Barbarie pensar con otros
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- Sylvia Velasco Oiticica. Enhebrar y esculpir el tiempo
Sylvia Velasco Oiticica es una artista visual francesa de larga trayectoria. Con formación en literatura y arte y avecindada en varios países de Europa y en Brasil durante más de dos décadas, su trabajo refleja ese nomadismo y una constante búsqueda de límites, formatos, materiales y soportes de expresión. La experiencia radical del encierro al que todos nos vimos forzados durante la pandemia la encontró en un pequeño pueblo de Provenza al pie de los Alpes. Allí el tiempo empezó a fluir de otra manera. Au fil du temps, esculturas de lana y alambre, algunas de ellas de más de dos metros de altura, es el resultado de su forma particular de pensar y enhebrar el tiempo. por Silvia Veloso A lo largo de tu obra has experimentado con distintos materiales, cera, óleo, acrílicos y numerosos elementos que se integraban también como materialidad (botones, mostacillas, cristales, cuerdas…). De alguna manera, casi toda tu obra tiende al volumen aun cuando se trate de pintura o collage. ¿Cómo llegas a estos materiales leves con los que has creado las esculturas y qué te interesó de ellos, qué encontraste que podían expresar y transmitir? El potencial creativo que ofrece la lana tanto por su riqueza cromática como por sus características formales me ha permitido crear redes de hilos tendidos, estirados, retorcidos que van configurando superficies cuyo entramado crea volúmenes. Este enmarañado de hilos que por muy desordenado que parezca lleva su propia lógica, tiene algo que ver con las estructuras mentales, las conexiones neuronales. Es como si tradujera la imagen del propio proceso creativo. Por otra parte, la red es también símbolo de captura, de celada en la cual nuestra mente se pierde a veces. Sobre tu obra, como dice el texto crítico del filósofo y poeta Pierre Parlant, de cierta forma hay en las esculturas una figuración del tiempo. En los últimos años hiciste un cambio de vida podría decirse que bastante radical. Pasaste de vivir veinte años en el bullicio de Río de Janeiro y después en Madrid a lo que podría denominarse casi un retiro en un pequeño pueblo de Provenza al pie de los Alpes. ¿Tiene algo que ver esta obra con ese tránsito? ¿Cómo se relaciona con el concepto del tiempo? ¿Piensas que el tiempo es siempre el mismo o en caso contrario, cómo ha ido cambiando para ti su percepción? La serie de esculturas que estoy presentando se llama “El tiempo en hebra”. Por lo tanto sí que tiene que ver el trabajo con la cuestión del tiempo. Me ha llevado dos años finalizarlo, lo que supone muchas dudas, intentos, vacilaciones, destrozos, y también por supuesto muchas satisfacciones. A su vez, las acciones de torcer, anudar, estirar, enrollar, realizadas de manera obsesiva durante horas ha sido una experiencia que podría asemejarse a una meditación por los gestos repetitivos que suponía. Fue un proceso muy lento. Empecé esta serie durante el primer confinamiento: Momento inédito donde todos tuvimos que inventar una manera de enfrentarnos a ese tiempo suspenso. Para muchos fue doloroso y angustiante. Yo lo conseguí torciendo hilos. Cómo ha influido en tu obra ese hecho de haber vivido en lugares tan diferentes. Está claro que no habría pintado igual si no hubiese vivido en Brasil durante veinte años, viajado por el Nordeste al acecho de su emblemático arte popular, curtido las fiestas, los mercados, el Carnaval, descubierto los artistas coloristas brasileños contemporáneos y amado el esplendoroso Barroco tropical. En los trabajos realizados en Brasil, la cuestión bidimensional ya estaba presente en las lonas que pintaba recto verso y que llenaba de pequeños objetos decorativos. En Europa, el volumen se impuso de manera lógica. Tenía que explorar ese medio que estaba en germen desde hace mucho sin dejar de lado por supuesto mi afición por el color. En Au fil du temps, ese anudar, torcer y retorcer de hilos, textiles y alambres al que se refiere Parlant en su análisis de la obra, se menciona que “cada escultura es el testimonio local y trémulo de una aventura duradera, de la paciencia infinita que se requiere para dar forma a un pensamiento”. ¿Dónde empieza y termina ese hilo? ¿De qué forma hilvanas un pensamiento para tirar de la hebra y llegar a una forma final? ¿Es esa forma final a la que llega cada pieza el resultado de un proceso intuitivo o te guías por ideas o conceptos previos a los que vas dando forma? La verdad es que estoy más inmersa en un proceso empírico donde el hacer abre nuevos caminos. Si el resultado al que llego a veces por pura casualidad, no me parece satisfactorio, vuelvo a utilizar lo ya hecho dándole otro giro, y así varias veces hasta topar con algo que me convence. No me importa deshacer lo que hago, es algo muy frecuente en mi trabajo. Me acerco a lo que presiento siguiendo muchos vaivenes. No hay pues forma previa. Debe ser difícil poner término a una obra cuando lo que las guía es una hebra de tiempo que va hilvanando un pensamiento que puede saltar de un lado a otro, volver sobre sí mismo o proyectarse infinitamente. ¿Qué define para ti o cómo decides que una escultura está terminada? Cuando ya no dudo sobre cómo dialogan entre sí, los volúmenes y los colores, cuando añadir algo más supondría destruir una armonía. Después de haber tanteado, explorado opciones diferentes, cada obra acaba imponiendo su lógica y dinámica propia cuya aparición marca el fin del trabajo. A diferencia de muchos artistas, no tienes miedo al color. En general, cualquiera que sea la materialidad o soporte de trabajo, se aprecia en gran parte de tu obra una experimentación constante a partir del color. ¿Qué hay en esa búsqueda y experimentación? El color como decía Matisse “toca la profundidad de nuestra alma, nos conmueve, nos pone en movimiento y nos hace entrar en la felicidad la más pura. Dejar el color venir hacia nosotros, es dejarse llenar por la vida”. Hago propias las palabras de Matisse en lo que se refiere al color, el cual guía y da sentido a mi trabajo. Obvio que la exuberancia tropical junto a la luz del Mediterráneo han sido determinantes en mi manera de utilizar el color como condición estructurante de mis obras. Estas esculturas transmiten una sensación de querer llevar el volumen a su esencia, de descargarlo de todo lo accesorio y dejarlo en su arquitectura primaria. ¿Hay intencionalidad en esa levedad que a su vez funciona como esqueleto sólido y sustentador del volumen que propone cada obra? Me interesa la idea de unir contrarios. El hilo que sugiere delicadeza, se vuelve a su vez, cuando se va asociando a otros, la base para crear redes muy solidas, invasoras, amenazantes al igual de las telarañas. La sutileza de un hilo que evoca fragilidad y vulnerabilidad se transforma pues en un volumen cuyos entrelazados tienen algo que ver con las relaciones y dependencias complejas de las cuales se nutre la mente humana. Decíamos antes que has trabajado diversos formatos de expresión visual, pintura, escultura, tapices, collage… En cuál te sientes más cómoda, cuál es más desafiante y cuál el más satisfactorio y por qué. Qué te permite expresar y transmitir cada uno de ellos. La pintura fue mi manera de interpretar el impacto fuertísimo que tuvo Brasil en mi percepción de una realidad exultante, ajetreada y jubilosa. Actualmente, mi vida se ha calmado y la cuestión del hilo, que tiene que ver con el tiempo me interesa y me fascina. El hilo representa el agente que liga todos los estadios de la existencia. Las parcas, estas hilanderas dueñas del destino, no sólo hilaban, medían y cortaban el hilo de la vida, sino que