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  • Guillermo Núñez: Me interesa el fracaso, el error, la mancha. Que algo torpe sea hermoso.

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA A los 88 años, Guillermo Núñez sigue produciendo sin parar y una de sus metas es lograr dibujar como los niños preescolares, antes de que la educación les arruine la creatividad. Leer + #catalinamena #lasegunda #entrevistas #guillermonúñez #factoríasantarosa

  • Camilo Yáñez: En un país en el que todo desaparece, el arte tiene que hacer aparecer

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA Responsable de concretar el polémico Centro de Arte Cerrillos en 2016, dice que “yo era un jugador en la banca y de repente me llamó el director técnico y me dijo ‘te toca entrar'”. Desde 2000, cuando montó el proyecto del centro cultural Matucana 100, Camilo Yáñez (44) ha sido una figura muy activa en el mundo del arte chileno. Con 1 metro 93 centímetros de estatura, 105 kilos de peso y una voz avasallante, este artista y curador no pasa piola. Algunos lo admiran, otros lo encuentran hiperventilado y winner . Él se define como “un hacedor”. Su casa y taller están en un cité de Recoleta, en calle Dardignac con Purísima. Allí, en el corazón de un barrio plagado de restaurantes coreanos y peruanos, boites, botillerías, chicos en skate y muchos cuerpos tatuados, Camilo Yáñez fabrica obras que asumen distintos formatos, desde grabados y pinturas hasta instalaciones, videos y esculturas. En todos sus trabajos –conceptuales, emocionales y corporales a la vez-- el artista comenta la historia y el presente de las calles de Chile, fijándose en hitos que concentran significados colectivos, como edificios emblemáticos o célebres titulares de prensa. Su arte –que está representado por galería AFA y galería Isabel Croxatto—se caracteriza por una mezcla entre una fuerte materialidad y un poético simbolismo social. Una obra importante es un video que registra la demolición y la remodelación del Estadio Nacional, lugar que encierra una de las memorias más densas de la historia chilena. En objetos y esculturas muchas veces utiliza rocas que recoge en la cordillera o bloques de cemento que interviene con objetos; en instalaciones y piezas gráficas recurre a textos para comentar el modo en que los medios de comunicación “inventan” la realidad, trabajando un afichismo de colores chillones, poco habitual en el arte conceptual chileno. “Cuando hago gráfica me gusta que sea fuerte, sin miedo. Yo estoy chato con el monocromo. A mí me gusta el hip hop”, comenta. Egresó el 98 de arte en la Universidad de Chile y en el 2000 entró a trabajar con Ernesto Ottone, activando un garage estatal abandonado, que luego sería el Centro Cultural Matucana 100. El espacio remeció la escena visual del momento, ya que permitió hacer exposiciones muy jugadas y a gran escala, mostrar obras completas de artistas de trayectoria y establecer diálogos con figuras internacionales. En paralelo, Camilo Yáñez siguió realizando y exhibiendo su obra personal en forma individual y colectiva, tanto dentro como fuera del país, pero siempre combinándolo con una activa participación en el campo del arte como curador y agitador. En 2007 entró como profesor de arte a la UDP, y en 2009, a los 35 años, fue co-curador de la Bienal de Mercosur, en Porto Alegre, Brasil. Con ello se convirtió en el curador más joven que ha tenido este evento, realizando una puesta en escena muy experimental que abarcó distintos espacios de la ciudad. Su última figuración pública fue en 2016, cuando otra vez junto a Ottone, ahora convertido en Ministro de Cultura, implementó en Centro Nacional de Arte Cerrillos: de nuevo se trató de recuperar un edificio estatal de fuerte carga icónica, ya que fue el primer aeropuerto de Chile. Ese año Camilo Yáñez lo tuvo difícil, pues la empresa estuvo plagada de problemas y críticas que se convirtieron en debate mediático. Pero la institución quedó instalada con una muestra inaugural de su curatoría, donde reflexionaba sobre la relación entre imagen y palabra en los últimos 50 años del arte chileno. “Cuando todo está sobreexplicado las cosas se enfrían, se pierde el deseo” "Mi papá cuando chico me decía que yo abría la boca para decir puras huevadas. Después cuando ya fui grande le dije 'Papá, cacha, esas huevadas que hablo me han permitido ganarme la vida'”, confiesa Camilo Yañez medio en broma y muy en serio. ¿Fuiste artista para demostrarle a tu papá que no hablabas huevadas? No, fui artista porque no quería hacer nada más. A los 15 años descubrí que no servía para nada de lo que se podía hacer en un colegio católico como el Luis Campino. Y me pregunté "¿Qué puedo hacer sin que me digan lo que tengo que hacer". Y dije "artista". Me puede ir mal en la vida o puedo ser millonario, pero da lo mismo, porque soy “artista", y ese es un camino que está fuera de las mediciones. Gracias a esa elección he podido sobrevivir a todas las circunstancias. Sin embargo, tras mucho tiempo de total independencia, estuviste un año como asesor del Ministro Ottone ¿cómo fue pasar de tu taller, de un mundo volado, a