujer vampiro y yonki en la película de Abel Ferrara Adicción, donde se da el lujo, y uno cómo lo goza, de chuparle la sangre a todo un departamento de Filosofía y Letras de una universidad gringa. Y la inquietante pareja de Mulholland Drive de David Lynch, con Naomi Wats y Laura Harrig, que sí tiene la estructura de un sueño –o de una pesadilla– o es en sí misma ya una pesadilla. Creo que Nynphomaniac de Lars von Trier es una peli profundamente femenina, donde Charlotte Gainsbourg enseña el erotismo y la sexualidad femenina a través de su cuerpo, sus gestos y su propio relato que van apoyando las bellas y también a veces violentas imágenes del director. “Asunto de ojos: todo es cuestión de mirar y ser mirado”, escribe Octavio Paz. Y tiene razón, porque finalmente el espectador es quién crea su propia peli y su propia mirada erótica y fetichizada en la pantalla. Y ahora no hablo de las actrices de los filmes que acabo de recordar sino de sus mundos, esos mundos rezumantes de rizomas y de deseos, esos mundos deseantes y, las más de las veces, oníricos y abyectos, pero de una abyección sublime y apasionante, y femeninos más allá de donde se enfoque el ojo que mira y nos mira. Cintas muchas veces hechas a pulso, de bajo presupuesto, clasificadas como serie B, que por su extrañeza y apasionamiento, por su potencia transgresora y potencial erótico, terminan siendo pelis de culto. Y el amor que surge de estas féminas yace en eso: en la construcción de una imagen de la mujer que oscila entre el arquetipo y su deconstrucción, sea el director Fellini o Margarethe von Trotta, Passolini o Claire Denis. Thomas Harris

  • La piel es un velo

    AMALGAMA No recuerdo si éramos niños o adultos el sol reverberaba en nuestros párpados. Los fonemas clandestinos nacían recién en nuestras bocas y empezábamos a tomarles el gusto. Cantábamos o inventábamos dialectos las pieles en fricción se fundían en un patio de recreo o una mezquita. PLAYA EN MARSELLA Con aire embarazoso, los relegados de la ciudad se apiñan aquí al atardecer; las mujeres con hiyab se aglomeran: quitasoles ante el fulgor de un sol voyerista; tangas tenues y shorts andróginos son contrapuntos a esas telas piadosas. Abro una trinchera en esta arena sobrepoblada. Siendo yo misma una mezcla adúltera de todo busco a mis semejantes en este revoltijo medio cristiano judío laico musulmán medio aceitoso acético vegano futbolero miscelánea Coco Chanel con dardos de raï eléctrico. La silueta de una jubilada secuestra mi vista: ella parece uno de estos lidos aprovechados por la burguesía industrial de Marsella, una de esas construcciones lujosas y con climatización, que enmarcan la costa. Mi mirada hace un travelling por la playa. Bajo los rayos de este sol nocturno: las espaldas cobrizas ceden terreno a las parrilladas furtivas (las prohíben, pero la gente las hace de todas maneras) costillas de cordero, chorizos exudados, el vapor de África conquista palmo a palmo esta orilla civilizada: pedante ribera cuya tentativa es blanquear las manchas migrantes de esta urbe. Náusea tiene, ante la carne quemada sobre la arena. Entre el vaho del enjambre, una niñita, rama del río senegalés, le dice a su amiga: “Vas a ver que aquí a veces el sol se apaga” —es cierto aquí las nubes aparecen y desaparecen y del otro lado del charco el sol calcina sin interrupción un páramo con paréntesis ausentes. Extiendo mi toalla sobre la arena y en el mismo instante, con un gesto idéntico, sé que mi prima despliega su sajada en la ribera opuesta, para su cuarta oración del día; mientras ella reza, mi cuerpo se hunde en la somnolencia. ¿De dónde viene la idea de que las playas vacías son para lamer la pureza clínica de la nada, de Dios y su más allá? Me arrancan del sueño: carcajadas crepitantes, ventoleras —en cada mano una costilla consagrada, abluciones de grasa en las mejillas, una fiesta sacrosanta. Los cuerpos hirviendo tienen regusto a ganado sacrificial: hormiguero híbrido y caótico, euforia en este edén de subsuelo donde se saborea un vergel alterado. SOBRE LA DIRECCIÓN DEL REZO Según el Corán —2:115— si es que todos los puntos cardinales pertenecen a Dios y adondequiera que dirijamos nuestra cara allí se encuentra su rostro ¿entonces, por qué todos oramos en dirección de la Meca? tal vez porque la imagen de estas miles de frentes que saludan hacia el mismo lugar fulgura y borra de golpe todo ego: nuestras frentes se alzan juntas desde el suelo y son como los diminutos puntos de un sol naciente. EL ELEGIDO De Jadiya[1] Viuda en dos ocasiones, los varones se peleaban el tercer lugar a mi lado, en mi lecho de arena. “¡Miren a esta mujer! Su lozanía decae, pero más de un hombre anhela plegar la holgura de su carne bajo los apetitos férreos, zarpazos de sus palmas” así se profería por los muros paganos de la Meca para aludir a Jadiya la Grande. Querían arrancarme de la rama, cosecharme, sacarme de mi vaina con maniobras, enroscarse alrededor de mis fisuras para endulzar el sabor a vértigo que salía del sable de mi boca. En rebosante expansión mercantil, era experta en hacer fructificar los beneficios que me habían sido legados por linaje y casamientos. Ya que podía transformar la arena en las más codiciadas sederías, los hombres me temían como niños que temen el silencio de las casas desmesuradas. Yo era fuente de escándalo entre desconcierto y maravilla, torreón erguido que no tolera admonición; prefiere, en cambio, los cantos que permiten engendrarse afinada, por sí sola, estos cantares que perduran alto en el insomnio de la bóveda celeste. Yo te escogí Mahoma, para ser el tercero a mi lado: poseías la voz humilde, tímida, volátil de una virgen. Lynda Mebtouche es investigadora, actriz y directora teatral, franco argelina. [1]Jadiya fue la primera esposa del profeta Mahoma y la primera mujer de negocios en la historia del islam. Se casó dos veces antes de casarse con Mahoma, quien era quince años menor que ella. Mahoma entró a su servicio y viajó con sus caravanas antes de llegar a ser su marido. No tuvo otras mujeres mientras Jadiya estaba viva.