también entremezclaban los hilos de lana blanca, hilos de oro y de lana negra, símbolo de los momentos dichosos y tristes de la existencia humana. ¿Encuentras alguna conexión entre esos diferentes formatos de expresión y son de alguna manera parte de una misma búsqueda o tus trabajos en cada disciplina responden a búsquedas diferentes? Coser es decir unir partes unas con otras ha sido la cuestión subyacente a todo mi trabajo. Cuando pintaba una tela la recortaba, juntaba los pedazos de manera aleatoria, volvía a pintar por encima y así sucesivamente hasta llegar a un resultado satisfactorio. Me gusta la idea de rapsodia que en la música significa etimológicamente costura y canto. Los rapsodas, en la Antigüedad, eran cantores itinerantes que declamaban pedazos de obras escritas por otros. De ahí la idea de juntar partes diferentes. La costura nos une a la idea del cuerpo como ropaje de la psique, al concepto de enhebrar la vida con los hilos del destino. Actualmente, mi trabajo está directamente relacionado con esta cuestión. Enhebrar el tiempo me parece que puede ser una tarea inagotable e infinita. ¿Vas a seguir enhebrando estos hilos de tiempo o estás ya con la cabeza y las manos en otro proyecto? Sigo con la idea de enhebrar pero investigando otros caminos. Así, empecé a interesarme por el bordado cuando vivía en España y ahí descubrí que cada cultura desenvolvió este tipo artesanía desde los tiempos más remotos. Enhebrar es una afición humana muy antigua que empieza en el paleolítico hace 30000 años y se va desarrollando hasta llegar a una práctica cada vez más refinada de bordado que ya se encuentra por primera vez en Egipcio. Me quedé fascinada por la cuestión y fui indagando hasta darme cuenta que, más allá de los tradicionales puntos de bordados, propios a cada pueblo, existen tantos puntos cuanto bordadores. El bordado pues, representa un mundo infinito de posibilidades plásticas. Es muy estimulante meterse en este universo creativo y tratar de invertir lo aprendido en proyectos personales. Ahora mismo, empecé una serie de bordados de 100 cm por 150 cm cada uno, con hilos rojos, inspirándome en las diez plagas de Egipto. La idea es traducir con puntos delicados y frágiles grandes relatos devastadores y espeluznantes. > Au fil du temps - leer texto curatorial de Pierre Parlant
- Au fil du temps - Esculturas de Sylvia Velasco Oiticica
Si el arte es ante todo un asunto de acciones a cumplir, de gestos a llevar a cabo, es sin duda porque también es, y tal vez sobretodo, una de las ocasiones valiosas e insustituibles de pensar con las manos. Se puede entonces considerar cada obra, cualquiera que sea y bajo un cierto aspecto, como el archivo de la serie de operaciones de los verbos de acción que la acompañaron. Y al mismo tiempo, de la serie a menudo desordenada de pensamientos, siempre tan disparatados y aleatorios cuanto decisivos — deseos, necesidades, cálculos y ensueños — a los cuales finalmente la obra, vía la mano, debe lo esencial de su aspecto plástico. Tratándose de la mano de Sylvia Velasco Oiticica, la cosa es de tal manera evidente que impresiona de inmediato. Ante el conjunto de sus esculturas, tan singulares, tan hirsutas y vehementes, a veces contenidas y regladas, uno empieza a imaginar lo que habrán implicado, cada una en su orden y cada una en el momento oportuno, las acciones específicas de tensar, anudar, atar, rodar, enrollar, estirar, torcer, envolver, prolongar o aun, otras acciones más concertadas, como las de asociar, airear, descartar o densificar. Lo que llama la atención es que cada escultura muestra no solo una forma volumétrica compleja y refinada si no que a su vez deliberadamente expone su causa material, cuyo hilo de color es a un tiempo el elemento crucial y el vector de estas acciones. Aquí, uno se pregunta, ¿a qué tipo de pensamiento habrán sido asociadas estas acciones? ¿Qué ha investido a la mano ? Al mirar las esculturas, obtendremos tal vez un atisbo de respuesta. Veremos que más allá de la elaboración de volúmenes, más allá de la disposición espacial única que los determina, lo que realmente parecen presentarnos es una figuración del tiempo. O mejor dicho — porque el tiempo mismo, condición de la figuración, es precisamente lo que se escapa —una manifestación de lo que la prueba del tiempo nos permite imaginar. Entonces, parece que cada una de estas esculturas es a la vez el testimonio local y trémulo de una aventura duradera, —de esa paciencia infinita que habrá tenido que ser desplegada para dar al hilo la forma de un pensamiento— y el intento repetido, si no de capturar, al menos sí de conservar “un poco de tiempo en estado puro”. Pierre Parlant Filósofo, poeta, académico y traductor. Fundador en 1997 de la revista literaria Hiems. Entre sus trabajos y obras se encuentran Courtes habitudes, Nietzsche à Nice (2014), Exposer l’inobservable (2014) , Ciel déposé (2015) y Une cause dansée (2021). Leer > Enhebrar y esculpir el tiempo - entrevista a Sylvia Velasco Oiticica, por Silvia Veloso
- NOCHE DE LAS IDEAS
¿Más? Es el tema de la tercera Noche de las ideas a realizarse los días 20 y 21 de enero en el Centro Cultural de la Moneda gracias a la colaboración entre el Instituto Francés de Chile y el Festival Teatro a Mil. El Instituto Francés de Chile renueva su colaboración con el Festival Santiago a Mil, que con motivo de su trigésimo aniversario, contará con la participación de Eva Nguyen Binh, presidenta del Institut Français de París. La diplomática hablará del acceso a la cultura y de su internacionalización, temática que atraviesa La Noche de las Ideas desde el 2020. ¿Más?, esta pregunta tan sencilla nos invita a pensar sobre los modelos de crecimiento y de consumo actuales para considerar nuevos posibles con otros equilibrios. Quizás, los ritmos de productividad y de producción, que han modificado nuestra manera de habitar la tierra, en algún punto ya no puedan ir a más y podrían ir a “menos”, a “mejor” o “de otra forma”. ¿No será ésta una invitación a revisar nuestro modo de relación, a dejar de explotar los ecosistemas para crear otras convivencias con los demás seres vivos? ¿Será tal vez una forma irónica de sugerir que los modos de socialización, en aceleración constante a través de las nuevas tecnologías, deberían cambiar de ritmo? ¿No será una pregunta retórica puesto que lo que “más” queremos y necesitamos es sencillamente más cultura, educación, arte o conocimiento? Y si, en una palabra, la invitación consistiera simplemente en dialogar más para reforzar la democracia ? Gracias a una serie de conversatorios, Barbara Stiegler, filósofa, Christophe Pébarthe, historiador, Antonio Casilli, sociólogo, Paola Tubaro, socióloga y economista, Emanuele Coccia, filósofo y Guy Régis Junior, dramaturgo, reflexionarán, con invitados chilenos, sobre estas temáticas, que serán desplegadas en varias áreas del pensamiento. Paralelamente a estas actividades, se exhibirá por primera vez en Chile Constitución entre líneas, una muestra de dieciséis dibujos realizados por artistas chilenos en torno a la nueva Carta Magna de Chile. ACERCA DE LA NOCHE DE LAS IDEAS Creada en Francia en 2016 por el Institut Français, La Noche de las ideas es un evento anual mundial, que reúne, en forma simultánea, cientos de instituciones culturales y académicas (cines, bibliotecas, museos, centros artísticos, establecimientos de educación superior), para celebrar, a partir de una temática común, la libre circulación de las ideas y del conocimiento entre países, culturas, disciplinas y generaciones. La edición 2022 cuyo tema fue Reconstruir lo común, convocó a filósofos, escritores, artistas e intelectuales en Santiago y Punta Arenas.