la política pública? Yo creo que fue como un instinto futbolístico. Yo era un jugador en la banca y de repente me llamó el director técnico y me dijo "te toca entrar". Se me convocó a una tarea: activar la política de artes visuales y eso fue lo que hicimos, con cosas malas y buenas, con crisis, pero ahora se ven los resultados. Cerrillos levantó un debate sobre la crisis que había en el arte y en la cultura en general. De hecho la preocupación por los museos ha sido tan grande que este año sacaron al director del Bellas Artes y luego a un Ministro de Cultura. El proyecto Cerrillos reveló la falta de mitología y de hitos materiales que aqueja al arte chileno, lo que nos obliga a colocar ortopedias del patrimonio. En este caso fue el aeropuerto de Cerrillos. Era un espacio con un gran significado simbólico desaprovechado que pudo convertirse en un hito material para el arte chileno. En el mundo del arte te pelan porque dicen que te gusta el poder El poder, por sí mismo, no sirve. Lo importante es el poder de hacer cosas y en ese sentido sí me interesa, porque cuando uno hace algo, cuando lo materializa, produce una transformación del conocimiento. En el mundo cultural falta meterse más en cómo hacer las cosas, cómo tomar el arado, picar la piedra. Hay un exceso de debate y de opinión, una aproximación excesivamente discursiva. Cuando todo está sobreexplicado las cosas se enfrían, se pierde el deseo. Y yo funciono por el deseo y la necesidad de vincular lo invisible con lo visible, de convertir las ideas en materialidad. En un país donde todo desaparece --las personas, los edificios, las obras—los artistas y curadores tienen que hacer aparecer. Otra cosa que genera suspicacia es que seas curador y artista al mismo tiempo. Algunos piensan que no se puede ser las dos cosas, que requieren actitudes y habilidades distintas. Yo hago cosas a distintas escalas, pero es la misma mecánica. No separo lo que es curatoría de lo que es creación de obra, para mí son dos ámbitos pero que funcionan con la misma lógica. Un curador inventa una metodología de trabajo que responde a sus preocupaciones y a su sensibilidad. Lo mismo hace un artista. Y eso es lo importante, lo que puede resultar increíble o fome: la forma en que se hacen las cosas. No me pongo un traje distinto. “Si los artistas chilenos reunieran todos los textos e imágenes que han sido censurados haríamos el manso libro” El crítico Guillermo Machuca decía en una entrevista que los artistas no se están haciendo cargo de la actualidad, y que el cine o el periodismo chileno superan al arte en su capacidad de cuestionar temas contingentes. Yo creo que sí están tocando la contingencia. Nosotros hemos tenido representaciones en la Bienal de Venecia que elaboran el tema mapuche, el feminismo, etc. Pero falta una institucionalidad de arte capaz de hacer circular esas producciones. Esa es la diferencia respecto al cine, la música o el periodismo. Y por otro lado, volvemos a la materialidad. El arte visual para ser potente necesita espacios físicos potentes y cuerpos materiales: edificios, obras, colecciones e imágenes que se difundan. Pero sobre todo faltan obras que toquen la cultura, que la perturben. Claro. Es que el arte no es solo la obra, sino lo que pasa con ella. Algo muy interesante fue la obra de Spencer Tunick en el 2005, donde todo el mundo se empelotó a las 5 de la mañana con frío. Habíamos liberado el cuerpo, éramos hombres, mujeres, homosexuales, trans, cagados de la risa, en medio de la Alameda. ¡Váyanse a la chucha los políticos! Eso fue una obra de arte increíble. En el fondo estamos más reprimidos que hace poco años, y más que en dictadura. Acuérdate las perfomances de ese tiempo, la audacia que tenían, ahora son impensables Porque las personas que ahora administran los espacios son más conservadoras y hay muchas censuras implícitas que provienen de las corporaciones que financian esos espacios. Entonces te dicen "has una exhibición pero hay varios temas que no se pueden tocar, porque están fuera de nuestra política comunicacional". Hay dos tipos de censura. La primera y automática es “no tenemos plata". El segundo es: "Lo estuvimos viendo y hay cosas que no nos parecen". Si los artistas chilenos levantaran la mano de todos los textos e imágenes que han sido censurados ahora en democracia haríamos el manso libro. No hay problema en que los espacios estén manejados por corporaciones privadas, el rollo es que los funcionarios que ahí trabajan están más preocupados de salvar su pellejo que de hacer cosas interesantes y no arriesgan nada. Por eso el arte chileno es fome. El otro día pusiste en facebook a un bisabuelo tuyo muy aristocrático. Y con una amiga dijimos: "Camilo Yañez quiere mostrar su alcurnia" Claro, para que sepan que yo no critico por resentido, sino porque hay cuestiones que me molestan. Puedo criticar algo de mediocre o de flojo porque no hablo desde un resentimiento de clase ¿Te consideras aristocrático? Para nada, soy totalmente clasemediero, pero me encanta saber que soy pariente de Juan Emar y que heredé mi delirio de él. Es lo único que heredé, porque nunca he tenido plata.