  • Lugares para enfrentar la muerte: entrevista a Guy Régis Junior

    El escritor haitiano (dramaturgo, novelista y poeta), que dirige “teatro en la calle” y tradujo a Proust al creolés, visitó Chile durante enero. Aquí conversa sobre su país, sus compatriotas que migraron a este lado del mundo, el racismo; sobre arte, política e historia. “Creo que los países más mestizos son donde hay más tensiones raciales”, dice. “Pero, al mismo tiempo, tengo un enorme respeto por América Latina, porque es el único lugar del mundo que todavía nos sorprende”. Créditos: Henry Roy Guy Regis Junior (Puerto Príncipe, 1974) es autor de más de veinte de obras publicadas y varias de ellas premiadas en Francia y el Caribe, además de traductor de Marcel Proust y Albert Camus al creolés. Esas obras son novelas, poesía y obras de teatro que él mismo dirige, así como videos e intervenciones en el “espacio público”, una noción que en Haití no tiene el mismo sentido que en Chile –donde estuvo por segunda vez en enero, recorriendo con talleres y performances las comunas de Cerrillos y Recoleta–, ni en Francia, donde vive desde 2007. Muchas veces Guy Régis ha tenido que explicar que lo que él hace no es “teatro callejero” –una expresión que descubrió en Europa–, sino “teatro en la calle”, porque en su país, debido a una seguidilla de crisis políticas y al recrudecimiento de la violencia endémica que trata de explicar en esta entrevista, ya no quedan salas de teatro. Es uno de los motivos que lo ha llevado a levantar, con su compañía Nou (Nosotros), el Festival Quatre Chemins (Cuatro Caminos) en Puerto Príncipe desde 2003, que, entre otras dificultades, tuvo que enfrentar el secuestro de dos invitados en su penúltima versión. Ahora realizan sus actividades hasta las cuatro de la tarde, horario en que la población haitiana comienza a encerrarse en sus casas por motivos de seguridad. El asesinato del presidente Juvenel Moïse, hace un año y medio, y de más de 50 policías solo en el mes de enero de 2023, a manos de los gangs que dominan las ciudades, son algunos hechos que describen la situación que atraviesa el pueblo haitiano. “Antes de preguntarse cómo hacer arte, la pregunta es cómo hacer para sobrevivir. Sobre esa pregunta son mis obras”, dijo Guy Régis en el Festival Noche de Ideas en Santiago. Y sin embargo, también piensa que su país tiene un pasado fértil en el cual los haitianos, con las “armas” del arte y de la historia, pueden hundir las raíces para “encontrar una manera de hacer una nación en el futuro”. ¿Miradas racistas? En Cerrillos estuviste en la toma Nuevo Amanecer, donde viven muchos haitianos. ¿Cómo viste a tus compatriotas? Encontré que en Chile estaban más serenos porque tienen trabajo. Pienso que Chile, como muchos países, absorbe muy difícilmente esta nueva migración. Pero me parece que los haitianos se integraron a una sociedad muy capitalista que no es completamente formal, como Francia, así que trabajan o venden en la calle, se las arreglan. Me dio mucho gusto verlos bien en un lugar. Están logrando instalarse en esta sociedad de montañeses, porque para mí ustedes son más un pueblo de montañas que del mar, y saben jugar con ese lado medio callado de los chilenos, les viene mejor que los dominicanos o los caribeños, que son más expansivos y tienen con ellos relaciones más tormentosas. No viste racismo, entonces. En Chile la relación es más suave, pero eso no quiere decir que no haya racismo. Los chilenos tienen una forma de lavarse las manos diciendo que es normal que haya racismo porque es la primera vez que ven tantos negros. Eso me exaspera un poco. ¿No ven televisión? ¿No conocen a Louis Armstrong o a Obama? Tengo algunos problemas con América Latina en relación con eso. Hay unas miradas, a veces... Creo que los países más mestizos son donde hay más tensiones raciales. Pero, al mismo tiempo, tengo un enorme respeto por América Latina, porque es el único lugar del mundo que todavía nos sorprende. Quién hubiera pensado que Chile iba a darnos un presidente joven, que viene de un movimiento de izquierda, o que Lula volvería al poder. Chile es uno de los países que más me interesan políticamente. Dices que te preocupa cómo se absorbe la inmigración en Chile. La dificultad más atroz en Chile es que cada vez que hablas con un padre o una madre te dicen que dejaron a un hijo en alguna parte, en Haití o en Santo Domingo. Las leyes chilenas se han vuelto muy drásticas. Se hablaba de Trump, que dejaba a los padres sin los niños, pero en Chile eso también pasa. Otro problema es el nacionalismo y el proteccionismo, que hacen rechazar a los demás pueblos. Me contaban que en Chile al menor temblor sacan sus banderas (ríe). Los haitianos también ponen banderas por todo, como los franceses, que cantan La Marsellesa cuando juega su equipo de fútbol. Son señales. Cuando me hablan del sentimiento de nacionalismo que viene cuando la tierra se mueve, me preocupa que hoy los políticos usen ese sentimiento para darle entender a la gente que son los inmigrantes los que le impiden encontrar trabajo. Recién te decía que los haitianos se las arreglan bien con los chilenos, pero les tienen aversión a los venezolanos, porque llegan a montones y además se les parecen. Eso hay que observarlo y ver cómo puede empeorar las cosas o por el contrario ayudar a la integración de los extranjeros. Por eso encuentro extraordinario este festival que me invitó, para mostrar que hay extranjeros y que se puede trabajar con ellos. Haití fue poblado por migrantes forzados. Los indígenas que vivían ahí, los tainos, desaparecieron rápidamente después de vivir cosas terribles y los que llegaron fueron obligados a irse de África, y ahora se ven forzados a partir. Hay una canción muy hermosa que cantamos en las intervenciones en Chile. “Por mar llegamos, por mar nos vamos, buscamos islas a la medida de nuestros pies”. Islas quiere decir tierras. Es una fatalidad que todavía tengamos que buscarlas. Luchamos para tener esas tierras en contra de quienes nos llevaron a ellas y expulsamos al ejército napoleónico. Pero eso no impide que todavía estemos buscándolas. Cuando veo a esa mitad de la población que vive afuera veo una potencia haitiana con la que se puede contar, podemos contar con esas personas en el