- Andrea Giunta, historiadora de arte: Las mujeres fueron sacadas, borradas
por Catalina MENA La historiadora del arte y curadora argentina se ha convertido en una influyente activista en la escena latinoamericana. Dice que hombres como Duchamp y Pollock se apropiaron del trabajo de otras artistas. “Voy a pedirte que esta entrevista no quede abierta a comentarios en la web”, dice Andrea Giunta (58) . “Cada vez que hablo en la prensa y queda abierto a opiniones me llaman loca, puta, histérica. Y no solo son hombres los que escriben esos comentarios sino también mujeres”, afirma la curadora argentina, sin modificar en un centímetro su sonrisa sensual y su ritmo de hablar pausado. Y es que en los últimos años, y a pesar de ella misma, Andrea ha estado mediáticamente expuesta. Junto a su colega venezolana Cecilia Fajardo-Hill viene difundiendo desde 2017 Radical Women, una exhibición que ha causado bastante revuelo, con medio millón de espectadores y ampliamente cubierta por la prensa internacional y la crítica. La muestra, cuya investigación y desarrollo les tomó ocho años de trabajo, ha itinerado por Estados Unidos y Latinoamérica, visibilizando a 150 artistas latinoamericanas que provienen de 15 países y que produjeron obra entre 1960 y 1985. Se trata de obras en su mayoría desconocidas, que han sorprendido por su audacia, densidad crítica y fuerza emocional. Con este gesto las curadoras saldaron una deuda histórica con mujeres experimentaron nuevos lenguajes (como el video y la performance) y reflejaron desde su propio cuerpo una cotidianidad atravesada por los movimientos libertarios de los 60 y de las dictaduras de los 70 y 80. Más allá del “me gusta” o “no me gusta” --y de muchas suspicacias frente al enfoque feminista que aún produce urticaria-- en el mundo del arte hay consenso en que esta exhibición levantó y puso en valor una escena fundamental. Junto a esta empresa, Andrea sacó el libro Feminismo y arte latinoamericano. Historias de artistas que emanciparon el cuerpo (Siglo XXI), un ensayo fundamentado en fuentes, referencias y estadísticas, que despliega con gracia narrativa gran cantidad de ideas e informaciones convenciéndonos de que efectivamente las mujeres han sido históricamente censuradas y explicando el modo en que esto ha sucedido. El resultado en cifras es indiscutible: a nivel global las mujeres representan el 30% del sistema arte. En Santiago, por ejemplo, dentro de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes solo un 12% corresponde a obras de artistas mujeres. El libro ya va en su tercera edición. Giunta recurre a anécdotas para ejemplificar el ninguneo. Cuenta el ejemplo de la condesa Elsa von Freytag-Loringhoven, una dadaísta alemana que vivió en Nueva York en las primeras décadas del siglo XX relacionándose estrechamente con la vanguardia de ese momento y quien sería, según recientes investigaciones, la verdadera autora de la obra fundacional del arte contemporáneo: La Fuente, conocida como “el urinario”, que se exhibió en 1917 y que siempre se ha adjudicado a Duchamp. También cuenta la historia de la artista ucraniano-estadounidense Janet Sobel, una señora quitada de bulla que exhibió sus pinturas en Nueva York en los años 40. Está ya documentado que Jackson Pollock visitó la muestra de Sobel y quedó impactado con su técnica de chorreo, dripping (de drip, “gotear” en inglés). Un recurso pictórico que luego Pollock se adjudicó bajo el rótulo del Action Painting, con el que pasó ser ícono de la vanguardia del expresionismo abstracto. Estas gestiones, reconoce Andrea, la han ubicado decididamente en el “activismo curatorial” y hoy participa también del movimiento surgido en Facebook Nosotras Proponemos, en Argentina, que desde el arte interviene en distintos temas relativos a los derechos de las mujeres, incluida la demanda por la legalización del aborto. Pero ya desde mucho antes Giunta había realizado muestras polémicas y de impacto político, como la de León Ferrari en Buenos Aires, en 2004, que provocó actos directos de violencia contra las obras consideradas ofensivas a la moral católica e incluso la censura de la muestra, impulsada por el entonces cardenal y actual papa de la iglesia, Jorge Bergoglio. “Yo antes era patriarcal” Has sido una historiadora, crítica y curadora de arte muy activa. Y has vivido y trabajado también fuera de Argentina. ¿Cómo has compatibilizado eso con tu vida personal y familiar? Bueno, tengo una hija y un nieto. Y estoy casada. Tengo varios matrimonios en el cuerpo, pero siempre he tenido compañeros que también están en el mundo del arte y con quienes hay colaboraciones mutuas. Si hablo de discriminación a las mujeres en el arte, no hablo desde mí, sino desde lo que he investigado. Has dicho, en varias entrevistas, que investigar a las mujeres artistas te cambió la perspectiva. Creo que antes de meterme seriamente en el tema yo pensaba que con la calidad se llegaba. Antes era patriarcal. Pero empecé a darme cuenta de que ese criterio de calidad no era suficiente y que hay otros criterios relativos al género, a la personalidad, a condiciones extra-artísticas que operan a la hora de valorar una obra. El poder decide qué tiene y qué no tiene calidad en arte. Y si el poder es masculino, la calidad es masculina. Estoy de acuerdo. Pero no quiero suscribir posiciones amarillistas que ridiculicen el mundo del arte contemporáneo diciendo que todo es una estafa. Creo que efectivamente hay criterios válidos que se han establecido para decir que una obra es interesante. Uno puede evaluar cómo la obra dialoga con el momento histórico, qué materiales articula, qué poder emocional tiene, qué tecnología...Hay muchas complejidades que sí puedes evaluar. Pero está claro que el canon de qué es o no es buen arte se ha construido desde principios patriarcales y eso excluye a muchas obras de mujeres. Ha habido una censura que hace que toda una comunidad artística esté impedida de ver la obra de una cantidad de artistas muy importantes. Entonces el problema no es tanto que sean mujeres, sino que nos hemos perdido de ver obras muy valiosas. Y eso lo verificamos cuando instalamos Radical Women, porque la reacción del mundo curatorial fue de sorpresa: "Cómo no conocíamos esto, cómo nos perdimos esto". Se trata de una especie de arqueología, de rescatar un conocimiento enterrado. Claro. En lo más profundo se trata de revisar una pérdida que experimentamos todos. Son imaginarios ocultos. Los artistas pobres, los indios, los negros y las mujeres están excluidos. En tu libro hay dos ejemplos que son de plagio machista, en el que se adjudican a hombres obras de mujeres. Son temas que están en debate, pero hay una carta de Duchamp a su hermana donde cuenta que una artista mujer mandó un urinario y hay todo un análisis centrado en la figura de esta condesa que afirmaría que fue ella fue la autora del urinario. A mí no me interesa tanto la anécdota, lo que me interesa es preguntarme: ¿Si el urinario fuera de la condesa sería la obra más importante del siglo XX? ¿La vanguardia es solo vanguardia si la hace un artista varón? Y lo de Janet Sobel está verificado. Yo pongo el link a una conferencia de una investigadora que hace toda la cronología y demuestra que ella expuso en una galería de la calle 57 estas obras y que Jackson Pollock fue a verla. Cuando uno ve las fotos de Janet y ve las de Jackson Pollock ve que ella era una señora ya mayor, un poco gordita, y Pollock era joven, insolente, un personaje, evidentemente la vanguardia se iba a encarnar en él. Eso no es omisión sino sustitución y plagio Exacto. Las mujeres no se restaron, no es que