  • Renata Salecl: Angustia, el pánico puesto en el cuerpo

    por Constanza MICHELSON para THE CLINIC Cómo afecta el neoliberalismo a la gente de Chile, es una de las preguntas de Renata Salecl. La filósofa y socióloga eslovena estuvo de paso en nuestro país por el proyecto europeo “Transmaking”, que reúne a académicos y artistas del mundo a pensar acerca del espacio público. Leer + #lasegunda #psicoanálisis #renataselecl #constanzamichelson #transmaking

  • Diamela Eltit: Chile tiene humor

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA Desde Nueva York, donde reside por temporadas cada año, la escritora Diamela Eltit (69) confiesa que encuentra interesante y divertido el pequeño remezón que producen las campañas al Premio Nacional de Literatura al que está postulada. Leer + #catalinamena #lasegunda #entrevistas #diamelaeltit #premionacionaldeliteratura

  • Guillermo Machuca, crítico de arte - Lo que yo practico es el pelambre, que es muy superior al chism

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA Su figura encarna la compleja trama de la historia reciente del arte chileno. El crítico Guillermo Machuca (56) no es sólo dueño de una reconocida historia, sino que está a punto convertirse en mito. Leer #catalinamena #lasegunda #entrevistas #guillermomachuca #críticadearte

  • Artista chileno instala invernadero flotante en Corea

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA En la ciudad más industrializada y con mayor suicidio juvenil, Máximo Corvalán-Pincheira realizó una obra que, entre otros sentidos, reflexiona sobre la migración. Leer #catalinamena #reviews #máximocorvalánpincheira #lasegunda #instalación

  • Voluspa Jarpa - Tengo un radar muy afinado para detectar los chamullos del poder

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA En los últimos años, la obra de Voluspa Jarpa (47), ha tenido un fuerte efecto expansivo, pues interpela con eficiencia visual y agudeza crítica a espectadores de distintas partes del mundo. Leer #catalinamena #lasegunda #entrevistas #voluspajarpa

  • Cecilia Vicuña - Viví muchos años sin refrigerador

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA Sus quipus andinos y sus esculturas de basuritas, en las que lleva trabajando más de 50 años, hoy circulan por los mejores museos y bienales del mundo. Leer #catalinamena #lasegunda #entrevistas #ceciliavicuña