mundo entero. Has dicho que siempre que vuelves a la isla te preguntan cuándo vuelves a partir. El viaje es sin retorno. Creo que no hay que dejar fuera a las personas que partieron y construyeron cosas en otros lugares. Muchos que se fueron se volvieron importantes en la literatura, por ejemplo. Tenemos la idea de un país que nos une porque tenemos una historia, como el pueblo judío, que fue expulsado durante tanto tiempo y que no por eso ha sido borrado. Esta especie de perpetuo recomienzo del nomadismo tiene que ver con qué es lo que podemos hacer y crear con eso. Si estamos unidos por una historia, como los judíos, tal vez encontremos una manera de hacer una nación en el futuro. Sueños de independencia A comienzos del siglo XIX, Haití era un pueblo vanguardista políticamente, con la gesta de abolir la esclavitud y expulsar a los europeos de la isla. ¿Cómo llegamos al Haití de hoy, devastado por la violencia endémica? En estos dos siglos Haití ha tenido altos y bajos. En el siglo XIX era un país difícil, con golpes de estado espectaculares y batallas que dividieron al país en cinco partes. Hubo un primer periodo muy rápido y violento, con la independencia, entre 1791 y 1804. Pero luego tienes un periodo floreciente, con construcciones monumentales, como un palacio gigantesco y unos fuertes increíbles construidos con los ingleses. Alexandre Pétion, que sucedió a Desalines en el poder, hizo venir a Simón Bolívar durante seis meses para que recibiera lecciones militares. Le dijo a Bolívar: “No estás a la cabeza de tu ejército, quédate en la ciudad de Cailles y vuelve a verme cuando recuperes el liderazgo de tu gente, ahí yo te daré lo que quieras para que vayas a la guerra”. Seis meses después le dio hombres, armas, dinero y barcos para que se fuera a conquistar países en América latina. Después de Pétion tenemos a un país unido durante 25 años, con Jean-Pierre Boyer, que incluso logra anexar a República Dominicana. ¿Pero fue una independencia completa? Una cosa es expulsar a los franceses y otra echar a andar una economía sin esclavos. Digamos que, luego de la independencia, Haití era un país postesclavista con una economía agraria exportadora bastante complicada, de monocultivos –caña de azúcar y café–, que tenía a la población casi esclavizada. Es lo que se llamó el “caporalismo agrario”. Hasta que Pétion les regaló a los campesinos las tierras que con la independencia habían quedado en manos de los generales, por eso lo llaman “bon [buen] papá”. Ese hecho divide el país entre los antiguos libres y los nuevos libres, los primeros eran los soldados y son amos de los segundos, los campesinos. Los antiguos libres son los que se toman el país y los nuevos eran y siguen siendo los pobres de Haití. Cuando uno revisa la historia del país llama la atención que casi todos se autoproclaman presidentes vitalicios. Es el reino de los militares. La inteligencia militar haitiana siempre estuvo en el gobierno, ministros por acá que destituyen a ministros por allá. Hubo muy pocos civiles hasta fines del siglo XIX, hasta que los intelectuales se van acercando al poder y ponen en discusión cómo tener un poder más igualitario. Hay grupos de derecha que dicen que hay que darle el poder a los más capaces, y otros más de izquierda que piden mayor bienestar para las mayorías. Hasta que entramos al siglo XX, con los norteamericanos que desembarcan en 1915 y se va todo al carajo. Instalan su ejército y crean un nuevo ejército haitiano que pueden controlar con la droga y la corrupción, y los protestantes. Y luego llega un gran desgraciado, François Duvalier, en 1956, que entiende muy bien la mentalidad haitiana. ¿Qué fue lo que entendió? Con él vuelve el tema del color, y se pone a favor de los negros en contra de la elite mulata. Estados Unidos había trabajado más con los mulatos, hasta que se van físicamente de Haití en 1934. Basta ver a los presidentes que instalaron. La cuestión del color va a levantar héroes de la calaña de Duvalier, un tipo nervioso y frustrado, producto de la desigualdad de la sociedad haitiana, que crea una dictadura atroz. Lo que quieren los norteamericanos, hasta hoy, es mantener al pueblo en silencio, que hablen bien o mal de ellos no les importa, “estos negros hablan demasiado, meten ruido y nos rompen las pelotas”. ¿Es una manera de decir? Es lo que salió en WikiLeaks, con las escuchas telefónicas: antes de morir, en 1971, Duvalier quería ser remplazado por Hervé Boyer, un tipo más o menos inteligente pero igual de dictador que él, y los estadounidenses le dijeron que no, les daba miedo el nombre de Boyer, por lo que representa en la historia de Haití. “¿Un país de negros con ideas liberadoras? Si hay democracia vamos a tener de vuelta a estos simios que no saben callarse, así que ponga a su hijo.” Es como Venezuela y otros lugares, “¿qué se creen estos países que quieren ser de izquierda, estos tipos que citan libros?”. Es la hegemonía de los países grandes. Les molesta que seamos inteligentes. He trabajado mucho con los Institutos franceses y pasa lo mismo pero a menor escala, cuando les dices que no o que también podemos crear arte y pensamiento e instituciones: apenas te pones a la misma altura para poder discutir, no lo soportan. Como que no la ven venir, que no te mantengas a la altura que te corresponde. Pasa lo mismo con la economía, cuando les dices “oye, no te quiero vender el café a ese precio”. ¿Cuál es la situación democrática actual en Haití? Todavía estamos en este período post Duvalier, llamado democrático. Hoy no se puede tener un poder dictatorial, nadie lo aceptaría. Entonces los políticos, ¿qué hacen? Fracturan los barrios para controlarlos y obtener votos. Esto comenzó con Bertrand Aristide y su discurso de distribución de armas que les lavó el cerebro a los jóvenes. Fue la apuesta demagógica lo que nos llevó a esta guerra de territorios. Y entonces secuestran a la clase media para obtener dinero, porque los ricos tienen gente armada que los protege. Y como estamos al lado de Estados Unidos, tenemos una carrera armamentista para armar a estos grupos, en vez de traer intelectuales que puedan ayudar a este país. Y así tenemos gente que pasa hambre con unas metralletas insólitas de largo alcance que cuestan 15 mil dólares. Entonces