estaban criando bebés en vez de producir arte. No es ni siquiera que exhibieron sin éxito. Ellas fueron sacadas, borradas. Yo he escuchado muchas historias de celos terribles, de compañeros de arte, abusos de poder tremendos de hombres envidiosos frente al éxito. ¿A ti nunca te ha pasado eso con los hombres? Me ha pasado estar en situación donde para rebatir mis argumentos gritan arriba mío. O que yo plantee una idea y un varón se la asigne como propia. “Constaté en mi cuerpo y en mi experiencia la desigualdad” Tú siempre tuviste un pensamiento feminista, pero ahora te transformaste en activista. Sí, tengo que decir que sí. El trabajo para la exhibición Radical Women me transformó. Tuvimos tanta oposición que eso despertó algo nuevo en mí. Porque constaté en mi cuerpo y en mi experiencia la desigualdad y la oposición. Tuve que lidiar con comentarios ofensivos, humillantes, descalificadores y violentos de los curadores de arte latinoamericano más conocidos y respetados. Por suerte, algunos luego de ver la muestra cambiaron de opinión. Cuando empezaste a hacer Radical Women todavía no se desataba la ola feminista que vimos el año pasado. Me contabas que te decían "qué pasado de moda, qué pegada”. A las mujeres nos dicen siempre que somos pegadas cuando queremos resolver cosas que se han hablado pero no resuelto. Exactamente. Hemos hablado innumerables veces sobre la desigualdad en el mundo del arte, pero la realidad nunca se modificó. O sea, hay un avance teórico, pero sigue habiendo una tremenda desventaja. Últimamente has aparecido bastante en las redes, incluso polemizando con otros curadores. ¿Te han dicho que estás exhibiéndote mucho? Me lo han dicho y he recibido muchos comentarios sarcásticos por mi activismo Pero me tiene sin cuidado. Yo soy una persona que vengo del pensamiento, de la filosofía. Me interesan los matices y las contradicciones, no pienso de manera lineal ni militante, y eso se ve en mis escritos. Pero creo que hay que hablar claro frente a la gravedad de que existan países donde la mitad de la población está dispuesta a salir armada para matar a otros y que haya gobiernos que estén propiciando eso. Un mundo donde muchas mujeres son violadas, descuartizadas, quemadas, tienen que parir hijos a los 12 años producto de violaciones. Uno como pensador tiene una responsabilidad. Los intelectuales se han encerrado en su burbuja y conversan con los que están de acuerdo con ellos, y eso es parte muy importante del problema. Porque el triunfo de la ultra derecha demuestra claramente que hay muchos que no piensan como nosotros. Entonces ¿qué hacemos? ¿Persistimos en nuestras críticas cínicas que solo entendemos nosotros o bajamos de nuestro pedestal? El intelectual que me interesa es uno que está dispuesto a demostrar sus ideas y a confrontarse. Entrevista originalmente publicada en diario LA SEGUNDA
- Los "nulos" el gran (estúpido y sensual) consuelo
Republicanos, el partido de Kast escribirá el nuevo proyecto constitucional. Y lo escribirá porque una votación abrumadora le dio la mayoría más grande que ha recibido en toda la historia un partido político. Un partido que se crea a partir de la escisión que hace algunos años hace un grupo de dirigentes que abandonan la UDI por blandengue, por se necesitaba estar aún más a la derecha, ser aún más orgulloso del legado de la dictadura militar, aún más conservador en lo valórico. Kast su líder y próximo presidente de Chile, entrega como nítido testimonio la contracara al Chile de olas feministas, nueve hijos normalizados y orgullosamente no deconstruidos. Será el quien ponga la música en el proceso constitucional iniciado hace ya un par de meses, con una comisión experta designada, otro lujito del Chile actual. Y en vez de sentarse a pensar, a evaluar estrategias, a comerse la derrota política y sobre todo cultural más grande en 50 años, aun será más sencillo el habitual ejercicio de negar la realidad y buscar algún consuelo eficaz que ponga en algún lugar en que la realidad se torna difusa e incomprobable, la posibilidad de suponer que la derrota no es real o al menos que sea siempre breve. Y fue extremadamente breve, no duró más que lo que los conductores de los canales se demoraron en contar los votos y escaños que recibían Republicanos y otros adoradores de la Constitución de Pinochet; para nuestro consuelo, junto con los miles y miles de votos que alegraban a la numerosa familia de Kast, también llegaron un par de millones de votos nulos: la coartada ya estaba lista, el germen de resistencia estaba por arte de magia instalada en 2 millones de almas que marcaron más de una preferencia y con ello, pudimos irnos a dormir un poco más tranquilos: En realidad no nos fue tan mal, es cosa de sumar: todo lo que no es de ellos, será nuestro y podremos seguir construyendo bellas consignas. Chile sigue despierto, solo que ahora la dignidad tiene forma de nulo.
- Las mujeres no pueden ser pesimistas
No hay mujeres pesimistas. Hace un tiempo lo noté. Hay mujeres melancólicas, suicidas, solitarias, pero esto no se inscribe específicamente dentro del pesimismo cultural. Sumado a esto, que ya había notado hace algún tiempo, hoy noto también que no hay mujeres contra el trabajo. Podrá haber mujeres cansadas, que busquen una jornada más justa, incluso que exijan reconocer las tareas domésticas como trabajo remunerado, ¿pero teóricamente hay mujeres contra el trabajo tal como existen durante la historia cientos de hombres, en su mayoría flojos, exigiendo todo el ocio para ellos? La editorial mexicana Tumbona lanzó hace un tiempo una interesante colección de libros de la contra. Contra el arte contemporáneo, contra el amor, contra los hijos, contra el trabajo, contra el copyright, contra la televisión, contra la homofobia, etc. Contra el amor y contra los hijos fueron los títulos escritos por mujeres. Contra el trabajo una selección totalmente masculina. En el mundo femenino se puede estar en contra de lo más sagrado del mundo como la familia, incluso los hijos, pero nunca contra el trabajo. Extraño fenómeno que igual que el pesimismo, lleva a uno a plantearse una serie de interrogantes, que incluso lleva a conclusiones como que ambos términos van relacionados. Si no eres por naturaleza pesimista, no puedes estar en contra del trabajo y viceversa. El éxito en el trabajo en los puritanos, base espiritual del Capitalismo, es señal de ser elegidos por el señor. Al progreso hay que reforzarlo, nunca boicotearlo. ¿Cómo ser pesimista si buscamos la salvación? De ahí que el problema de género se empantana cuando se le antepone el problema de clases. La mujer no desprecia trabajar si este trabajo le da la compensación necesaria para llevar una vida de bienestar y de paso una calificación positiva por ser una buena profesional, por una revisión a la carrera que han podido recorrer con éxito a solas. Nada más alejado del pesimismo, y de paso nada más alejado del marxismo. La revolución en última instancia, abolirá la proletarización, en teoría podríamos volver a dedicar grandes jornadas diarias a quehaceres domésticos o al ocio. El trabajo, tal como lo conocemos, no existirá, ni el mérito, ni el ascenso, ni el orgullo por los logros, ni la retribución, ni la comparación con la productividad e inteligencia del otro. Nada. El mundo femenino puede imaginar un mundo sin hijos, desligado del tiempo de crianza y enfocado en la autorealización, pero le cuesta imaginarse un mundo sin trabajo, amenazando con el fantasma de la homogeneidad, la planicie, del mundo exento de la comparación y medida para valorar el propio esfuerzo. Un mundo nacido muerto.