  • Ignacio Gumucio, pintor - Una obra de arte es buena cuando sabe que puede fracasar

    por Catalina MENA para diario LA SEGUNDA Su obra siempre se ha caracterizó por mostrar, con sensibilidad fina, atmósferas inciertas y banales. Esta especie de silencio, admite ahora, fue su salvaguarda frente a los excesos discursivos de la cultura de izquierda en que creció. Pero a sus 45 años, el pintor Ignacio Gumucio quiere correr el riesgo de hablar y equivocarse. "Hay que probar la fuerza de la propia voz", dice. Lugares de la imaginación, suspendidos, en un colorido anacrónico, colores pasteles como de baños o piscinas o de polaorid deslavadas, o de los años 70. Son salas de espera... Prácticamente hace una muestra al año. La última fue el año pasado en el Mavi y se llenó. Tiene mucho reconocimiento. Yo pinto para mostrar, es lo que más me gusta. En el taller no lo paso tan bien como montando la exhibición. Uno hace las cosas para que lo reconozcan, pide la atención de otros. Me cuesta mucho estar en la situación oscura, íntima, asilada. Es un poco patético. Pero es amoroso hacer algo para otro... Sicológicamente esa necesidad de aprobación y de atención es una enfermedad. Es buscar el vínculo. Bueno, creo que el arte tiene que ver con crear una especie de reconciliación con la gente. Podríamos llamarlo simpatía. Es como adecuar el tono de uno a lo que está ocurriendo. No sé, estoy diciendo puras wevadas, no me hagas caso. Después de la película que hizo para el MAVI, donde mostraba los vicios en la educación del arte. "Me costó muchísimo volver al taller a pintar". Ahora está haciendo una serie para Instagram, que es en capítulos, videos de un minuto, que habla del mismo problema. De la crisis de autoridad y cómo eso arrastra la figura misma del profesor, que queda deslegitimado y al servicio de los alumnos como clientes. "La educación pública tiene que ver con el poder del profesor, es esa monstruosidad. Entonces estos jóvenes que están luchando por la educación pública no saben lo que es. El profesor clásico siempre ejerció una especie de abuso del poder, tenía que rasgarles los dibujos a los alumnos, decirles que eran malos, exigirlos. Es raro. Y es un problema para mí, porque finalmente me convertí en un profesor. Y uno está lidiando con una generación que se siente merecedora de todo, que no tiene ningún sentido de la autoridad, que reclama derechos que uno nunca tuvo. Hay una caída del orden pero no hay otro orden... La serie que hago se trata de eso. Lo que hago es la historia de un profesor que cae en desgracia por su ejercicio. Y es un tipo que solo puede funcionar con la idea de que es discípulo o es maestro y esa mentalidad le destruye la vida. Estamos en un momento muy crítico, porque es un movimiento contra el poder en general, que no reconoce ninguna autoridad. Y esto afecta a los artistas que dicen yo solo voy a digerir lo que quiero, que tiene que ver con la tecnología, con elegir en un menú de opciones lo que quieren. No es como nosotros que vimos televisión, que nos mamamos lo que daban en la tele. La Universidad sigue funcionando con la idea de mamarse muchos contenidos y los alumnos no quieren. Es muy complicado. Ser profesor es la derrota más fructífera que he tenido...Cuando era joven encontraba que ser profesor era patético, que era como los artistas que les había ido mal y tenían que enseñar. Pero después me tocó a mí, yo vivo mucho de ser profesor mucho más que de la venta de obras. Y me he dado cuenta de que ya soy eso. Cuando hay paros uno dice "qué bueno, ahora voy a pintar". Pero no lo hace, uno quiere volver a la Universidad, allí pasan cosas, ahí uno piensa y se le ocurren muchas cosas. Me pasa algo raro: que el lado más puntudo sobre el arte lo tengo en las clases y el lado más momio y aburrido lo tengo en el taller. Pasa que el arte puede ser algo muy inútil, la gente se pregunta ¿para qué sirve? Ha caído en desgracia esa especie de búsqueda de la verdad que tiene el arte, lo mismo que la religión. Se convierte en algo ridículo, caprichoso. Entonces cuando hago clases pienso que, en medio de todo este absurdo, tal vez haya algo. Cuando hago clases, cada cierto tiempo, aparece la idea de que tal vez esto sea muy importante. A lo mejor eso es como lo sagrado, la posibilidad de que aparezca de repente un destello de sentido... Claro. La educación está toda planteada como un fraude, una estafa, pero tal vez no. Es ese tal vez como posibilidad. Esa posibilidad cambia todo. Ponte tú que en medio de este absurdo aparezca un pedazo de verdad. Eso con las clases lo veo más claro que cuando estoy encerrado pintando, que es una situación mucho más egótica. Lo anodino y el silencio vs decir algo Llegaste a los 13 años de París y decías que Santiago era como la nada misma. Y que para ti fue interesante porque después pudiste pintar esa nada... Bueno, llegando a Santiago había dos alternativas. O encontrabas que esto era horrible o te obligabas a que te gustara. Cuando digo que no pasaba nada me refiero a una banalidad estética. El centro de la ciudad no tenía nada de lo que a uno le habían inculcado como la belleza y tampoco tenía una intención de mal gusto. Era una sala de espera con un gomero o una arquitectura extraña, un poco modernista, pero que tiene un macetero de Pomaire entre medio. En este mundo desinteresado por la belleza yo encontraba que había algo la raja, porque me permitía mostrar algo que mucha gente no veía. Una especie de lugar suspendido, sin novedad, anodino. Yo creo que fue algo que le pasó a toda mi generación. La prédica de nosotros con respecto a la generación artística anterior era: "Paren los discursos pre hechos y miren este mundo que no alcanza