el proyecto moderno y democrático de la República de Haití está fracasando por una mezcla de demagogia y militares, ¿o hay algo más? Los ricos. Están asustados, el gobierno no les da la mínima estabilidad para desplegar sus capitales, sino que financia a los barrios que impiden que pasen sus camiones con mercancías. Y como no son niños de pecho, también van a financiar a gangs, y entonces caemos en un hoyo en el que solo los haitianos pudimos caer. Es así de simple. Hay uno que dijo incluso que los jefes de los gangs eran lideres sociales. ¡Así ven el asunto estos perversos! Pero el proyecto democrático, el sueño, la búsqueda democrática sigue ahí: hay que lograr desarmar a la gente. Por eso el gobierno ha dado un paso adelante para para pedir el regreso de la ONU. Hay gente consciente de lo que está viviendo y lo que esperan tener como país, por eso sigue habiendo intelectuales y gente que escribe, esto no está terminado. Hay gente que dice que la ONU con los cascos azules y la Minustah empeoraron las cosas después de la ayuda que dieron para el terremoto. Ahora surgió repentinamente un sentimiento nacionalista falso que dice que no quiere esas armas de la ONU. ¡Cómo pueden oponerse a eso! Hay personas a las que les conviene que las cosas se mantengan así para seguir ganando dinero en negro y que la gente se encierre en sus casas por la noche con miedo. No olvidemos que Haití es uno de los países fundadores de la ONU, así que podemos solicitar esa ayuda. No hubo en Haití, como en otros países de América Latina hasta los años 60, movimientos sociales, sobre todo obreros, que desembocan en proyectos políticos como el de Allende en Chile, Perón en Argentina, Gaitán en Colombia. Algo de eso tuvimos. Pequeños comités apoyados por la Iglesia y otros grupos sociales contra la dictadura de Duvalier. Pero Aristide logró poner ese movimiento alrededor de él, cuando volvió al poder, como si encarnara esa lucha de treinta años contra la dictadura. Sin ser un dictador, iba hacia la dictadura, al decirles a los jóvenes de los barrios populares “aquí tienes un arma para matar a los ricos”. No creo que esa sea la manera de abordar el problema. Esos movimientos, que fueron muy lúcidos y parecidos a los de América Latina, fueron dinamitados por los demagogos. Y después del terremoto lo que quedó fueron los proyectos caritativos o humanitarios de las ONG, que no tienen duración. Nos perdimos algo ahí. Hubo movimientos campesinos con los que trabajé que se pudrieron después del terremoto, cuando los blancos les llevaron dinero, y ahora si quieres trabajar con ellos, para comenzar te piden plata. Justamente, otro tema que aparece en tus trabajos es el terremoto. Ningún país está preparado para un terremoto, menos Haití. Pero los haitianos, como son creyentes, pensaron que el terremoto era una señal de regeneración nacional. Yo no lo creí. Si fuera un país mejor organizado no habría habido 300 mil muertos. Y luego no creo mucho en la palabra resiliencia. La violencia de esa cantidad de muertos todavía se siente. La gente que vio eso no puede validarlo de la noche a la mañana y dejarlo de lado. Por supuesto seguimos viviendo, hay una capacidad de resiliencia para poder seguir. Pero hay algo que te atrapa, una lamparita que vuelve a encenderse de vez en cuando: es el recuerdo del acontecimiento y de su dureza. Pienso que es por ese acostumbramiento a la muerte que hay tipos que matan jóvenes. Toda la gente que nació en el año 2000, o un poco antes, ha visto solo eso. Los jefes de los gangs que tienen veinte años y matan niños son personas que vieron al país en la más completa decadencia. Mi última novela (L’homme qui n’arrête pas d’arrêter, El hombre que no para de parar, editorial JC Lattès, 2023), habla de eso, es un personaje que sale de los escombros y se vuelve alcohólico, y un día encuentra un muerto en la calle, queda muy perturbado y busca saber quién es el que mata en la ciudad. No está en una cosa mística de aceptar las cosas como son. Ese acostumbramiento a la muerte es algo que nos lanza al fondo del fondo. Hay una generación rota. Y como deslumbrada. Los jefes de los gangs hacen videos con las personas que matan. Yo había visto gente que atacaba por dinero o cosas así, pero ahora están insensibilizados en exceso, frente a la violencia, a los asesinatos, y escuchas cada cosa peor que la otra. Creo que no estamos conscientes de eso. Los de mi edad hablamos de los haitianos igual que hace veinte o treinta años. Los jóvenes de hoy no tienen la misma conversación. Hay cada vez menos escuelas y la sintaxis es otra, hablan de otra manera. Yo crecí en una sociedad donde la familia era extendida y podías dejar a tu hijo donde la vecina. Ahora a tu hijo lo pueden secuestrar por dinero. Es una sociedad que no conozco. Creo que hay que estar más a la escucha y tratar de entender el problema, y percibir también qué es lo que todavía funciona y puede ser afable en todo ese delirio, porque lo hay. Sigue estando la energía de antes, lo ves en la mirada de las personas, en su espera, sus discursos políticos son muy fuertes para mí. ¿Qué dicen sus discursos? Son muy conscientes de que hay una violencia endémica, y eso es importante porque ya no la viven como una fatalidad. Saben por qué están así, que los gangs frenan el comercio de otros gangs porque alguien les dio plata para eso. Yo nunca me imaginé que algo así fuera posible, que se arreglen estas cosas con confrontaciones tan directas. Hay un gang que tiene tomado uno de los barrios más ricos en Pitionville. Se instaló directamente allí arriba. Antes había una verdadera distancia entre los que tienen el poder y el resto de la población, ahora deben pasar sus vacaciones en Miami para estar tranquilos. Y cuando escuchas a los jefes de gangs te das cuenta de que nadie les entregó un papelito con lo que tienen que decir. Resiliencia o resistencia Con Carla Zúñiga, en el conversatorio que tuvieron en la Noche de las Ideas sobre arte y política, hablaron de rol catártico de las obras de arte escénico, como puede verse en tu obra Epi/Epicentre. ¿Puedes contarme cómo nace eso? Sí, es purgar, porque con el terremoto se cayó todo, hasta las iglesias. Cuando volví a Haití tenía algo de plata para la gente que estaba en necesidad