- Antipolítica
Las impresiones de las masivas marchas entre octubre y noviembre del 2019 dejaron la imagen, entre los más entusiastas observadores, de un “laboratorio del futuro”: aquí está lo nuevo, aquí muere lo viejo, se cuestiona todo el presente, y se ensayan las formas de vida que vendrán. El 2019 la rebautizada “plaza dignidad” parecía ser el lugar donde moriría el neoliberalismo, el patriarcado machista, el racismo colonial y el especismo antropocéntrico. El 7 de mayo de 2023, el partido que encarna la posición de derecha más extrema, la antipoda de todo octubrismo, arrasa en las urnas, en una elección donde se elegirían los nuevos consejeros para finiquitar el asunto de la nueva constitución para Chile, luego de que – recordémos - el primer intento fracasara estruendosamente el 4 de septiembre de 2022. ¿Cómo entender esto y de qué estamos hablando? Se trata de una derecha que no tiene ningún problema con el capitalismo, con la familia monógama patriarcal, reivindicar la hispanidad, o hacerse un asadito con especie no humanas. Pasamos de una revuelta que parecía poner de cabeza a todo un sistema, a una reacción pro – sistema que colocó sobre sus pies a la misma sociedad. Entonces el pueblo, ese extraño y anónimo ser colectivo, vuelve a ser llevado al banquillo de los acusados: por “facho pobre”, por creerle a sus amos, imitar sus valores queriendo ser como ellos; de incoherente, por querer cambiar la constitución pinochetista y votar por quienes siempre se opusieron frontalmente a ello; de manipulable, por ser una masa moldeable por matinales, fake news y tiktoks hábilmente ocupados por la derecha y sus infinitos recursos económicos; insustancial, pues esa muchedumbre en Chile – supuestamente sin raíces, historia o identidad - ha sido esculpida al talle del neoliberalismo imperante, primero con el terror impuesto por la bota militar, y luego con la seducción del consumo y el espectáculo. Todo este trato hacia el pueblo da a entender que para algunas y algunos iluminados ese pueblo no es ningún nosotros sino sólo la parte que calza con sus convicciones previas y sus marcos ideológicos dispuestos de antemano. Oscila la representación de lo popular entre la divina voz de las y los excluídos - el fuego inextingible de la protesta contra todo orden – y la reducción a un pestilente barro de ignorancia, resentimiento, sumisión y vulgar consumismo. Se impone la idea de un péndulo de las preferencias. Deambulando sin representantes, líderes o dirigentes que realmente merezcan su respeto y afecto, el pueblo da y quita su favor mediante el voto. Pareciera que se da el gusto de experimentar, desde la decepción y desencanto, primero con la izquierda y luego con la derecha. Y cada vez más oscila de un extremo del arco político hasta su opuesto ideológico. Así, “como si nada”. Como si nada de eso fuese realmente tomado en serio, porque en el fondo sabe que todo, más allá de cualquier esperanza u entusiasmo, está sumido en una profunda y nauseabunda crísis y decadencia. Se puede llamar a eso que está a la base de diversas formas: malestar, descontento, desconfianza con la democracia y la política, pero cuaja en algo que preferimos denominar un ánimo antipolítico. La antipolítica es un sentimiento de rechazo a la política en su sentido convencional, formal y tradicional. ¿Qué es lo que se rechaza, en concreto? En primer lugar la idea de la política como “arreglines” entre políticos, a favor de su propia casta, y que tiene nulo o negativo efecto en la vida del ciudadano/a de a pie. Peor aún, la actividad prudencial, dialogante y deliberativa de la política, que por su naturaleza requiere tiempo (más aún cuando la sociedad no se vuelve más simple) choca con que vivimos tiempos impacientes, ansiosos, bastante dados a la frustración. En segundo lugar, el sentimiento antipolítico parece castigar una política, y una manera de gobernar, que se autosatisface en su propia concepción de mundo, creencias ideológicas y agenda política, y que actúa con total indiferencia, desconocimiento y prepotencia ante las experiencias y sentimientos de “los de abajo”. Parece que hoy se trata duramente el narcicismo, la arrogancia, el ninguneo, pero también la incompetencia y la falta de solemnidad en las autoridades. Tercero. La falta de determinación y la ineficacia, la incapacidad de actuar con sentido de urgencia, realidad y oportunidad, exaspera a la ciudadanía y transmite la imagen de negligencia que termina en una marcada sensación de abandono. “No hace bien la pega”, podríamos resumir. En sintesis, la antipolítica nace de la experiencia de una política devenida elitista, narcicista, ineficaz e indolente. Sin embargo, la antipolítica no se queda con la queja pasiva, sino que ocupa los mismos mecanismos electorales para expresar su rabia (de aquí que el voto blanco, nulo o el enojo con el voto obligatorio sea tan evidente) La antipolítica pavimenta las demagogias (que hoy insisten en denominarse como populismos). La promesa del “hombre fuerte” – que, sin embargo, no parece ser tan distinto de los vicios y virtudes de sus votantes – va acompañada de un recetario de soluciones simplonas a problemas complejos y muy reales. Frente a la falta de sinceridad y autenticidad del político convencional, el nuevo héroe demagógico o populista es deslenguado, desvergonzado, fuera de toda corrección moral o política. Parece dar expresión y condensar un resentimiento contra grupos de la sociedad que han logrado concentrar mucha atención para sus reclamos políticos y sensibilidades éticas, y se los acusa de crear una agenda que se asocia a minorías intelectuales y a estilos de vida de una clase media urbana, jóven y acomodada, con la vida bastante resuelta. Unos “progresistas” y “globalistas” que ahora gobiernan como una efebocracia que desprecia las visión de vida y valores de las generaciones mayores, y que se pasan por el culo los símbolos patrios. Así, lamentablemente, las importantes causas del feminismo, las disidencias sexuales, el ecologismo o los pueblos indigenas han sido asociados a una retórica de la víctima y de los ofendiditos, a la llamada izquierda “identitaria” y a una estridente moralización de los debates políticos. Hábilmente la derecha ha importado estos encuadres desde el norte, y le han funcionado bastante bien, viralizándose por las alcantarillas y catacumbas de las redes digitales. Todo esto, por supuesto, fermenta en un espacio digital de opinión y debate político empapado de un exceso de emocionalidad, desde el que se orquesta la rabia antipolítica como un trolleo continuo entre tribus, donde toda gramática, racionalidad y civilidad se corrompe. Y esto funciona porque el desencanto con la política viene de más atrás: los políticos se han alejado de las vivencias de sus electores; habitan en burbujas residenciales, sociales e intelectuales que los vuelven ciegos e indiferentes a lo que realmente pasa a sus gobernados. Se han vuelto celebridades: aprovechan su popularidad para hacer negocios, hacer contactos internacionales o perpetuarse en el poder, y tienen más en común con sus financistas que con sus adherentes. Se han profesionalizado tanto que sus doctorados en Europa e Inglaterra los hacen perder la perspectiva de lo que ocurre en San Joaquín o la Cisterna. Desde sus pedestales morales critican y hacen reprimendas a los gustos, estilos de vida y preferencias del hombre común, a quien sólo consideran a la hora de pedirles su voto para ser re-electos. ¿Cómo conectar todo esto con los desordenados eventos de nuestro pasado reciente? Si la irrupción popular del 2019 tuvo algún destello de verdad es lo siguiente: hay un profundo descontento con el costo, la calidad y el sentido de nuestra vida en común, que parte de cuestiones muy concretas y termina en una experiencia profunda de orfandad y soledad. Lo concreto apunta a lo caro que resulta vivir con inflación, a lo difícil que se ha puesto conseguir y mantener empleo, al peso agobiante de la deuda y a la precarización creciente del trabajo. La calidad tiene que ver con el empobrecimiento de la experiencia de vida: no sólo la inseguridad frente a la invasión del narco y la delincuencia común, sino a la decadencia de los espacios públicos, a la incomodidad que se viven en tiempos de traslado y espera, a la desértica fealdad de plazas devenidas en peladeros, a una infraestructura común destartalada y sucia, al trato grosero y desganado en la burocracia pública. Esta sensación se encarna, de forma particularmente dolorosa, en las escuelas públicas, y en la evidencia de un declive material y pedagógico que no parece importarle a ninguna autoridad. La pandemia y la inflación sólo empeoraron el costo y la calidad de vida para las familias con menos recursos, que en gran medida pagaron la crisis con plata de su bolsillo. Y la desprotección los hizo, lógicamente, reorientar sus preocupaciones hacia las cuestiones más concretas e inmediatas – seguridad, retiros de fondos de pensiones, empleo, etc. - despreciando la importancia del proceso de creación de una nueva constitución, cuyos errores no forzados y reinicios terminaron por agotar la paciencia del electorado. Finalmente, el sentido de la vida en común está desapareciendo: ya sólo el cuento del individuo que se salva sólo permanece en pie, y no parecen haber buenas razones para estar juntos, ni sentirnos orgullosos de ser parte de lo mismo. A veces da la impresión que la política no es más que la producción de eventos, una cuidada puesta en escena donde el publicista es el llamado a crear la legitimidad. Qué error es creer que la convivencia se arregla con espectáculos y carnavales masivos. Ni la juerga colectiva ni el disciplinamiento policial de lo urbano, son, por sí solos, sinóminos de una convivencia que trabaja en sanar sus fracturas. La buena política, en este sentido, sólo puede entenderse como la creación democrática de un orden justo, a través de instituciones fuertes bajo el respeto de la ley, que permita la igual libertad de los ciudadanos, y promueva su prosperidad creando, a pesar de todas las contingencias, un sentimiento de confianza en el futuro para las nuevas generaciones. Que a nadie se le ponga el pie encima, ni se sienta esclavo por su condición social. Eso es, a mi jucio, verdadero republicanismo. Cuando la política como arte de crear un orden para la convivencia justa fracasa de forma tan patente, el otro, el vecino, el transeúnte, el compañero de trabajo, se vuelve un enemigo del cual desconfiar y al cual doblegar. La decadencia de la política durante tiempos turbulentos sólo anuncia la instalación entre nosotros de una violencia cada vez más feroz, cotidiana e imparable. En una notable frase de La Política de Aristóteles, dice el filósofo: “pues así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, apartado de la ley y la justicia, es el peor de todos” y más adelante añade: “La justicia, en cambio, es un valor cívico, pues la justicia es el orden de la comunidad política, y la virtud de la justicia consiste en el discernimiento de lo justo”.