a decir nada". Rechazábamos los discursos que hablaban de cosas nobles e importantes, la retórica de la UP, la oda a Valparaíso. Preferíamos la nada de Santiago, la ausencia de solemnidad. Para mí se expresó en este asunto de la relación con Santiago, con esa idea de lo feo y lo anodino. Y eso iba acompañado de un rechazo a los discursos, de la idea de que había que hacer puras preguntas y no tener respuestas. Pero ahora dices que te cansó el exceso de esto, de preguntas. Lo que pasa es que, desgraciadamente, nuestra generación ganó. Se instaló esta ambigüedad de la pregunta, como qué choro el gomero loco en la sala de espera. Entonces para mí ya no resulta nada productivo pensar desde ahí. La verdad es que últimamente se me dio vuelta la tortilla, tal vez porque estoy más viejo. Me cansó esta ambigüedad que tienen los artistas jóvenes, donde todas son preguntas, y no hay afirmaciones. Dicen "me interesa el arte político" pero no se refieren a nada específico, es un coqueteo con la nada que se convirtió en fetiche y ahora es de buen gusto. ¿Entonces ahora habría que decir algo, emitir algún contenido más claro? Ahora en pintura estoy dedicado a hacer paisajes huevones, me estoy saliendo del tema de la ciudad, porque he visto muchos artistas que están haciendo lo mismo, se transformó en una estética hipster. Eso mismo te iba a decir, que encuentro que hay hartos gumucitos pintores, que trabajan una atmósfera parecida. Bueno, esa atmósfera ahora me cae mal. La razón por la que me empecé a hacer estas películas es porque comenzaron a caerme mal mis pinturas. Me aburrió ese silencio, perdió potencia. Y cuando empecé a hacer las películas dejé totalmente de lado la imagen, lo único que me interesó fueron los textos. Las imágenes las hace el camarógrafo. En estos momentos estoy más interesado en qué decir que en la visualidad. O sea, es lo contrario de lo que he predicado durante 20 años. Fíjate que a mí me pasa lo contrario. Encuentro que hay un exceso abrumador de opiniones, de ideas, que todos quieren decir algo. Claro, pero el silencio en la pintura de los jóvenes se ha vuelto tramposo, es la pose del que no tiene nada que decir. Pongamos un ejemplo típico. En una mesa donde todos voficeran hay un tipo callado. Entonces las mujeres piensan: "Este tipo es interesante, es como una isla de virilidad silenciosa". Pero después cuando habla resulta que era un imbécil. Es el falso misterioso, que también solo hace preguntas. Alguien le pregunta: "¿cómo estái?" Y él responde: "¿Cómo estai tú?". Y se jacta de su capacidad para escuchar. "Yo hablo con hechos, no con palabras", afirma. Entonces no dice nada pero te pasa el salero. Hay mucha pintura actual que usa esa seducción pueril. Es complejo, porque no se trata de repetir discursos grandilocuentes pero tampoco de refugiarse en un silencio que no corre ningún riesgo o que se queda solo en algo visual. Yo he estado pensando esta cuestión y creo que una obra de arte que vale la pena tiene que tener la posibilidad de fracasar, de autodestruirse, de ser incomprendida. Hay una enorme cantidad de obras de artistas jóvenes que no tienen esa posibilidad, es decir, cualquier cosa que suceda está bien. ¿Porque no corren riesgo? Porque no vislumbran el punto en donde pueden fallar, entonces no tienen miedo al fracaso. Finalmente no hay ninguna posibilidad de que la obra fracase, porque no arriesga nada. Yo ahora creo que hay que decir algo, pero que tenga la fuerza de tu fuerza, que siempre es limitada. O sea, lo que no resulta es agarrarse de grandes estructuras ideológicas, citar a Marx, no sé. Pero creo que es válido emitir algo con la fuerza de lo que uno piensa. En este momento lo que me tiene enfermo del arte contemporáneo y de los artistas jóvenes es que todos hacen preguntas y nadie dice nada. Aunque uno diga algo y se equivoque. Pero jugársela por alguna afirmación. Sí. El problema del arte discursivo es jugar con fuerzas que no eran propias, eran imposturas. Creo que hay que poner a prueba la fuerza de la propia voz. No digo que uno tenga que ser coherente, uno puede decir cosas contradictorias, también uno puede oscilar entre posturas y cambiar de opinión, pero ahora siento más necesidad de tomar partido en cada momento. Eso se ve también en mis últimas pinturas. Algunas afirman que la pintura es representación, es historia, y otras afirman que es pura materialidad. Pero toman partido. En el fondo, cuando uno afirma algo, siempre corre el riesgo de contradecirse. Por eso pienso que ahora, seguir haciéndose el callado, no es más que una forma de asegurarse. Esa belleza del fracaso es medio católica. Es como Jesús, el héroe crucificado. Hoy sería algo muy poco exitoso. Claro, hay que pagar. ¿Encuentras patudos a los artistas? Algo así. Porque nosotros llamamos trabajo a algo que no es trabajo. Es indecente disfrazar esto de trabajo, porque no es lo mismo que trabajar en una fábrica. Hay un precio que pagar por ser artista y ese precio es hacer el ridículo. Que uno cuando dice algo corra el riesgo de que se burlen de las estupideces que dice. Creo que he aprendido más de la situación salvaje y mala onda chilena que lo que podría haber aprendido en un sistema profesional. ¿Hay belleza en el fracaso? Una de las quejas típicas de los artistas de mi edad es que Chile es como las pelotas, que en Finlandia las cosas funcionan de verdad, que hay galeristas de verdad y coleccionistas de verdad. Pero a mí no me gusta ese sistema del arte, lo encuentro indecente. No encuentro bueno que haya gente que gaste millones en tener una colección de arte. Entonces cada vez que fracaso estoy pagando y encuentro que está bien. Porque ser artista no es nada puro ni limpio.