e hice esa obra con ellos, con los artistas. Lo hicimos en el mismo estilo que usamos en Chile: cuerpos, voces, ritmos que extraemos del Rara, las ceremonias de los indígenas y sus deambulaciones. El arte, la escritura, el teatro, nos permiten volver sobre las cosas y eso trae una catarsis obligatoria. ¿Se resuelve el problema con la catarsis? Más bien se despeja, nos da una mejor iluminación de las cosas, pero la meta final no es borrar, es saber que uno crece con eso, con haber vivido ese gran sufrimiento. No es meterlo adentro y dejarlo durmiendo. Estamos en un mundo que piensa que puede sanar los problemas. No creo que los problemas psicológicos sean curables. Por eso hay arte y las reflexiones, para intentar poner al menos una palabra sobre el problema, eso ya te permite tener un punto desde el cual tomar distancia. Si aceptas la situación así no más, si te dedicas a ir al supermercado a comprar cerveza y aceptas el miedo, te encierras y te vuelves alcohólico. ¿Por qué no hacer un festival para hablar de arte y estética, que justamente elevan el espíritu sobre ciertas cosas? ¿Por qué no hablar de abstracción? Normalmente la gente ve estas cosas abstractas o “elevadas” como algo separado de la vida de todos los días y mucho más de los barrios pobres. Es claro. Lo que llamo resiliencia son los haitianos que juegan dominó delante de sus carpas y a todo el mundo le parece bien porque siguen viviendo, o la cantidad de bares que aparecieron después del terremoto. Lo que llamo resistencia es un festival. Esos espacios hay que crearlos. Está de moda hablar de espacios de resistencia como algo simpático. No es así. ¿Y qué son? Son lugares para enfrentar a la muerte. Son espacios de resistencia del arte que nos permiten reflexionar sobre lo que vivimos y lo que no podemos seguir viviendo. Cuando me invitan a la radio o la tele y me dicen por qué hacer un festival sobre el mar, les planteo la pregunta: Haití tiene unas costas largas y maravillosas, podríamos perfectamente vivir de nuestros peces, ¿por qué no se plantea el problema de la alimentación para salir de esta situación? Son verdaderas preguntas, no cosas en el aire. Si no creyera que el teatro puede cambiar el mundo, dejaría de hacerlo. Es una utopía indispensable para seguir haciendo arte. No porque vivamos en un mundo capitalista y que el ejemplo sea Bernard Arnault (gran empresario francés del lujo, tercer hombre más rico del mundo) yo debo tenerlo como referencia. Mi referente es Artaud, es la locura, la abstracción que eleva el espíritu por encima de la metafísica para poder llegar más lejos que un tipo que vende una cartera Louis Vuitton en miles de euros. Esas cosas materiales nos la ganaron fácil, pero cuánto puedo ser libre incluso en una cárcel o en el peor de los suburbios si consigo tomar distancia. El proyecto Vil poetik pa nan vyolans (Ciudad poética no en violencia), donde ustedes escribieron “el poema muerto” en las paredes de Puerto Príncipe, parece ir hacia eso: no aceptar ni naturalizar lo inaceptable, ¿no? Volvemos a la cuestión estética. Matar el alma, matar al hombre es matar el poema, si tomamos la palabra poema en su sentido directo que es “crear”. Escribimos esa frase en todas partes, hasta en los barrios más duros. Había gente que nos decía, con las armas en la mano, “¿pero qué es esto?” o “vengan y pónganlo en mi barrio”. Por muy abstracta que parezca esa frase, la gente estaba conmovida. También pusimos grandes dibujos. Uno que retrataba una violación colectiva causó mucho revuelo, algunos lo odiaron y el primer ministro pidió por teléfono que lo sacáramos, porque lo veía todos los días cuando iba al trabajo. Pero los policías querían que lo dejáramos. Ellos, que están en la calle, veían que la gente se acercaba y que las vendedoras daban vuelta la cabeza para mirar, nos decían: “así la gente entiende mejor de qué hablamos”. Si hubiera puesto un abrigo de pieles de 50 mil dólares no sería chocante; pongo una pintura y es chocante. Finalmente lo sacamos y lo pusimos en otro lugar para conversar de eso. También trabajamos una serie sobre la presencia de la mujer en el espacio urbano. En Haití las mujeres no pueden ir adonde quieran, ni a los baños públicos porque son el lugar donde las violan. Uno puede presenciar cómo le dan una paliza a un niño, o cómo un hombre le pega a su esposa en la calle. Esas cuestiones son las que quise tocar con nuestras armas. Cuando hablas de historia, veo un Haití mucho más occidental que las ideas típicas como el vudú. ¿Es así? El vudú viene del siglo XIX. Si hablamos de vudú, tú y yo, es gracias a intelectuales que tenían un itinerario completamente occidental. Fue gente que logró inscribirlo, escribirlo, dejarlo pret-à-porter para la cultura occidental. Los que hacen hablar del vudú como un fenómeno importante son Jacques Roumain, un haitiano respetado en toda América, con Lanston Hugues, que viene aquí a conocerlo y crea el Bureau National d’Ethnologie, y sobre todo un protestante, Price Mars. Esa defensa de los intelectuales es un aparato completamente occidental. Si Haití participa en la creación de la Sociedad de las Naciones o la ONU, es porque son extremadamente occidentales, tienen una cultura occidental para defender la independencia griega del imperio otomano. ¿Con qué? Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la libertad. ¿Te consideras escritor un occidental? Tengo muchas referencias occidentales, me gustan mucho Artaud, Meyerhold, Tadeus Kantor. Leí mucho teatro antes de hacer mis espectáculos, y no sé casi nada de teatro oriental, aunque me interesa. Aprendí con la lengua francesa, soy cercano a Europa. Por supuesto hay una presencia africana en mí que no ignoro y de la que estoy orgulloso, y sé que gracias a eso hay cosas que veo de otro modo que un guadalupano o un martiniqués. Y sin embargo mi lengua es la lengua francesa. Mi centro del mundo parte del eje de la cultura occidental. Es terrible decirlo, pero es así. Guy Régis Junior fue uno de los invitados a la Noche de las ideas, encuentro organizado por el Instituto Francés el pasado mes de enero. En el marco del Festival Santiago a Mil participó de la mesa “Teatro hoy: ¿sigue siendo un acto político?”, en la que conversó con la dramaturga chilena Carla Zúñiga.