- Presentismo
El devenir de nuestra política es reflejo de los síntomas de una época de falta de fundamentos, de sustancia e ideas, producto de la complejidad que el mundo tomó. Hace tiempo que hemos dejado de comprender el mundo, solo que en los últimos años su evidencia se ha vuelto un ánimo social. Paradójicamente, las ideas se van poniendo sólidas, duras, pese a la debilidad en sus fundamentos, y lo parcial de su alcance. Las cosas siguen avanzando, pero sin su Idea. La política parece un simulacro sin estilo, o bien, una réplica de todos los estilos. La simplificación de las explicaciones también es un tipo de respuesta a la incertidumbre, tanto como el presentismo que goza de los triunfos, pese a la evidencia de que no hay tendencias estables; el péndulo es lo que se ha vuelto norma. Como escribió Roberto Calasso, en nuestro tiempo los sectarios son los únicos que se apasionan, mientras que el resto se adapta, trata de sobrevivir, sigue las olas. Más que el triunfo de partidos políticos, hay triunfos rotundos pero contingentes, que responden más a una sensibilidad que a una idea; hay más volatilidad que lealtad. Quienes triunfan deberían, por lo tanto, estar disponibles a leer la complejidad para pensar el futuro. El riesgo de los triunfos en tiempos de presentismo es irse de fiesta demasiado pronto. Tal arrogancia y falta de perspectiva quedó plasmada en el grito del Constituyente Daniel Stingo en un programa de televisión. Casualmente, la noche de la elección, en el mismo asiento, en el mismo programa de T.V., estaba sentado Luis Silva, uno de los grandes ganadores de 2023. Ya no tenía la sonrisa - una mueca inquietante - de la primera entrevista de esa tarde, sino que, controlado, insinuó no compartir el ethos de Stingo. Pero lo que hasta acá sabemos, pese a no compartir el histrionismo de su antecesor, es que ambos podrían situarse en la genealogía de los absolutistas. Personajes de convicciones duras, que necesitan verdades duras para creer en algo. Personajes que, por las leyes de la psicología humana, en tiempos difíciles, logran convencer a quienes necesitan - legítimamente - respuestas. (O venganzas). Desde luego habrá que ver si el deseo de distinguirse del proceso anterior, o bien (en el mejor de los casos), el deseo de hacer algo más relevante que un triunfo político contingente, lleve a los ganadores de anoche a ir más allá de sus certezas. Responder por un mundo tan complejo como el nuestro, requiere imaginación, saberes implicados, pensamientos incómodos, y sobre todo humildad. El pensamiento no se tiene. Un pensamiento, en el sentido fuerte de la palabra, se padece. Estar en contra de algo, así como conocer las respuestas antes de formular el problema, es fácil, mientras que reparar, no es una respuesta cristalizada, sino una práctica en movimiento. Ya veremos si podremos dar lugar a esa forma de inteligencia, o predominará ese otro aspecto de la naturaleza humana: la compulsión a la repetición. En este caso, eso quizá sería un partido que crea que ya ganó, y un sector que, habiendo perdido, se retire del juego de antemano. Ambas posiciones no serían más que el juego de vanidades sin novedad en el que parecemos estar atrapados. Por ahora.
- A la derecha y a la izquierda de la Cordillera: dos autoras para tener en el radar
“La familia es una máquina de afectos y conflictos”. Ricardo Piglia Quizás fue una casualidad, tal vez no. Durante la misma semana recibí dos novelas que conecté enseguida: Mórbida (Híbrida), de la argentina Candelaria Frías, y Kintsugi (Concreto), de la chilena María José Navia. En las dos hay protagonistas mujeres, ambas narran historias en las que la familia es el detonante de un universo potente y tanto en Kintsugi como en Mórbida el cuerpo aparece como una zona de combate. Dos novelas para pensar cómo nos miramos y repensar los roles familiares que repetimos y perpetuamos, o no. Porque como dice Navia, citando a Ricardo Piglia, “una familia es una máquina de producir ficciones”. O como también dijo Piglia, con otras palabras: “La familia es una máquina de afectos y conflictos”. María José Navia: “Hoy toda vida humana tiene su contraparte virtual” Kintsugi, el título de tu última novela, remite a una técnica japonesa que propone reparar piezas de cerámica rota. Esa técnica se convirtió en una forma de tomarse las cosas, de andar por la vida. Pienso en la estructura narrativa de tu libro y, de alguna manera, podría decirse que también remeda esa técnica, ¿no? Es de ir reconstruyendo una historia a través de relatos sueltos, que funcionan por sí mismos, pero que juntos funcionan mucho mejor. Claro que sí, es la razón del título. Se trata de una novela-en-cuentos, una novela rota contada en pedazos y sobre personajes rotos, y probablemente ese pegamento dorado es la lectura que hace cada persona del conjunto. ¿Cómo surgió la idea de esta novela? ¿Cómo fue el proceso de escritura? Escribí el primer cuento/capítulo “Rebajas” para mi libro anterior, Lugar, y por primera vez me pasó con un cuento mío que quise seguir sabiendo de los personajes: de sus futuros, de sus pasados. Y así fui escribiendo los distintos relatos hasta que se fue armando una constelación mayor. Las historias de los niños van avanzando hacia el futuro y la de los padres hacia el pasado. ¿Tenés algún ritual a la hora de escribir? No, pero tengo un ritual a la hora de editar. Cuando termino un cuento, lo leo en voz alta y lo grabo en mi teléfono y luego lo voy editando “de a oídas” por días, por semanas o meses. Sin mirar el texto, escuchándolo como si fuera una canción. Así me voy dando cuenta de si hay oraciones muy largas, o que me aburran, o palabras que choquen unas con otras. Kintsugi es una novela coral. Y lo que me resulta interesante es que casi no hay predominio de un personaje sobre otro, uno podría pensar que no hay un protagonista, sino muchos personajes o narradores que conviven en la novela simétricamente, como ocurre en la vida. ¿Lo pensaste así? Es verdad que no hay un o una protagonista, pero sí hay cierto orden en ese coro que indicás. Se trata del eje tía-sobrinas (Marcela-Sofía-Ema); son los únicos personajes que cuentan sus historias en primera persona. Me interesaba destacar ese vínculo familiar entre mujeres que veía/veo menos en lo que leo: la relación entre una tía sin hijos y su sobrina. Esa complicidad y ese amor. La tecnología y el control sobre la intimidad es un tema que aparece en dos capítulos: Luisa vendiendo sesiones de limpieza erótica y Ema participando de un estudio como ratona de laboratorio. ¿Sos apocalíptica respecto de la intrusión de la tecnología en la vida privada? No soy apocalíptica, pero sí veo esa intrusión de la tecnología como una transformación importante en nuestras vidas y nuestros afectos. La tecnología siempre hizo-hace esto: el telégrafo, el teléfono, ahora internet, etc. En el caso del libro me interesaba que esas tecnologías fueran apareciendo de a poco, ese monstruo que llama por teléfono en “Rebajas”, las pantallas de Luisa o Sofía convirtiéndose en “tía pantalla”, Eduardo vigilando a su pareja anterior por las redes sociales, hasta que ya la tecnología se come a la familia en “Blanco familiar”. En el libro uso un epígrafe de Piglia que dice que una familia es una máquina de producir ficciones, y la tecnología también lo es. Cuando posteamos cosas en redes sociales nos construimos, armamos una ficción con lo que queremos que los demás vean o sepan de nosotros. Eso me parece fascinante. Inquietante también. Hoy toda relación humana tiene su contraparte virtual (un chat o una continuación de la conversación vía email, etc). Dicho esto, la veta más apocalíptica de la tecnología la desarrollo en el libro que siguió a Kintsugi en Chile pero lo antecedió en Argentina: Una música futura, publicada este marzo por Marciana. ¿Cómo sos como lectora? ¿Qué tipo de libros disfrutás? Soy una lectora voraz y extremadamente feliz. Suelo leer dos libros diarios. También porque de esto vivo, a esto me dedico: soy escritora y profesora de literatura en la universidad, escribo sobre libros en el diario, en redes sociales, etc. Disfruto sobre todo los libros de cuentos y lo que yo llamo “libros que leen”, libros que traen referencias a otros libros, que al escribir siguen leyendo, como lo que hace Rodrigo Fresán, que es mi autor favorito, o Peter Orner. Fresán también arma una constelación con su obra en la cual se van repitiendo personajes y motivos, algo que disfruto inmensamente en lo suyo pero también en otras autoras indispensables para mí como Virginia Woolf o Elizabeth Strout. Sobre los cuentos, soy particularmente feliz