  • Jorge Alemán - El racismo es el odio del goce del otro

    porConstanza MICHELSON para The Clinic “La nueva definición de maldad, es hacerse daño a sí mismo con tal de perjudicar al otro” dice Jorge Alemán (67), psicoanalista argentino que nos visitó en el II Coloquio Euro-Latino-Americano “Inmigrantes, refugiados, desplazados” organizado por la Universidad Católica de Valparaíso en Julio de este año. Leer #lasegunda #entrevistas #jorgealeman #racismo #psicoanálisis

  • La verdadera vanguardia es no pensar en la vanguardia

    por Catalina MENA para diario La Segunda Desde la década del 60 ha estado pensando en su particular artesanía, realizando excéntricas obras con papel de diario, alambre y cola fría. Leer #entrevistas #catalinamena #artecontemporáneo #langlois #lasegunda

  • ¿A quién le importa Francisco Zegers?

    por Catalina MENA para The Clinic Aunque su nombre haya sonado en un circuito reducido, fue un personaje muy importante para la escena cultural de la dictadura y comienzos de la transición. Cuando el pensamiento chileno estaba silenciado, él se la jugó editando y diseñando libros pasados para la punta que hoy son piezas de culto, de autores como Nelly Richard, Carlos Leppe, Diego Maqueira y Eugenio Dittborn, entre otros. Murió repentinamente a los 58 años, en octubre de 2012, dejando la estela de una figura inclasificable, que además fue artista y publicista. Leer #entrevistas #catalinamena #theclinic #franciscozegers

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