  • Cuando no exploten las bombas

    We shall meet in the place where is no darkness. (Nos encontraremos en el lugar donde no hay oscuridad) 1984, George Orwell Según Elon Musk, en Tesla la inteligencia artificial (IA) no es la guinda de la torta, es la torta. Tiene razón. Aunque repitamos la idea de que el fin justifica los medios, la historia muestra, trágicamente, que los medios son el fin. A fin de cuentas, son nuestros juguetes nuevos los que decretan el mundo por venir y los límites del pensamiento. Alguna vez a un neurocientífico que, afanado, explicaba que pronto podremos saber qué zonas del cerebro se activan con cada emoción, se me ocurrió preguntarle para qué. Con su perplejidad entendí que mi pregunta era ingenua y estúpida. Para qué, no es una pregunta que se le pueda hacer a la ciencia moderna. No me refiero, por supuesto, al para qué utilitarista, para ese siempre existe una respuesta noble –vivir mejor, curar enfermedades, soluciones versátiles para la vida– aunque luego los inventos deriven en otra cosa. Es la pregunta por el sentido: ¿queremos el mundo que trae una tecnología determinada? Para qué, no es una pregunta posible, no porque esté prohibida, sino por la estructura interna de la ciencia técnica. “La ciencia no piensa” fue una premisa polémica de Heidegger que, lejos de ser un insulto, él vio como condición: la pregunta sobre qué es la ciencia no la responde la ciencia, sino que corresponde a la filosofía – aunque por supuesto, la puede enunciar un científico. El asunto es si acaso ese pensar, esa pregunta por el sentido tiene prestigio en nuestros días. En general, la respuesta suele ser algo así: la técnica siempre ha existido en la vida del ser humano, esto avanza imparablemente, es una pulsión atávica. Por otro lado, hay disciplinas humanistas que, dadas las estructuras institucionales de trabajo o las exigencias académicas, pierden también la potencia de la pregunta, así es que tampoco en ellas hay garantía de la pregunta por el lugar del pensamiento. El problema con la técnica no es solo que avance sin parar, sino que su racionalidad colonice los campos de la existencia que requieren de otro tipo de pensar. Y, a la vez, que su racionalidad no permita que podamos tener una responsabilidad a la altura de su producción. En los años cincuenta, en la conferencia titulada “Serenidad”, Heidegger dijo algo perturbador: lo peor no es que exploten las bombas, sino que cuando no estallen y la vida humana esté salvaguardada junto con la era atómica, es que entonces el mundo se transformará de un modo inquietante. No le preocupaba que el mundo se tecnificara por completo, sino que no pudiéramos acceder a un pensar a la altura de poder enfrentar ese mundo y quedar así atrapados en un régimen de impotencia creado por nosotros mismos. El peligro es que ningún Estado, organismo o investigadores, puedan encauzar a la ciencia, porque la episteme de la técnica se convierta en un régimen de sentido. La advertencia es que la dimensión técnica moderna no es una mera herramienta que se puede usar para el bien o el mal; además de que usarla a nuestro antojo es una ilusión. La técnica es algo mucho más grande: es una racionalidad, es decir, una forma de pensar, un modo de hacer y habitar el mundo, uno en que, si todo es tecnificable, por lo tanto, todo es explotable: los medios, como dijo Elon Musk, son la torta. Son las tecnologías las que revolucionan y modelan la estructura social: el medio es el mensaje. Con el mundo moderno nace una nueva concepción de las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, el entendimiento mecanicista comienza a separarnos de las cosas para volver sobre ellas bajo el modelo de la razón. Esta operación –escribe Luis Villoro– por un lado, crea una nueva soledad en el ser humano, porque lo aleja del paganismo y la religiosidad que implicaban una imbricación con algo más allá de la propia carne. Y, por otra, alimenta la voluntad de dominio y posesión sobre las cosas del mundo, incluidos el cuerpo propio y el de los otros. El ser humano gana potencia en su individuación, sin embargo, puede tratarse también a sí mismo como una naturaleza a explotar. Luego se empiezan a escuchar, como escribe Arendt en La condición humana, ideas tan extrañas como aquel titular que llamó su atención a propósito del lanzamiento de un satélite: “Por fin saldremos de la prisión de la Tierra”. De cierto modo, ese titular que escandalizó a Arendt no es una metáfora. Santiago Alba Rico llama “fuga del cuerpo” al afán humano por dejar sus límites corporales. Danzar, el sexo, los ritos, el lenguaje, son formas diversas de salir de sus contornos. La técnica también es una vía, su particularidad es que sus medios son extra corporales. Si el ser humano ha buscado liberarse de la lentitud de un cuerpo que se enferma, se retrasa, se equivoca y no tiene alas, la técnica ha sido una vía muy poderosa para cumplir este anhelo. Según Levi-Strauss, para que las sociedades no se repitan a sí mismas, han dependido en algún grado de un “tirón individual”, desde Prometeo a Elon Musk. Ese “tirón” primero fue masculino; seguramente por razones de movilidad y por su individualidad, luego se habría institucionalizado en el patriarcado. Pero, como escribe Alba Rico, esa individualidad se universalizó y, si la historia ha sido una lucha entre quienes quieren volar y quienes quieren seguir en tierra, el equilibrio de fuerzas se ha inclinado en una dirección: hacia adelante y hacia arriba. Y ese movimiento supera la capacidad de comprensión y de control de las sociedades y la política. Esta fuga inyecta velocidad, es posible recorrer distancias en menos tiempo, pero a la vez, la aceleración es capaz de empujar a los cuerpos fuera del tiempo: los angustiados, los enfermos, los viejos, todos ellos, por el contrario, se vuelven muy corporales. El cuerpo comienza a ser un resto. “No veo nada tan especial sobre esto que llamamos ‘alma’ en nuestra conciencia, que no pueda ser reproducida dentro de una construcción lo suficientemente compleja. No creo que tenga que estar hecha de carbono y tener un ADN. Creo que llegará un momento en que mi iPhone empiece a tener conciencia propia”, dijo en una entrevista el matemático y divulgador científico francés Marcus Du Sautoy. Si bien hay diversas posiciones respecto de la discusión sobre qué es