leyendo la tradición de las grandes cuentistas en inglés (yo leo más en inglés que en español) como Joy Williams, Deborah Eisenberg, Amy Hempel, Mavis Gallant, o, más recientemente, Megan Mayhew Bergman o Amber Sparks. Otra escritora vital para mí, con sus novelas breves y afiladas, es Jean Rhys. También leo mucha poesía, novelas gráficas y literatura japonesa contemporánea (Sayaka Murata, Yukiko Motoya, Yoko Ogawa, Mieko Kawakami, Hiromi Kawakami, Hiroko Oyamada…) ¿Estás trabajando en algo nuevo? Sí. Soy de escribir varios libros a la vez. No es algo que aconseje porque se trabaja muy lento, avanzando de a poquito en cada uno, pero así es como yo funciono. Ahora, por ejemplo, estoy en los últimos ajustes de una novela sobre El Mago de Oz, una colección de ensayos sobre literatura y objetos, a medio camino con otra novela que es una ampliación del cuento “Panda” de Una música futura y sigo escribiendo cuentos, siempre. Tres títulos que hayas leído en el último tiempo y te gustaría recomendar: ¿Pueden ser cuatro? ¡Claro! Biography of X de Catherine Lacey, More To Say de Ann Beattie, The Book of Goose de Yiyun Li y Happily de Sabrina Orah Mark. --- Candelaria Frías: “No siempre estoy de acuerdo con la corrección política en las palabras, y menos en la literatura” ¿De dónde viene la idea de Mórbida? Se nota que investigaste sobre el tema, que sabés de qué se trata la obesidad, cómo se siente. ¿Qué llegó primero: el interés por el tema o la historia? La necesidad consciente de escribir sobre la gordura se originó un enero en que estaba gorda, y me parecía que tenía que poner en palabras algo de lo que me pasaba. No estaba obesa, pero claro que resultaba mucho más rico literariamente hablar desde la obesidad, amplificar mi sensación, e imaginar los conflictos de alguien que se siente atrapado en un cuerpo y está en conflicto permanente consigo misma y con el mundo. No investigué sobre el tema, pero tengo personas cercanas que la padecen y la padecieron, y creo que es un tema que a muchos nos toca de cerca. Tenía mucho vértigo cuando empecé a escribir porque no tenía idea para dónde iba la historia. Sentía mucha responsabilidad porque el personaje de Titania me resultaba fascinante y sentía que dependía de mí que llegara a buen puerto. Tardó pero llegó. Titania no solo tiene obesidad, sino que toda su vida está condicionada por la forma de su cuerpo. Su cabeza está tomada por la gordura, la manera en que mira el mundo que la rodea, sus pensamientos. ¿Así pensaste al personaje? A medida que iba escribiendo me daba cuenta de que el tema era muy rico, por el hecho de que los conflictos pueden ser muchos, desde no caber en el asiento del colectivo, o en un cajón fúnebre, hasta ser rechazado por familiares o amantes. El problema es que ella no puede escapar ni un minuto de lo que le pasa. Más allá de la gordura, Titania es una neurótica como somos todos, su neurosis tiene que ver con la mirada terrible que ella tiene consigo misma, y con la que el mundo tiene con ella, pero está claro para mí que para sentir eso no hace falta ser gordo. Por eso, pese a no haber sido obesa, como buena neurótica, puedo escribir con una gran verdad y en gran medida siento que puedo reconocerme en sus sentimientos, emociones y sensaciones. Hoy hablamos de “persona con obesidad” para ser ser inclusivos, para no estigmatizar. Sin embargo, en tu novela elegís hablar de gordos y gordas. De hecho, aparece una crítica al uso de eufemismos como “hinchada”. ¿Qué opinás sobre el impacto de las palabras y la corrección política? No siempre estoy de acuerdo con la corrección política en las palabras, y menos en la literatura. Pretender anular adjetivos por el miedo de ofender a alguien me parece que no tiene sentido. Existe lo ancho y lo delgado, y hay cuerpos flacos y otros gordos, más bien me preocupa que los gordos sean segregados o que se pueda insultar a alguien diciéndole: gordo, porque sí. Pero quitar la palabra para ser inclusivo me parece que no. Además, decir que alguien es obeso o es gordo es lo mismo. Lo de “hinchada” no es una crítica al eufemismo, sino que la madre como no soporta tener una hija gorda, prefiere que se la adjetive de esa forma porque la gordura de su hija la incomoda hasta el punto de no poder nombrarla. Me parece muy interesante el trance entre el desborde de la obesidad y el desborde sexual. Esa tensión entre comer y ser comida. ¿Fue algo que surgió durante la escritura del libro o ya venías pensando en ese cruce? Lo sexual fue apareciendo con bastante potencia. Supongo que el hecho de tener apetito por la comida me fue llevando al otro. Sin pensarlo demasiado, la narradora en primera persona iba narrando anécdotas o pensamientos en los que relacionaba su deseo por la comida con su deseo por el miembro masculino. Titania es una mujer deseante, su deseo voraz con la comida lo traslada a su objeto de deseo, ella quiere devorarse a sus amantes pero al contrario, es devorada. No puede separar lo sexual de lo amoroso, y ahí surge el conflicto, porque ella no es deseada de la misma forma en que ella desea. El centro para obesos suena bastante a un centro para obesos muy cuestionado que existió de verdad. Más allá de este dato, lo que se destaca es la idea de crueldad hacia los pacientes. La idea de culpa y de falta de voluntad, que aún persisten, lamentablemente, en algunos consultorios médicos. No quise hacer una crítica a ninguna clínica en particular. La clínica de la novela es muy absurda, casi kafkiana. No hay un solo profesional capaz de ayudar a un paciente, y aunque como todo en esta novela es hiperbólico y exagerado, creo que se parece a muchas instituciones que predicen una cosa y llevan a cabo lo contrario, y lejos de sanar, curar o enseñar pueden hundir al que trata de salvarse, curar o aprender. Hay dos capítulos que resultan fuertísimos. El primero es en el que Titania cuenta que sus padres dejaron de tomarle fotos cuando engordó y, el segundo, donde se narra la escena de la muerte fingida. En ambos aparece de nuevo la crueldad frente a lo que no gusta, lo que no cumple con los ideales de belleza, ¿no? Es interesante que relaciones estos dos capítulos. En el primero los padres deciden borrar a Titania de las imágenes para que sean estéticas, y en el segundo ella finge estar muerta ante ellos para desaparecer de sus vidas o que ellos desaparezcan de la suya. Es como si estuvieran unidos los dos capítulos, como causa y consecuencia. El primero es cruel, el segundo es una venganza, una forma de matar a los padres y matarse para poder renacer. “El deseo del otro siempre es un espejo en el que uno se mira para quererse u odiarse”. Esa frase es muy linda y marca de alguna manera un cambio en Titania, que llega con el personaje del forense. Ser deseada como el antídoto contra la imperfección. Con el forense llega un cambio, y a pesar de que él es un personaje oscuro, hay un encuentro entre él y Titania, y creo que el lector puede disfrutar de eso. La relación se articula de otra forma que con Leonardo, el novio anterior. Se ayudan mutuamente y se transforman uno con el otro. La novela no es para nada rosa, pero de una forma u otra hay un final feliz. Mórbida tiene algo de fantástico, de delirante, pero todo eso está al servicio de mostrar una realidad: la de las personas que conviven con la obesidad. ¿Creés que la literatura puede ser una forma de denuncia social? ¿Pueden el discurso y lo simbólico contribuir a la transformación de la realidad? La literatura, como todo arte contribuye a la transformación de las personas, uno no es solo lo que vive, sino lo que lee, la música que oye, lo que mira en el cine. También me gusta pensar la literatura como una forma de encuentro entre las personas a través del tiempo. La maravilla de poder encontrarme con personas que ya no existen en este plano a través de un libro. La denuncia a la sociedad está en la novela pero no la escribí desde ese lugar. No fue una intención premeditada, lo que pasó es que al meterme en la piel de Titania empecé a ver y narrar un mundo muy hostil. Ojalá la novela pueda ayudar a visibilizar lo que puede sufrir una persona con obesidad ante el escarnio de las personas que la rodean. Qué está leyendo Candelaria Frías: 1.La hermana menor de Mariana Enríquez 2.Incesto de Anais Nin 3.Los suicidas del fin del mundo de Leila Guerriero
- Detrás del péndulo
Detrás del "péndulo", lo permanente es el voto destituyente y la habilidad de los "nuevos" y "anti" para movilizarlo electoralmente. Esa habilidad, (¿por ahora?) no ha construido poder, lo ha diluido y fragmentado, destruyendo capacidad de gobierno y potenciando el descontento.