lo humano a partir de la ciencia y la filosofía, hay una posición que se va tornando hegemónica, al menos en la divulgación científica, a la que debemos prestar atención. Para este científico es absolutamente irrelevante de qué está hecha el “alma”, puesto que para él alma o conciencia son expresiones de un proceso material: que sea hecho de células o cables es indiferente. Y tiene toda la razón, por supuesto es coherente bajo su lógica, la que por cierto, como toda lógica, está atravesada de ideología. Lo ideológico en este relato de la IA es una toma de posición respecto de qué es el ser humano: aquello fuera del soporte material verificable, es mera religión y superstición. En este punto hay algo que es fundamental discutir con este tipo de argumentación. “Ilustración” no es lo mismo que ciencia o técnica, o al menos no se agota en sus prácticas. Ilustración es la actitud crítica que se propone cuestionar las creencias, sean religiosas o científicas. En este sentido, la ciencia, como cualquier otro tipo de disciplina o conocimiento, es interrogable. La filósofa Marina Garcés piensa que para afrontar la situación de época en que nos encontramos, más que nunca es necesario afirmar la Ilustración, rechazar las resistencias antimodernas que han surgido, como, por ejemplo, los fundamentalismos religiosos y anticientíficos. Pero distingue una defensa a la Ilustración como actitud, y no como el proyecto que resultó de ella: una idea de humanismo como empresa de dominio sobre las cosas, de la que deriva que todo – el planeta, las neuronas, el cuerpo, el otro– se vuelva potencialmente materia explotable. El problema no es la ciencia, sino el tecnocientificismo como ideología. Del mismo modo, el filósofo e ingeniero informático Yuk Hui sostiene que es la racionalidad científico-técnica occidental que colonizó gran parte del mundo, la que impide pensar de otros modos a la tecnología; de formas que no sean la del conocimiento orientado a la producción y dominación. Su crítica es al proyecto del humanismo europeo que subordina a otros seres para sus propios fines e ignora la necesidad de coexistencia. El proyecto ilustrado, dice, hoy solo identifica el progreso con la aceleración y concibe la tecnología con fines de utilidad y rentabilidad. Habría que dejar el supuesto de que este tipo de técnica es universal: existen diversas aproximaciones de acuerdo con las cosmologías de cada cultura. Por ejemplo, el pensamiento chino, antes de su declive por la colonización del pensamiento europeo, buscaba entender las conexiones de las cosas del mundo no para modificarlo, sino para adecuarse a él. La propuesta de Hui es rescatar –sin ningún romanticismo ni esencialismo naturalistas– otros sistemas de conocimiento para que el futuro cuente con una “tecnodiversidad” que se oponga a lo que considera que hoy es un modelo homogéneo. Markus Gabriel invita a pensar lo siguiente: hay que poner atención a las metáforas. Cuando se dice “podemos ver cómo piensa el cerebro”, o “las máquinas toman decisiones”, debemos preguntarnos: el hecho de que se prendan unas luces cuando estamos pensando, ¿es que realmente “podemos ver” cómo pensamos? Que una máquina tome decisiones, (por cierto, igual a lo que demuestra la biología, que cada célula toma decisiones), ¿es posible decir que esa agencia es similar a la humana? Si bien la materialidad del cuerpo es el soporte para pensar, no garantiza que lo hagamos. La ideología cerebrista, o de la IA como su continuación, niega algo fundamental: por más luces que se prendan e indiquen que estamos amando, pensando o soñando, lo cierto es que aún hay más posibilidades de saber algo sobre la condición humana a través de las narraciones y testimonios. Como afirmaba Wittgenstein, aunque la ciencia avance, en lo que respecta a las preguntas esenciales de la existencia, quedamos en el mismo lugar. Markus Gabriel, en Yo no soy mi cerebro, escribe que no es casual que fuera en 1990 cuando George H. W. Bush proclamara oficialmente que entrábamos a la “década del cerebro”. Acababa la guerra fría, y el supuesto fin de la ideología ya no requería pensar lo humano en términos de sujeto político. Es también el inicio de otras formas de control, aparece una forma de vigilancia consentida, que ya sabemos en qué va hoy; no solo hay control a través de cámaras y algoritmos, sino que las personas estamos dispuestas a entregar información bajo el convencimiento de que a cambio tendremos un saber sobre nosotros mismos: calcular las pulsaciones, saber qué químico o alimento requerimos con exactitud. No hay que confundir la crítica con un rechazo a los avances científicos. Se trata de volver a pensar el estatuto político de los descubrimientos y nuestro lugar en ellos. ¿Qué hacer con nuestro cerebro? Es la provocación que hace Catherine Malabou para interrogar la relación política con los avances de las neurociencias. “Vivimos el momento de la liberación neuronal, y no lo sabemos”, la plasticidad cerebral parece ser aún un descubrimiento cuyas consecuencias no se traspasan a la vida de las personas y a la política. Con suerte, se ha traducido como flexibilidad, concepto que enfatiza cuánto podemos adaptarnos y soportar las condiciones dadas. Mientras que la plasticidad explora lo que podemos crear: el cerebro es en parte nuestra obra y no lo sabemos, dice. Su crítica es a una “ideología neuronal”, cuyo efecto especular es la forma de vida política. Lo que habría que hacer es “liberar esta libertad” descubierta de nuestra constitución material. *** Volvamos a la “Serenidad” de Heidegger. La actitud que propone en su conferencia es la de decirle a la técnica sí y no a la vez. Sí como herramienta, no como régimen de realidad. Lejos de tratarse de un anticientificismo delirante, negar significa resistirse a que la racionalidad técnica nos deje silenciados por la verdad puesta en los datos (o en los impulsos cerebrales); no porque no haya en ellos un registro de la verdad, sino porque se le dice no a la verdad vuelta un mecanismo que hace callar. Hablar es otro registro de la verdad, cuyo soporte es el sujeto político. ¿Podemos ejercer el no estos días? Las advertencias traen un poco de histeria, pero no generan resonancias. El propio Elon Musk hace años viene diciendo cosas como que “la IA podría ser más peligrosa que las armas nucleares” o “hay entre un cinco y diez por ciento de posibilidades de éxito” (de que la IA sea segura). En 2020 hizo la presentación del chip cerebral NeuraLink, que pretende que las personas controlen sus dispositivos electrónicos con la mente. Dijo: “El futuro será extraño, podríamos dejar de necesitar hablar”. Lo de siempre, primero el invento se presenta como un asunto de utilidad para curar enfermedades –cuestión que en este caso los expertos pusieron en duda–, luego temas más ambiciosos, como lograr la “telepatía conceptual”. No tengo idea qué quiere decir Musk con telepatía, pero la pregunta es si acaso queremos o no ahorrarnos el lenguaje. Freud decía que la ilusión de la telepatía es la del enamoramiento, la toxicomanía y las masas: el sueño de hacer Uno del Dos. Este anhelo no tiene nada nuevo, es el ansía de acortar la distancia entre las palabras y las cosas, y también evitar el malentendido estructural de la comunicación, que no es sino la imposibilidad de la complementariedad con el otro. La telepatía es la fantasía de borrar la diferencia que molesta. Algo similar ocurre con la memoria. Musk dice que podremos almacenar y recuperar recuerdos, incluso ponerlos en un cuerpo replicante. La memoria entendida como un receptáculo es como revisar con prisa un álbum de fotos o un edificio patrimonial: sin esquirlas, sin consecuencias. Una memoria tecnificable, sin afectación en el presente. Pero la memoria humana puede entenderse de otro modo, como un recordar que nos enfrenta a posibilidades éticas: repetir el pasado o abrir un futuro inédito. Es una reserva de libertad. A fin de cuentas, es el acto de interrumpir la repetición de nuestros patrones lo que genera otro tipo de extrañamiento, distinto al “futuro extraño” de Musk. Quizá esto es solo un paso más de un viejo problema: la incomodidad respecto de nuestra libertad. Estamos obligados a elegir, aún cuando creamos que no lo hacemos. Lo terrible y asombroso es que lo hacemos bajo condiciones complicadas; elegimos, a pesar de estar sujetos a un cuerpo y sus determinaciones, a un mundo, a los otros. Elegimos llenos de amarras, sin certezas, en conflicto, pero, así y todo, estamos condenados a nuestra libertad. En su libro acerca del mal, Rüdiger Safranski propone dos lecturas diferentes sobre la caída del paraíso. La primera, es que nuestro devenir en el mundo empieza cuando a Dios se le ocurre que podemos elegir comer o no la manzana. Es precisamente la invención de la prohibición la que crea al mal, y a la vez nos condena a la libertad. Se trata del momento de la ética: elegir. La otra lectura, la idea del mal como algo externo, dice, es posterior, cuando en las interpretaciones del mito se encarna en la serpiente, las brujas, los judíos, los inmigrantes, la derecha, la izquierda, siempre los otros; luego el clivaje se sitúa fuera de nosotros. El vértigo de la libertad es la responsabilidad. La desresponsabilización es una tentación. Seguimos soñando con el paraíso como condición de inmediatez y de unidad telepática con el mundo, es decir, con una existencia sin conflicto. Pero ese sueño no es sin costos, es lo que nos enseña la clínica de las toxicomanías y las depresiones; nos muestran que antes que paraíso, la ausencia de deseo y de conflicto arroja al infierno, porque se pierde el cuerpo erógeno, el cuerpo envuelto en palabras. Quién sabe, tal vez entre los inventos técnicos, los algoritmos y la vigilancia moral, alcancemos un mundo sin fallas (humanas). Quizá todo lleve a un mundo más igualitario, la cuestión es si los medios para llegar a esos nuevos valores serán una anécdota –la guinda de la torta– o serán la torta. Como escribió Jaime Semprun, a los ecologistas les preocupa qué mundo les dejaremos a nuestros hijos, pero nos debería preocupar qué hijos le dejaremos al mundo. De los decires importa, sobre todo, nuestra relación con lo dicho: puede que lleguemos a Marte y seamos buenos, pero podría ser que ya no traicionemos porque tampoco hagamos promesas, y que la violencia sea justamente la incapacidad de pensarla. *** La física no es ajena a la búsqueda de la belleza, escriben en su libro Antimateria, magia y poesía, los físicos Andrés Gomberoff y José Edelstein. Se preguntan sobre una forma de conocimiento contraintuitiva: ¿cómo se puede comprender lo invisible? ¿Cómo es posible que exista algo llamado antimateria? Cuentan la historia de su creador, Paul Dirac, quien llega a su ecuación sin buscar resolver un problema, sino que lo hace buscando belleza. Dirac se preguntó cómo debía modificarse la teoría cuántica para ser compatible con el modelo de la relatividad. En 1928 publicó La teoría cuántica del electrón, la que de acuerdo con las teorías de la época contenía una tesis absurda. Incluso Heisenberg dijo que se trataba del “capítulo más triste de la física moderna”. Sin embargo, escriben los autores, la “perfecta belleza matemática” de su creación lo hicieron persistir. Y el momento llegó en 1932, cuando Carl Anderson le dio la razón a Dirac: los positrones son el primer ejemplo conocido de la antimateria. Le pregunté a Gomberoff qué pensaba sobre los lenguajes científicos. Me respondió con una pregunta: ¿Einstein o Lacan? No entiendo a ninguno, pero al segundo llevo una vida intentándolo, le dije. Volvió a responder: ambos son difíciles de entender por razones diferentes: no sé para qué se esfuerzan en entender a Lacan cuando se acerca más a la poesía –dijo–, agregando que esperaba no ofenderme. Tiene razón, pensé. Creo que el truco de Lacan es justamente el del poeta: hacer algo inédito con las palabras. Por eso es algo absurdo cuando sus discípulos imitan su lenguaje, suena difícil y no logran el mismo efecto. ¿Y Einstein? pregunté. “Einstein es difícil por otra razón. Sé que se puede entender. ¡Y que cuando lo entiendes, lo que ves es asombroso!”. Si la poesía sombrea lo que ya vemos para ver otra cosa, la ciencia trata de dar luz a lo que no conocemos, me dice, citando a Dirac. La ciencia y la filosofía no pueden más que ser una dialéctica. Casualmente el mismo día que leí sobre la antimateria, leía un libro acerca del suicidio que termina con esta cita de Valéry: Dios ha hecho todo de la nada. Pero la nada persiste. *Fragmento de "Hacer la noche: dormir y despertar en un mundo que se pierde". (Paidós, 2022)

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