- Golpeados
Ha sido un golpe brutal, como la inmensa mayoría de los golpes. Resulta difícil de aceptar que la actual coalición de gobierno haya hecho una tan mala lectura de lo que efectivamente quiere la gente. Tienen encuestas y estudios de opinión que les deben dar señales claras de las demandas ciudadanas en lo inmediato, pero al parecer la ceguera ideológica mezclada con soberbia juvenil les impide ver o aceptar que están muy equivocados. Desde el 29 de junio de 1973 al 11 de septiembre del mismo año, los niveles de inseguridad y de desorden en Chile eran francamente intolerables. Se acuñó una frase muy dura: “que alguien haga algo”, ese clamor llevó lamentablemente al golpe que venía fraguándose desde antes de la asunción de Allende al gobierno. La inseguridad y el desorden son, en la percepción popular, un producto de la izquierda y el orden y la seguridad de la derecha. Eso no se supo desarmar, menos después del estallido y de la chacota o mamarracho de propuesta Constitucional. Estos son a mi juicio dos de los principales hechos que determinaron los resultados del domingo 7 de mayo. Muchos militantes y partidarios de Apruebo Dignidad piensan que el presidente Boric fue elegido para llevar adelante el programa que presentó en su campaña. No fue así. Un porcentaje muy importante votó por él para evitar que fuese elegido Kast, independiente del programa de Boric, quién ganó en segunda vuelta conociendo la composición del Parlamento y su imposibilidad de lograr aprobar las cuestiones fundamentales propuestas en su programa (Reforma tributaria, Reforma de pensiones y otras). Era el momento de reconocer que uno es el programa para ganar una elección y otro para gobernar, más aún sin mayoría parlamentaria y sin nueva Constitución. Es muy probable que de aquí en más haya que conformarse con solo administrar y esperar una propuesta constitucional menos mala de lo que imaginamos a la vista de los resultados recientes. Ojalá no tengamos que salir a hacer campaña por el rechazo.
- El juego de las elecciones
“¿Por quién votaste, papá?”, me pregunta mi hijo de siete años. “¿Y quién ganó?”, indaga luego. “Los republicanos”, le digo. “¿Y tú votaste por esos?” “No, no me gustan nada”, respondo, “pero ellos ganaron y hay que respetarlo porque así es la democracia. Uno no puede picarse y hay que aceptar lo que decida la mayoría”. No le gusta la lección y me lo dice. Me quedo pensando si esa es la mejor enseñanza que puedo transmitirle: que hay que agachar la cabeza cuando uno pierde en democracia, que la mayoría manda y que tengo que ser capaz de postergar mis propias preferencias para someterme a lo que ella decida. Estoy profundamente convencido de que eso es cierto, pero si la democracia fuera solo eso sería muy pobre. Santi tiene toda la razón en reclamar que eso no le gusta. Me gustaría explicarle que la cosa no se acaba ahí, que en democracia ninguna victoria es definitiva, que los líderes en los que yo creo han cometido errores graves y ahora los están pagando, que las opciones que defiendo no son perfectas ni una verdad absoluta sino vías para lograr algo, vías que muchas veces se revelan como inadecuadas, calles sin salida. Que en democracia hay que saber perder, pero también hay que seguir luchando para revertir esa derrota. Que a veces la democracia puede producir injusticias, equivocaciones, aberraciones incluso. Que la mayoría no siempre tiene la razón, pero darle la capacidad de decidir es más justo que dársela a unos pocos que tampoco la tienen necesariamente. Me gustaría decirle que a veces la izquierda por la que voté es miope, arrogante y obtusa. Que estoy furioso con quienes decidieron anular porque sus votos habrían bastado para quitarle la mayoría a los republicanos, pero que su opción también es válida. Que no tengo problema en aceptar que gobiernen quienes piensan distinto a mí, pero que las de estos vencedores bordean lo inaceptable. Que me entristece que mi país haya votado por este partido, pero creo que quienes pensamos distinto debemos preguntarnos por qué y no apresurarnos a menospreciar a esos votantes y tildarlos de ignorantes, fascistas o ciegos. Que la izquierda a veces se comporta como si fuera obvio que tiene la razón, que está del lado correcto de la historia, y no siempre entiende que lo que define a la democracia es que eso hay que demostrarlo, convenciendo y seduciendo si es preciso, defendiendo las ideas con pasión, con elocuencia y lucidez, sin superioridad moral. Que la democracia no ocurre solo en las votaciones sino en la vida en común en la que conversamos, debatimos, nos encontramos y nos enfrentamos con otrxs. Que no debería ser un conjunto de consensos sino también un espacio para el disenso, para el desacuerdo y el enfrentamiento dentro de ciertos límites. Que no debiera ser la mera administración de lo posible sino una ampliación de lo pensable y realizable. Me gustaría decirle que a veces pienso que este país está loco, que es absurdo haber tenido un estallido social de esa magnitud y luego rechazar la constitución que surgió de él, pero también que me pregunto si no fue un error pensar que una constitución era la respuesta a las demandas de la revuelta, un modo equivocado de canalizarla. Que el electorado es veleidoso, inconsistente, inconsecuente, inmaduro, pero que lo lindo y lo terrible de la democracia es que tenemos las leyes y los gobernantes que nos merecemos y no los que alguien nos impone. Que la democracia es un sistema que conlleva el riesgo de autodestruirse si no lo cuidamos. Me gustaría contarle que crecí en dictadura, que mis padres casi no hablaban de política y por eso mucho tiempo no me interesó. Que cuando dije que no me quería inscribir para votar mi papá me retó y me convenció de hacerlo. Que esa discusión me marcó para siempre. Que a mí me gustaría hablarle más de política que lo que me hablaron a mí...pero no sé cómo hacerlo. Son demasiadas cosas. Me quedo en silencio un momento y cambio de tema. Tal vez más que enseñarle a él sobre la democracia debiera pensar en qué puedo aprender con él sobre ella. Me gustaría pensar una democracia con menos solemnidad, con menos gravedad y más humor, una democracia que se sepa un juego, un juego fundamental pero en el que no se nos va la vida. Un juego con reglas y con componentes de lucha, de astucia, de vértigo y de azar, como sabía Roger Caillois. Un juego absurdo y ridículo a ratos, del que podemos reírnos, pero en el que podemos salir derrotados, un juego en que cada partida nos da otra oportunidad de perder o ganar, pero sobre todo de seguir jugando, de intentarlo nuevamente, sabiendo que ningún triunfo ni derrota es definitivo, por muy doloroso que sea.












